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Fragmentos Infinitos - Capítulo 96

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  3. Capítulo 96 - 96 Capítulo 95 Sombras del Pasado - Parte 5
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96: Capítulo 95: Sombras del Pasado – Parte 5 96: Capítulo 95: Sombras del Pasado – Parte 5 En la vasta nación de Teotia, la gran ciudad de los caballeros mágicos, el orgullo es una religión y el perfeccionismo una cadena.

Sus guerreros no son simples soldados; son la personificación de la guerra misma, hombres y mujeres que no temen a la muerte con tal de librar una batalla más.

Para ellos, derramar la sangre de sus enemigos es una forma de entretenimiento, un espectáculo donde el sufrimiento ajeno se convierte en el alimento perfecto para saciar una sed de sangre incontrolable.

Bajo el yugo invisible de Tahiel, esa hambre oscura ha crecido de manera desconsiderada.

Sin embargo, hubo uno entre ellos que se atrevió a plantar cara, aunque su voluntad nada pudo hacer contra el inmenso poder de uno de los reyes demonios.

Hace siete meses atrás.

El sol golpeaba el centro de la ciudad mientras los ciudadanos observaban el regreso de sus caballeros.

Venían victoriosos, con las armaduras aún manchadas por el polvo del reino occidental.

El líder de los caballeros, erguido sobre su montura, alzó la voz para felicitarlos a todos por haber aniquilado aquel reino, asegurando que el rey estaría complacido con la noticia.

De pronto, una pequeña voz quebró el triunfalismo del desfile.

—¿Cuál es la necesidad de quitar la vida de inocentes?

—preguntó una niña, interrumpiendo el paso de los guerreros.

El líder detuvo su caballo y bajó la mirada con desprecio.

—¿Quién es esta niña?

¿Por qué osa hablarnos?

No tiene derecho —sentenció el hombre, desenvainando su espada para apuntar directamente al pecho de la pequeña.

Antes de que el acero hiciera contacto, otro soldado se interpuso con rapidez.

—Perdónela, mi señor.

Yo me haré cargo de ella —dijo el caballero, cubriendo a la niña con su propio cuerpo.

—Que no se vuelva a repetir, ¿me oíste?

—gruñó el líder, guardando su arma y continuando la marcha.

El caballero asintió en silencio.

Mientras el resto del ejército avanzaba, él y la niña se quedaron atrás.

Ella no tardó en reprenderlo con los ojos llenos de una sabiduría dolorosa.

—¿Por qué, hermanito?

¿Por qué?

Dime por qué estás con ellos…

ellos son malas personas.

En ese momento, un ataque de tos violento sacudió el cuerpo de la niña.

El caballero la abrazó con fuerza, sintiendo la fragilidad de sus huesos.

—Trabajo con ellos para poder comprar tu medicamento —confesó él, con la voz rota—.

Eres lo único que me queda en esta vida y no quiero perderte, hermanita.

Las lágrimas empezaron a surcar el rostro del caballero.

Ella lo notó, pero su convicción no flaqueó.

—Pero aun así, no puedo perdonarte por acabar con la vida de gente inocente.

—No pasa nada.

Si me odias, está bien; yo no te odiaría —respondió él, bajando la cabeza con pesadumbre—.

Después de todo, eres mi hermanita.

Perdón por tener un hermano tan débil…

lo siento.

En medio de aquel momento de vulnerabilidad, una oscuridad antinatural comenzó a envolverlos, devorando la luz del callejón.

El caballero reaccionó de inmediato, tomando a su hermana en brazos y poniéndose en guardia.

—¿Quién anda ahí?

—exclamó, escudriñando las sombras.

Unos pasos rítmicos resonaron contra el suelo.

De la negrura emergió una figura que desbordaba un aura siniestra, una presencia tan densa que parecía absorber toda la claridad del ambiente.

Tahiel, el Rey Demonio de la Oscuridad Eterna, se hizo presente.

—Vaya, veo que aunque eres un humano no me tienes miedo.

