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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 444

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Capítulo 444: El Día en que el Cielo Empezó a Caer

El parque estaba inusualmente tranquilo para Nueva York. No era uno de esos silencios artificiales impuestos por la noche, sino uno raro, incómodo, como si la ciudad misma estuviera conteniendo el aliento.

Tony Stark caminaba de un lado a otro con un café en la mano que ya se había enfriado. Doctor Strange permanecía a unos metros, con los brazos cruzados y la Capa de Levitación flotando con una inquietud que reflejaba el presentimiento que ambos compartían. No estaban allí por casualidad. Después de tres días de tensión acumulada desde la gran conferencia en la Isla del Inicio, sabían que algo iba a romperse… solo no sabían cuándo.

—No me gusta esto —murmuró Tony, mirando alrededor—. Demasiado abierto. Demasiado público.

—Las amenazas cósmicas no suelen respetar la etiqueta urbana —respondió Strange, con tono seco—. Y Thanos no envía flores antes de atacar.

El aire se deformó.

No fue una explosión ni un portal espectacular. Fue peor. El espacio se dobló como una hoja de papel mojada y, de esa grieta antinatural, emergieron dos figuras que no pertenecían a la Tierra.

Ebony Maw descendió con la elegancia de un predicador seguro de su fe. Cull Obsidian, en cambio, cayó como una montaña viviente, haciendo vibrar el suelo bajo sus pies. La gente comenzó a gritar. Algunos corrieron. Otros se quedaron paralizados, incapaces de procesar lo que veían.

—Regocíjense Humanos —dijo Maw, con una sonrisa suave, casi amable—. Vengo a liberarlos de una carga por la gracia del señor Thanos.

La batalla estalló sin aviso.

Strange alzó un escudo místico justo cuando Cull arrancaba de cuajo un fragmento del pavimento y lo lanzaba como un misil. Tony activó su nueva armadura de nanomáquinas en pleno movimiento, repulsores encendidos, lanzándose directo contra el gigante. El parque se convirtió en un campo de guerra en cuestión de segundos.

Lo que ninguno de ellos notó al principio fue al chico que había sentido el peligro incluso antes de verlo.

Peter Parker estaba en un edificio cercano cuando su sentido arácnido explotó en su cabeza como una alarma de incendio, al instante activó una señal para llamar a su equipo mientras en un susurro activaba su KumonoSlayer. No dudó. Saltó. Balanceó. Y llegó justo a tiempo para ver a Iron Man salir disparado contra una estatua.

—Genial… otra invasión alienígena —murmuró.

No llegó solo, a su lado emergieron los King-Ohger en sus coloridos trajes.

Evie apareció a su lado casi al mismo tiempo, expresión firme, ojos encendidos. Mal y Jay descendieron por una azotea cercana, coordinados sin decir palabra. Carlos y Felicia cerraron el grupo, evaluando la escena con rapidez.

No eran niños jugando a ser héroes.

Eran combatientes entrenados.

Maw, con un gesto casi distraído, atrapó a Strange con sus poderes telequinéticos, inmovilizándolo en el aire como si fuera una marioneta. Intentó arrancar el Ojo de Agamotto de su pecho… y fracasó.

—Encantamiento interesante —admitió, frunciendo el ceño—. Pero no importa.

La nave descendió entonces, proyectando una sombra que cubrió el parque entero. Maw no necesitaba la gema todavía. Solo necesitaba a su portador.

Tony gritó una orden, pero llegó tarde. Strange fue arrastrado hacia la nave, aún consciente, aún luchando.

—¡Peter! —gritó Tony— ¡No los dejes ir!

Peter no respondió con palabras. Saltó.

Lo que siguió fue una secuencia caótica y brutal, una carrera desesperada contra el tiempo. Peter logró adherirse al fuselaje mientras la nave ascendía. Evie fue la primera en reaccionar, saltando tras él sin dudar. Jay y Mal la siguieron. Carlos y Felicia se miraron un segundo… y luego corrieron y saltaron juntos, aferrándose a una compuerta abierta en el último instante.

La nave despegó.

En el parque, Tony apenas tuvo tiempo de procesarlo antes de que una figura gigantesca lo tomara por sorpresa. Cull Obsidian lo aplastó contra el suelo, levantando el arma para asestar el golpe final.

Y entonces…

El aire se partió.

No fue magia de Strange. No fue tecnología Stark.

Fue algo antiguo.

Dos katanas descendieron como relámpagos blancos, cruzándose frente al rostro de Tony y deteniendo el arma de Cull con un estruendo que sacudió el parque entero.

Saeko Busujima aterrizó entre Tony y el gigante.

