Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 6
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6: Capitulo 6 6: Capitulo 6 En el Olimpo, donde se alzaban los dioses, la tensión era palpable.
La diosa del mundo Disney discutía con el antiguo dios del mundo del que provenía León.
—¿Es en serio, anciano?
—dijo con evidente molestia—.
¿Por qué crees que ese humano es mejor que nuestro ejército divino?
Hubiera sido más rápido enviar tropas y erradicar el mal de una vez.
El viejo dios observaba desde los cielos la figura de León, proyectada entre las nubes.
—León es más que suficiente.
La diosa frunció el ceño.
—¿Suficiente?
Lo único que ha hecho es sobrevivir por poco…
y quejarse.
¿De verdad crees que podrá derrotar a las fuerzas del mal?
mira, acaso estas siego?
la bruja está a punto de ganar, si le da una mordida a esa manzana, entonces eso significará el fin de blanca nieves ella morirá, gritó la diosa furiosa pero, el viejo dios solo observaba en silencio hasta que de la nada esbozó una sonrisa.
entonces, ¿a ti también te engañó?
¿qué, qué estás diciendo, anciano?
preguntó la joven diosa aún más molesta —Dime niña, ¿cómo crees que se vence el mal?
preguntó el anciano mientras daba un sorbo a su té sí, es fácil, con el bien, ¿no?
respondió la joven diosa, cruzando los brazos con fastidio —No —respondió con calma—.
Ese es el error.
Para vencer a un mal absoluto…
se necesita un mal superior.
La diosa guardó silencio.
—¿Qué quieres decir?
—Que León es más que suficiente.
Y, además, si hubiéramos hecho lo que tú propones…
ya estaríamos acabados.
El ambiente se volvió pesado.
—¿Recuerdas la última guerra?
—¿qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando…?
—murmuró ella.
el anciano al escucharla, simplemente continuó —En ese día, muchos dioses y gran parte de nuestro ejército perecieron.
Ella apretó los puños.
—Pero aun así…
nosotros somos superiores al mal, si me dejaras liberar a los pocos que tenemos de nuestro ejército —Basta, gritó…
y escucha lo que te estoy diciendo.
El anciano extendió la mano y el cielo se oscureció, mostrando un recuerdo.
—Hubo una vez un humano que se aburrió de su propio mundo.
Ya no encontraba emoción enfrentándose a otros mortales.
Nada le producía satisfacción.
La diosa lo miraba con atención.
—Entonces decidió hacer lo impensable…
enfrentarse a su propio dios.
—Eso es imposible —susurró ella.
—El dios rió.
Pensó que su creación estaba loca.
Que nada pasaría.
El tono del anciano se volvió grave.
—No pasó mucho tiempo antes de que estallara una guerra.
Una guerra en la que, por poco…
los dioses fuimos destruidos.
La diosa frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
—Déjame terminar.
El recuerdo se aclaró.
—Ese humano era León.
El silencio cayó como una sentencia.
—¿Me estás diciendo que ese…
simple humano casi los aniquila?
—Sí.
¿Por qué crees que lo envie a ese mundo?
El anciano hizo aparecer otra imagen.
—Mira con atención.
En la proyección aparecía León.
—El León que observas ahora tiene dieciocho años.
El León al que enfrentamos tenía veintitrés.
La diosa abrió los ojos con incredulidad.
—Entonces…
—Cuando logramos vencerlo, borramos su memoria.
Él cree que murió por un meteorito.
Una breve pausa.
—En realidad, él destruyó el meteorito que yo mismo le envié.
La diosa comprendió de golpe.
—Por eso le mentiste y también el porque me pediste que le impusiera maldiciones…
todo para limitar su crecimiento.
—¿Pero porque?
—Solo es para ganar tiempo.
No importa qué dificultades le pongamos.
Si es León, nada lo detendrá.
Ella respiró hondo.
—Si todo eso es cierto…
¿por qué no lo eliminamos ahora, mientras podemos?
El anciano negó lentamente.
—Porque el León actual aún puede sentir emociones humanas.
—¿Eh?
—Eso significa que todavía puede enamorarse.
La diosa entendió hacia dónde iba la conversación.
