Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 443
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Capítulo 443: Probabilidad, Mentiras y el Peso de Saber
Villa Loriana había vuelto a cerrar sus puertas.
No por miedo.
Por necesidad.
Después de la conferencia en la Isla del Inicio, el mundo entero —y varios más— había comenzado a moverse. Ejércitos, héroes, dioses, científicos, mutantes, reyes. Todos preparándose para una guerra que aún no había comenzado, pero que ya se sentía como una sombra sobre el pecho.
Y mientras todos se dispersaban para cumplir su parte…
Sholan había convocado a los únicos que no podían permitirse fallar.
La sala principal de Villa Loriana estaba iluminada por la luz cálida del atardecer. No había pantallas encendidas, ni hologramas, ni mapas tácticos flotando en el aire. Solo una mesa larga de madera viva, copas de agua intactas y un silencio tenso.
Tony Stark fue el primero en romperlo.
—Odio cuando dices “evento Nexus” como si fuera una nota al pie de página —dijo, cruzándose de brazos—. Estamos hablando de la mitad del universo, Sholan. Mitad. Personas. Mundos. Historias.
Steve Rogers permanecía de pie, con las manos apoyadas en el respaldo de una silla. Su expresión era contenida, pero su mandíbula estaba tensa.
—No puedo aceptar un plan donde la derrota parcial sea parte del diseño —dijo—. No sin intentar todo.
Nick Fury observaba desde un rincón, parche fijo, mirada afilada.
—En SHIELD llamamos a eso una línea roja —añadió—. Y tú acabas de cruzarla… varias veces.
Doctor Strange no decía nada. Giraba lentamente el Anillo del Hechicero entre los dedos, pensativo, como si estuviera midiendo futuros posibles que no terminaban de encajar.
Cortana estaba presente, proyectada de forma estable, sin adornos. Su expresión era seria, casi humana.
—Las probabilidades de colapso moral del equipo aumentan cada minuto que esta información no se aclara —dijo—. Recomiendo una explicación completa. Ahora.
Sholan, en cambio, estaba sentado con tranquilidad desconcertante.
Entre sus dedos flotaba la Gema de la Mente.
No brillaba con violencia. No irradiaba poder. Giraba lentamente, como si estuviera siendo observada… y no al revés.
Shuri había sido quien la entregó minutos antes, con una inclinación respetuosa.
—La separación fue limpia —había dicho—. Visión está estable. La gema ya no está anclada a ningún sistema biológico.
Ahora, verla en manos de Sholan, tan… casualmente, hizo que Tony apretara los dientes.
—¿Sabes lo que me molesta? —dijo—. No es que tengas un plan. Es que juegues con eso como si fuera una canica.
Sholan alzó la mirada.
—¿Ya terminaron? —preguntó con calma—. ¿O quieren seguir descargando el berrinche antes de que empecemos a hablar en serio?
El silencio cayó como una losa.
Steve fue el primero en reaccionar, no con ira, sino con decepción.
—No es un berrinche —dijo—. Es responsabilidad.
—Exacto —respondió Sholan—. Por eso los llamé a ustedes. Porque son los únicos capaces de escuchar esto… y no intentar “arreglarlo”.
Tony abrió la boca para replicar, pero Sholan levantó un dedo.
—Primera corrección —dijo—. El evento Nexus no es que Thanos use las gemas.
Es que las obtenga.
Eso detuvo a todos.
Strange frunció el ceño.
—Eso cambia… mucho.
—Lo sé —asintió Sholan—. Y ahora la segunda corrección: el plan de Thanos está condenado al fracaso desde antes de que naciera.
Fury dio un paso al frente.
—Explícate.
Sholan dejó que la Gema de la Mente descendiera suavemente hasta su palma… y luego desapareció.
—Hace muchos años —comenzó—, encontré las Gemas del Infinito.
Tony parpadeó.
Steve se tensó.
Cortana procesó en silencio.
—No las robé —continuó—. No las usé. Las estudié.
Strange habló con voz baja.
—Eso es… imposible.
—No para alguien que puede interactuar con la probabilidad cuántica —respondió Sholan—. Lo que yo llamo Puntos Quantum.
Tony se inclinó hacia adelante.
—Ok, ahí sí necesito subtítulos.
Sholan apoyó los codos sobre la mesa.
