Fragmento de lo Infinito - Capítulo 88
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Capítulo 88: Capítulo 87: Sombras del Pasado – Parte 1
Había pasado una semana desde aquel enfrentamiento que estremeció a Renacelia.
El duelo entre Biel y Fernt, el rey drakeryano, ya se había convertido en noticia de todo el mundo: comentado en palacios, tabernas y plazas. Algunos lo veían como un empate glorioso, otros como el preludio de una tormenta mayor. Lo cierto es que ninguno de los dos bandos había tomado represalias… al menos por ahora.
Por su parte, Biel había permanecido inconsciente cuatro días, sumido en un sueño pesado que parecía arrastrarlo hacia abismos lejanos.
Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue a Enit, sentada a su lado, con esa calma luminosa que siempre parecía envolverla.
—Vaya… por fin despiertas, Biel.
El muchacho parpadeó, con el cuerpo rígido de dolor.
—Hola, Enit… —su voz salió ronca—. Me duele todo el cuerpo. ¿Qué fue lo que pasó?
Enit ladeó la cabeza, sonriendo con dulzura, aunque sus palabras pesaban como plomo.
—Lo que Ryder me dijo es que sufriste fracturas por todo tu cuerpo. Nada irreversible, pero… la batalla contra Fernt dejó secuelas. Tu transformación en Rey Demonio te desgarró por dentro. Tu cuerpo aún no está preparado para sostener tanto poder… y además invocaste a Aine. El Fragmento de lo Infinito llevaba doscientos años acumulando energía. Esa sobrecarga casi te rompe.
Biel bajó la mirada, recordando la pelea, el brillo abrasador de Aine, el choque con Fernt. Un escalofrío recorrió su espalda.
—Me excedí… esta vez fue demasiado —susurró—. Tendré que entrenar mi cuerpo, hacerlo capaz de soportar tanto peso: el Rey Demonio y el Fragmento… Si no lo hago, la próxima vez no me levantaré.
Sus ojos se ablandaron de pronto.
—¿Y los demás? ¿Mis amigos, los santos, el instituto?
Enit asintió.
—Tus amigos están bien, ahora mismo en clases. Los santos retomaron sus actividades. El instituto apenas sufrió unas fisuras, nada grave. Pero hay algo más, Biel… algo que ocurrió en el mundo entero durante estos días.
El corazón de Biel dio un vuelco.
—¿En el mundo…? Espera. ¿Cómo que el mundo entero? Hace doscientos años yo apenas recorrí este continente. ¿Existen más países… más allá de estas tierras?
Enit dejó escapar un suspiro, como quien revela una verdad a destiempo.
—Así es. Aunque yo misma apenas lo confirmé hace unos años.
Biel la miró con cejas alzadas, sorprendido. Unos años. Para ella era “reciente”. Para él, una eternidad.
Enit continuó:
—Durante tu sueño hubo varios sucesos. La reunión de líderes archadeamon… y las consecuencias de la liberación de Iskaria. Los conflictos internos crecen, y nadie sabe dónde está Lilyn, la espadachina que derrocó aquel régimen.
Biel frunció el ceño.
—¿Lilyn? ¿Quién es ella?
—La que liberó a Iskaria hace un año. Una joven espadachina… es muy popular en todo el mundo, pero su paradero actual es un misterio.
Biel permaneció en silencio, intrigado.
—Y, además —añadió Enit—, se habló de un país en particular: Monotia. Un reino tan avanzado tecnológicamente que incluso supera a Renacelia. Nadie entiende cómo alcanzó tal nivel en tan poco tiempo. Se cree que hace doscientos años, personas de otro mundo llegaron a este mundo con conocimiento avanzado que crearon esta ciudad y que luego compartieron esa tecnología con todo el mundo…. Eso da indicios que Monotia también tiene la tecnología de esas personas e inclusos llegaron a superarla por eso Monotia hoy en día es una ciudad muy avanzada para esta época.
Esas palabras golpearon como un trueno en la mente de Biel. Imágenes olvidadas se agitaron: sus compañeros de colegio, Liam, Rubí… el anciano de la tienda de rarezas que los había enviado a este mundo. Recordó la pequeña ciudad que comenzaron a construir juntos, los planes para el festival del héroe, el futuro que soñaban antes de que Khios lo destruyera todo.
Con voz baja murmuró:
—No pude cumplir mi promesa… ni siquiera llegué a dar nombre a esa ciudad.
Pero Enit lo interrumpió con una sonrisa misteriosa.
—El festival del héroe sí se realizó. Y la ciudad… lleva este nombre en tu honor.
Los ojos de Biel se abrieron de par en par.
—¿Cómo sabes eso?
—¿Ya olvidaste que soy la diosa de los espíritus? Escucho tus pensamientos, Biel.
Él rió nervioso, llevándose la mano a la nuca.
—Cierto… lo había olvidado. Supongo que volver después de doscientos años me tiene los recuerdos borrosos. Apenas recuerdo bien mi batalla con Maelista.
Enit bajó la mirada, con un dejo de amargura.
—Al menos recuerdas a ese traidor… pero no mis habilidades.
Biel la observó con ternura.
—Las recuerdo… aunque no del todo.
—Da igual, dejemos eso. Lo importante —prosiguió ella— es que mientras dormías, el mundo cambió. El país entero ahora espera al “fundador”. Y lo más evidente fue la desaparición de Aine: la espada ya no está en su pedestal. Nadie había podido sacarla jamás, ni reyes ni príncipes… ni siquiera Lilyn, cuando vino aquí hace dos años.
Biel se incorporó un poco, sorprendido.
—¿Ella estuvo aquí?
—Sí. Vino a ver el lugar donde el héroe algún día volvería.
El joven soltó un suspiro profundo, con una mezcla de nostalgia y vértigo.
—Quién lo diría… que todo comenzó el día en que toqué un fragmento en una tienda de antigüedades. Desde entonces, cada paso ha sido un torbellino: la villa de Xantle y Easton, el ataque de Kurusume, Monsfil, Lip, el mundo espiritual, mi regreso de la muerte, Lunarys, los tres dragones, Domia y los Novas, la desesperación encarnada, Khios…
Cerró los ojos, cruzando los brazos.
—Y aun así sigo aquí. He vivido tanto… pero si renací, es para seguir viviendo. Para disfrutar todo lo que me queda.
Enit lo miraba. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.
—Eso es lo que me gusta de ti, Biel… —susurró, con la voz quebrada.
Él la miró con suavidad. Y en el reflejo de su mirada vio algo que ni el tiempo ni las batallas habían cambiado: un corazón dispuesto a latir por él.
Mientras Biel hablaba con Enit en la quietud del hospital, lejos de allí, en la frontera olvidada entre Renacelia y Claiflor, un lugar de penumbra aguardaba en silencio. Durante siglos nadie se había atrevido a cruzar esas tierras, donde la bruma parecía respirar y el aire pesaba como plomo.
Una figura encapuchada avanzó con pasos lentos, el eco de sus botas quebrando la calma. Ante sus ojos apareció una roca colosal, ennegrecida por el tiempo y cubierta por cadenas inmensas, que palpitaban como si aún tuvieran vida.
La figura murmuró con voz ronca:
—Así que la leyenda era cierta… Aquí fue donde un humano y un demonio lucharon hasta la muerte. Dicen que el humano acabó con el demonio, aunque también murió por sus heridas. Pero las leyendas cambian con los años, siempre adornadas, siempre incompletas… A mí no me interesa la fábula, sino lo que quedó aquí después de aquella batalla.
Se inclinó hacia la roca, dejando que sus dedos rozaran el metal frío de las cadenas.
—La reliquia… el sello que aprisiona al Rey Demonio de la Oscuridad Primordial.
Un silencio absoluto lo envolvió, hasta que una voz profunda, desgarradora y antigua como un eco de eternidades, retumbó desde las entrañas de la roca:
—Vaya… Un humano. Después de tantos años, por fin uno aparece. Dime, ¿qué haces aquí, mortal?
El encapuchado retrocedió un paso, con el corazón agitado, pero pronto recuperó la compostura.
—He venido porque quiero un trato contigo… Y creo que tú eres el ente al que busco.
Una carcajada resonó como un trueno, haciendo vibrar las cadenas.
—¿Un humano que desea mi poder? Jajajajaja… Qué divertido. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que caminé en libertad. Dime, humano… ¿qué trato deseas?
La figura se irguió, mostrando decisión en su voz.
—Conozco los nombres de los cinco reyes demonios y sus dominios. Sé que tú eres el que porta la oscuridad primordial. También sé lo que ocurrió hace doscientos años… que ustedes se unieron para derrotar a su hermano, el traidor que entregó su poder a un humano.
Hubo un silencio pesado, roto por la risa amarga del demonio.
—Los humanos… siempre escribiendo historias falsas sobre lo que no entienden. Es cierto, hace doscientos años nos unimos contra aquel humano, pero no porque mi hermano fuera un traidor. Estás equivocado.
La voz se volvió más grave, cargada de rencor.
—Mi hermano fue el segundo más fuerte de nosotros, fue por eso que nunca cuestionamos sus acciones, pero lo que hizo es imperdonable…. Y aunque eligió a un humano como portador de su poder, nunca le guardamos rencor. Lo que no podemos perdonar es que lo escogiera como sucesor. ¡A un humano! En vez de a uno de los nuestros… imperdonable.
El eco de esas palabras hizo vibrar las paredes de la caverna. La figura encapuchada tragó saliva, pero se mantuvo firme.
El demonio continuó:
—Con ese cuerpo, formado por los sellos de los cuatro reyes, luchamos contra aquel humano y sus aliados. Algunos de los nuestros lo ayudaron… y fue por eso que Khios destruyó el Inframundo. Por eso casi nos extinguimos.
El encapuchado asintió lentamente.
—Una historia fascinante… aunque innecesaria ahora. Ese humano murió hace doscientos años, ¿no? Entonces tu hermano también.
El silencio volvió, pero pronto la voz resonó con un tono gélido que hizo que la sangre del visitante se helara.
—Para nada. Mi hermano sigue con vida. Hace apenas una semana, sentí su aura por primera vez en dos siglos.
El encapuchado se estremeció.
—¿Qué dijiste? ¿Cómo que sigue con vida?
El demonio rió, un estruendo macabro que sacudió la penumbra.
—Los humanos no pueden sentir lo que nosotros sentimos. ¡Mi hermano está aquí, en algún lugar de este mundo! Y ahora que lo sé… tengo la posibilidad de acabar con él de una vez por todas. ¡Jajajajajajaja!
El eco de esa risa monstruosa retumbó como un rugido de cataclismo, rebotando entre las cadenas, como si toda la oscuridad del lugar celebrara el regreso de una tragedia largamente esperada.
—Bueno, humano —retumbó la voz desde la roca encadenada, como un trueno que nacía en lo profundo de la tierra—. Desconozco tus motivos, pero necesito un cuerpo para volver.
El encapuchado sonrió. Sus labios apenas se dejaron ver bajo la sombra de su manto.
—Eso era justo lo que quería escuchar. La verdad… ansío poder. Desde niño lo he deseado, un poder absoluto. Quiero causar caos en este mundo y, sobre todo, venganza. Hay alguien que me hizo sufrir demasiado…
La risa del demonio llenó la penumbra, un eco tan denso que parecía arrancar la respiración del aire.
—Un humano en busca de venganza… Qué común, qué predecible. Pero también… qué útil. Quieres un poder que ni siquiera comprendes, y aun así llegas hasta mí. Esos son buenos motivos para otorgarte lo que deseas. Sin embargo, tengo una condición.
El encapuchado ladeó la cabeza.
—¿Cuál es tu condición?
La voz respondió con un tono cargado de veneno:
—Luego de cumplir tu venganza, tu cuerpo será todo mío.
El encapuchado guardó silencio unos segundos… y luego soltó una risa ligera.
—No suena nada mal. Aunque… me gustaría disfrutar de ese poder un tiempo. Digamos, tres a seis años.
La roca vibró como si el demonio meditara.
—Cinco años. Te otorgaré mi poder para que te diviertas en este mundo de carne y sangre. Pero escucha bien: antes de eso tomaré el control absoluto de tu cuerpo. Necesito acabar con mi hermano, con mis propias manos. Una vez hecho, te lo devolveré… y disfrutarás de cinco años de caos. Luego… todo, mente y corazón, me pertenecerán.
Los labios del encapuchado se curvaron en una sonrisa torcida.
—Me parece un trato justo.
—Bien, humano insolente —rugió la voz—. Dime tu nombre.
El encapuchado enderezó la espalda, orgulloso.
—Yo me llamo Hill.
El demonio rió de nuevo, y las cadenas tintinearon como si celebraran el bautizo de un pecado.
—Hill… Hoy haremos un pacto. Uniremos nuestras almas en un solo cuerpo, y desde este día tus venas arderán con mi oscuridad primordial…
Pero la ceremonia fue cortada de raíz.
Un estallido de energía atravesó la penumbra, y un resplandor azulado iluminó el santuario. Entre las sombras apareció una silueta humana, de pie sobre los restos de un altar roto, observando con una calma gélida.
La voz demoníaca rugió con sorpresa, un tono que mezclaba furia y temor.
—¡Imposible! ¿Qué haces tú aquí? Han pasado más de cuatro siglos… ¡Un humano no puede vivir tanto!
Las cadenas vibraron como si reconocieran aquella presencia. Hill giró lentamente la cabeza hacia la figura recién llegada, y por primera vez en toda la noche, su sonrisa desapareció.
Hill dio un paso atrás, su voz tembló por primera vez.
—¿Acaso… lo conoces de antes?
La voz demoníaca ignoró su pregunta. Su atención estaba fija en el recién llegado.
—¡Maldito…! —rugió, su eco sacudiendo las cadenas y agrietando la roca que lo aprisionaba—. ¿Qué haces aquí? ¡Tú… la mano derecha de ese héroe que nos selló hace más de doscientos años! ¡Kael! ¿Cómo es posible que aún vivas, miserable humano?
La figura salió de las sombras. Su cabello gris caía sobre un rostro curtido, sus ojos tenían la calma de alguien que había visto demasiadas eras pasar.
—Hace cuatro siglos mi señor logró sellar a los cinco reyes demonios —respondió con voz grave—. Nunca pensé que el sello llegaría a estar incompleto.
Su mirada se endureció.
—Hace dos siglos lo vi con mis propios ojos. El momento en que tu hermano, Berzarler, se liberó… y tomó el cuerpo de un niño. Eso ocurrió dieciocho años antes de que el nuevo héroe llegara a este mundo. Un acto imperdonable. No solo usó el cuerpo de un niño, sino que destruyó el Inframundo y asesinó a los amigos del héroe.
La voz demoníaca vibró con furia.
—¡Eso no responde a mi pregunta! ¿Cómo es posible que aún estés vivo? ¡Han pasado siglos! ¿Acaso eres inmortal?
Kael negó con calma.
—No. Soy un simple humano.
—¡Mentira! —escupió la voz—. Ningún humano puede vivir tanto.
Kael cerró los ojos un instante y luego confesó:
—Es cierto. Pero yo… soy especial. Nací con la habilidad de viajar a diferentes épocas.
Hubo un silencio denso. Incluso Hill, que escuchaba incrédulo, contuvo el aire.
—¿Viajar… a épocas? —susurró la voz—. ¿Cómo es posible que exista tal poder… y en un humano?
—Cada viaje consume dos años de mi vitalidad —explicó Kael con serenidad—. Ese es el precio.
La roca tembló. El demonio soltó una carcajada seca.
—Un humano que puede atravesar las eras, perdiendo dos años por cada salto… qué don más interesante.
Kael levantó la mirada, sereno, como si hablara de un destino inevitable.
—Ya he consumido treinta años de mi vida. En realidad, tengo cincuenta… aunque no lo parezca. Tal vez me quede un viaje más… o tal vez ninguno. Pero eso no importa. He llegado a la época correcta. He venido a detenerte aquí y ahora… y después entregaré un mensaje que mi gran amigo me pidió que entregara al actual héroe.
La voz demoníaca rugió con carcajadas.
—¿Detenerme? ¡Jajajajaja! ¿No lo ves? ¡Ya soy libre otra vez!
De pronto, el lugar comenzó a temblar violentamente. Una marea de energía oscura brotó de la roca, inundando la penumbra. Las cadenas se deshicieron como polvo, y el aire se volvió irrespirable.
Hill retrocedió aterrado.
—¿Qué vas a hacer…? Espera un momento…
—Ya no hay tiempo, humano —retumbó la voz en todas direcciones—. Olvídate de tu trato. Tu cuerpo… será mío.
—¡Espera, ¡qué—!
El aura oscura envolvió al encapuchado, tragándoselo como un abismo sin fin. Su grito se perdió en la oscuridad, hasta que ya no hubo más que silencio y un pulso demoníaco que estremecía la tierra.
Kael observó la escena con fría resignación. No había sorpresa en sus ojos, solo un cansancio profundo.
—Vaya… qué fastidio —susurró—. Otro más que se libera. Con este ya son tres.
Alzó la vista hacia el cielo invisible, cubierto por la negrura de aquella aura.
—Amigo mío… al parecer tus palabras se están cumpliendo. Estos desgraciados tarde o temprano romperían el sello.
Su voz se quebró apenas al recordar.
—A lo largo de estos cuatro siglos intenté corregir el curso, pero fue en vano. Hace doscientos años, Berzarler se liberó y luego desapareció de mi alcance. Dieciocho años después, me uní a alguien que buscaba los sellos… ese hombre ya tenía dos fragmentos en su poder. Intenté guiarlo, pero pronto entendí que no tenía buenas intenciones y que no era aquel héroe que aparecería por eso decidí abandonarlo y cumplir con la promesa que te hice…
Sus ojos se oscurecieron, pesados de memoria.
—Decidí ayudar al héroe de ese entonces, en Claiflor. Luego vi lo inevitable: Berzarler uniéndose a los otros sellos… y el nacimiento de ese monstruo llamado Khios. Quise ayudar a Biel, pero si intervenía… habría roto la línea del tiempo.
Sus ojos se humedecieron.
“Nunca pensé que Biel acabaría sacrificando su vida para destruir a Khios y luego reconstruir el mundo. Ese día sentí felicidad y pena al mismo tiempo: felicidad, porque él venció a Khios y quebró los sellos; tristeza, porque repitió el mismo destino que mi amigo, doscientos años atrás.”
Un recuerdo lo atravesó: el inmenso cráter dejado por la batalla, y en él, una vibración oscura.
“En aquel momento percibí una leve presencia en el cráter… pero se desvaneció rápidamente. Aunque esa sombra desapareció, no bajé la guardia. Y entonces gasté veinte años de mi vitalidad viajando entre épocas, siguiendo ese rastro.”
El aura finalmente se materializó. Una silueta colosal de tinieblas se alzó detrás de Hill, con ojos rojos como lunas enloquecidas.
Kael inspiró hondo, y con voz grave, sentenció:
—Y ahora lo confirmo… aquella presencia que percibí ese día… eras tú. Rey demonio de la oscuridad primordial.
Kael alzó la vista, sus pensamientos pesados como siglos acumulados. Con un suspiro que parecía venir de otra era, murmuró:
—Amigo mío… ahora entiendo que tu vida fue mucho más dura que la mía.
Pasado
Hace 4 siglos atrás, sucedieron algunos sucesos que cambiaron el mundo entero, donde la historia empezó a escribirse.
—Kael, ¿por qué tan callado, amigo mío? Si sigues así no vas a conseguir esposa, jajaja.
Kael lo miró de reojo, serio.
—¿De qué hablas? A diferencia de ti, que eres popular con las chicas, yo soy más reservado. Además, he vivido muchos años en soledad y ya me he acostumbrado.
El joven sonrió con descaro.
—Y tú qué… llegaste hace dos años a este mundo, ¿ya comprendes el cincuenta por ciento del Fragmento de lo Infinito, Luthan? ¿O no es así, mi estimado Lorian?
Lorian rió fuerte.
—Jajajaja, eso es verdad. Pero también fue gracias a ese rey demonio pacífico… ¿cómo era que se llamaba? Monsfil, creo que era…
Kael bajó la cabeza, pensativo.
—Qué suerte tienes de haberte topado con ese rey demonio, a diferencia de sus hermanos.
Lorian asintió con seriedad.
—Aquel día, cuando lo enfrenté, lo entendí todo. En este mundo existen seres muy fuertes.
Hace un año atrás
En la cima de un monte se libraba una pelea estremecedora que hacía retumbar el lugar.
Allí estaban Monsfil, el rey demonio de la destrucción eterna, contra Lorian, portador del Fragmento de lo Infinito Luthan.
Monsfil lanzaba ráfagas de espinas de penumbras que podían desgarrar montañas, mientras Lorian las repelía con su naginata.
Era una batalla de titanes que hacía estremecer la tierra.
Dos años antes
Una ráfaga surcó el cielo como un rayo de luz flamante.
En ese momento, Kael se encontraba mirando las estrellas cuando se percató de ese resplandor inusual que cayó cerca. De inmediato fue a ver qué era.
Al llegar, grande fue su sorpresa al ver a alguien allí, gritando al cielo como un loco:
—¡Oye, dios, o lo que seas! ¿Por qué me mandaste a este lugar sin mi permiso? ¡Oye, respóndeme!
Kael lo observó extrañado.
—Oye, chico, ¿te encuentras bien?
—¿Quién eres tú? —respondió el joven, nervioso—. ¿Acaso eres aliado de ese dios que me envió hasta aquí?
Kael negó con calma.
—Yo no sirvo a ningún dios, soy un espíritu libre. Y eso no responde a mi pregunta: ¿acaso no te impactó ese rayo que cayó hace rato?
El joven se llevó las manos al rostro, confundido.
—¡Espera un momento! ¿Acaso dónde fue que me envió ese loco de la tienda que se hacía llamar dios? Oye, dime una cosa… ¿sabes dónde estamos? ¿Sabes dónde se encuentra Albernia o qué país es este?
Kael frunció el ceño.
—¿Albernia? ¿País? ¿De qué me hablas, chico? ¿Qué es Albernia? ¿Y qué significa país?
El muchacho se quedó helado.
—¿Qué? ¿Cómo que no conoces lo que significa país? ¡¿Dónde rayos me mandó ese anciano?!
De pronto, una voz resonó en el lugar, grave y solemne:
—Humano recién llegado a este mundo, desde hoy te convertirás en el héroe de este mundo y se te será otorgado el Fragmento de lo Infinito. Con él podrás defender este mundo de amenazas latentes.
El chico abrió los ojos con espanto.
—¡Espera un momento! Yo nunca decidí venir a este mundo, ¡ni quería ser un héroe! No es justo… Yo soy un simple universitario, ¿por qué yo?
Fueron muchas las preguntas que se hizo, hasta que la voz respondió:
—Chico, perdóname por no avisarte que te enviaría a otro mundo, pero este mundo necesita un héroe que lo proteja.
El muchacho gritó con rabia:
—¡¿Y entonces para qué existen ustedes los dioses si no van a proteger este mundo?!
La voz contestó con calma, aunque había un dejo de tristeza en ella:
—Nosotros, los dioses, también velamos por todos los seres vivos de este mundo. Pero no podemos intervenir. Aunque esta acción afecte ese orden, yo mismo me hago responsable de lo que suceda. No te preocupes, chico: hoy no entenderás mis palabras, pero tal vez mañana sí. En tu mundo de origen no tenías nada, estabas solo. En este mundo conocerás amigos, aliados, y no estarás solo.
El chico bajó la cabeza, respirando hondo.
—Entonces… fue por eso que me preguntaste sobre mi vida en aquella parada de bus… Querías saber si la persona que enviarías a este mundo no tuviera nada que dejar atrás.
—Exacto —respondió la voz—. Y aunque ahora dudes, eres el elegido para proteger este mundo.
De pronto, un resplandor apareció, materializándose en un pequeño cubo en la mano del chico.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Es algo especial que te ayudará más adelante.
La voz pareció desvanecerse poco a poco.
—Bueno, creo que este será un adiós definitivo. Ya no pertenezco a este mundo y voy a desaparecer. Puede que sea un castigo de las autoridades… o quizá otra cosa. La verdad no lo sé. Pero al menos hice una buena acción después de todo. Adiós, chico de la parada de autobús, Lorian.
El muchacho intentó extender la mano.
—¡Espera! ¿Por qué vas a desaparecer?
Pero la voz ya se había apagado en la lejanía.
Solo quedó él, solo, con aquel cubo brillando débilmente en sus manos.
Lorian cerró los ojos y murmuró en voz baja, como aceptando un destino que nunca buscó:
—Entonces… yo soy el protector de este mundo.
Kael, que había presenciado todo desde las sombras, dio un paso adelante con calma.
—Así que… hablas con los dioses, ¿eh? Vaya, nunca había visto a alguien que lo hiciera.
Lorian, aun asimilando lo que había pasado, se sobresaltó. Se había olvidado de que esa persona estaba allí.
—¡Espera! Creí que ya te habías ido.
Kael sonrió apenas.
—Sí, tenía pensado marcharme. Pero lo que vi aquí es algo que nadie creería. Ahora entiendo por qué llegaste a este mundo… Y escucha: tienes que empezar una nueva vida en este lugar. Ahora eres un blanco, muchos enemigos vendrán por ti.
Hizo una pausa y luego afirmó con decisión:
—Te ayudaré a comprender este mundo y te entrenaré para que puedas defenderlo.
Lorian soltó una carcajada incrédula.
—Jajajaja, no me hagas reír. ¿Y tú quién eres? ¿Algún guerrero o qué? ¿Cómo voy a confiar en alguien que acabo de conocer? Además, ni siquiera me has dicho tu nombre.
Kael asintió con calma.
—Es cierto. No puedo obligarte a confiar en alguien que recién conoces. Pero igual te lo diré: me llamo Kael. Y aunque dudes de mí, aun así, te ayudaré hasta que te adaptes. Al final, es tu elección. Solo tú decides tu destino.
Lorian lo miró en silencio. Finalmente bajó la cabeza y murmuró:
—Está bien. Confiaré en ti. Desde ahora en adelante te seguiré para comprender mi poder… y comprender este mundo.
Kael sonrió con alivio.
—Bien. Ha nacido un héroe, el protector de este mundo… jajaja. Perdona, tenía que decirlo. Bueno, será mejor que vayamos a la villa cercana. Mañana empezaremos tu entrenamiento.
Al llegar a la villa, entraron en la modesta casa de Kael.
Lorian la observó de arriba abajo y no pudo evitar soltar un comentario burlón:
—Oye, tu casa no es la gran cosa, jajaja.
Kael chasqueó la lengua.
—Silencio. No soy alguien rico que pueda comprar castillos y palacios. Pero al menos esto es un techo. Será mejor que te acostumbres, porque de ahora en adelante vivirás aquí. No tienes dinero, ¿verdad?
Lorian se revisó los bolsillos, encontrándolos vacíos.
—…Es cierto. No tengo nada.
El ambiente se volvió incómodamente silencioso, hasta que una voz burlona rompió la calma:
—Vaya… además de novato eres un chiro, Jajajaja. Bueno, qué se le va a hacer. Ahora eres mi amo.
Kael se puso de pie de inmediato.
—¡¿Qué fue esa voz?!
Lorian retrocedió, asustado. En ese instante, el Fragmento en su posesión comenzó a brillar intensamente. Ante sus ojos, la luz tomó forma humana: la de un joven de porte elegante, cabello largo de un tono naranja flameante y ojos ámbar dorados.