Eres perfecto —dijo Tahiel, observándolo con interés.

—¿Quién eres tú?

—interrogó el caballero, apretando el agarre sobre su hermana.

—Soy tu humilde servidor —respondió el demonio con una elegancia venenosa—.

Un rey demonio que quiere hacer un trato con un humano digno, y tú eres el candidato.

Mi nombre es Tahiel.

El caballero se quedó petrificado.

Un rey demonio, una leyenda de destrucción, estaba frente a él en el corazón de un reino de caballeros.

—¿Qué quieres de mí?

—Nada en particular —dijo Tahiel, suavizando su tono—.

Solo quiero ayudarte a sanar a tu hermanita.

Sé que trabajas para esas escorias de caballeros a los que solo les gusta matar gente.

Los humanos son patéticos por desear esas cosas; se matan entre ellos.

Es por eso que quiero impartir justicia por esa gente inocente que muere.

“¿Qué carajos?”, pensó el caballero, confundido.

* “¿Desde cuándo un rey demonio se preocupa por los humanos?

Ellos son nuestros enemigos.

¿Por qué lo haría?

¿Acaso es una trampa?”* Tahiel soltó una pequeña risa, como si hubiera leído cada pensamiento.

—¿Qué por qué carajos un rey demonio se preocupa por los humanos si somos enemigos?

Eso fue lo que estabas pensando, ¿no?

Bueno, eres libre de pensar lo que sea de nosotros.

La verdad es que no somos como nos pintan; somos distintos y protegemos lo nuestro.

He visto la verdadera naturaleza de los humanos que dicen ser nobles y ayudar a los demás…

esos son los que más detesto.

Se creen buenas personas y en la oscuridad matan a inocentes por diversión.

¿Qué clase de justicia es esa?

En ese caso, los verdaderos demonios serían ustedes, los humanos, y no nosotros.

Pero en fin, no vine a contarte eso.

Vine porque quiero ayudarte a ti y a tu hermana con su enfermedad.

El caballero lo miró con una chispa de esperanza desesperada.

—¿Eres capaz de sanar a mi hermana?

—Claro que sí.

Eso es fácil para nosotros los reyes demonios.

—Es buena tu propuesta —admitió el guerrero—, pero aun así no podría confiar en ti.

Sin mediar palabra, Tahiel elevó su mano hacia el cielo.

Partículas de una oscuridad pura empezaron a arremolinarse, emergiendo directamente del cuerpo de la niña, quien cayó inconsciente en el acto.

—¡¿Qué le hiciste a mi hermana?!

—gritó el caballero, enfurecido—.

¡No te perdonaré por lo que le hiciste!

—Tranquilo, ella está bien —respondió Tahiel con calma—.

Solo saqué el miasma del inframundo que tenía en su cuerpo.

Solo tiene que reposar y se recuperará.

—¿Miasma del inframundo?

—preguntó el caballero, desconcertado—.

Pero si ella nunca ha salido de esta ciudad…

¿Cómo es posible que tuviera eso?

—Puede ser que en alguna parte de esta ciudad haya un lugar por donde sale la miasma —explicó el demonio—.

Lo bueno es que fue una cantidad menor.

Si ella hubiese respirado más de esa miasma, ya habría muerto.

El caballero depositó a su hermana en el suelo con cuidado y, acto seguido, se arrodilló frente a la figura oscura.

—Gracias…

gracias por curar a mi hermana —dijo, con la voz cargada de gratitud—.

Desde ahora en adelante, estaré a tu disposición.

—No es necesario.

Solo ayudaba a los humanos —replicó Tahiel, restándole importancia.

—Igual, no importa.

Salvaste a mi hermana y eso es más que suficiente para servirte, mi señor rey demonio.

Tahiel esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Bueno, si insistes, desde ahora me servirás.

Serás uno de mis subordinados.

Te encargaré algunos trabajos, pero por ahora cuida de tu hermana.

Más adelante te pediré que hagas algo por mí.

Bueno, me retiro.

