Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 13
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13: Capitulo 13 13: Capitulo 13 En la distancia, el sol comenzaba a elevarse lentamente, iluminando el rostro de León, quien observaba a lo lejos un gran castillo.
Era el reino de Aurelia.
Ya habían pasado tres días desde que abandonó la vieja cabaña.
El aire frío de la mañana llenó sus pulmones.
—Al fin llegué…
—murmuró, recostándose contra un árbol.
Estaba algo cansado.
Después de todo, tres días corriendo sin parar para salvar su vida eran demasiado agotadores.
Pero con eso, el trabajo ya estaba hecho.
Penso Leon mientras veia atras en el bosque, habia demaciados animales muertos A igual que en su enfrentamiento contra un conejo apenas habia llegado a este mundo sus estadisticas habian aumentado en teoria y, gracias a su nuevos Dones En el sistema, las estadísticas de León habían mejorado notablemente Fuerza: 15 max (+30) Velocidad: 15 max (+40) Resistencia: 15 max (+25) Inteligencia: 200 IQ Por la maldición de los Dioses sus estadísticas estaban condenados a quedar a 15, pero que pasa cuando el talento natural del humano excede esa misma maldicion?
la respuesta esta en Adan y Eva Ellos desobedecieron a Dios y por consecuencia fueron expulsados del eden ¿por que?
Por romper las reglas al comer la manzana del conocimiento/Maldad Eso quiere decir que puedo romper las reglar simplemente haciendo cosas malas La maldición era una regla impuesta por esa Diosa Y el talento humano es la maldad de esa Manzana, yo simplemente tuve que amplificar esa maldad/Talento/Conocimiento —Bien…
con esto ya hecho, solo queda infiltrarse en este reino.
Habló León mientras observaba las enormes puertas de la muralla que rodeaba el castillo.
Había muchos comerciantes y plebeyos que entraban y salían constantemente.
—Para infiltrarme, debo vestirme como ellos.
Será fácil…
O eso pensé…
Al ver los horrendos gustos que tenían.
Camisas de colores desagradables y pantalones descoloridos.
—Solo será temporal.
Vamos, León…
ponerte este tipo de ropa no puede ser tan malo.
Con toda su fuerza de voluntad, apenas logró contener el impulso de romper aquellas prendas.
Una vez vestido, miró al amable hombre que le había dado su ropa.
Sin pensarlo demasiado, lo tomó y lo lanzó a un gran lago cercano, dejando que la corriente lo arrastrara.
Según el mapa, la corriente lo llevaría a una zona deshabitada.
—Bien…
es hora de infiltrarme.
Pero antes de que pudiera dar un solo paso, un brillo azul negruzco emanó de su muñeca.
Era su reloj de cristal.
Remangó su manga para observarlo mejor.
Desde el interior del cristal apareció el Oráculo.
—¿Dime, qué pasa?
—preguntó León con curiosidad.
El Oráculo respondió con tono neutro: —Señor, tiene aproximadamente cien llamadas perdidas de la reina.
—Actualmente está llamando nuevamente.
—Ah…
se me había olvidado avisarle.
—¿Acepto la llamada?
—preguntó el Oráculo.
León suspiró.
—Sí, por favor.
El cristal brilló con mayor intensidad y la imagen de la reina se proyectó frente a él.
—Hasta que al fin contestas…
Habló la reina, con un leve sonrojo en sus mejillas.
—¿Por qué te tardaste?
—preguntó con timidez.
Era extraño.
Normalmente, ella hablaba de manera fría e incluso irrespetuosa.
—¿Pasó algo?
—preguntó León con calma.
—Por supuesto que sí.
El país te extraña…
Blanca Nieves también…
y…
—¿Y?
—insistió León.
La reina desvió ligeramente la mirada.
—No importa.
Lo más importante es…
¿estás bien?
—Sí, lo estoy.
De hecho, quería comunicarme antes, pero tuve un inconveniente.
La expresión de la reina cambió.
—Ese inconveniente es el príncipe Fart Edge, ¿no?
