Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fragmento de lo Infinito - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Fragmento de lo Infinito
  3. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 Nuevo Comienzo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

32: Capítulo 32: Nuevo Comienzo 32: Capítulo 32: Nuevo Comienzo Tras el caos de la batalla y el despliegue de poder divino, la calma finalmente descendió sobre las Tierras Oscuras.

Biel Laurentis estaba de pie, vivo y renovado, rodeado de una atmósfera cargada de una alegría casi eléctrica.

Xanthe, Easton, Sarah, el Caballero Oscuro Ylfur y, sobre todo, Acalia, no podían apartar la vista de él, como si temieran que fuera un espejismo que pudiera desvanecerse en cualquier momento.

Acalia fue la primera en romper el cerco de incredulidad.

Sus ojos eran un torbellino de emociones contenidas que finalmente desbordaron cuando se lanzó a sus brazos en un abrazo desesperado.

—Gracias por volver —susurró contra su pecho, con la voz quebrada por el alivio—.

Hubo un momento en el que realmente pensé que nunca volvería a verte de pie….

Biel sintió la calidez del contacto humano y correspondió al abrazo con suavidad.

A pesar del cansancio residual que aún entumecía sus músculos, ese gesto le recordó el peso de su responsabilidad y lo mucho que su vida significaba para quienes lo rodeaban.

Uno a uno, los demás se acercaron, rodeándolo en un abrazo grupal que sellaba su regreso.

Easton, intentando ocultar su propia vulnerabilidad, le dio una palmada firme en la espalda.

—No vuelvas a hacernos pasar por un susto así, amigo —dijo con una sonrisa forzada, aunque el leve temblor en su voz delataba cuánto le había afectado verlo caer.

Sarah asintió, secándose las lágrimas que se negaban a dejar de brotar.

—Nos diste un golpe terrible, Biel.

De verdad…

no sabíamos si el mundo espiritual te permitiría regresar con nosotros.

Biel recorrió con la mirada cada rostro, sintiendo una punzada de culpa por el dolor que su partida les había causado.

—Lo siento…

Nunca fue mi intención preocuparlos de esta manera —murmuró con sinceridad.

Xanthe, manteniendo su fachada de dureza, se cruzó de brazos y soltó un suspiro largo antes de dejar escapar una sonrisa leve.

—Bienvenido de vuelta, líder.

Pero que quede claro: si vuelves a intentar una maniobra tan temeraria, yo misma me encargaré de que te arrepientas.

Finalmente, Ylfur se arrodilló frente a su amo en una muestra de lealtad absoluta.

—Mi señor, mi gratitud por su regreso es infinita.

Esta vez, juro que mi acero será su escudo inquebrantable.

Nadie osará ponerle una mano encima mientras yo respire.

Biel colocó una mano sobre el hombro de su caballero y sonrió con convicción.

—No te preocupes, querido amigo.

Esta vez estaré bien.

Y te prometo que no permitiré que nadie vuelva a lastimar a este grupo.

Lo juro.

Las palabras de Biel infundieron una nueva determinación en todos.

Su regreso no era solo una victoria personal, sino la promesa de un futuro donde no volverían a perder a nadie más.

En medio de este momento, la Diosa Enit miró a Biel con una expresión de paz absoluta.

—Biel, mi labor aquí ha concluido y debo partir —anunció con su voz celestial—.

Disfruta de esta nueva oportunidad en tu mundo, y recuerda: si alguna vez el destino vuelve a ser demasiado pesado, mi ayuda estará siempre a tu alcance.

Acalia frunció el ceño, sintiendo una punzada de inquietud ante la partida de la deidad que los había salvado.

—¿Ya debes irte?

Enit asintió con una suavidad etérea.

—Sí, hay equilibrios en mi propio reino que requieren mi atención.

Pero antes de marcharme, Acalia, te pido que cuides de él.

Es un alma excepcional que ha sacrificado mucho por ambos mundos.

Las palabras de la Diosa resonaron con fuerza en el corazón de Acalia.

Antes de que pudiera articular una respuesta, Enit desapareció en un estallido de luz dorada que dejó tras de sí un rastro de partículas brillantes.

Biel suspiró y miró hacia el cielo de las Tierras Oscuras con una sonrisa de gratitud eterna.

—Gracias por todo…

—murmuró en voz baja.

Tras la partida divina, Biel se giró hacia sus compañeros del mundo humano con una determinación renovada.

—Quiero presentarles formalmente a quienes hicieron posible mi regreso.

Sin ellos, yo seguiría siendo solo un recuerdo en el plano espiritual.

Dio un paso al frente e hizo un gesto hacia las tres figuras que lo acompañaban.

—Ellos son Charlotte, mi hermana; Ryder y Raizel.

