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Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 9

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9: Capitulo 9 9: Capitulo 9 Un mes después…

En la entrada del castillo, el sonido de las ruedas del carruaje rompía el silencio de la mañana.

León estaba de pie junto a varios equipajes perfectamente acomodados.

Vestía un uniforme elegante de bordados dorados y capa roja que siempre lo hacía ver imponente e intocable.

Frente a él, Blancanieves lo miraba como si el mundo estuviera a punto de romperse.

—¿En serio…

tienes que irte?

—preguntó con la voz temblorosa.

Sus manos se aferraban a la tela del uniforme de León, como si al soltarlo fuera a desaparecer.

Él sostuvo su mirada.

Sus ojos dorados no vacilaron.

—Sí.

Tengo un asunto muy importante que resolver en otro lugar.

—Entonces…

¿por qué no puedo ir contigo?

—insistió ella, y una lágrima resbaló por su mejilla antes de que pudiera detenerla.

León suspiró con paciencia.

—No puedes acompañarme.

Y ya te expliqué la razón.

Blancanieves lo sacudió ligeramente, desesperada.

—¡Pero no es justo!

Antes de que la discusión continuara, el sonido firme de unos tacones resonó en el mármol.

La Reina apareció en la entrada.

Su vestido era deslumbrante.

Negro y dorado, elegante, perfectamente ajustado.

Su porte era impecable…

aunque evitaba mirar directamente a León.

—Oye…

—dijo con fingida indiferencia—.

¿En serio tienes que irte?

Su tono era casual, pero sus manos estaban tensas sobre la falda.

Claramente se había arreglado con más cuidado del habitual.

León la observó de arriba abajo con esa sonrisa que siempre parecía esconder algo.

—Sí, debo irme.

Y no importa qué tan hermosa te vistas…

eso no cambiará nada.

La Reina abrió los ojos con indignación.

—¡Tch!

—hizo un pequeño puchero, cruzándose de brazos—.

Entonces vete y no hagas ningún escándalo.

Se giró con dignidad…

o eso intentó.

—Oye.

Ella se detuvo, sin mirarlo.

—¿Ahora qué quieres?

León dio un paso al frente.

—Te ves muy hermosa.

Espero volver a verte así cuando regrese.

El silencio fue inmediato.

La Reina apretó los puños.

—¡Cállate!

—respondió, furiosa…

demasiado furiosa.

Entró al castillo con paso firme y cerró las puertas tras ella.

Pero una vez dentro…

Se apoyó contra la madera, respirando hondo.

Su rostro estaba completamente rojo.

—Ese idiota…

—murmuró, llevándose una mano al pecho—.

Y, pese a todo, una pequeña sonrisa traicionó sus labios.

Afuera, Blancanieves aún sostenía la capa de León.

—¿Volverás pronto?

—susurró.

León la miró.

Sonrió con dulzura.

—Claro que sí.

Su voz fue cálida…

Después de calmar a Blancanieves con palabras suaves y una última sonrisa tranquilizadora, León subió finalmente al carruaje.

Las puertas se cerraron.

Los caballos relincharon.

Y el vehículo comenzó a avanzar.

A ambos lados del camino principal, los habitantes del reino se habían reunido.

Cuando el carruaje empezó a moverse, los gritos no tardaron en llenar el aire.

—¡Por favor, vuelva pronto, caballero!

—¡Lo estaremos esperando!

—¡Regrese sano y salvo!

—¡Te amamos, León!

Flores fueron lanzadas al paso del carruaje.

La música comenzó a sonar.

Trompetas, tambores, aplausos.

Lo que empezó como una despedida terminó convirtiéndose en una auténtica celebración.

El héroe del reino partía.

Y el pueblo lo veneraba.

La fiesta continuó incluso cuando el carruaje cruzó los límites del territorio.

Solo cuando desapareció en el horizonte, poco a poco, todo volvió a la calma.

Silencio.

Lejos del bullicio, dentro del carruaje…

León se recostó en el asiento acolchado.

Estiró los brazos con pereza.

—Por fin se terminó todo esto…

Su voz ya no tenía ese tono noble ni amable.

Sonaba cansado.

