Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 447
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Capítulo 447: Endgame No More
El cielo sobre Wakanda estalló.
No fue un sonido.
Fue un juicio.
Un trueno descendió como una lanza divina desde las nubes desgarradas y golpeó de lleno el pecho de Thanos. El impacto no solo levantó tierra y algo de vibranium; dobló el aire, aplastó la gravedad y obligó incluso al Titán Loco a retroceder varios metros, dejando un surco humeante en el suelo.
Thor descendió envuelto en relámpagos, Stormbreaker girando en su mano como si la propia arma celebrara haber encontrado por fin un propósito digno. Sus ojos brillaban con una furia vieja, acumulada desde Asgard, desde las Valkyrias, desde Loki cayendo una y otra vez.
—¡THANOS! —rugió—. ¡ESTE ES EL PRECIO!
Thanos alzó el brazo del Guantelete del Infinito casi por reflejo. Las gemas respondieron con un pulso multicolor, formando un escudo improvisado que absorbió parte de la energía del rayo. Parte. El resto lo atravesó como una tormenta viva, obligándolo a clavar una rodilla en tierra.
El campo de batalla quedó en silencio por un latido.
Luego, el choque.
Thanos se levantó con un gruñido grave, cerró el puño libre y lanzó un golpe directo. Thor lo recibió con la asta del Stormbreaker, la vibración recorriendo el arma hasta sus brazos, arrancándole un gemido contenido. Ambos retrocedieron un paso. Luego otro. Después ninguno.
—Eres fuerte —admitió Thanos, su voz grave resonando incluso por encima del estruendo de la batalla detenida—. Pero la fuerza sin propósito es solo ruido.
—Entonces escucha bien —respondió Thor—, porque hoy el ruido te va a matar.
Thor giró sobre sí mismo, llamando a los cielos. Decenas de rayos descendieron en espiral, impactando uno tras otro contra Thanos. El Titán respondió activando la Gema del Poder; una onda violeta explotó desde su cuerpo, pulverizando los relámpagos y lanzando a Thor varios metros atrás.
Thor chocó contra el suelo, rodó, se incorporó con dificultad.
Y sonrió.
—Eso dolió —dijo—. Bien.
Se impulsó de nuevo, Stormbreaker girando, cortando el aire. Thanos bloqueó con el Guantelete, pero la hoja se hundió parcialmente, arrancando chispas imposibles del metal cósmico. Por primera vez, Thanos frunció el ceño.
Desde la distancia, los Vengadores observaban sin intervenir. Sholan no se movía. Sus brazos estaban cruzados. Sus ojos, atentos.
—Thor no está peleando para ganar —murmuró Steve—.
—Está peleando por venganza —respondió Sholan en voz baja.
En el cielo, una sombra gigantesca comenzó a cubrir el campo de batalla.
Luego otra. Y otra.
El cielo de Wakanda se rasgó por completo cuando los primeros leviatanes chitauri atravesaron las nubes como ballenas de guerra. Sus cuerpos colosales oscurecieron el sol, y su rugido resonó como un himno de exterminio. De las naves nodrizas comenzaron a caer oleadas interminables de soldados, cubriendo el campo como una marea negra.
Las naves de Thanos emergieron del hiperespacio como una plaga ordenada. Leviatanes chitauri rugieron al atravesar la atmósfera, sus cuerpos colosales proyectando sombras que hicieron palidecer incluso a los guerreros de Wakanda
—¡POSICIONES! —rugió Steve Rogers, alzando el escudo.
Thanos sonrió al ver a su ejército llegar.
—Mira a tu alrededor, dios del trueno —dijo—. Esto es inevitabilidad.
Las líneas de Wakanda chocaron contra el ejército invasor. Vibranium contra acero alienígena. Lanzas de energía contra garras y colmillos. El suelo tembló bajo la magnitud del enfrentamiento.
Y entonces, una nave explotó en el cielo.
No fue un disparo.
Fue un impacto.
Una figura atravesó el casco de la nave como un misil viviente, saliendo por el otro lado en una explosión de fuego y metal. Carol Danvers emergió envuelta en energía binaria, girando sobre sí misma mientras destruía una segunda nave con un simple empujón del hombro.
—Llegué tarde —dijo por el comunicador—. Espero no haberme perdido lo bueno.
Su entrada fue un punto de quiebre. Las naves comenzaron a caer una tras otra, convertidas en chatarra ardiente antes de poder desplegar refuerzos.
Los X-Men entraron en combate en formación. Cyclops abrió paso. Storm tomó el cielo. Wolverine se lanzó sin miedo. Ant-Man y Wasp aparecieron y desaparecieron entre las filas enemigas, destrozando unidades enteras desde dentro.
En tierra, cinco destellos descendieron juntos.
Las hijas de Sholan.
Celeste cayó con la calma de Tsukuyomi, analizando el campo antes de moverse, cortando trayectorias con precisión quirúrgica. Esme apareció riendo, Jackal desatada, rebotando entre enemigos como un relámpago vivo. Irma observaba, copiando patrones, adaptándose en tiempo real. Phoebe se mantenía cerca de Wanda, protegiendo flancos con movimientos defensivos impecables. Sophie… simplemente causaba caos.
—¡Papá dijo que no rompiéramos el suelo! —gritó Sophie mientras hacía exactamente lo contrario.
A su lado, Eri descendió con la armadura de Equeluus desplegada, su presencia irradiando una serenidad peligrosa. Cada paso suyo estabilizaba aliados y debilitaba enemigos, como si la realidad misma la reconociera.
