Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 20
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Capitulo 20 20: Capitulo 20 Mientras tanto…
En el baño de mujeres.
Rapunzel se apoyaba contra la puerta, respirando agitada.
—Estoy bien…
Respiró profundo.
Vamos, cálmate, solo son rufianes asesinos.
Nada que temer, ¿verdad?
El corazón de Raspuncel empezó a latir con fuerza.
Esto era justo como le había contado su madre.
Hombres desarmados que estaban sedientos de sangre.
¿Por qué Leon la trajo aquí?
Deberíamos huir de aquí inmediatamente antes de que nos pase algo malo.
Pascal, quien estaba a su lado, también asintió.
Él también estaba aterrado.
Raspuncel, al ver la confirmación de su amigo, poco a poco se levanta de la puerta.
Bien, tranquilízate.
Solo debemos huir.
Apenas salgamos del baño, tomo a mi guía y corremos hacia la salida.
Habló Raspuncel a Pascal.
Ambos se miraron con determinación.
Bien, entonces…
vamos.
En ese momento, un temblor sacudió el lugar.
—He…
¿ahora qué pasa?
Nuevamente otro temblor.
Y otro…
Los temblores empezaron a aumentar.
Tanto fue que la cabaña parecía que se iba a caer.
—¿Es un terremoto?
Rápidamente, apenas notar eso, Raspuncel abrió la puerta.
Ella quería salir corriendo, pero lo que vio al frente la dejó helada.
Ahí estaba Leon.
Él estaba siendo golpeado por varios rufianes a la vez.
Él estaba sangrando en el piso.
Raspuncel no sabía qué hacer.
Se quedó viendo con los ojos muy abiertos hasta que cruzó miradas con Leon.
Él estaba sufriendo.
Raspuncel, al notar eso, se obligó a reaccionar.
—O…
oigan…
¡alto!
—¡Hey, alto!
¡No lo lastimen!
Gritó con fuerza y trató de intervenir, pero por más que intentó apartar a los enormes hombres, no pudo mover a ninguno.
Todos eran demasiado fuertes.
—¡Devuélvanme a mi guía!
dijo mientras comenzaba a golpear con su sartén.
Pero no hacía ningún daño.
Golpeó varias veces, una y otra vez, pero sin ningún resultado.
—¡RUFIANES!
gritó con desesperación.
Pero nadie le hacía caso.
Por eso mismo, Rapunzel empezó a mirar alrededor, buscando algo que pudiera ayudarla.
Entonces levantó la mirada.
Arriba, en el techo, había un enorme candelabro colgado.
Al no tener otra opción, Rapunzel lanzó su cabello hacia él y logró sujetarlo.
Luego tiró con todas sus fuerzas.
El candelabro se soltó.
Cayó directamente sobre uno de los rufianes.
El impacto fue brutal.
Eran casi quinientos kilos cayendo directo sobre su cabeza.
—¡Bájenlo!
¿Oyeron?
dijo Rapunzel con determinación.
El rufián que había recibido el golpe apenas reaccionó.
No parecía haber recibido mucho daño.
Simplemente giró la cabeza, algo confundido.
Luego miró hacia arriba.
Los demás rufianes siguieron su mirada.
Uno por uno, todos comenzaron a observar a Rapunzel.
Rapunzel, al darse cuenta de que todos la estaban mirando, se puso nerviosa.
—Ah…
escuchen…
tragó saliva.
—No sé dónde estoy, ¿okey?
Dijo para después señalar a León.
—Y quiero que él me lleve a ver las linternas.
—Porque he pasado toda mi vida soñando con verlas algún día.
Levantó la voz con desesperación.
—¡Tengan compasión!
Miró a todos los rufianes.
—¿Acaso ninguno de ustedes ha tenido un sueño alguna vez?
preguntó frustrada.
En ese momento, el hombre que había recibido el golpe del candelabro comenzó a caminar hacia ella.
Rapunzel lo vio acercarse.
Instintivamente dio un paso hacia atrás.
El rufián parecía claramente molesto.
Cuando se acercó demasiado, Rapunzel levantó su sartén y se cubrió con ella.
Cerró los ojos con fuerza.
Y entonces…
Él comenzó a cantar.
Al terminar la canción, Leon reaccionó de inmediato.
Con una gran velocidad, tomó a Raspunzel, quien todavía estaba encima de la mesa, y salió corriendo del lugar.
Los rufianes, al ver eso, simplemente se quedaron observando.
Nadie intentó detenerlos.
El rufián que tenía un garfio en lugar de mano solo sonrió.
—Espero que cumplas tu sueño.
Dijo para después mirar enojadamente a León Espero que una Bestia lo mate.
Mientras tanto, uno de los hombres preguntó: —Oigan…
¿dónde está Bladimir?
Pero para entonces Leon y Raspunzel ya estaban lejos de la taberna.