León arqueó una ceja.
—¿Lo sabes?
—Por supuesto que sí.
Vino aquí con un cadáver asegurando que eras tú.
El tono de la reina se volvió más serio.
—¿Sabes lo preocupados que estamos?
—Sí.
La reina guardó silencio unos segundos antes de preguntar: —¿Lo eliminamos?
Ha estado aquí creando disturbios desde que llegó.
León sonrió levemente.
—No.
De hecho…
quiero recompensarlo.
—¿Recompensarlo?
—repitió ella, confundida—.
¿A qué te refieres?
—Quiero que lo trates amablemente.
Haz que se acerque más a Blanca Nieves.
—Crea una alianza con su reino.
Organicen fiestas.
Celebren cada cosa.
Quiero que sea…
muy feliz.
Habló León con una sonrisa tranquila.
La reina lo observó en silencio.
“¿Qué está planeando ahora…?” Después de todo este tiempo, ella sabía perfectamente qué clase de persona era León.
Tanto así que casi sentía lástima por el pobre príncipe.
Aunque…
eso realmente no le importaba.
León se veía demasiado bien sonriendo de esa manera.
Ese lado suyo era el que más la obsesionaba.
Un completo monstruo.
El cuerpo de la reina se estremeció levemente al verlo actuar una vez más.
—No…
debo calmarme…
Suspiró profundamente.
—Como ordene, mi amo.
Habló la reina, inclinándose en una reverencia ante León, quien mantenía esa sonrisa amable.
Pero, poco a poco, aquella sonrisa se volvió más siniestra.
Luego de eso…
León entró al reino.
Sorprendentemente, nadie sospechó nada.
Tal vez la seguridad era demasiado deficiente.
Pensó mientras cruzaba las enormes puertas.
—Sistema, muéstrame el mapa.
Susurró, y un holograma apareció frente a él.
Observó cuidadosamente cada zona del reino, analizando rutas y puntos estratégicos.
Hasta que encontró lo que buscaba, y…
Sin perder más tiempo, se dirigió hacia ese lugar.
___ En el páramo…
El viento soplaba con violencia, levantando ceniza y polvo gris bajo un cielo oscuro.
El ambiente estaba cargado.
Algo había ocurrido.
Algo imperdonable.
En el centro de aquel territorio desolado, la hechicera permanecía de pie, envuelta en una energía oscura que ondulaba a su alrededor como una sombra viva.
Su lugar más sagrado había sido profanado.
—Fue un humano…
—murmuró uno de sus sirvientes, temblando.
en sus manos, había el cadaver de uno de las criaturas magicas del paramo Anteriormente, todos habían visto a un humano pelirrojo, el estaba corriendo por todo el lugar, quisieron detenerlo, pero ese humano era mas fuerte de lo que pensaban.
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
La hechicera giró lentamente el rostro hacia él.
Sus ojos, encendidos con un brillo carmesí, lo atravesaron como cuchillas.
—¿Un…
humano?
Su voz fue baja.
La presión mágica en el aire aumentó de golpe.
El sirviente cayó de rodillas, incapaz de soportarla.
—Mi reina…
yo lo siento por…
por fallar.
Ella extendió la mano.
Un destello oscuro envolvió al desafortunado servidor.
Su figura se redujo abruptamente hasta convertirse en una diminuta hormiga que cayó al suelo.
La hechicera bajó el pie.
El crujido fue seco.
Los demás sirvientes se quedaron inmóviles.
Nadie osaba moverse.
Después de todo…
Su reina estaba furiosa.
—¿Quién fue?
—exigió, su voz resonando como un eco espectral en todo el páramo—.
¿Qué humano se atrevió a cometer tal insolencia?
La tierra vibró.
Una ola de magia oscura se expandió desde su cuerpo, agrietando el suelo y haciendo que el viento rugiera con más fuerza.
El cielo mismo pareció oscurecerse aún más.
—Cuando lo encuentre…
—susurró, y su voz ya no era grito,— …pagará por ello.
Sus expresión mostraba odio puro hacia ese humano.
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