Al ver a sus niñas peleando un recuerdo golpeó a Wanda.
(Flashback.)
—¡NO! —gritó ella, enfrentándolo días antes—. ¡No puedes pedirles esto!
Sholan no levantó la voz.
—Puedo —dijo—. Porque si perdemos, morirán igual.
—¡Son niñas!
—Son Saiyan —respondió. —Guerreras por naturaleza.
El silencio fue insoportable.
—Si no pelean —continuó Sholan—, las probabilidades de supervivencia son mínimas. Si pelean… aumentan exponencialmente. No les estoy robando la infancia. Estoy comprándoles un futuro.
Wanda tembló.
—Si algo les pasa…
—Entonces fracasaré como guerrero —dijo Sholan—. Pero si no hago nada, fracasaré como padre.
Wanda lloró.
Y asintió.
(Fin del flashback.)
—Misión completada —dijo Cortana apareciendo junto a Sholan—. Probabilidad residual absorbida. PQ incrementado más allá de los umbrales conocidos.
—Bien —respondió Sholan—. Compra cuatro cartas. Dos de robo oportunista. Dos de soltar. Cárgalas al cien por ciento. Usa el resto para evolucionar Steal, Copy & Merge. Tan pronto termines regresa a tu forma etérea, refúgiate en mi espacio mental y prepárate para lo que viene.
Cortana sonrió.
—Hecho.
Mientras que Thanos se distraía momentáneamente al ver como la Capitana Marvel destruía sus naves.
Thor lanzó el Stormbreaker.
El hacha giró atravesando el aire, rompiendo la defensa improvisada del Guantelete y clavándose en el pecho de Thanos con un impacto húmedo y brutal. El Titán gritó. No de dolor físico únicamente, sino de sorpresa. Retrocedió, tambaleándose, la energía de las gemas descontrolándose.
—¡DEBISTE APUNTAR A LA CABEZA! —rugió Thanos, canalizando todo el poder del Guantelete en un solo estallido.
Y Chasqueó los dedos.
La luz que siguió no fue silenciosa. Fue absoluta. Una ola blanca que borró colores, sombras y sonido.
Cuando se disipó…
El Guantelete estaba en ruinas.
Las gemas no estaban.
El ejército de Thanos paró en seco.
Steve Rogers observó cómo los chitauris se detenían a mitad de un salto, a mitad de un grito. Sus armas cayeron al suelo convertidas en polvo gris. Un leviatán, todavía rugiendo, comenzó a resquebrajarse desde la cabeza hasta la cola, como una estatua erosionada por siglos en cuestión de segundos.
—¿Qué esta pasando? —susurró Steve—. Los enemigos caen de repente.
Wanda sintió cada una de esas muertes como una presión que se retiraba de su pecho. No alivio. Silencio. A su alrededor, las hijas de Sholan observaban el fenómeno con expresiones distintas. Celeste analizaba. Irma intentaba comprender. Esme apretaba los puños. Phoebe y Eri se acercaron instintivamente a Wanda. Sophie sonreía, fascinada y aterrada a partes iguales.
Uno a uno y poco a poco, los enemigos comenzaron a desintegrarse en cenizas.
Thanos miró sus manos.
Y por primera vez… sintió miedo.
—¿Qué… sucedió? —susurró.
Sholan avanzó, su sonrisa amplia.
Thanos cayó de rodillas.
Sus soldados, su flota, su propósito… todo se deshacía ante sus ojos.
—No… —murmuró—. Yo vi el final. Yo lo calculé.
Sholan se detuvo frente a él.
—Ese fue tu error —dijo con calma—. Creíste que el final era tuyo.
Thanos levantó la mirada, el rostro por primera vez marcado por algo distinto a la soberbia.
—Las gemas… —dijo—. Eran reales. Las sentí.
—Perfectamente reales —asintió Sholan—. Copias absolutas. Con peso, historia, resonancia. Lo suficiente para engañar incluso al universo.
Se inclinó un poco hacia él.
—Pero también tenían una cláusula. Cuando se usaran juntas… cuando alguien intentara imponer su voluntad absoluta… el sistema se cerraría.
Thanos entendió.
—¿Me usaste?
—Sí.
No hubo burla en la respuesta. Solo verdad.
—Necesitaba un faro —continuó Sholan—. Alguien lo bastante desesperado como para reunirlas todas. Alguien lo bastante arrogante como para activarlas sin cuestionar.
Thanos rió. Una risa rota.
—¿Y ahora qué? —preguntó—. ¿Me matas?
Sholan negó lentamente.
—No. Tu ya lo hiciste. —Dijo Sholan mientras que Thanos se convertía en polvo y ceniza.
A lo lejos, Thor intentaba ponerse de pie, apoyándose en orgullo puro. Tony se acercó a él, aún dolorido, pero vivo. Steve los alcanzó. Wanda también.
—¿Terminó? —preguntó Tony.
Sholan no respondió ya que en ese preciso instante el cielo comenzó a fracturarse.
No como un portal.
Como un espejo roto.
Y entonces Loki habló a todos los presentes:
—Ultron Infinito se acerca.
—Todos a sus posiciones —ordenó Sholan—. El verdadero jefe está por aparecer.
—Entendí la referencia —dijeron Tony y Steve al unísono.
El cielo se fragmentó y una grieta en el cielo se abrió del todo.
Ultron apareció y levantando una mano el tiempo se cerró como una prisión.
Todo y todos quedaron congelados.
El universo contuvo el aliento.
Y así… terminó la guerra que todos esperaban.
Y comenzó la que nadie había previsto.
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