Nos vemos.

En un parpadeo, Tahiel desapareció del lugar.

El caballero miró hacia el cielo despejado y susurró un “gracias”.

En su mente, la imagen de los demonios había cambiado para siempre.

Mientras tanto, en el Palacio de la Oscuridad en el inframundo, Tahiel se materializó en su trono.

Una sonrisa sádica y triunfal se dibujó en su rostro.

—Perfecto —murmuró para las sombras—.

Entonces, que comience el show.

Ja, ja, ja, ja, ja…

Los meses se desvanecieron y la salud de la pequeña hermana de York floreció bajo un milagro que el caballero no terminaba de comprender.

Fiel a su palabra, York decidió que honraría el pacto; el precio de la vida de su hermana era su propia servidumbre.

Se despidió de ella con el corazón pesado, dejándola bajo el cuidado de una casera de confianza, y partió de Teotia como un errante en busca de un rastro de oscuridad.

Viajó de ciudad en ciudad, recorriendo senderos olvidados y fronteras desdibujadas, pero el rastro de Tahiel parecía haberse disuelto en el viento.

Nada.

No había señales, ni rumores, ni sombras que delataran su presencia.

York sabía que el único lugar donde un ser de esa magnitud residiría sería el Inframundo, pero las puertas hacia ese abismo estaban ocultas bajo sellos antiguos; no había mapas ni rutas que un humano pudiera seguir.

Para York, la misión empezó a sentirse como una imposibilidad absoluta.

En una ciudad lejana, agotado por el camino, se refugió en un bar donde el murmullo de los viajeros traía noticias inquietantes.

Allí escuchó que los Reyes Demonios habían desaparecido.

Tras el incidente de los gigantes, no había rastro de ellos; tres años de silencio sepulcral envolvían sus nombres.

La sorpresa golpeó a York como un mazo: si los demonios llevaban años ocultos, ¿quién era aquel ser que se presentó en Teotia hace apenas unos meses?

Las preguntas daban vueltas en su cabeza sin hallar respuesta.

Sin motivos para seguir una búsqueda estéril, York emprendió el viaje de retorno.

Al cruzar de nuevo las imponentes puertas de Teotia, la atmósfera del reino se sentía más densa que de costumbre.

Un compañero de armas lo abordó de inmediato con una noticia inaudita: todos los caballeros habían sido convocados por el Rey.

Era un evento sin precedentes; el monarca era una figura mítica que solo el líder de los caballeros había visto.

Ni siquiera el pueblo conocía su rostro.

—¿Pero por qué el Rey nos convoca?

—preguntó York, frunciendo el ceño tras la visera de su casco.

—No tengo idea, pero lo bueno es que podremos conocer al Rey —respondió el otro caballero con una mezcla de excitación y curiosidad.

—Eso también es extraño —replicó York, analizando la situación con desconfianza—.

¿Por qué el Rey revelaría su identidad ahora?

¿Y por qué no revelarla a todo el reino?

Además, como dicta la tradición, la familia real se debe mostrar luego de veinte años, y apenas van cinco desde que la nueva familia real está en el trono.

Esto no tiene sentido.

—Cierto, es extraño —concedió su compañero—, pero ha de haber un motivo por el cual revelaría su identidad.

York guardó silencio, pero el presentimiento de que había “gato encerrado” se convirtió en una certeza fría.

Su mente retrocedió cinco años, a una Teotia que ya no existía.

En aquel entonces, la nación era un faro de diplomacia; los asuntos de estado se resolvían con palabras y no con sangre.

Él se había unido a las filas de los caballeros cuando la magia era una herramienta para el bien.

Pero hoy, todo era una pesadilla bélica.

Los caballeros parecían poseídos, autómatas con una sed de sangre insaciable.

Todo ese cambio drástico había comenzado hace tres años, justo cuando el Rey decretó que Teotia se alzaría militarmente para aplastar a los demás reinos.

El miedo se filtró en sus huesos al notar que las fechas coincidían con una exactitud escalofriante.

Una teoría aterradora tomó forma en su mente: un Rey Demonio estaba sentado en el trono de Teotia.

¿Pero quién?

¿Acaso era uno de los hermanos de Tahiel?

¿Y por qué usar esta ciudad como su tablero de guerra?

York quedó paralizado por un instante ante la magnitud de su propia deducción.

Si estaba en lo cierto, todo este tiempo un demonio había estado dictando las órdenes de masacrar inocentes.

Era una verdad imperdonable.

Apretó los puños con tal fuerza que el metal de sus guanteletes crujió, y con paso firme se dirigió hacia el palacio.

Al llegar, vio a las legiones de caballeros formadas en un silencio sepulcral, flanqueando el camino hacia el estrado principal.

Fue entonces cuando sus ojos se fijaron en la figura que emergía de las sombras del trono, y finalmente lo vio.

York sintió que el mundo se resquebrajaba bajo sus botas.

En el trono, allí donde debería descansar la figura del legítimo rey de Teotia, la luz parecía morir.

No era un hombre quien ocupaba el asiento real, sino la encarnación del engaño.

Todo cobró un sentido retorcido y cruel en su mente.

Nunca hubo una fuga de miasma en la ciudad.

El cambio en la mentalidad de los caballeros, la sed de sangre de la gente y la enfermedad repentina de su hermana…

todo era parte de una coreografía macabra.

Tahiel había envenenado a la pequeña solo para fingir ser su salvador y ganarse la lealtad del único caballero que, por su sangre, era inmune al lavado de cerebro.

Tahiel, notando la presencia de York, se levantó con una elegancia que helaba la sangre.

—Hola querido York, cuanto tiempo —dijo, con una voz que destilaba una familiaridad ponzoñosa.

—¡Qué haces aquí, miserable…!

—bramó York.

Al instante, el acero chirrió.

Los caballeros mágicos lo rodearon, alzando sus espadas en un círculo de muerte.

El líder de los caballeros dio un paso al frente, con los ojos inyectados en un fanatismo oscuro.

—¡Cómo osas hablarle de esa manera hacia nuestro rey!

Hablarle de esa manera hacia el rey es condena a muerte.

Tahiel alzó una mano pálida y, como si fueran simples marionetas, todos los caballeros regresaron a sus puestos originales.

—Tranquilos, él está alterado pues ya nos conocemos desde hace unos meses —rio Tahiel suavemente—.

En aquella ocasión sané a su hermana de una enfermedad mortal…

Dime, ¿cómo está?

Je, je.

—¿Por qué?

¡Dime por qué utilizaste a mi hermana para eso!

—gritó York, con la voz rota por la rabia—.

Pudo morir…

¡dime por qué!

—Porque era la única manera de que me sirvieras —respondió Tahiel, bajando los escalones del estrado—.

Cuando llegué a este reino hace unos años, impuse un sello para apoderarme de él y lavarles el cerebro a todas las personas.

Pero hubo una excepción contigo y tu hermana.

Fueron los únicos que no fueron atrapados; después de todo, tu linaje y el de tu hermana provienen de algo divino.

Es de esperarse que aquel lavado de cerebro no funcione contra ustedes.

Eso me molestó al principio, pero luego me di cuenta de que podría manipularlos de otra manera.

—¿A qué te refieres con linaje divino?

—balbuceó York, retrocediendo—.

¿Por qué tendríamos aquel linaje?

De toda nuestra familia solo quedamos nosotros dos…

¿Dónde está eso que llamas divino si todos murieron de las peores formas posibles?

¡Todo esto ha sido un tormento!

¡Vine a este reino buscando paz!

Tahiel se detuvo frente a él y soltó una verdad que golpeó a York como un rayo.

—Toda tu familia está muerta porque yo los asesiné.

York perdió la compostura.

Sus rodillas golpearon el suelo de mármol.

El horror se materializó en su mente en forma de recuerdos enterrados: rayos, huracanes, incendios, familiares empalados y decapitados.

York soltó un grito desgarrador, hundiéndose los dedos en el cabello, tratando de arrancar esas imágenes de su cabeza.

“¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué…?”, repetía su mente en un bucle infinito.

—Porque tu linaje está ligado con un héroe que logró sobrevivir y dejar una descendencia —respondió Tahiel, invadiendo sus pensamientos—.

De todos los héroes que han llegado a este mundo, algunos dejaron sus patéticas crías, naciendo así tu miserable linaje maldito.

El odio nuestro hacia todos los héroes es debido a que los cinco primeros que llegaron a este mundo sellaron en el vacío al primer rey demonio conocido como Apocalipsis.

Por eso los odiamos.

Tahiel continuó con una frialdad absoluta: —De todos esos linajes, el tuyo está por extinguirse, pues solo quedan ustedes dos.

Tu patético linaje divino maldito está por llegar a su final.

York, tras un momento de silencio sepulcral, se levantó con los ojos inyectados en sangre.

—¿Por qué no nos mataste cuando tenías la oportunidad?

—Porque eres especial —dijo Tahiel, rodeándolo como un depredador—.

Tu poder podría competir con el actual héroe que anda por ahí.

A tu hermana no la mataré pues será mi moneda de cambio: si me traicionas, ella muere.

Es por eso que aún vive.

—¡¿Qué dijiste?!

La furia de York estalló.

Una onda de choque de poder puro emanó de su cuerpo, lanzando por los aires a los caballeros cercanos e incluso al líder.

York se lanzó contra Tahiel, pero el demonio lo repelió con una facilidad insultante.

Un solo golpe envió a York contra los pilares del castillo, dejándolo tendido, incapaz de incorporarse.

Tahiel apareció ante él en un parpadeo y puso su pie sobre la cabeza de York, aplastándolo contra el suelo.

—Tienes un poder descomunal, es por eso que te necesito como un peón a quien sacrificar.

Mi hermana está trabajando en una droga que otorgará un poder inmenso a quien la consuma; está buscando candidatos y tú eres uno de ellos.

Serás el recipiente, a menos que ella encuentre a alguien más.

Así que te daré dos opciones.

—¿Cuáles son las opciones?

—logró decir York bajo la presión del pie.

—Veo que lo entiendes.

Sabes cuál es tu lugar.

Las opciones son: te vuelves mi peón más fuerte…

o mueres.

Elige.

—Elijo la primera —respondió York con voz ronca—, pero con una condición.

Tahiel soltó una carcajada que resonó en las vigas del techo.

—¿Desde cuándo los patéticos humanos imponen condiciones?

Pero bueno, me caes bien.

Dila.

—Mi condición es que dejes libre a mi hermana.

Déjala ir de este reino y yo te serviré de por vida.

Incluso me convertiré en ese recipiente del que hablas.

—Me parece perfecto —aceptó Tahiel, retirando el pie—.

Es una condición muy fácil de cumplir.

Tu hermana será libre y podrá irse.

Tahiel usó su magia para curar las heridas de York en un instante.

—York, querido amigo, puedes retirarte por ahora.

Piensa en un buen lugar donde vayas a dejar a tu hermana.

York se retiró sin decir una palabra.

Su semblante, antes lleno de luz, era ahora una máscara de sombras.

Al salir del palacio, sus ojos estaban perdidos en un abismo de desesperación.

—Para proteger a mi querida hermana…

sería capaz incluso de matar a ese héroe —susurró para sí mismo—.

Perdóname, hermana, pero es la única forma de protegerte.

En la actualidad El camino hacia Teotia no era directo; el destino exigía primero atravesar las tierras de Malwaper, un reino donde la prosperidad se medía en surcos y cosechas.

Conocido como el reino de los vegetales, Malwaper era un estallido de verde y vida bajo el sol.

Allí, según los planes de Lorian, se reunirían con dos piezas fundamentales de su grupo: Maito y Nyra.

Ambos formaban parte de “The Winners”, el nombre que Lorian había acuñado cinco años atrás, mucho antes de que Aurora se cruzara en sus vidas.

La noche comenzó a reclamar su dominio sobre el paisaje.

Con la pericia de mil viajes, Kael montó el campamento para asegurar un descanso necesario.

Aurora, en silencio, se dirigió hacia un río cercano cuya agua cristalina reflejaba las primeras estrellas para abastecer al grupo.

Lorian, por su parte, buscó la soledad de las alturas.

—Iré hacia la cima de la montaña a meditar un rato, pronto volveré —le dijo a Kael.

Una vez en la cumbre, rodeado por el viento gélido y el silencio, la naginata en su espalda vibró.

Luthan se materializó, cobrando su forma física ante su portador.

Sus ojos, cargados de una sabiduría antigua, se clavaron en el joven.

—Portador, dime…

¿por qué sigues con este juego del gato y el ratón?

—cuestionó Luthan con voz grave—.

Sabes perfectamente que hay un traidor en tu grupo y que ese traidor te está llevando hacia tu muerte.

Lorian no se inmutó.

Levantó la vista hacia el firmamento, donde el cosmos se desplegaba en todo su esplendor.

—¿Ves ese gran campo de estrellas en el cielo?

—respondió Lorian—.

Brillan con intensidad.

Son muchas y, aun así, su luz no se apaga.

Nosotros, los humanos, también tenemos esa luz que hace brillar a las estrellas.

Puede que se corrompan por la oscuridad del universo, pero eso no les impide volver a brillar; al contrario, brillan con más intensidad.

—Pero ella te está llevando a una trampa —insistió Luthan—.

¿Por lo menos sabes el motivo por el cual te traiciona, eh?

—Sí, y no la culpo —sentenció Lorian con una calma melancólica—.

Ahora mismo mi enemigo es aquel que la utiliza y no ella.

La salvaré, y salvaré a este mundo de los Reyes Demonios que verdaderamente son malvados.

—Bueno, si conoces el motivo, entonces no pasa nada —concedió Luthan—.

Pero igual tienes que tener cuidado.

Después de todo, a quien te enfrentarás es a nada más y nada menos que a Tahiel, el Rey Demonio de la Oscuridad Eterna.

Sé perfectamente que Tahiel piensa que no sospechas de él; después de todo, mi barrera de pensamiento le impide saber qué piensas.

—Tu habilidad es asombrosa —admitió Lorian—.

Además de eso, puedes modificar ese pensamiento y hacerle creer algo falso.

Eres increíble.

—Lo soy, pero no tanto como mi hermana Aine —replicó Luthan con un deje de orgullo—.

Ella sí es de verdad una verdadera prodigio de nuestra raza, los Fragments.

El día en que aquel héroe llegue a su vida será el día en que todo cambie para este mundo…

pero eso tomará bastante tiempo.

Lorian guardó silencio un momento, procesando la magnitud del legado que cargaba.

—Oye Luthan, dime…

¿por qué los héroes llegan cada 200 años?

¿Por qué ese tiempo?

—No lo sé con certeza —confesó el Fragment—.

Lo único que sé es que hace milenios llegaron cinco héroes y esos cinco sellaron a Apocalipsis, el primer Rey Demonio de este mundo.

Luego de eso, los héroes empezaron a llegar cada 200 años.

A nosotros, la Llave Primordial, nunca nos han contado nada de por qué esa cronología.

Ha de haber un motivo, pero es todo un misterio.

—Ya entiendo.

Es interesante el legado de los héroes…

Así que el primer Rey Demonio…

El silencio volvió a reinar.

Luthan regresó a su forma de naginata, dejando a Lorian solo con sus pensamientos.

El joven cerró los ojos y, en la intimidad de la noche, una lágrima solitaria surcó su mejilla.

Fue entonces cuando el crujido de una bota sobre la piedra delató a Kael, quien acababa de subir a la cima.

Al ver a Lorian en ese estado, se acercó con paso lento.

—Amigo, ¿por qué lloras?

¿Qué pasó ahora?

Lorian forzó una sonrisa, ocultando su dolor tras la máscara habitual.

—No es nada, todo está bien.

—Siempre me dices lo mismo —le reprochó Kael, cruzándose de brazos—.

Ya van varias veces que subes a una montaña y empiezas a llorar.

Lorian bajó la cabeza, dejando que la frustración fluyera por fin.

—No puedo hacer nada…

No quiero salvar este mundo.

Quiero paz.

No me gustan las peleas, no quiero seguir con esto.

¿Por qué…?

¡¿Por qué carajos tengo que ser un héroe?!

Yo solo quiero paz.

¿Por qué fui elegido por ese Dios para ser un héroe si este poder solo me causa dolor?

¿Por qué?

Kael suspiró, observando al hombre bajo la armadura.

—Este es el verdadero Lorian que conozco.

Aquel hombre que siente que está cargando solo con la tarea de salvar a este mundo.

No te culpo; es una carga muy pesada y es por eso que estamos contigo.

Yo, Maito, Nyra e incluso Aurora.

Kael le extendió la mano, con una sonrisa franca y protectora.

—No cargues solo con ese deber.

Comparte un poco con nosotros.

—¿Incluso si eso los lleva a la muerte?

—preguntó Lorian, mirándolo con fijeza.

—¿Y qué importa?

Después de todo vamos a morir en cualquier momento.

Vivimos para darle sentido a la muerte.

Lorian se secó las lágrimas, aceptando la mano de su amigo con un apretón firme.

—Gracias, amigo.

—Descuida.

Ya bajemos de este lugar, Aurora ha de estar preocupada por ti, galán de noche.

Lorian parpadeó, confundido por el apelativo.

—Oye, ¿por qué me llamas así?

—Es porque vi este arbusto ornamental —señaló Kael hacia la vegetación que cubría la cima.

—Eso ya lo sé, pero ¿por qué me llamas así?

—Porque este arbusto es conocido por sus flores blanco-verdosas que permanecen cerradas durante el día y se abren exclusivamente por la noche para liberar su fragancia —explicó Kael con un tono reflexivo—.

Lo mismo que pasa contigo cada vez que subes a una montaña; siempre subes para liberar tus pensamientos, llorar en este caso, porque es la única manera de suplir esa carga emocional de ser el héroe.

A diferencia de la mayoría de las flores que compiten por atención bajo el sol con colores vibrantes, el galán de noche elige la oscuridad para entregarse al mundo.

Te pasa lo mismo; subes a una montaña en las noches y liberas tus pensamientos.

Después de todo no son tan distintos: tú y el galán de noche.

—Vaya…

qué gran simbolismo tiene esa flor —susurró Lorian, observando los arbustos con otros ojos.

—Así es.

Esta planta representa la capacidad de brillar o, en este caso, perfumar cuando todo lo demás parece apagado.

Es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros o difíciles de la vida, tenemos la capacidad de desplegar nuestro “aroma” interno y transformar el entorno.

Es el triunfo de la fragilidad sobre la oscuridad.

—Ahora lo entiendo.

Gracias, amigo.

Bueno, será mejor que bajemos, si no Aurora se preocupará de nosotros.

Kael soltó una pequeña risa mientras comenzaban el descenso.

—Se preocupará de ti.

De mí no creo…

después de todo, te ve con otros ojos.

Lorian se detuvo un segundo, mirando hacia el campamento donde Aurora aguardaba.

—Entonces tendré que salvar esos ojos de la oscuridad que la atormenta.

—Sin duda —concluyó Kael—.

Ese es tu deber.

Al día siguiente, bajo un sol que prometía abundancia, el grupo reanudó su marcha.

Tras seis horas de caminata por senderos flanqueados por una naturaleza vibrante, finalmente cruzaron la frontera.

Ante ellos se extendía Malwaper, un reino donde la tierra no solo era suelo, sino el corazón mismo de la nación.