—Todo lo que existe tiene una distribución de posibilidades —explicó—. Estados que pueden ser, incluso si nunca ocurren. Yo puedo acceder a esos estados residuales. No los creo de la nada… los extraigo de universos donde sí existieron o donde estuvieron a punto de existir.
Cortana asintió lentamente.
—Probabilidad cuántica colapsada fuera de su marco causal original —dijo—. Teóricamente viable… con energía infinita.
—Y muchos Puntos Quantum —añadió Sholan—. Cada uno representa una decisión que no ocurrió. Una posibilidad descartada. Yo las recojo… y las uso.
Tony respiró hondo.
—¿Estás diciendo que…?
—Hice copias perfectas de las Gemas del Infinito —confirmó Sholan—. Funcionales. Indistinguibles. Con el mismo output energético, la misma respuesta conceptual.
Steve cerró los ojos un segundo.
—¿Y las originales?
Sholan sonrió apenas.
—¿Recuerdan que puedo almacenar cosas?
Un silencio pesado.
—Están en mi inventario —dijo—. Selladas. Fuera del tiempo, del espacio y de la causalidad.
Strange abrió los ojos con sorpresa genuina.
—Eso no debería ser posible.
—Los seres cósmicos decidieron que lo fuera —respondió Sholan—. Las gemas originales están selladas ahí para siempre. Ni siquiera yo puedo acceder a ellas. Ni ahora, ni nunca. Nadie más. Eternamente.
Fury soltó una risa seca.
—Eso es… aterrador.
—Es necesario —corrigió Sholan—. El universo no necesita tentaciones eternas.
Tony se pasó una mano por el rostro.
—¿Y las copias?
—Ah —dijo Sholan—. Ahí viene la parte interesante.
Todos se inclinaron, atentos.
—Las copias funcionan —continuó—. Pero les dejé una trampa.
Cuando se usen en conjunto, con la intención de reescribir el equilibrio universal… el deseo se reflejará.
Steve frunció el ceño.
—¿Reflejará?
—Todo lo que Thanos quiera hacerle al universo… se le devolverá a él y a su grupo —explicó Sholan—. El mismo concepto. La misma escala. La misma sentencia.
Cortana procesó durante varios segundos.
—Resultado: aniquilación del portador y colapso de los artefactos —dijo—. Las gemas se autodestruirían.
—Exacto —asintió Sholan—. Sin dejar rastro.
El silencio fue absoluto.
Strange fue el primero en hablar.
—Eso es… elegantemente cruel.
—No —respondió Sholan—. Es justicia probabilística.
Fury lo observó largo rato.
—¿Por qué nos cuentas esto?
Sholan sostuvo su mirada sin parpadear.
—Porque solo ustedes son capaces de cargar con este secreto —dijo—. Sin intentar mejorarlo. Sin filtrarlo. Sin jugar a ser héroes.
Steve bajó la cabeza, pensativo.
—Y Ultron Infinito…
—Vendrá —dijo Sholan—. Esta guerra es el ruido que lo atraerá.
Fury respiró hondo.
—Entonces necesito toda la artillería posible.
—Llama a la Capitana Marvel —ordenó Sholan—. Para lo que viene… incluso Thor necesitará respaldo.
El sol terminó de ponerse sobre Villa Loriana.
Y por primera vez desde que todo había comenzado…
No era el miedo lo que pesaba en la habitación, era el conocimiento.
De repente el aire de la sala cambió sin previo aviso.
No hubo portal visible.
No hubo rayo, ni relámpago, ni conjuro reconocible.
Solo una torsión del espacio, como si el mundo hubiera respirado de forma incorrecta durante una fracción de segundo.
—¡Contacto! —gruñó Fury, levantando el arma.
Tony activó de inmediato los repulsores. Steve dio un paso al frente, escudo en alto. Strange alzó una mano, sellos ya formándose. Incluso Cortana, en su estado fragmentado, hizo parpadear las luces del sistema defensivo.
Y entonces…
Loki apareció.
De pie, relajado, con una túnica oscura que no era asgardiana ni terrícola, sino algo intermedio. Su expresión no era burlona. No había sonrisa ladeada ni sarcasmo preparado.
Había cansancio.
Y una calma peligrosa.
—Vaya… —murmuró Tony—. El día no podía empeorar sin ti.
—¡Alto! —ordenó Steve—. Loki, no des un paso más.
