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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 429

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Capítulo 429: El Tiempo de los Mortales, El Tiempo de un Saiyan

Han pasado treces años después de la batalla en Derry

A pesar de que casi todos habían olvidado los detalles, la influencia de Pennywise —y más aún, la llama de valor que Sholan dejó dentro de ellos— había seguido moldeando sus vidas.

La vida movió a cada uno por caminos diferentes, pero todos llevaban dentro esa chispa cálida que jamás se extinguió.

—

Bill y Beverly vivían juntos desde hacía ocho años y estaban comprometidos desde hacía dos.

Bill escribía novelas con una madurez que había sorprendido al mundo literario: historias de valentía silenciosa, de heridas que sanaban, de monstruos que podían ser enfrentados. Ni él sabía por qué su obra tenía tanta fuerza emocional.

Beverly había encontrado equilibrio. Diseñaba, exponía, viajaba con Bill… y se sentía libre.

No recordaba a Pennywise claramente, pero había dejado de tenerle miedo a todo. La llama de Sholan seguía ahí, creciendo con ella.

—

Ben se había convertido en un arquitecto de renombre.

Del niño tímido quedaba poco más que un eco.

Era saludable, seguro, disciplinado.

Había diseñado varios edificios que combinaban belleza y estabilidad, y él mismo decía —sin saber por qué— que “todo debe sostenerse incluso cuando hay algo oscuro debajo”.

Ese pensamiento siempre venía acompañado de la sensación de estar en un túnel húmedo… pero nunca sabía por qué.

La llama dentro de él ardía como una antorcha firme.

—

Richie había alcanzado fama como comediante.

Era querido, polémico, ruidoso, siempre en movimiento. El escenario era su refugio, su trinchera, su hogar.

Y aunque nadie lo sabía, algunas noches lloraba sin entender.

Sentía que había perdido a alguien importante, alguien que había significado algo para él… pero no recordaba quién ni por qué.

Ese vacío lo empujaba a ser más grande, más ruidoso, más vivo.

El valor que Sholan había sembrado en él se transformó en un fuego que lo impulsaba a no callarse, a no esconderse jamás.

—

Stanley Uris Se convirtió en explorador profesional.

Había escalado montañas, navegado ríos, cruzado junglas. Su familia nunca entendió de dónde había surgido ese cambio tan radical, pero él sí lo sabía, aunque no con claridad:

Había pasado demasiado tiempo encerrado en sus propios miedos.

Ahora, cada paso hacia lo desconocido era un acto de liberación.

En su mochila siempre llevaba una libreta donde anotaba paisajes, rutas… y a veces dibujos de un pozo que no sabía de dónde salía.

La llama dentro de él era tranquila, pero constante.

—

Eddie se convirtió en médico. Un doctor que nunca huía, que nunca temía acercarse a la enfermedad, que trabajaba demasiadas horas y que siempre se ofrecía como voluntario en emergencias sin pensarlo dos veces.

Su madre creía que “un espíritu maligno se lo había robado”.

Pero Eddie sabía que simplemente no podía vivir con miedo. Había tenido suficiente en la infancia.

Cada vez que veía a un niño asustado, su llama interna brillaba un poco más fuerte.

—

Mike Hanlon, el único que recordaba todo.

El único que sabía que la paz era temporal.

El único que entendía que Pennywise despertaría.

Se volvió el historiador y guardián de Derry.

Su apartamento estaba cubierto de recortes, notas, fotografías, mapas… una cámara de guerra para un conflicto que todos los demás habían olvidado.

Su llama estaba constantemente encendida.

A veces demasiado.

—–

Mientras el mundo seguía su curso, en la dimensión fuera del tiempo Sholan había cambiado de manera más profunda que nunca.

El terreno blanco tembló bajo sus pies mientras ejecutaba la última serie de movimientos. Su energía se concentró en el centro de su cuerpo, ascendió, giró y explotó en un destello afilado que rasgó el espacio como si pudiera partirlo en dos.

Hela, de pie a unos metros, sintió un escalofrío correr por su columna.

Un escalofrío real.

Ella, que había enfrentado ejércitos, destruido reinos y desafiado a la muerte misma, dio un paso atrás.

—Esa técnica… —su voz tembló apenas—. Sholan… jamás, en mi vida, había sentido miedo por una técnica ejecutada ante mis ojos.

Jamás.

Sholan bajó los brazos. Su respiración era calma, pero su ki giraba como una tormenta contenida.

—Es la técnica necesaria para acabar definitivamente con Pennywise.

Hela lo observó con algo que nunca había mostrado con nadie: respeto absoluto.

—–

Solo un día había transcurrido en el flujo normal del universo Marvel.

Frigga entregó la carta de Sholan a Thor la mañana siguiente.

La reina no lloró por lo sucedido con Odin, pero su voz tembló cuando dijo:

—Es vital que sigas cada instrucción.

Thor la escuchó con el corazón pesado.

Loki, más silencioso que de costumbre, tomó la carta sin comentario alguno.