Después de toda la música y el alboroto, Leon se detuvo un momento y miró a Raspunzel.
—Bien, creo que ya es hora de irnos.
—Ya tenemos provisiones para el viaje.
Raspunzel abrió los ojos con emoción.
—¿En serio?
Leon asintió.
—Sí.
Vámonos.
Raspunzel sonrió con entusiasmo.
—¡Entonces vamos!
Ella estaba eufórica.
Creo que es porque acaba de vencer un miedo que le impuso su Madre.
Ambos comenzaron a caminar.
Después de un rato, Leon señaló un camino diferente.
—Es por aquí.
Raspunzel frunció ligeramente el ceño.
—¿Por aquí?
Miró alrededor con curiosidad.
—Pero…
las lámparas de luz siempre vienen desde el otro lado.
Leon se encogió de hombros con tranquilidad.
—Es un atajo.
Luego sonrió ligeramente.
—Además, tenemos mucho tiempo.
Miró el camino que se extendía frente a ellos.
—Podemos divertirnos un poco en el camino.
Raspunzel lo pensó unos segundos.
Luego su sonrisa volvió.
—¡Está bien!
Y así, ambos continuaron avanzando por el sendero.
Mientras Raspunzel caminaba distraída, Leon volteo atrás…
Mas específicamente en la ventana de la taberna No hace mucho, hay se encontraba Gothel Ella estaba espiándolos mientras raspunzel se distraía en su canto Leon solo sonrió Espero que mi mensaje le haya llegado Al otro extremo de la taberna se encontraba la madrastra de Raspunzel.
Ella tenía los ojos completamente abiertos por la sorpresa.
En el suelo, yacía un gran hombre musculoso, muerto.
A su lado, escrito con sangre, había un mensaje.
“Sé que nos estás vigilando.” Un sudor frío recorrió su espalda.
—Mierda…
¿con qué tipo se fue a escapar mi querida hija?
Tragó saliva.
Estaba nerviosa.
Lo que tenía frente a ella era simplemente espantoso.
Parecía una escena sacada de un libro de terror.
Gothel soltó un suspiro, intentando tranquilizarse.
De nada le servía ponerse nerviosa.
—Si así vas a jugar, niño…
Sus ojos se entrecerraron.
—Entonces yo también jugaré así…
Dijo mientras una ligera magia rodeaba sus ojos.
A lo lejos, podía ver a algunos guardias que escoltaban a dos criminales.
Gothel los observó con atención.
—Por lo visto, son codiciosos…
—Harían lo que fuera por dinero…
o por sus impulsos salvajes.
Sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Por ahora…
—reuniré un pequeño grupo de caza.
___ En el reino de Viremont.
Blanca Nieves despertó lentamente en su cama.
Estaba confundida.
Lo último que recordaba era que estaba hablando con su madrastra y luego…
nada.
—Ah…
es cierto.
Sus ojos se abrieron un poco.
—Le estaba hablando sobre Leon…
Lo recordó.
Pero entonces…
—Ah…
mi cabecita…
Un dolor agudo recorrió su cabeza.
—Creo que me caí al suelo…
murmuró mientras se frotaba la cabeza con delicadeza.
Lentamente bajó de la cama.
Tomó su pequeño cuaderno de notas.
Aún no le había contado lo más importante a su madrastra.
Estaba segura de que, al igual que ella, la reina también extrañaba a Leon.
La noticia de que Leon había muerto la había afectado tanto como a la reina.
Por eso mismo, sentía que era su deber ayudarla.
Después de todo, su padre, antes de marcharse, le había dicho que ayudara en todo a la reina.
¿Cómo podría desobedecer a su padre?
Por eso mismo se obligó a levantarse, incluso cuando todavía le dolía la cabeza.
—La reina no debería estar triste…
murmuró.
—¿Cómo podría gobernar si está así?
Cuando llegó frente a la habitación de la reina, tocó la puerta.
Una vez.
Luego otra.
Y otra más.
Pero nadie respondía.
—¿Madrastra?
¿Estás ahí?
preguntó.
No hubo respuesta.
—Tal vez no está en su habitación…
O quizá…
—tal vez está triste…
sola.
Pensó por un momento.
Luego, lentamente, abrió la puerta.
La habitación estaba hermosamente decorada.
Todo era elegante.
Pero había algo que no encajaba con el resto del lugar.
Un gran espejo.
Blanca Nieves miró alrededor de la habitación.
No había nadie.
En ese momento, el espejo comenzó a brillar.
—¿Eh?
¿Qué…?
Blanca Nieves se quedó completamente perpleja.
La superficie del espejo se movió como si fuera agua.
Y entonces, un rostro apareció reflejado en él.
—Bienvenida…
—Propietaria original del espejo mágico.
Hablo con una voz suave.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com