Fueron mi familia en el otro mundo y son la razón por la que hoy puedo estar de pie frente a ustedes.

Acalia se acercó primero con una curiosidad evidente, clavando su mirada en Charlotte, quien le devolvió una sonrisa cargada de una confianza juguetona.

—Es un placer conocerte, Acalia.

Sé muy bien que fuiste la primera chica que Biel conoció al llegar a este mundo —comentó Charlotte con una sonrisa cargada de intención.

Las palabras de la hermana de Biel provocaron una reacción inmediata: un calor repentino invadió el rostro de Acalia, y un sonrojo, leve pero innegable, se extendió por sus mejillas.

Era una sensación nueva y abrumadora para ella.

Durante el primer arco de la historia, Acalia cargó con un sello que mantenía sus emociones bajo llave, impidiéndole sentir cualquier tipo de afecto o calidez; sin embargo, el trauma de ver a Biel Laurentis caer en batalla rompió ese bloqueo, permitiéndole ahora experimentar su humanidad en toda su plenitud.

Ryder, observando la escena con diversión, le dio una palmada amistosa a Biel en la espalda.

—Vaya, hermano.

No tenías mencionada a tanta gente dispuesta a dar la vida por ti —bromeó Ryder, mostrando su característica sonrisa burlona.

Biel rodó los ojos, aunque una sonrisa de genuina felicidad se dibujó en sus labios.

Por su parte, Raizel observó a Acalia con una mezcla de curiosidad angelical y respeto profundo.

—Espero que podamos llevarnos bien —expresó Raizel con su habitual tono sereno.

Acalia asintió, recuperando un poco la compostura y devolviéndole la sonrisa.

—Pienso lo mismo.

Cualquiera que haya luchado al lado de Biel para traerlo de vuelta merece toda mi confianza.

Con las presentaciones terminadas, el grupo comenzó a planear sus siguientes pasos, pero una nueva integrante decidió alzar la voz.

Sarah dio un paso al frente con una expresión de determinación absoluta.

—Yo también voy con ustedes —declaró, sin dejar espacio a las dudas.

Biel la miró con cierta incertidumbre y ladeó la cabeza, tratando de recordar algo importante.

—¿Estás segura de que puedes acompañarnos?

—preguntó Biel—.

No es por nada, pero…

¿los vampiros no se queman bajo la luz del sol?

Sarah frunció el ceño con indignación y cruzó los brazos, dándole una mirada reprobatoria.

—¡Oye!

¿De dónde sacaste esa idea tan absurda de que nos quemamos con el sol?

Biel levantó las manos en señal de paz, intentando calmar el repentino enojo de la vampira.

—Es que, en mi mundo, todas las historias y libros dicen que el sol es mortal para los de tu clase…

Sarah rodó los ojos con fastidio y chasqueó la lengua.

—Vaya que tu mundo tiene creencias extrañas y erróneas sobre nosotros.

El sol no nos hace nada, Biel.

Biel sonrió con timidez, rascándose la nuca.

—Lo siento, no quería ofenderte.

Pero, ¿estás segura de dejar esto?

Esta ciudad ahora está bajo su responsabilidad.

En ese momento, la voz de Muskar intervino con calma.

El nuevo líder de las tierras oscuras posó una mano en el hombro de Sarah, dándole su apoyo.

—No te preocupes, Biel.

Ella puede ir —dijo Muskar con firmeza—.

Yo me haré cargo de estas tierras y de reconstruir lo que mi padre, Lip, destruyó.

Es lo mínimo que puedo hacer después de que nos liberaran de su tiranía.

Biel analizó la determinación en los ojos de Muskar y finalmente asintió con una sonrisa.

—Si tú estás de acuerdo, Muskar…

está bien.

Sarah, bienvenida al equipo.

Los ojos de la vampira se iluminaron de emoción pura.

—¡Gracias, Biel!

Te prometo que no seré una carga en el camino.

Justo cuando la tensión parecía disiparse por completo, Muskar alzó una mano para captar la atención de todos con una sonrisa misteriosa.

—Pero antes de que partan hacia el mundo humano…

he preparado una pequeña fiesta de despedida en el palacio.

Biel arqueó una ceja, sorprendido por la propuesta.

—¿Una fiesta?

¿Aquí?

Muskar asintió con orgullo.

—Así es.

Es mi forma de agradecerles por haberme salvado de las garras de mi padre y por devolverle la esperanza a mi pueblo.

Biel intercambió miradas con Charlotte, Ryder y los demás.

Tras unos segundos de silencio, soltó una carcajada ligera y relajada.

—Está bien, aceptamos.

Vamos todos a esa fiesta.

Los ánimos del grupo se elevaron al instante.