Aquella figura inclinó la cabeza y se presentó con solemnidad:
—Me llamo Luthan. Soy el Fragmento de lo Infinito del Núcleo del Viento Cíclico. Fui enviado para ayudar al héroe que llegó a este mundo. Mi misión es apoyarlo en sus batallas de ahora en adelante.
Kael cayó de rodillas, impactado.
—Entonces… no eran leyendas. Los Fragmentos realmente existen.
Luthan sonrió.
—Por supuesto que existimos. Somos conocidos como la Llave Primordial. Somos cinco fragmentos destinados a diferentes héroes en distintas épocas. Yo soy parte de la quinta generación de fragmentos. De esta generación, solo yo he sido otorgado hasta ahora a un héroe… pero sé de un fragmento con un potencial inmenso, capaz de superar incluso a todas las generaciones pasadas.
Sus ojos brillaron al recordar.
—Ella es mi hermana, Aine. Nuestros maestros creen que puede ser peligrosa para el mundo. Por eso, el más fuerte de los trece primordiales, Void Lucker, es quien la custodia. Aun así, yo tengo fe en que un día será una de las más fuertes y que apoyará a su portador, cuando el héroe al que fue destinada llegue a este mundo… dentro de dos o tres siglos.
Lorian levantó las manos.
—Esto es demasiada información para mí…
Kael, aún atónito, preguntó:
—Oye, Luthan. Dijiste algo sobre los catorce primordiales… ¿quiénes son ellos? ¿Acaso todos entrenan a los cinco fragmentos de esta generación?
Luthan negó con calma.
—Los primordiales son entidades nacidas al igual que nosotros. Pero a diferencia nuestra, que somos otorgados a los héroes, su propósito es entrenarnos para guiar a los llamados “Enviados”. Sin embargo, no todos los catorce primordiales cumplen esa tarea: solo cinco de ellos son nuestros maestros.
—¿Y los demás? —preguntó Kael.
—Los demás están distribuidos a lo largo del universo, o mejor dicho, del Megaverso. Allí cumplen con otras misiones más allá de entrenar fragmentos, porque nosotros solo existimos en este universo. Yo apenas tengo acceso a una parte de la información sobre el Megaverso y sus criaturas, pero sé que su alcance es inconmensurable.
Hizo una pausa y luego enumeró con firmeza:
—En este mundo,los cinco primordiales asignados. Mi maestro es Infernal Tyrant. El de mi hermana Aine es Void Lucker. Mi hermano Eldric tiene como guía a Gravemourn Omen. Mi hermana Sylas, a Lunara Voidseer. Y por último, mi hermano Varael, a Sylva Evergloom.
Kael lo escuchaba absorto, mientras Luthan concluía:
—Juntos, los cinco fragmentos formamos la mítica Llave Primordial.
Kael palideció.
—¿La Llave Primordial…? ¿La misma que, según las escrituras, dará inicio a la Guerra del Fin?
Luthan rio suavemente.
—No necesariamente. Es casi imposible que la llave llegue a unirse. Cada héroe aparece cada doscientos años… y ningún humano puede vivir tanto. Nuestras vidas están ligadas al héroe que portamos. Si el portador muere, nosotros también desaparecemos.
Lorian abrió los ojos, aturdido por la magnitud de la revelación.
—Por eso es imposible que los cinco fragmentos se reúnan en una misma era. Tarde o temprano moriremos —continuó Luthan—. Pero habrá un tiempo… una era en la que los fragmentos ya no estarán atados a sus portadores. Entonces, alguien será capaz de unirlos y salvar al mundo de Apocalipsis.
Kael sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Una profecía…? ¿Entonces habrá una guerra?
Luthan bajó la mirada, su voz se tornó grave.
—Sí. Está escrito en el altar de los tiempos. Pero nadie sabe cuándo sucederá, ni en qué generación se cumplirá. Tal vez en esta… tal vez en la siguiente. La verdad es incierta.
Alzó la mirada y su voz se endureció con una seguridad inquebrantable:
—Pero una cosa es segura: un día… pasará.
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