Loki levantó las manos… pero no en rendición.
En reconocimiento.
—Si hubiera venido a pelear —dijo con voz tranquila—, ya estarían muertos.
El ambiente se tensó aún más.
Y entonces ocurrió lo imposible.
Loki se movió.
No caminó.
No se teletransportó.
Simplemente estuvo frente a Sholan.
Y lo abrazó.
Con fuerza.
Con alivio.
Con una efusividad que dejó a todos congelados.
—Sobreviviste —dijo Loki en voz baja, con algo que sonaba peligrosamente a emoción real—. Sabía que lo harías… pero igual temía llegar tarde.
Sholan respondió el abrazo sin dudar.
—Llegas justo a tiempo —contestó—. Como siempre… cuando el universo está a punto de romperse.
Tony bajó lentamente los repulsores.
—Ok —dijo—. Esto es oficialmente lo más raro que he visto hoy. Y eso incluye probabilidades cuánticas y trampas cósmicas.
Loki se separó y giró hacia el resto del grupo. Su mirada pasó por Steve, por Fury, por Strange… sin desafío, sin ironía.
—No vengo como enemigo —afirmó—. Tampoco como aliado circunstancial.
Se enderezó.
—Vengo como Guardián.
Sholan dio un paso adelante.
—Este Loki —anunció— ya no es el dios de las Mentiras.
Steve frunció el ceño.
—Entonces… ¿qué es?
Loki respiró hondo, como si la respuesta pesara siglos.
—Soy el dios Guardián Multiversal de las Sagradas Líneas del Tiempo —dijo—. Custodio los cauces que no deben romperse. Vigilo los futuros que no deben existir… y protejo los que sí.
El silencio fue absoluto.
Strange fue el primero en reaccionar.
—Eso implicaría que… —comenzó.
—Que he visto más finales de los que cualquier mente debería soportar —interrumpió Loki—. Y créanme… este es uno de los pocos donde el universo sobrevive.
—Por eso estoy aquí —explicó—. Mientras Thanos recoja las gemas… Yo coordinaré las líneas temporales activas y evitarè desviaciones críticas, colapsos prematuros e interferencias externas.
Fury lo observó con desconfianza calculada.
—¿Y por qué deberíamos confiar en ti?
Loki lo miró directamente.
—Porque si fallo… yo también dejo de existir.
Antes de que alguien pudiera responder, el aire volvió a quebrarse.
Esta vez, el portal fue evidente.
Verde. Inestable. Salvaje.
Y de él salió Sylvie.
Cayó de rodillas, jadeando, como si hubiera corrido a través de realidades enteras solo para llegar allí. Alzó la vista… y sus ojos se abrieron de par en par.
—Loki…
Por un instante, ninguno de los dos se movió.
Luego ella se puso de pie y lo abrazó con una fuerza desesperada, enterrando el rostro en su pecho.
—Pensé que… —su voz se quebró—. Pensé que habías desaparecido.
Loki cerró los ojos y apoyó la frente contra la de ella.
Sholan observó la escena sin interrumpirla. Cuando finalmente habló, su voz fue suave.
—Ella es Sylvie —explicó al grupo—. Variante de Loki. Sobreviviente. Rebelde. Y una de las pocas personas en existencia que entiende el caos del tiempo… no como estructura, sino como herida.
Sylvie se separó un poco y miró a Sholan con desconfianza medida.
—¿Y tú eres…?
—Alguien que rompe reglas cuando las reglas condenan a todos —respondió él—. Y alguien que tiene una propuesta para ti.
Sylvie arqueó una ceja.
—Odio las propuestas.
Sholan sonrió apenas.
—Entonces esta te va a encantar.
El ambiente volvió a tensarse, porque el juego acababa de subir de nivel.
Y el tiempo mismo acababa de tomar partido.
El parque estaba inusualmente tranquilo para Nueva York. No era uno de esos silencios artificiales impuestos por la noche, sino uno raro, incómodo, como si la ciudad misma estuviera conteniendo el aliento.
Tony Stark caminaba de un lado a otro con un café en la mano que ya se había enfriado. Doctor Strange permanecía a unos metros, con los brazos cruzados y la Capa de Levitación flotando con una inquietud que reflejaba el presentimiento que ambos compartían. No estaban allí por casualidad. Después de tres días de tensión acumulada desde la gran conferencia en la Isla del Inicio, sabían que algo iba a romperse… solo no sabían cuándo.
