Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 22
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22: Capitulo 22 22: Capitulo 22 Al día siguiente, Leon y Raspunzel se encontraban en medio del bosque.
Ambos dormían hasta que Leon decide levantarla.
—Oye, Raspunzel, es hora de seguir.
—¿Qué?
Unos minutos más…
Anteriormente habían estado caminando sin parar.
Literalmente, cuando escuchó que era hora de dormir, no pasó ni medio segundo para después dormir.
—Ya dormiste mucho —habló Leon.
Ella, al levantarse, se sobó un poco los ojos mientras los abría.
Al frente estaba…
¿un desconocido con lentes?
Raspunzel, apenas al ver bien, tomó su sartén para después golpear al desconocido.
—¡Ah, no!
Espera, soy yo.
Habló Leon mientras se cubría la cara.
—¿Leon?
Preguntó Raspunzel, quien apenas se detuvo antes de golpearlo.
—¿Eres tú, Leon?
—Sí, soy yo.
Contestó con un tartamudeo en la garganta.
—¿Por qué llevas puesto eso en la cara?
Habló Raspunzel mientras apuntaba con su sartén.
Y no era para menos.
Leon llevaba grandes lentes, el cabello desordenado.
Parecía otra persona.
Leon simplemente sonrió un poco con nervios.
—Bueno, es una tradición de mi pueblo disfrazarme cada vez que visitamos un pueblo o reino.
—Oh, ya veo.
Contestó Raspunzel algo confundida.
Leon, al ver que Raspunzel bajó su arma, dio un suspiro.
Menos mal que se la creyó.
La verdad del por qué me disfracé así es porque no quiero meterme mucho en esta nueva historia.
Después de todo, estoy a punto de visitar a esta princesa Disney más inútil de todas.
Ella no posee poderes.
Tampoco tiene una gran familia con dinero o poder.
Y mucho menos es alguien que sepa pelear.
Una inútil total.
Pero…
Las dos únicas razones por las que estoy aquí es por su padre, que es un inventor, y por entrenamiento.
Siguiendo todo lo que he visto, en este mundo todo está amplificado.
Tanto el nivel de poder que te da la magia como la inteligencia de los personajes.
Hasta ahora me he enfrentado con una bruja cegada por su deseo de matar a su rival.
También están los bandidos.
Esos son tipos muy fuertes.
Pero los príncipes son excepcionales.
No solo sus estadísticas están rotas, sino que llevan un arma capaz de partir montañas de un golpe.
Por eso mismo, si quiero llegar a ese nivel de poder lo más pronto posible, vencer a un ex príncipe sería lo más aproximado para forzar mi cuerpo a crecer.
—Bien, entonces, Raspunzel…
vamos…
—Mmm…
¿Raspunzel, sucede algo?
Pregunté a la chica rubia, quien estaba algo tímida.
—Bueno…
es que quería saber si, por casualidad, tienes otro par de gafas.
—¿Qué?
—Es que tengo un poquito de curiosidad por saber cómo se siente disfrazarse.
Habló Raspunzel algo emocionada por probar algo nuevo.
Leon solo pudo asentir a su extraña petición.
Menos mal que en su inventario guarda muchos conjuntos de ropa.
De hecho, casi todo su inventario está lleno de ropa.
Veamos que puedo hacer con todo esto.
Pasaron algunos minutos para disfrazar a raspunzel.
Luego de eso, al fin pudieron entrar al pueblo.
—Bien, Raspunzel, ya llegamos.
Habló Leon señalando un pueblo algo pequeño.
—¿En serio?
Vaya, no sabía que cerca de mi torre había bastantes lugares.
Habló Raspunzel para inmediatamente ingresar al pueblo.
Leon se quedó atrás mientras se estiraba.
Claro que no estaba cerca.
Tuve que cargarte y correr por toda la noche para llegar más rápido.
—¡Leon, mira aquí!
¿Qué es eso?
Preguntó Raspunzel señalando a un tipo vendiendo helados.
—Eso es helado.
—¿Helado?
¿Qué es eso?
—Es un dulce extremadamente costoso por su elaboración.
—Solo la gente con mucho dinero puede permitirse comprarlo para comer.
—¿En serio?
Preguntó algo decepcionada.
—¿Quieres uno?
