Fragmento de lo Infinito - Capítulo 9
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9: Capítulo 9: El Guardián y el Rey 9: Capítulo 9: El Guardián y el Rey Una atmósfera de desconcierto llenó la cámara tras las palabras del caballero oscuro.
El aire se volvió pesado, casi eléctrico, cuando el artefacto que colgaba del cuello de Biel comenzó a emitir un brillo intenso, pulsando con una vida propia.
Ocurrió algo sorprendente.
La luz no solo iluminó la estancia, sino que el objeto mismo pareció disolverse, fusionándose con la piel de Biel.
Un aura púrpura, densa y majestuosa, se desplegó por todo su cuerpo, envolviéndolo en un capullo de energía crepitante.
Cuando el resplandor cedió, la forma del cristal había desaparecido, reemplazada por un ropaje negro, elegante y desconocido para los presentes.
El grupo quedó anonadado, incapaz de apartar la vista de la nueva figura de su compañero.
Easton se inclinó ligeramente hacia Xantle, sin dejar de observar el cambio.
—¿Te has fijado en cómo va vestido?
Xantle asintió lentamente, analizando cada detalle con ojos críticos.
—Sí…
todo en él es oscuro, pero no es simple.
Lleva una chaqueta negra ajustada, de corte recto, bien estructurada.
Las solapas están marcadas, como si quisiera verse formal…
pero sin exagerar.
—Exacto —coincidió Easton, señalando con un gesto sutil—.
Y debajo usa una camisa negra, completamente abotonada hasta el cuello.
Eso le da un aire más serio, más controlado.
Acalia, que había estado observando en silencio, dio un paso al frente, cautivada por la perfección de la vestimenta.
—El pantalón también combina perfectamente, entallado, sin arrugas, manteniendo esa silueta firme.
No hay nada fuera de lugar.
Incluso el cinturón es discreto.
Negro, con una hebilla metálica rectangular sencilla.
No busca llamar la atención con accesorios.
Kael observaba desde atrás, su mente trabajando a toda velocidad mientras procesaba la imagen de Biel.
«Es como si todo el atuendo estuviera pensado para transmitir autoridad…
misterio», pensó, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
«Sí.
No es solo ropa negra.
Es presencia.
Es alguien que sabe el poder que tiene…
y no necesita demostrarlo con adornos, es sin duda él, es el elegido por el fragmento».
Por su parte, Biel, sintiendo el artefacto ahora vibrar en su interior como una segunda alma, bajó la mirada hacia el caballero oscuro.
La inmensa figura blindada, que antes imponía terror, ahora se había arrodillado ante él con una devoción absoluta.
El caballero oscuro rompió el silencio, su voz resonando con una mezcla de solemnidad y alivio.
—Mi nombre es Ylfur —dijo, levantando lentamente la vista hacia el rostro de Biel—.
Y, durante doscientos años lo he esperado, mi señor.
Pasé todo este tiempo protegiendo este sello.
Sin embargo, mi verdadera lealtad no era hacia ese sello, sino hacia mi señor, Monsfil, el Rey Demonio de la Destrucción Eterna.
Y ahora por fin se liberó del sello y ahora se encuentra dentro de ti, joven portador.
Los ojos de Biel se abrieron con sorpresa al escuchar ese nombre, un eco de reconocimiento golpeando su memoria.
A su alrededor, Xanthe y Easton intercambiaron miradas cargadas de asombro y precaución; las manos de ambos fueron instintivamente hacia sus armas.
—¿Monsfil?
¿El Rey Demonio?
—preguntó Acalia, dando un paso hacia adelante con incredulidad—.
¿Qué significa esto?
¿Por qué dices que ahora ese rey demonio vive dentro de Biel?
Ylfur asintió con la cabeza, el movimiento pesado y metálico, como si hubiera esperado esa pregunta durante siglos.
—Permítanme contarles una historia, joven portador.
Hace doscientos años, Monsfil no era simplemente un Rey Demonio, como muchos creen.
Era un protector.
Su dominio sobre la destrucción no era para causar caos, sino para preservar el equilibrio.
Donde las plagas devastaban reinos, él las erradicaba.
Donde ejércitos corruptos masacraban inocentes, él los destruía sin piedad.
Biel sintió una sacudida interna.
«Es justamente lo que me dijo Monsfil», se dijo a sí mismo, la pieza del rompecabezas encajando en su mente.
—¿Y eso lo convierte en un héroe?
—interrumpió Xanthe, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, escéptica—.
Parece más bien el relato de un tirano que decide qué merece vivir y qué no.
Ylfur volteó hacia ella.
Aunque su rostro permanecía cubierto por el yelmo oscuro, su voz se suavizó, mostrando una mezcla de pesar antiguo y convicción inquebrantable.
—Lo entiendo.
Es difícil de comprender para quienes no vivieron esos tiempos.
Yo mismo pensé igual alguna vez.
Era un joven caballero que luchaba por mi reino, creyendo que la justicia era simple: el bien contra el mal.
Pero cuando mi hogar fue devastado por una corrupción imparable, ni mis habilidades ni las de mis aliados pudieron detenerla.
