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Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 23

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23: Capitulo 23 23: Capitulo 23 Al dia siguiente Mientras Bella caminaba en dirección hacia su casa, En ese momento, un hombre grande y corpulento había aparecido de la nada.

Él había saltado de un tejado solo para poder conversar con Bella.

—Hola, Bella.

Habló él con una sonrisa confiada.

—Bonjour, Gaston.

Saludó Bella sin apartar su vista del libro.

Gaston, al ver eso, en un rápido movimiento le arrebató el libro que Bella leía.

—Gaston, ¿puedes darme mi libro?

Preguntó Bella, algo molesta por su actitud.

Pero él no la escuchó.

Él abrió el libro para ver qué tanto le interesaba a Bella, aunque lo que vio le pareció tonto.

—No está ilustrado, qué aburrido.

Dijo con algo de asco.

—¿Cómo puede ser entretenido un libro sin ilustraciones?

Bella, al escucharlo, cruzó sus brazos con resiliencia.

—Muchas personas usan la imaginación.

Contestó Bella audazmente, pero nuevamente fue ignorada por Gaston.

—Bella, ya es momento de que dejes tus libros y le prestes atención a algo más importante…

Habló mientras lanzaba el libro.

—A mí.

Dijo con una sonrisa arrogante.

Pero Bella no lo escuchó.

Estaba más concentrada en su libro, que había caído sobre un charco de lodo.

—Todo el pueblo habla de ti.

No es bueno que la mujer lea, eso le dará ideas, le hará…

¿pensar?

Habló con asco.

Bella, al escucharlo, frunció el ceño.

—Gaston, de verdad eres primitivo.

Dijo mientras limpiaba su libro.

Bella lo había dicho con toda la intención de ofender, pero…

—Jajaja, gracias, Bella.

Contestó Gaston con una sonrisa.

Al parecer, para él fue un elogio.

—¿Qué te parece si vamos a la taberna para que puedas ver mis trofeos?

Dijo para, nuevamente, tomar su libro y captar su atención.

—Tal vez en otra ocasión.

Habló Bella, quien trataba de recuperar su libro.

Bella, al recuperar su libro, inmediatamente retrocede mientras protegía el libro.

Esta vez no quería que Gaston le siguiera distrayendo más.

—Por favor, Gaston, lo siento, pero tengo que ir a mi casa a ayudar a mi padre.

Adiós.

Habló con determinación, pero…

En ese momento, otro hombre aparece, esta vez era pequeño y gordo, todo lo opuesto a Gaston.

Él traía una bolsa con el ave que Gaston había asesinado anteriormente.

—Ese anciano chiflado necesita mucha, entre comillas, ayuda.

Dijo con sarcasmo.

Gaston, al escucharlo, se rió.

Ambos empezaron a reírse.

Después de todo, ese viejo era como un ermitaño raro.

Comúnmente, los inventores se recluían de la sociedad para inventar, pero el padre de Bella era la excepción.

Él siempre hacía inventos, pero todos fallaban por alguna razón.

Bella, quien no pudo soportar más las burlas, habló con dureza.

—No hablen así de mi padre.

Ella estaba irritada por sus comportamientos.

Gaston, al darse cuenta de eso, rápidamente intentó arreglar su error.

—Sí, no hables así de su padre.

Dijo para darle un golpe a su amigo, quien cayó al suelo.

El golpe fue algo fuerte, pero no letal.

Bella, aún molesta, siguió sermoneándolos.

—Mi padre no está loco, es un genio.

Dijo con firmeza y confianza, pero…

en ese momento POOMM ocurrió una explosión.

A lo lejos, su casa se había llenado de humo.

Gaston y su amigo, al ver eso, no pudieron aguantarse la risa.

Ellos nuevamente empezaron a reírse.

Bella esta vez no los regañó, eso ya no le importaba.

Ahora lo importante era saber si su padre estaba bien.

Rápidamente se fue hacia su casa.

Ella corrió lo más veloz que pudo utilizando su magia.

Al llegar…

Abrió la puerta del sótano que estaba al lado de su casa.

Todo el humo empezó a escaparse.

—Padre, ¿estás bien?

Preguntó Bella, quien intentaba ver en todo este humo que, poco a poco, se iba dispersando.

El humo se dispersó lo suficiente como para poder ver a su padre.

Ahí estaba él, pero a su lado estaba un joven con lentes.

El joven le estaba ayudando a su padre a levantarse.

—¿Está bien, señor?

Dijo el chico pelirrojo.

Pero el anciano ignoró su pregunta.

Él estaba más interesado en lo que pudo fallar en su máquina.

—¿Cómo rayos pasó esto?, maldita sea.

Habló enojado.

—Padre, ¿estás bien?

Preguntó Bella, quien se acercaba poco a poco.

Su padre, al escucharla, rápidamente acomodó su compostura y actitud.

No podría dejar que su hija lo viera en esas condiciones.

—Oh, hija, estás aquí.

Habló con una sonrisa forzada.

Trataba de sonar amable, pero la frustración que sentía por su máquina lo carcomía por dentro.

—Y Bella, ¿qué te trae por aquí?

Preguntó mientras se volteaba hacia la dirección de su máquina.

—Bueno, vi la explosión y pensé que algo te había sucedido.

Habló mientras veía a ese chico con curiosidad.

—Ah, sí, estoy bien.

Es más, estoy mejor que nunca, ya que voy a abandonar este proyecto.

Bella, al escucharlo, solo sonrió.

—Padre, tú siempre dices…

Pero antes de que pudiera seguir, fue interrumpida.

—No, no puede abandonar este proyecto, señor Einstein.

Habló el chico pelirrojo mientras acomodaba sus lentes.

—¿Qué?, ¿y por qué no?

Yo nunca haré funcionar esta chatarra.

Habló con molestia y resignación.

—Señor Einstein, usted solo probó un método fallido.

Sabes, el que nunca ha cometido un error significa que nunca ha probado algo nuevo.

—¿Qué?, ¿qué quieres decir con eso?

Preguntó con confusión.

Leon, al verlo vulnerable, simplemente sonrió para después dirigir su mirada hacia la máquina.

Él caminó directamente hacia ella mientras recogía una llave francesa que estaba tirada en el suelo.

—Sabes, señor Einstein…

Yo he viajado desde muy lejos, buscando a los mejores genios del mundo, pero, por alguna razón, ellos nunca lograron la grandeza.

Me preguntaba el porqué, si todos ellos eran genios.

Lo investigué y ahí me di cuenta del porqué.

A todos ellos les faltaba algo para alcanzar su máximo potencial, y ese algo creo que está en usted, señor.

Habló el chico mientras acomodaba unas tuercas flojas.

Luego tomó un alicate para reacomodar algo.

Al terminar, él se levantó para después mover la palanca.

Tanto el padre de Bella como ella estaban parados con escepticismo.

La máquina empezó a revolotearse por todos lados, pero misteriosamente empezó a funcionar.

—¿Qué?, ¿pero cómo?

Preguntó el viejo, escéptico por lo que veían sus ojos.

El chico pelirrojo solo lo miró fijamente para después mirar la máquina funcionar.

—Sabes, señor, me he dado cuenta de que en realidad todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar, entonces pensará que es un inútil toda su vida.

Por eso mismo, pienso que usted tiene el potencial de ser el mejor.

Habló el chico, quien entregaba el alicate a Einstein.

—Gracias por su atención, señor, y espero que reconsidere mi propuesta.

Dijo el chico para después caminar hacia la salida.

Bella y su padre solo se limitaron a ver cómo se iba.

Ambos estaban impresionados por lo que vieron.

—¿Quién es ese joven?

Pregunto Bella a su Padre quien estaba impresionado.

como es que ese chico supo arreglar su maquina con solo un vistazo.

es como si el con una sola mirada, haiga identificado el error.

—No lo se respondió el Viejo aun procesando lo que acababa de ver —iré a preguntarle dijo bella para después ir tras ese chico misterioso ¿he…

que?, Bella espera hablo el anciano, pero…

su hija ya había desaparecido del lugar ___

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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