—¿Qué?
¿En serio?
¿No es demasiado costoso?
Leon solo soltó un suspiro.
—No lo es tanto.
Respondió para después pedir un helado.
—Toma, come.
Dijo Leon entregándole el helado.
Raspunzel, al tomarlo, lo mordió.
—¡Ah!
Está demasiado frío.
—El helado no se muerde, solo lámelo y ya.
—¿En serio?
Qué cosa más rara comen los ricos.
Raspunzel empezó a comer su helado, esta vez bien.
—Oh, ¿y qué es eso?
Dijo para después ir a otro puesto.
—Oh, vaya, ¿qué son esos vestidos?
Se ven tan incómodos.
Habló Raspunzel para después ver otro puesto.
Y así siguió, puesto en puesto.
Viendo cada cosa.
Tanto así fue que Leon no lo soportó más y se retiró.
Estaba cansado, así que tenía que conseguir un lugar en el que hospedarse.
Pero primero…
A hacer un trabajito.
Según el mapa, este es el lugar.
Al voltear la esquina…
ahí estaba la biblioteca que la protagonista siempre visitaba.
Leon se acercó para ver por la ventana y…
efectivamente, ahí estaba ella.
El sistema se activó.
La historia de Bella y la Bestia se había activado.
Mañana por la mañana iniciaría su historia.
—Bien, con eso es más que suficiente.
Dijo Leon para después retirarse a conseguir una posada.
Pero antes de eso…
tenía que encontrar a Raspunzel.
Por eso mismo…
—¿Qué es todo eso?
Preguntó Leon con la boca abierta.
Ahí estaba Raspunzel con una gran carreta llena de muchas cosas.
Anteriormente, Leon al separarse de Raspunzel le dio su cartera con dinero para que se pudiera distraer mientras él descansaba.
Pero…
esta chica acababa de derrochar todo su dinero.
—¡Mira, Leon!
Me compré esta cosa rara que brilla por la noche y no es una vela.
—También está esta cosa que el señor me dijo…
este…
¿cómo era?
—Bueno, no importa.
También está…
Raspunzel empezó a explicar cada cosa que había comprado.
Pero Leon no estaba escuchando.
Había estado casi todo el tiempo durmiendo en el suelo o en el césped.
Pensó que por primera vez podría dormir en una cómoda cama.
Pero al parecer…
tendrían que seguir acampando al aire libre.
Otra vez no.
Blanca Nieves era igual.
Literalmente, una vez casi vende todo el castillo para que ella pudiera volar con una magia extraña.
¿Acaso las princesas Disney no tienen autoconciencia?
Pareciera que no ven más allá de sus propios intereses.
Al parecer tendré que educar a Raspunzel, igual que lo hice con Blanca Nieves.
—Leon, ¿me escuchas?
—Ah…
¿qué pasó?
—Sí, bueno…
también te compré esto.
Dijo Raspunzel entregándole un brazalete.
—Esto es un…
—Así es, es un artefacto.
El señor me dijo que puede crear un escudo muy poderoso.
—¿En serio?
—Sí, eso funciona siempre y cuando le pongas magia.
—Oh…
muchas gracias.
Habló Leon, pero…
Gracias por comprarme algo tan inútil.
—Bien, ¿y ahora a dónde nos hospedaremos?
Preguntó Raspunzel inocentemente.
—¿Eh?
¿Qué acabas de decir?
Preguntó Leon con una vena marcada en la frente.
—Es que tú dijiste que hoy dormiríamos en un hotel.
¡PAM!
Resonó la cabeza de Raspunzel.
Ella cayó desmayada en los brazos de Leon.
—En serio…
te lo merecías.
—Bien, ahora solo queda esperar al día siguiente.
Pero…
¿y ahora qué hago con todas estas cosas inútiles que compró?
¿Podré venderlas?
No, no parecía posible.
Todo lo que compró era muy costoso.
Si lo vendiera, pocos estarían dispuestos a comprar.
Además, no tengo tiempo para ser un vendedor ambulante.
Bueno…
mi única opción es simplemente guardarlo todo en mi inventario.
Menos mal que obtuve muchos logros.
Ahora mi inventario puede soportar hasta treinta cosas.
Solo tendré que acomodarlo lo máximo posible para que quepa en el espacio.
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