Por primera vez en mucho tiempo, todos sintieron que podían bajar la guardia y disfrutar de un momento de paz antes de enfrentar los desafíos que les aguardaban en el mundo humano.

Llegó la hora de la fiesta y todos se sumergieron en una celebración que parecía sacudida por un alivio colectivo.

Después de tantas batallas y momentos donde la incertidumbre nublaba el juicio, al fin podían permitirse un respiro.

La música de las tierras oscuras resonaba en la gran sala, las risas llenaban cada rincón y los manjares no dejaban de servirse en honor a los libertadores.

Biel, sentado con una copa en la mano, observaba la escena con una sonrisa de pura gratitud.

—Por fin, después de tanto tiempo, puedo relajarme —comentó Biel, sintiendo cómo el peso de los mundos se aligeraba por un instante.

—La última vez que disfruté de algo así fue en la aldea de Xanthe y Easton, cuando celebramos su libertad.

Desde entonces, han pasado tantas cosas que parece una vida entera….

Xanthe asintió con solemnidad y alzó su copa hacia él.

—Y cada una de esas aventuras, por amargas que fueran, nos han hecho más fuertes —sentenció Xanthe.

Easton, recuperando su habitual entusiasmo, se unió al brindis.

—¡Por las nuevas aventuras y por los amigos que nunca nos dejaron solos!

—exclamó con energía.

Todos alzaron sus copas, brindando con un vigor que hizo vibrar el aire.

La celebración se extendió durante toda la noche en un ambiente de camaradería donde los peligros del pasado parecían desvanecerse ante la luz de las antorchas.

Sin embargo, al llegar la mañana, el ambiente cambió hacia la eficiencia del viaje.

Mientras el grupo se alistaba para partir, Xanthe se acercó a Biel, quien ya ajustaba los últimos detalles de su equipo.

—Y ahora, ¿hacia dónde nos dirigimos?

—preguntó Xanthe con curiosidad.

Biel terminó de ajustar su traje y respondió con una determinación gélida.

—Iremos a Marciler.

Acalia, que terminaba de asegurar su equipaje, se giró bruscamente con sorpresa.

—¿Marciler?

¿Te refieres a la ciudad de la Emperatriz Domia?

—inquirió Acalia.

Biel asintió con seriedad.

—Así es.

Ella estuvo involucrada en el conflicto contra Lip, y quiero descubrir por qué deseaba tanto que nos enfrentáramos.

Además, estoy convencido de que allí encontraré pistas reales sobre el paradero de Bastián.

La sola mención de Bastián volvió el ambiente denso.

Sin perder más tiempo, el grupo terminó de prepararse, listos para enfrentar cualquier enigma que Marciler ocultara tras sus murallas.

Antes de marchar, Biel observó por última vez las tierras oscuras, que ahora tenían la oportunidad de renacer bajo un nuevo mando.

—Llegó el momento de irnos —dijo Biel con voz firme.

—Muskar, confío en que restaurarás este reino y te convertirás en el gran Rey que tu pueblo necesita.

Nos volveremos a ver.

Muskar cruzó los brazos y asintió con una confianza noble.

—Así será, Biel.

No dudes en regresar cuando este lugar sea de nuevo un hogar.

Sarah se acercó a su hermano con un brillo de emoción contenida.

—Cuídate mucho, hermano —susurró Sarah.

Muskar le puso una mano en el hombro con afecto.

—Tú también, Sarah.

No olvides nunca de dónde vienes.

—Luego miró a Biel directamente —.

Biel, cuida de mi hermana.

Biel sostuvo la mirada y asintió.

—Puedes contar con ello.

Con las despedidas selladas, el grupo cruzó la frontera, dejando atrás los ecos de la guerra para mirar hacia un horizonte incierto.

—Ahora, una nueva aventura nos espera —concluyó Biel ante sus compañeros, quienes asintieron listos para lo que vendría.

Mientras tanto, en la imponente ciudad de Marciler, la Emperatriz Domia recibió una carta sellada con urgencia.

Al leer el contenido, una sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios.

—Interesante…

—susurró Domia.

El mensaje era contundente: El Rey Vampiro Lip ha caído.

Biel también ha muerto.

Domia soltó una risita contenida y se reclinó en su trono con elegancia maliciosa.

—Perfecto.

Mis planes han salido a pedir de boca.

Se levantó y caminó hacia el gran ventanal que dominaba su imperio.

—Con esto, mi señor estará satisfecho —murmuró con un brillo cruel —.

Si Biel está muerto, ya no hay nadie capaz de interferir en mis ambiciones….

Tras ella, una sombra se deslizó entre las columnas del salón, escuchando cada palabra en absoluto silencio.

Domia sonrió, creyéndose dueña del tablero, ignorante de que la “anomalía” que ella creía muerta ya estaba en camino para reclamar respuestas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo