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FUKATSU - Capítulo 24

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Capítulo 24: AVERNO

Akane volaba.

No era natural.No era cómodo.Pero era real.

El viento le golpeaba el rostro mientras se aferraba al lomo del dragón. Abajo, la isla se extendía infinita, salvaje, indiferente. Por un instante, entendió lo absurdo de todo.

Ella… volando sobre un dragón.

Y aun así, no era lo más imposible que había hecho.

Porque esa sensación… ya la conocía.

No era fuerza bruta.

Nunca lo fue.

Era esa claridad extraña que aparecía en los peores momentos. Esa forma de ver todo al mismo tiempo. Como si no necesitara los ojos. Como si el mundo se ordenara solo frente a ella y lo único que tuviera que hacer fuera… actuar.

Pasó contra el Rey.Pasó hace un momento.Pasaba ahora.

Akane no era la más fuerte.

Pero entendía.

Y eso, en esta isla… valía más.

El dragón descendió.

Un arroyo cruzaba el bosque como una herida tranquila. El agua era clara. El sonido, suave. Demasiado pacífico para ese mundo.

Akane bajó con cuidado.

El dragón no se alejó.

Se quedó cerca.

Vigilando.

Ella se arrodilló junto al agua. La herida en su costado ardía. La sangre ya no fluía con fuerza, pero seguía abierta. Tomó agua con las manos y la dejó caer sobre la piel.

El frío le hizo apretar los dientes.

Respiró.

Una vez.

Dos.

Entonces…

Se detuvo.

El sonido del agua seguía.

El viento también.

Pero algo… no encajaba.

Akane no levantó la mirada de inmediato.

No hacía falta.

Ya lo sabía.

No estaba sola.

Alzó la vista lentamente.

Allí estaba.

Una sombra.

No proyectada.

De pie.

Frente a ella.

Sola.

No como las de la base. No rodeándola. No observando desde todos lados.

Solo una.

Esperando.

Akane no se movió.

Pensó.

Escapar.

Esa fue su primera idea.

Pero el cuerpo no respondió.

Porque en el instante en que lo pensó…

Ya era tarde.

El mundo desapareció bajo sus pies.

Un golpe.

Seco.

Invisible.

Y estaba en el aire.

El impacto le arrancó el aliento. El tiempo se volvió lento. El cielo giró. El sonido del arroyo desapareció como si nunca hubiera existido.

El demonio no caminaba.

No corría.

Simplemente… estaba donde quería estar.

Akane apenas pudo girar la cabeza.

Y lo vio.

No tenía forma clara. No tenía rostro. Pero su presencia… era abrumadora. Como si el mundo mismo lo reconociera como algo que no debía ser tocado.

Inmortal.

Esa fue la palabra que cruzó su mente.

El dragón rugió.

Descendió como una flecha.

Fuego.

Un mar de llamas cubrió el bosque en un instante. Árboles, tierra, aire… todo ardió.

El demonio no se inmutó.

Caminó entre el fuego.

Como si fuera suyo.

Pero eso no importaba.

Porque ese nunca fue el objetivo.

Akane sintió el impacto.

El dragón la atrapó en el aire.

La elevó.

Se alejaron.

Rápido.

Desesperado.

El bosque se convirtió en una mancha verde debajo de ellos.

—Vamos… —susurró Akane, aferrándose—… solo un poco más…

Pero no fue suficiente.

La presión volvió.

Detrás de ellos.

El demonio.

Más rápido.

Mucho más.

No volaba.

No saltaba.

Simplemente acortaba la distancia.

Como si el espacio no le perteneciera.

Akane apretó los dientes.

Pensó.

Miró.

Sintió.

Y entonces lo notó.

Algo había cambiado.

La magia.

Antes era distinta. Pesada. Oscura.

Ahora…

Azul.

Vibrante.

Familiar.

Akane abrió los ojos.

—…

No terminó la frase.

El demonio desapareció.

No se movió.

No aceleró.

Se borró.

Un instante de silencio absoluto.

Y luego—

Una explosión.

El aire se rompió a un lado de ellos. La onda los empujó violentamente. El dragón rugió, perdiendo estabilidad por un segundo.

Akane giró la mirada.

Y no vio nada.

Pero sabía que algo había cambiado.

Muy lejos de allí…

En algún punto que no pertenecía a la isla…

Ni al cielo…

Ni al tiempo…

Una habitación existía.

Vacía.

Oscura.

Antigua.

En el centro, una antorcha.

Encendida.

A su lado…

Una manzana.

Silencio.

Entonces la llama tembló.

La luz creció.

Como si algo la hubiera despertado.

Y en ese mismo instante—

El demonio ya no estaba persiguiendo.

Estaba siendo detenido.

Frente a él…

Otra sombra.

No como las anteriores.

No como ninguna.

Una presencia que no necesitaba moverse para imponerse.

Una que no debía existir.

Y aun así…

Estaba allí.

Esperándolo.

El cielo volvió a sentirse pesado.

Akane no entendía lo que había pasado.

Pero lo sintió.

Algo… acababa de intervenir.

Algo que no estaba de su lado.

Ni del lado del demonio.

Algo más antiguo.

Más profundo.

Más… consciente.

Y por primera vez desde que salió a buscar a Ren…

Akane dudó.

Porque quizás…

Ren no era lo único que estaba cambiando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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