La Armadura Blanca del Emperador del Sol brillaba con una luz contenida, casi solemne. No era ostentosa. Era majestuosa. Cada placa parecía forjada no solo para proteger, sino para juzgar. El casco reflejaba los ojos decididos de Saeko, calmados, centrados.

Cull retrocedió un paso. Solo uno. Pero fue suficiente para que Tony entendiera.

—…ok —dijo, incorporándose—. Esto definitivamente no estaba en el briefing.

—Ve con ellos Stark, yo me encargo de este dinosaurio en decadencia —dijo Saeko haciéndole frente a Cull Obsidian.

El choque fue brutal. Cull Obsidian era fuerza pura, un titán de músculo y violencia. Saeko era precisión, disciplina, y el poder ancestral canalizado a través de la armadura. Las katanas de vibranium–adamantium cortaban el aire con un zumbido grave, soportando impactos que habrían destrozado cualquier otra hoja.

Mientras luchaban, Carlos observaba desde la distancia mientras se aferraba al casco de la nave, el corazón en la garganta.

Y el recuerdo lo golpeó.

(Flashback, semanas atrás)

El día que Sholan regresó del mundo de Pennywise, Carlos no esperó. Fue directo a él, con Saeko a su lado. No había miedo en ella, solo determinación.

—Ella quiere pelear —dijo Carlos—De verdad.

Sholan los miró en silencio. Luego a Saeko.

—Eres humana.

—Lo sé —respondió ella—. Por eso necesito ayuda.

Hablaron. De la beca que llevó a Saeko a Estados Unidos. Del dojo que abrió. De cómo SHIELD había comenzado a consultarla para entrenamiento tradicional. De cómo el amor había cruzado océanos.

Sholan asintió sabiendo lo mucho que esto significaba para Carlos.

Sholan usando una de las cajas de bendición que obtuvo al acabar con Pennywise la intercambio por la armadura blanca de la línea argumental de los Yoroiden Samurai Troopers. Diciendole a Saeko que le da la oportunidad de obtener el poder que necesita pero que depende de ella si lo consigue o no. Saeko meditó durante semanas. Sangró. Falló. Se levantó.

Y al final la armadura la aceptó.

M’Baku por petición de Sholan y con ayuda de Shuri forjó 2 katanas las cuales le fueron entregadas a Saeko el mismo día que la armadura la aceptó.

(Fin del flashback)

El recuerdo se desvaneció cuando Cull rugió, retrocediendo finalmente bajo una ráfaga combinada de golpes y ataques de fuego místico.

La nave descendió y, en un parpadeo, Strange fue arrastrado hacia ella. Tony gritó su nombre y se lanzó tras la nave sin dudarlo. Peter, Evie, Mal, Jay, Felicia y Carlos lo siguieron, persiguiendo la nave hasta que atravesó el cielo y desapareció.

Demasiado tarde.

Bruce Banner llegó al Sanctum apenas minutos después, jadeando, encontrándose con Wong en la entrada.

—Se lo llevaron —dijo Wong sin rodeos.

Bruce palideció.

—Tengo que avisarle a Sholan.

—

Muy lejos de allí, Sholan abrió los ojos, sintiendo cómo una pieza del tablero se movía.

En Escocia, Próxima Midnight y Corvus Glaive emboscaron a Visión con precisión letal. Antes de que el combate escalara, el aire se oscureció y Sholan apareció frente a ellos. En su mano, la Gema de la Mente brillaba con una calma insultante.

—Buscan esto —dijo sin alzar la voz.

Próxima Midnight y Corvus Glaive se movieron confiados, pero en el corto conflicto, no hubo pelea. Hubo humillación.

Sholan los movió como a niños. Los lanzó. Los desarmó. Los miró huir.

—Díganle a Thanos —dijo— que no vuelva a mandar peones.

Sholan no los persiguió.

En ese mismo instante, Bruce Banner llamó.

—Sholan… se llevaron a Strange.

Sholan cerró los ojos.

En el espacio profundo, una señal de auxilio fue respondida por los Guardianes de la Galaxia. Thor apareció, maltrecho pero firme, y tras evitar un desastre mayor, habló de Thanos, de las gemas y de Knowhere. Rocket, fascinado por Nidavellir, no dudó en acompañarlo junto a Groot, mientras el resto de los Guardianes se dirigían a interceptar al Titán Loco.

El universo se dividía en frentes.

El tablero se movía.

Y Sholan, en silencio, observaba cómo todo avanzaba exactamente hacia donde debía.

El cielo ya había empezado a caer.

Y la guerra, finalmente, había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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