Grandes extensiones de maíz, trigo, arroz y soya se mecían con el viento como mares de oro y verde, mientras cientos de agricultores trabajaban con una devoción casi sagrada, cosechando los frutos de una tierra generosa.

—Bienvenidos al reino de los vegetales, Malwaper —anunció Kael, extendiendo los brazos.

Lorian se detuvo, maravillado por la escala de la producción.

—Pero miren cuánto maíz y trigo —exclamó con genuino asombro.

—Y no es solo eso, hay más —añadió Aurora, señalando hacia las huertas—.

Soya, arroz, incluso frutas como manzanas, sandías, piñas…

este reino lo tiene todo.

Kael asintió, explicando el secreto detrás de tanta exuberancia: —Este reino es conocido por su alto porcentaje de productividad.

La tierra es perfecta para cultivar; el maná que recorre este lugar es intenso y la magia es altamente buena para la tierra fértil.

Es como un fertilizante natural de gran calidad.

Es por eso que vemos frutas que regularmente solo crecen en lugares más fríos, como las manzanas, prosperando aquí.

—No había mejor manera de explicar el flujo de maná como lo hiciste tú, mi buen amigo Kael —intervino una voz masculina, cargada de una confianza vibrante—.

Me impresionas, sabes mucho de este reino.

Kael giró la cabeza y una sonrisa se dibujó en su rostro al reconocer al recién llegado.

—Pero vaya, ¡si es el mismísimo Maito!

Saludos, hermano.

Maito se acercó, estrechando la mano de su camarada con firmeza.

—Cuánto tiempo, ¿no?

—dijo Maito, antes de dirigir su mirada hacia el héroe—.

Así que por fin empezaste a moverte, mi buen amigo Lorian.

—Hola, Maito.

Cuánto tiempo —saludó Lorian con un tono cordial.

—Qué bueno verte, ya me tenías preocupado —confesó Maito—.

Pensé que ya no tomarías tu rol como héroe.

Lorian suspiró, pero su mirada era firme.

—Ahora sí salvaré a este mundo.

Ya me decidí.

—Qué bueno por ti —respondió Maito.

Sin embargo, la atención de Maito se desvió rápidamente hacia la figura que aguardaba en silencio detrás del héroe.

Con un gesto sutil, le pidió a Kael que se acercara un poco.

En un susurro cargado de inquietud, Maito preguntó: —Oye, Kael, ¿quién es esa chica que está detrás de Lorian?

—Ella es la nueva integrante del grupo —explicó Kael en el mismo tono bajo.

—Eso ya lo sé —replicó Maito, impaciente—.

Lo que quiero decir es si no tiene alguna relación con Lorian.

Kael arqueó una ceja, captando la dirección de la pregunta.

—Por ahora no creo…

¿Por qué lo preguntas?

No me digas que…

—Así es, mi estimado —confirmó Maito con una mueca de preocupación—.

Si ella la ve, este lugar estallará.

Ya sabes cómo es; no le gusta que otras mujeres estén cerca de Lorian.

—Lo había olvidado…

—murmuró Kael, sintiendo un escalofrío—.

Ella parece dulce y cariñosa inicialmente, pero desarrolló un amor obsesivo y violento.

Esto se pondrá feo.

Como si sus palabras hubieran invocado una tormenta, un estruendo ensordecedor hizo eco en todo el valle.

En el horizonte, lo que antes era un cielo despejado se transformó en una nube oscura, densa y cargada de rayos que se desplazaba hacia ellos con una velocidad aterradora.

Aurora, sintiendo la presión mágica en el aire, se tensó.

—¿Qué rayos es eso?

—preguntó, con la voz entrecortada por la alarma.

Lorian observó la tempestad que se aproximaba y una sonrisa nerviosa, casi de resignación, apareció en su rostro.

—Creo que tendremos problemas, y muy grandes, je, je, je —dijo Lorian.

Aurora, confundida por la reacción del héroe pero confiando en su instinto, desenvainó su arma y se puso en guardia, preparada para enfrentar la furia que venía en camino.

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