Ambos partieron en una nave hacia el espacio profundo, en busca de los asgardianos dispersos.

Siguiendo las instrucciones.

Siguiendo la advertencia.

Buscando unir lo que quedaba de su pueblo.

El viaje los llevó hasta Sakaar.

Al aterrizar, Thor y Loki descubrieron un mundo caótico, colorido, frenético… pero esta vez su propósito era claro: encontrar a la última pieza que necesitaban.

La Valquiria.

Ella los vio llegar.

Los estudió.

Escuchó el mensaje que le traían de su reina Frigga.

—Está bien —dijo casi de inmediato—.

Asgard necesita guerreros.

No pienso dejar que mi pueblo se extinga.

Thor sintió un alivio profundo.

Loki fingió que no estaba sorprendido.

Y la misión secreta de Sholan comenzó a encajar en su primer paso, mientras en el vacío fuera del tiempo un Saiyan terminaba de afilar la técnica que decidiría el destino del Todash.

La dimensión de bolsillo una dimensión ajena al paso del tiempo.

Ni un viento real, ni una luz verdadera, ni un cielo que cambiara.

Solo ese espacio blanco infinito donde dos seres habían entrenado durante más de una década.

Quedaba un mes para que Pennywise despertara.

Y entonces ocurrió.

El silencio absoluto se rasgó como si una estrella gritara desde sus entrañas.

No era un rugido.

Ni una explosión.

Tampoco un ataque.

Era un grito de poder, seco, ascendente, interminable.

Un grito que doblaba el espacio, que hacía vibrar el suelo liso como si fuera agua tensa.

Un grito que cargaba una intensidad tan primitiva que hasta la nada retrocedía.

Hela lo sintió como una onda de choque que atravesó su pecho.

—¿Pero qué…? —murmuró, sorprendida por primera vez en años.

Voló hacia la fuente del sonido.

Encontró a Sholan arrodillado, respirando con fuerza, el suelo debajo convertido en una red de fracturas con un resplandor denso alrededor de su cuerpo… como si una energía hubiera empujado desde adentro, sin tomar forma todavía.

Y eso lo hacía aún más desconcertante.

—Sholan… —Hela tragó saliva, incapaz de ocultar la impresión—.

No sé qué acabas de hacer… pero nunca había sentido algo así. Ni siquiera de ti.

Sholan exhaló, lentamente, como si aún apagara motores invisibles.

—No fue una técnica —dijo—.

Fue… un desbloqueo interno. Algo que llevaba tiempo empujando desde dentro.

Hela no tenía palabras.

Ella —que había visto nacimiento y muerte de mundos— no encontraba forma de describir lo que sintió.

Sholan se levantó y la miró con calma.

—Pero tú también has avanzado.

—No compares —dijo ella, aún un poco tensa.

—Tu Haki del Emperador despertó más rápido que en cualquier otra persona que haya visto —continuó él—.

Y tu Haki de Observación… prácticamente ves intenciones como sombras antes de que existan.

Hela quiso hacerse la indiferente, pero las comisuras de su boca temblaron.

—El de armadura sí fue un dolor —admitió con fastidio—.

Esa cosa requiere un autocontrol absurdo.

Sholan le sostuvo la mirada.

—Porque estabas desequilibrada.

Tu luz y tu oscuridad siempre chocaban.

Cuando encontraste tu punto medio… finalmente pudiste solidificar tu voluntad.

Ella se quedó pensativa.

No lo decía, pero sabía que era verdad.

El ejercicio constante, la meditación, el enfrentarse a sus propias contradicciones… todo había cambiado su esencia.

Y ahora, con Pennywise por despertar, ese equilibrio sería vital.

—

—A partir de ahora ya no necesitamos más entrenamiento físico —dijo Sholan.

Hela asintió.

—Meditación.

—Equilibrio —corrigió él.

Se sentaron, espalda con espalda.

Sus respiraciones se sincronizaron.

La dimensión entera pareció acomodarse alrededor de ellos, como si se preparara para apagarse y encenderse junto a sus mentes.

Por primera vez en 27 años, no había estallidos ni choques ni explosiones.

Solo calma.

Calma antes del horror.

—

Mientras tanto, en el mundo real, habían pasado los mismos 27 años.

Mike Hanlon trabajaba en la biblioteca cuando el escáner policial sonó.

El tono era de madrugada. El tipo de llamada que solo trae desgracias.

Un oficial habló, la voz cargada de pánico.

—Tenemos un caso… raro. Un muchacho. Unos tipos lo atacaron. Dijeron que era marica y lo persiguieron, según los testigos fue golpeado y arrojado al rio desde el puente…

Cuando lo encontramos…

Hubo un silencio lleno de miedo.

Mike cerró los ojos. Ya lo sentía.

—…el cuerpo estaba desmembrado. Como si un animal lo hubiera destrozado.

La taza de café que estaba bebiendo para despertarse se le resbaló de los dedos.

No había duda.

No a estas alturas.

Pennywise estaba regresando.

El ciclo había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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