Durante las últimas semanas he estado esforzadme mucho para llegar a este día.

Después de todo, Blanca nieves no me lo puso las cosas fáciles.

Sus constantes torpezas siempre de una u otra manera me afectaban críticamente.

Cuando llego el día en que por fin me liberaría de Blanca nieves, no saben lo feliz que me puse.

al fin me liberaría de literalmente una carga nuclear.

Suspire.

En este mes había estado muy ocupado en mejorar al reino.

Resolví su pobreza, arme su ejercito y entre mas cosas que, ahora todos me consideran un héroe.

Bien, sera mejor revisar mi próximo objetivo.

dije mientras me relajaba por primera vez de un mes de trabajo.

En ese momento, de la nada…

Un trueno estalló con fuerza, sacudiendo la tierra.

El carruaje se detuvo bruscamente.

Los caballos relincharon, inquietos.

—¿Eh?

¿Y eso…?

León frunció el ceño y se asomó por la ventana del carruaje.

El cielo estaba completamente despejado.

Ni una nube.

Entonces…

¿de dónde había venido ese trueno?

De pronto— CRAAASH.

Un relámpago cayó tan cerca que el aire vibró.

Y al segundo siguiente, más rayos comenzaron a descender alrededor del carruaje, golpeando la tierra con violencia.

—¿Qué demonios…?

PPOOOOOOMMMMMMM— Una explosión sacudió todo.

El carruaje salió despedido por los aires.

León reaccionó por puro instinto.

Se lanzó fuera justo antes de que otro rayo lo impactara directamente.

Rodó por el suelo.

Detrás de él, el carruaje explotó en llamas.

—Mierda…

Se incorporó con dificultad y miró a su alrededor.

Silencio.

No había nadie.

Entonces alzó la vista.

Y allí estaba.

Suspendido en el aire, envuelto en chispas eléctricas.

Un joven vestido como un príncipe.

Su capa ondeaba con violencia y en su mano sostenía una enorme espada que crepitaba, invocando truenos.

Sus ojos estaban cargados de ira.

—¡Maldito!

—rugió—.

¡Me robaste a Blancanieves!

Sin darle tiempo a responder, volvió a alzar la espada.

El cielo rugió.

—Ah, ¿es enserio…?

León saltó hacia un lado justo cuando el rayo descendía.

El impacto contra el suelo generó una explosión expansiva que lo alcanzó de lleno.

El mundo dio vueltas.

Su cuerpo salió despedido mientras la electricidad recorría su piel.

En el aire…

¿Es enserio?

Y justo cuando pensé que me libraría de los problemas que atrae Blanca nieves.

—Abrir inventario…

Una interfaz invisible respondió a su orden.

Tomó una poción de resistencia y la bebió sin dudar.

Gracias a que la madrastra de Blancanieves era una bruja excepcionalmente talentosa, había logrado convencerla de que prepare varias pociones especiales.

Eso era lo que ahora le estaba salvando la vida.

La electricidad disminuyó.

El impacto contra el suelo fue brutal, pero no letal.

—Tch…

Se levantó a medias.

Sangre descendía por su frente.

—Con un golpe…

¿ya me destrozo…?

Antes de que pudiera recuperar el aliento— El príncipe apareció frente a él a la velocidad de un rayo.

Sus ojos estaban inyectados en sangre.

Su expresión asesina.

La electricidad comenzó a brotar de su cuerpo sin control.

La presión en el aire aumentó.

Los rayos comenzaron a caer alrededor, cada vez más violentos.

—Tú…

maldito…

La tierra temblaba.

León chasqueó la lengua.

—Mierda…

¿quien es este random?.

miró rápidamente a su alrededor.

Solo había árboles y un enorme arbusto de espinas.

Entonces lo reconoció.

Un gigantesco arbusto de espinas no era normal.

Las ramas negras se retorcían como serpientes y las espinas brillaban con un aura mágica.

Ese tipo de vegetación solo podía ser obra de cierta villana.

Una idea cruzó su mente.

Peligrosa y arriesgada.

Pero era la única opción.

Una sonrisa se dibujo en su rostro No quería enfrentarme contra ella muy pronto, pero…

Tal vez no tenga otra opción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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