Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 12
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12: Capitulo 12 12: Capitulo 12 —¿Lo…
maté?
El príncipe miró su espada.
La hoja estaba manchada de sangre.
Bajó la mirada.
A unos metros, yacía un cuerpo atravesado, inmóvil entre los árboles destrozados por los rayos.
El golpe había sido brutal.
No había dejado margen.
—Lo maté…
—susurró.
Luego su respiración comenzó a acelerarse.
—Sí…
lo maté.
Una risa quebrada escapó de sus labios.
—¡JAJAJAJA!
El eco resonó entre los árboles chamuscados.
—¡Al fin!
Apretó la espada con fuerza.
—Ahora podré estar con Blancanieves…
Sus ojos brillaban con una mezcla de alivio y obsesión.
—Desde la primera vez que la vi…
supe que era amor a primera vista.
En su mente, los recuerdos estaban distorsionados.
—Después de volver a encontrarla…
no podía dejarla ir.
Su respiración se volvió pesada.
—Ella aún no lo entiende…
pero está destinada a estar conmigo.
El viento sopló con fuerza.
El príncipe bajó la voz, casi en un susurro inquietante.
—Estamos unidos por el destino.
Apretó los dientes.
—Solo espera, Blancanieves.
Miró el cuerpo una vez más.
—Cuando sepas que León murió…
comprenderás que yo soy el único para ti.
El cielo volvió a rugir suavemente.
___ mientras tanto…
En una cabaña oculta por la poderosa magia de tres hadas…
León estaba recostado sobre la cama, mirando el techo con absoluta expresión de aburrimiento.
—¿Cuánto tiempo se van a demorar…?
Preguntó al aire.
Suspiró.
Ya había contado las tablas del suelo.
Las ventanas.
Las manchas en la pared.
Ahora estaba contando grietas.
—Creo que hay…
dos millones quinientas treinta y dos mil cuatrocientas quince.
Parpadeó.
—Tal vez cuatrocientas dieciséis.
En ese momento, la puerta se abrió.
Las tres hadas entraron con semblante serio.
León giró la cabeza lentamente.
—Hasta que por fin aparecen.
Se incorporó y cruzó una pierna sobre la otra.
—Díganme…
¿aceptan?
Flora dio un paso al frente.
—Aceptamos.
León sonrió con confianza.
—Me alegra oír eso.
—Pero con una condición —añadió Flora, firme.
La sonrisa de León no desapareció.
—¿Qué condición?
—Cuando cumplamos lo que necesitas, te irás inmediatamente de este lugar.
No volverás a acercarte a Aurora.
La habitación quedó en silencio.
León la observó unos segundos.
Esta mas que obvio el por que no quiere que me acerque a Aurora.
Ella ya esta comprometida con un príncipe…
—Bien.
Es un trato.
Extendió la mano.
Flora dudó apenas un instante…
y luego la estrechó.
Un acuerdo sellado.
—Entonces —dijo Flora—, dime.
¿Qué es exactamente lo que necesitas?
León apoyó los codos sobre sus rodillas.
—Sé que ustedes pueden otorgar dones.
Fauna frunció el ceño.
—¿Qué clase de dones?
León sonrió ligeramente.
—Tranquilas.
No estoy pidiendo nada imposible.
Se levantó y comenzó a caminar lentamente por la habitación.
—Quiero tres dones simples.
León se detuvo justo frente a ellas y repitió claramente lo que deseaba.
Las tres hadas escucharon en silencio.
Y cuando terminó…
No pudieron evitar mirarse entre sí.
—¿Eso es todo lo que quieres?
—preguntó Flora, confundida.
Fauna y Primavera también estaban desconcertadas.
Después de todo, los dones que había pedido eran demasiado…
comunes.
Nada extravagante o legendario.
De hecho, sonaban incluso ridículos para alguien que se atrevía a amenazarlas.
Especialmente el tercero.
Era, sin duda, el más extraño de todos.
—Sí —respondió León con total tranquilidad—.
Solo concédanme esos dones y me iré de aquí lo más rápido posible.
Las tres hadas se observaron en silencio unos segundos.
Lo que pedía era fácil.
Sospechosamente fácil.
Pero no parecía haber trampa.
Finalmente, asintieron.
—Lo haremos.
Tomaron las varitas que León les devolvió.
Las alzaron al mismo tiempo.
Un resplandor rosado, azul y verde envolvió la habitación.
La magia rodeó el cuerpo de León.