—Si eso ocurre…
tendremos un guerrero capaz de derrotar al mal por nosotros.
—Es solo una posibilidad —admitió el dios—.
Pero es mi última apuesta.
Su voz tembló apenas.
—Si lo eliminamos ahora, no tendremos forma de enfrentar la oscuridad que se alza cada vez más.
Miró fijamente la proyección.
—Solo espero que una de tus princesas logre capturar su corazón.
La diosa permaneció muda.
Si esa apuesta fallaba…
León podría recordar quién fue realmente.
Y entonces, no habría fuerza divina que pudiera detenerlo.
La diosa sintió un escalofrío.
—¿Quién…
es realmente León?
Por primera vez en su existencia…
Sintió miedo.
No, era terror.
Si ese humano decidiera vengarse de ellos, entonces todo estaría acabado ¿Qué clase de monstruo es león como para que los mismos dioses le teman?
___ En el castillo de la Reina, en el sótano…
Ella sostenía la manzana roja entre sus dedos.
La fruta brillaba con un resplandor antinatural.
—Al final…
yo ganaré —declaró con seguridad absoluta.
Y, sin dudar, le dio un mordisco.
En ese mismo instante…
Desde las sombras, una figura salió de su escondite.
Un chico de cabello rojizo.
Era Leon.
Se movió con rapidez.
En un instante, acortó la distancia y lanzó una patada directa contra la Reina.
Ella cayó al suelo con fuerza, sorprendida.
—¿Qué…?
¿Quién eres tú?
—exigió saber, furiosa, al verlo frente a ella.
Pero algo no estaba bien.
Por el impacto, había tragado el trozo de manzana sin siquiera pensarlo.
Sus ojos se abrieron con alarma.
Ahora, lo único que veía frente a ella era a Leon…
sonriendo.
Una sonrisa amplia y Despreocupada.
—Plebeyo…
¿quién te crees que eres?
escupió con desprecio.
Pero, de pronto, un dolor agudo atravesó su estómago.
Se dobló ligeramente.
—¿Qué…
qué está pasando?
—murmuró.
Entonces ocurrió.
Desde el aire oscuro del sótano comenzaron a materializarse cadenas negras, formadas por la misma energía de la pócima.
Se enroscaron alrededor de su cuerpo.
—¡¿Qué es esto?!
—gritó mientras intentaba liberarse.
Las cadenas se ajustaron, transformándose en un collar oscuro alrededor de su cuello.
De él se extendía una larga cadena que avanzó por el suelo…
Hasta las manos de León.
Él la sostuvo con firmeza.
Y comenzó a reír.
—No puedo creer que seas tan idiota…
La risa resonó en el sótano.
La Reina, en el suelo, lo miró con odio.
Intentó levantarse.
Pero en ese instante, León tiró de la cadena.
La obligó a acercarse.
Sus rostros quedaron frente a frente.
—Vaya…
viéndote de cerca, sí no tuvieras todo eso en la cara, serias hermosa —dijo con frialdad—.
Pero es una lástima.
Sus ojos brillaron.
—Ahora no eres mas que mi perra fiel.
dijo león para después patear la cabeza de la Reyna al suelo ¡¡¡¡pam…!!!
Se escucho fuertemente la sangre salio de los labios de la Reyna quien intentaba resistirse, pero el collar se apretó levemente, obligándola a quedarse inmóvil.
Por primera vez…
la Reyna estaba aterrada.
León al verla asi, solo expreso su sonrisa sádica.
—¿que paso Reyna?
¿acaso estas confundida?
¿quieres que te explique lo que esta pasando?
con dificultad, la Reyna elevo la mirada para ver a león quien le veía de manera arrogante —¿quien eres tu?
pregunto la Reyna con dificultad Mientras pasaba todo esto Arriba, en un plano superior las deidades observaban…
Se hizo un silencio absoluto.
—¿Qué es lo que acaba de pasar?
—preguntó una diosa, impactada.
Pero fue interrumpida por otra voz más grave.
—Silencio…
yo también quiero entender cómo lo hizo.
dijo el dios para después concentrarse de lleno a la esfera donde reflejaba a león con la reína Al parecer, estaba a punto de contar como es que sucedio todo esto la diosa al escucharlo, se quedo callada
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