—No me gusta esto —murmuró Tony, mirando alrededor—. Demasiado abierto. Demasiado público.
—Las amenazas cósmicas no suelen respetar la etiqueta urbana —respondió Strange, con tono seco—. Y Thanos no envía flores antes de atacar.
El aire se deformó.
No fue una explosión ni un portal espectacular. Fue peor. El espacio se dobló como una hoja de papel mojada y, de esa grieta antinatural, emergieron dos figuras que no pertenecían a la Tierra.
Ebony Maw descendió con la elegancia de un predicador seguro de su fe. Cull Obsidian, en cambio, cayó como una montaña viviente, haciendo vibrar el suelo bajo sus pies. La gente comenzó a gritar. Algunos corrieron. Otros se quedaron paralizados, incapaces de procesar lo que veían.
—Regocíjense Humanos —dijo Maw, con una sonrisa suave, casi amable—. Vengo a liberarlos de una carga por la gracia del señor Thanos.
La batalla estalló sin aviso.
Strange alzó un escudo místico justo cuando Cull arrancaba de cuajo un fragmento del pavimento y lo lanzaba como un misil. Tony activó su nueva armadura de nanomáquinas en pleno movimiento, repulsores encendidos, lanzándose directo contra el gigante. El parque se convirtió en un campo de guerra en cuestión de segundos.
Lo que ninguno de ellos notó al principio fue al chico que había sentido el peligro incluso antes de verlo.
Peter Parker estaba en un edificio cercano cuando su sentido arácnido explotó en su cabeza como una alarma de incendio, al instante activó una señal para llamar a su equipo mientras en un susurro activaba su KumonoSlayer. No dudó. Saltó. Balanceó. Y llegó justo a tiempo para ver a Iron Man salir disparado contra una estatua.
—Genial… otra invasión alienígena —murmuró.
No llegó solo, a su lado emergieron los King-Ohger en sus coloridos trajes.
Evie apareció a su lado casi al mismo tiempo, expresión firme, ojos encendidos. Mal y Jay descendieron por una azotea cercana, coordinados sin decir palabra. Carlos y Felicia cerraron el grupo, evaluando la escena con rapidez.
No eran niños jugando a ser héroes.
Eran combatientes entrenados.
Maw, con un gesto casi distraído, atrapó a Strange con sus poderes telequinéticos, inmovilizándolo en el aire como si fuera una marioneta. Intentó arrancar el Ojo de Agamotto de su pecho… y fracasó.
—Encantamiento interesante —admitió, frunciendo el ceño—. Pero no importa.
La nave descendió entonces, proyectando una sombra que cubrió el parque entero. Maw no necesitaba la gema todavía. Solo necesitaba a su portador.
Tony gritó una orden, pero llegó tarde. Strange fue arrastrado hacia la nave, aún consciente, aún luchando.
—¡Peter! —gritó Tony— ¡No los dejes ir!
Peter no respondió con palabras. Saltó.
Lo que siguió fue una secuencia caótica y brutal, una carrera desesperada contra el tiempo. Peter logró adherirse al fuselaje mientras la nave ascendía. Evie fue la primera en reaccionar, saltando tras él sin dudar. Jay y Mal la siguieron. Carlos y Felicia se miraron un segundo… y luego corrieron y saltaron juntos, aferrándose a una compuerta abierta en el último instante.
La nave despegó.
En el parque, Tony apenas tuvo tiempo de procesarlo antes de que una figura gigantesca lo tomara por sorpresa. Cull Obsidian lo aplastó contra el suelo, levantando el arma para asestar el golpe final.
Y entonces…
El aire se partió.
No fue magia de Strange. No fue tecnología Stark.
Fue algo antiguo.
Dos katanas descendieron como relámpagos blancos, cruzándose frente al rostro de Tony y deteniendo el arma de Cull con un estruendo que sacudió el parque entero.
Saeko Busujima aterrizó entre Tony y el gigante.
La Armadura Blanca del Emperador del Sol brillaba con una luz contenida, casi solemne. No era ostentosa. Era majestuosa. Cada placa parecía forjada no solo para proteger, sino para juzgar. El casco reflejaba los ojos decididos de Saeko, calmados, centrados.
Cull retrocedió un paso. Solo uno. Pero fue suficiente para que Tony entendiera.
—…ok —dijo, incorporándose—. Esto definitivamente no estaba en el briefing.
—Ve con ellos Stark, yo me encargo de este dinosaurio en decadencia —dijo Saeko haciéndole frente a Cull Obsidian.
El choque fue brutal. Cull Obsidian era fuerza pura, un titán de músculo y violencia. Saeko era precisión, disciplina, y el poder ancestral canalizado a través de la armadura. Las katanas de vibranium–adamantium cortaban el aire con un zumbido grave, soportando impactos que habrían destrozado cualquier otra hoja.
Mientras luchaban, Carlos observaba desde la distancia mientras se aferraba al casco de la nave, el corazón en la garganta.
Y el recuerdo lo golpeó.
(Flashback, semanas atrás)
El día que Sholan regresó del mundo de Pennywise, Carlos no esperó. Fue directo a él, con Saeko a su lado. No había miedo en ella, solo determinación.
—Ella quiere pelear —dijo Carlos—De verdad.
Sholan los miró en silencio. Luego a Saeko.
—Eres humana.
—Lo sé —respondió ella—. Por eso necesito ayuda.
Hablaron. De la beca que llevó a Saeko a Estados Unidos. Del dojo que abrió. De cómo SHIELD había comenzado a consultarla para entrenamiento tradicional. De cómo el amor había cruzado océanos.
Sholan asintió sabiendo lo mucho que esto significaba para Carlos.
Sholan usando una de las cajas de bendición que obtuvo al acabar con Pennywise la intercambio por la armadura blanca de la línea argumental de los Yoroiden Samurai Troopers. Diciendole a Saeko que le da la oportunidad de obtener el poder que necesita pero que depende de ella si lo consigue o no. Saeko meditó durante semanas. Sangró. Falló. Se levantó.
Y al final la armadura la aceptó.
M’Baku por petición de Sholan y con ayuda de Shuri forjó 2 katanas las cuales le fueron entregadas a Saeko el mismo día que la armadura la aceptó.
(Fin del flashback)
El recuerdo se desvaneció cuando Cull rugió, retrocediendo finalmente bajo una ráfaga combinada de golpes y ataques de fuego místico.
La nave descendió y, en un parpadeo, Strange fue arrastrado hacia ella. Tony gritó su nombre y se lanzó tras la nave sin dudarlo. Peter, Evie, Mal, Jay, Felicia y Carlos lo siguieron, persiguiendo la nave hasta que atravesó el cielo y desapareció.
Demasiado tarde.
Bruce Banner llegó al Sanctum apenas minutos después, jadeando, encontrándose con Wong en la entrada.
—Se lo llevaron —dijo Wong sin rodeos.
Bruce palideció.
—Tengo que avisarle a Sholan.
—
Muy lejos de allí, Sholan abrió los ojos, sintiendo cómo una pieza del tablero se movía.
En Escocia, Próxima Midnight y Corvus Glaive emboscaron a Visión con precisión letal. Antes de que el combate escalara, el aire se oscureció y Sholan apareció frente a ellos. En su mano, la Gema de la Mente brillaba con una calma insultante.
—Buscan esto —dijo sin alzar la voz.
Próxima Midnight y Corvus Glaive se movieron confiados, pero en el corto conflicto, no hubo pelea. Hubo humillación.
Sholan los movió como a niños. Los lanzó. Los desarmó. Los miró huir.
—Díganle a Thanos —dijo— que no vuelva a mandar peones.
Sholan no los persiguió.
En ese mismo instante, Bruce Banner llamó.
—Sholan… se llevaron a Strange.
Sholan cerró los ojos.
En el espacio profundo, una señal de auxilio fue respondida por los Guardianes de la Galaxia. Thor apareció, maltrecho pero firme, y tras evitar un desastre mayor, habló de Thanos, de las gemas y de Knowhere. Rocket, fascinado por Nidavellir, no dudó en acompañarlo junto a Groot, mientras el resto de los Guardianes se dirigían a interceptar al Titán Loco.
El universo se dividía en frentes.
El tablero se movía.
Y Sholan, en silencio, observaba cómo todo avanzaba exactamente hacia donde debía.
El cielo ya había empezado a caer.
Y la guerra, finalmente, había comenzado.
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