Entonces llegó él.
Ylfur hizo una pausa, y el peso de los recuerdos pareció curvar sus hombros acorazados, cargando con siglos de historia no contada.
—Monsfil destruyó todo lo que estaba infectado, incluso aquello que podría haberse salvado.
En ese momento, lo odié.
Pero cuando vi el resultado…
entendí.
La destrucción que él traía no era ciega, sino quirúrgica.
Salvó a mi reino de un destino peor, aunque el precio fue alto.
Decidí jurarle lealtad, no por miedo, sino porque reconocí que sus acciones, aunque durasen, eran necesarias.
El silencio en la cámara se volvió absoluto, denso.
Biel tragó saliva, el sonido de su propia garganta pareciéndole estruendoso mientras procesaba la justificación de Ylfur.
—¿Y qué pasó después?
¿Por qué Monsfil fue sellado?
—preguntó Acalia, lanzando una mirada inquisitiva que buscaba agujeros en la historia.
Ylfur bajó ligeramente la cabeza, un gesto de sumisión ante la memoria de su antiguo señor.
—Los mortales no entendieron su propósito.
Lo vieron como una amenaza, y el héroe elegido por los Fragmentos lideró una cruzada para sellarlo.
Monsfil no luchó contra su destino.
Sabía que el mundo no estaba listo para comprenderlo.
Pero antes de ser sellado, me dio una última orden: proteger este Fragmento hasta que llegue alguien digno de portar su poder.
Al escuchar lo último, Kael no pudo evitar una sacudida de sorpresa.
Dio unos pasos hacia atrás, buscando las sombras para ocultar su expresión, mientras su mente trabajaba a mil por hora.
«Vaya, así que eso fue lo que le hizo creer Maito», pensó Kael, analizando la devoción del caballero.
«Ese hechizo después de todo funcionó con los demonios de rango intermedio».
—¿Y crees que yo soy esa persona?
—preguntó Biel, su voz llena de dudas, sintiéndose pequeño ante la inmensidad del destino que se le ofrecía.
—No lo creo.
Lo sé —respondió Ylfur con firmeza, su tono vibrando como acero—.
Cuando sentí tu energía entrar a este mundo, supe que era el momento.
El sello respondió a ti porque Monsfil ahora vive dentro de ti.
Sus ideales, su poder…
todo está ligado a ti.
Por eso, joven portador, yo te seguiré desde ahora.
Mi lealtad no es solo hacia Monsfil, sino hacia quien continúe su legado.
Biel dio un paso atrás, completamente abrumado por la declaración.
—¿Espera qué…?
—exclamó, la compostura de su nuevo y elegante traje contrastando con su pánico evidente—.
Apenas entiendo lo que está pasando.
No sé si puedo ser esa persona que esperas que sea.
Ylfur colocó una mano firme en el suelo, impulsándose para levantarse con una elegancia que desmentía el peso de su armadura.
El metal resonó con un sonido grave y profundo mientras daba un paso hacia Biel, acortando la distancia entre el antiguo guardián y su nuevo señor.
—Nadie está listo para llevar un peso tan grande al principio —su voz salió templada, comprensiva—.
Pero el hecho de que mi señor te haya elegido significa que tienes el potencial.
Yo te guiaré y te protegeré, como lo hice con mi señor.
Acalia se cruzó de brazos, cerrando su postura y observando a Ylfur con evidente desconfianza.
Sus ojos buscaban cualquier señal de traición en el caballero oscuro.
—¿Y qué pasa si decide que Biel no es digno?
¿Volverás a ser nuestro enemigo?
Ylfur giró su casco lentamente hacia ella.
Aunque la visera ocultaba su rostro, su tono transmitía una sinceridad desarmante.
—No es mi lugar juzgarlo.
Mi deber es servir al portador de mi señor y garantizar que no cometa los mismos errores que lo llevaron a ser sellado.
Eso incluye protegerlo incluso de sí mismo, si es necesario.
Biel se quedó en silencio por un momento, asimilando la gravedad de la promesa.
Respiró hondo y alzó la vista, reemplazando el miedo anterior con una nueva determinación.
—Si realmente cree que puedo hacer esto, entonces aceptaré tu ayuda.
Pero ahora necesito tiempo para entender qué significa este poder y cómo usarlo correctamente.
Ylfur inclinó la cabeza, aceptando la condición con solemnidad.
—Eso es todo lo que puedo pedir, joven portador.
A partir de hoy, mi espada es tuya.
Con esas palabras, el caballero se inclinó en una reverencia respetuosa, sellando su lealtad a Biel.
A pesar de las dudas que aún pesaban sobre sus hombros, Biel sintió una chispa de esperanza encenderse en su pecho.
Aunque el camino por delante seguía siendo incierto y oscuro, sabía que ya no lo recorrería solo.
Sin embargo, la paz no duraría mucho.
El aire en la cámara se tensó de repente, volviéndose denso y sofocante, como si una presencia invisible y colosal hubiera descendido sobre ellos, aplastando la atmósfera.
Xanthe, quien había permanecido en silencio hasta entonces vigilando los flancos, dio un paso atrás involuntario al sentir un escalofrío helado recorrer su espalda.
—¿Qué está pasando ahora?
—preguntó Easton, sus nudillos blanqueándose al empuñar su bastón con fuerza defensiva.
Antes de que nadie pudiera responder, una luz irreal brotó del pecho del joven.
Una figura translúcida comenzó a emerger del cuerpo de Biel, separándose de él como un espíritu liberado.
Era Monsfil.
Imponente y majestuoso, se alzó sobre ellos con una armadura etérea que brillaba como el acero bajo la luz del sol.
Su presencia llenaba la habitación, y sus ojos rojos, profundos abismos llenos de sabiduría antigua y una tristeza infinita, recorrieron lentamente a los presentes.
—Portador del Fragmento —dijo Monsfil con una voz profunda que resonó directamente en la mente de todos, ignorando los oídos físicos—.
Ylfur, fiel guardián.
Finalmente, el tiempo ha llegado.
Biel se tambaleó, sintiendo el peso de la mirada espectral de Monsfil sobre él como una losa invisible.
—Tú…
eres Monsfil —susurró, incapaz de apartar la vista del espectro que flotaba ante él.
Monsfil asintió lentamente, su forma etérea parpadeando con una luz suave.
—Así es, joven.
Ya nos presentamos hace un rato.
He esperado mucho tiempo para este momento.
Pero no he venido a imponer mi voluntad sobre ti.
Mi poder es un don y una carga, y depende de ti decidir cómo lo usarás.
Ylfur dio un paso adelante, el metal de su armadura chirriando suavemente al inclinarse ante su antiguo señor.
—Mi señor, he cumplido mi deber.
Pero necesito saber: ¿es él realmente digno de llevar tu legado?
Monsfil miró a Ylfur con una mezcla de afecto paternal y firmeza real.
—Ylfur, siempre has sido un fiel servidor.
Pero ahora tu deber no es juzgar, sino guiar.
Biel tiene un corazón puro, aunque débil en este momento.
Su fuerza no provendrá solo de su poder, sino de las conexiones que formé y las decisiones que tomé.
Acalia, quien había escuchado atentamente cada palabra, dio un paso adelante, rompiendo el círculo de reverencia.
—¿Y qué hay de Gard?
Si este poder es tan importante, él también lo busca.
¿Cómo podemos detenerlo?
Monsfil cerró los ojos, y una sombra de dolor profundo cruzó su rostro fantasmal.
—Gard es peligroso, pero ahora que Biel es el joven portador, será imposible que los recolecte todos.
Después de todo, busca lo que no comprende.
Si lograra reunir los Fragmentos, el caos que desataría consumiría no solo este mundo, sino todos los mundos conectados al Infinito.
Pero con esta acción, sus planes dejarán de tener sentido.
Entonces, el enfrentamiento con Gard solo será un duelo de convicciones.
Y sé que el joven portador no es alguien que pierda en un duelo de convicciones; después de todo, tiene una meta inquebrantable que cumplir.
La tensión en la cámara se volvió palpable, eléctrica.
Biel respiró profundamente, llenando sus pulmones de aire viciado, y alzó la vista con una nueva chispa en los ojos.
—Entonces no tengo otra opción.
Si este poder está en mí, lo usaré para proteger a los que me importan.
Y si Gard quiere destruir todo, lo detendremos.
Monsfil sonrió ligeramente, una expresión de aprobación antes de comenzar a desvanecerse en el aire.
—Confío en ti, Biel.
Pero recuerda: la verdadera fuerza viene del sacrificio.
Cuando la figura de Monsfil desapareció por completo, un silencio pesado llenó la cámara por un segundo, antes de ser roto por un estruendo sordo.
El suelo bajo sus pies comenzó a temblar violentamente.
Grietas aparecieron en las paredes de piedra, y polvo y escombros comenzaron a caer del techo.
—Tenemos que salir de aquí —gritó Ylfur, su voz urgente cortando el caos—.
Este lugar se mantenía gracias al sello.
Sin esa magia, se destruirá.
¡Rápido, salgamos de aquí!
El grupo no dudó.
Corrieron hacia la salida, esquivando rocas que caían y el suelo que se desmoronaba tras sus pasos, escapando de la tumba que se derrumbaba, sin imaginar que el destino ya estaba preparando su siguiente jugada.
Lejos de allí, en un lugar remoto sumido en las sombras…
Una habitación oscura, fría y silenciosa albergaba un trono solitario.
Alguien se encontraba sentado allí, inmóvil como una estatua.
De repente, un relámpago rasgó el cielo exterior, y su luz fugaz iluminó parte de un rostro pálido.
Esa persona sonrió.
Fue una sonrisa lenta, depredadora, que reveló unos colmillos afilados brillando en la oscuridad.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yorlin_Napa ¡Hola a todos!
He vuelto con más fuerza que nunca.
A partir de hoy, prepárense porque se viene un maratón de capítulos.
He estado trabajando mucho en la historia y tengo más de 80 capítulos listos para compartir con ustedes.
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