Primero una sensación de calor recorrió sus músculos.
Luego una ligereza extraña en su cuerpo.
Y finalmente, sus cuerdas vocales se acomodaron perfectamente.
En pocos segundos, todo terminó.
La luz desapareció.
—Listo —dijo Flora con firmeza—.
Ahora puedes marcharte.
Con un movimiento de su varita, abrió la puerta de la cabaña.
León no dijo nada.
Simplemente se levantó y comenzó a caminar hacia la salida.
Pero justo antes de cruzar el umbral…
Se detuvo.
Las tres tensaron el cuerpo.
—¿Y ahora qué?
—preguntó Primavera, molesta.
León giró ligeramente la cabeza.
—Fue un buen intercambio.
Sonrió.
Primavera frunció el ceño.
—¿Intercambio?
¡Tú solo nos extorsionaste!
León dejó escapar una pequeña risa.
Primavera, molesta, agitó la varita y cerró la puerta de golpe detrás de él.
¡BAM!
León quedó afuera, en el bosque.
El viento movió su cabello.
Probó cerrar y abrir la mano.
Sintió la diferencia.
Su cuerpo ahora era mas ligero, se sintió como si hubiera mejorado algo, pero sin que se note a simple vista —Bien, ahora solo me queda hacer un pequeño trabajo aquí.
dijo león mientras observaba un cuervo quien había estado hay todo este tiempo.
parecía como si el cuervo vigilaba la cabaña de las tres Hadas.
 El cuervo sintió un escalofríos al ver los ojos penetrantes de León sentía que este humano le iba a hacer algo muy malo ___ Pasaron algunas horas hasta que Aurora abrió lentamente los ojos.
La luz de la tarde entraba por la ventana, bañando la habitación con un brillo cálido.
Sus tres tías estaban allí, observándola con una mezcla de alivio y nerviosismo.
Al ver que Aurora se despertaba, rápidamente fingieron que estaban limpiando la casa.
—Por fin despiertas —dijo una de ellas con una sonrisa suave.
Aurora se incorporó un poco, llevándose la mano a la cabeza.
—Ah…
mi cabeza ¿por que me duele?
pregunto Aurora algo perdida Fauna al escucharla, rápidamente se invento una mentira —oh…
Querida, tu te habías caído de un árbol, nosotras te trajimos a la casa ¿no lo recuerdas?
—No, no lo recuerdo…
pero gracias…
dijo Aurora tratando de recordar.
es ese momento lo recordó.
Un chico pelirrojo semi desnudo quien estaba en su bañera —¿Y el chico?
—preguntó de inmediato, mirando alrededor.
Las tres intercambiaron miradas rápidas.
—De que estas hablando, querida —respondió otra con tono tranquilo—.
aquí no hay ningún chico.
Tal vez tuviste un mal sueño.
Aurora frunció el ceño.
—No…
no fue un sueño.
Yo lo vi.
Era real.
—Fue una ilusión producto del golpe—insistieron—.
Además, los chicos no son como imaginas.
No debes dejarte llevar por fantasías.
Aurora negó con la cabeza, ligeramente sonrojada.
—No era como ustedes me dijeron…
No era sucio ni desagradable…
Era muy guapo…
y su cuerpo era muy…
muy sexi.
hablo Aurora con un gran sonrojo en sus mejillas.
—y por casualidad ¿también era un pervertido?
pregunto primavera para después ser callada por Flora.
—¿Que?
—No mejor olvídalo Las tías suspiraron.
—Descansa.
Y mejor ordena tu habitación, así despejas la mente.
Aún confundida, Aurora asintió y caminó hacia su cuarto.
Cerró la puerta para después acostarse en su cama.
Y entonces lo vio.
Sobre la silla, cuidadosamente doblada…
estaba la ropa que él había usado.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Se acercó despacio.
—Lo sabía…
—susurró—.
No fue un sueño.
Tomó la prenda entre sus manos.
La observó cuidadosamente.
Y, por la simple curiosidad, lo llevo a su nariz.
El aroma era extrañamente agradable, olía mal ya que esta estaba impregnado con su sudor, pero a ella no le desagradaba eso.
Aurora cerró los ojos un momento, sintiendo cómo su corazón latía un poco más rápido.
No era una fantasía.
Había sido real.
Y ahora tenía una prueba.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro mientras seguía oliendo la ropa.
___ Nota: Recuerden que Aurora vivio Aislada de todo contacto humano (literalmente se enamoro del primer hombre que vio en el bosque)
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