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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 446

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Capítulo 446: El Precio de la Convicción

El dolor fue lo primero que regresó, pero no llegó solo.

Volvió acompañado de recuerdos, de voces superpuestas, de imágenes fragmentadas que se encendían y apagaban como fallas en un sistema antiguo. Nébula abrió los ojos con un jadeo áspero, sus sistemas cibernéticos reiniciándose de manera errática mientras los campos de contención que la habían mantenido cautiva perdían coherencia. Durante un segundo pensó que era otro truco de su padre, otra simulación diseñada para quebrarla emocionalmente antes de continuar con la tortura.

Pero el silencio la golpeó con más fuerza que cualquier descarga.

Thanos no estaba.

La ausencia era antinatural. Durante toda su vida, incluso cuando él no estaba presente físicamente, Nébula había sentido su sombra como una gravedad constante. Ahora no había nada. Solo el eco de su propia respiración y el pitido irregular de sus implantes dañados.

No se permitió pensar en Gamora. Pensar significaba detenerse.

Arrancó los cables incrustados en su cuerpo con movimientos torpes y violentos, ignorando el dolor que recorría cada nervio expuesto. Cayó al suelo metálico, se sostuvo apenas, y activó un comunicador de emergencia casi destruido.

—Si alguien me escucha… —dijo, con la voz cargada de urgencia y rabia contenida—. Reúnanse conmigo. En Titán. En las ruinas del mundo natal de Thanos.

Cortó la transmisión antes de escuchar respuesta. No necesitaba confirmación. Necesitaba que vinieran.

Porque Titán no era solo un punto de encuentro.

Era una confesión.

—–

La nave de Ebony Maw avanzaba en silencio, como si incluso sus sistemas supieran que ya no había lugar para la arrogancia. Maw caminaba con su habitual calma ceremoniosa, convencido de que el Hechicero Supremo estaba completamente neutralizado. Doctor Strange flotaba a unos centímetros del suelo, inmovilizado por fuerzas invisibles que distorsionaban el tiempo a su alrededor, impidiéndole usar cualquier conjuro con precisión.

—El dolor no es castigo —decía Maw con suavidad—. Es educación.

La frase nunca llegó a terminar.

El impacto sacudió toda la nave.

Iron Man atravesó la cámara principal como un proyectil dorado, repulsores al máximo, obligando a Maw a reaccionar por puro instinto. El campo telequinético que mantenía a Strange se debilitó apenas un segundo.

Ese segundo fue suficiente.

—¡Ahora! —ordenó Tony.

Los King-Ohger se movieron como una sola entidad. No hubo gritos ni dramatismo, solo acción precisa. Jay y Mal atacaron los flancos de Maw, no para herirlo, sino para desestabilizar su concentración. Evie y Felicia se deslizaron por el entorno, inutilizando nodos energéticos y sellando compuertas. Carlos tomó el control del núcleo de navegación, cerrando cualquier posibilidad de huida.

Maw intentó reaccionar, alzarlos, aplastarlos contra el techo, pero algo había cambiado. Peter Parker ya estaba sobre él, anclándolo con redes reforzadas mientras su KumonoSlayer vibraba con energía acumulada.

—No eres tan intocable como crees —murmuró Peter, apretando los dientes.

Maw alcanzó a mirarlo con auténtica sorpresa antes de que el ataque final lo envolviera. No hubo discurso. No hubo gloria.

Solo silencio.

Strange cayó al suelo, respirando con dificultad, pero consciente. Se puso en pie lentamente, observando a su alrededor.

—Llegaron exactamente cuando debían —dijo al fin.

Tony no respondió. Su mente ya estaba en otro lugar.

—–

Titán los recibió como un cadáver que se niega a desaparecer.

El cielo anaranjado estaba fijo, enfermo, como si el planeta se hubiera detenido en el instante exacto de su colapso. Torres derrumbadas, estructuras partidas por la mitad y restos de tecnología inútil se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Era una civilización que había tenido razón demasiado tarde.

Star-Lord, Drax y Mantis emergieron de entre las ruinas al ver aterrizar la nave. No hubo abrazos ni reproches. Solo miradas rápidas y comprensión inmediata. Todos sabían por qué estaban allí.

Strange se adelantó unos pasos y cerró los ojos.

El tiempo se abrió ante él.

Catorce millones de futuros posibles se desplegaron como espejos rotos. En la mayoría, el resultado era el mismo: muerte, fracaso, silencio eterno. Mundos enteros convertidos en polvo. Héroes cayendo uno por uno.

Y solo uno…

Un único hilo donde la victoria era posible.

No porque fueran más fuertes.

Sino porque Sholan había previsto cada sacrificio.

Strange abrió los ojos con una certeza que lo dejó sin aliento.

—Solo hay un camino —dijo—. Y no nos va a gustar.

Una presencia mágica interrumpió el momento. Loki apareció como una proyección, más serio de lo habitual.

—Thanos viene —advirtió—. No como conquistador… sino como juez.

Tony escuchó en silencio. Sin decir palabra, llevó discretamente un pequeño objeto a su boca antes de sellar el casco de su armadura.

Thanos llegó caminando entre las ruinas.

No atacó de inmediato.

Habló.

Habló de equilibrio, de sacrificio, de la necesidad de convertirse en el villano para salvar al universo de sí mismo. No gritó. No amenazó. Estaba convencido.

Y eso lo hacía más peligroso.

La pelea estalló cuando ya no hubo nada más que decir.

Mantis logró tocar su mente y anclarla por unos segundos, suficientes para que Peter y los King-Ohger se lanzaran sobre el Guantelete. Drax golpeó sin descanso, cada impacto cargado de años de odio. Tony desplegó campos de contención mientras Strange multiplicaba el entorno con ilusiones temporales, confundiendo sentidos y direcciones.

Durante un instante, el universo pareció contener la respiración.

El Guantelete estuvo a punto de soltarse.

Entonces la voz de Nébula atravesó el campo de batalla.

—Gamora está muerta.

Star-Lord se quebró.

El disparo fue impulsivo, cargado de rabia y dolor. Rompió la concentración colectiva como un cristal.

Thanos rugió.

El contraataque fue devastador. Uno por uno fueron cayendo. Golpes precisos, sin odio, sin disfrute. Solo eficiencia.

Tony fue atravesado. Cayó al suelo, su armadura fallando, el aliento escapando entre sangre y metal.

Thanos alzó la mano.

—He aprendido —dijo—. La pérdida hace más fuertes a algunos… y destruye a otros.

—Basta —intervino Strange.

Extendió la mano.

La Gema del Tiempo brilló.

—No era el futuro que quería —susurró—. Pero es el único que existe.

Thanos tomó la gema.

Y desapareció.

Tony permaneció en el suelo, apenas consciente. Lentamente, mascó el objeto que había llevado todo ese tiempo oculto.

La semilla del ermitaño.

El dolor se transformó en energía vital. Huesos, músculos, órganos… todo se reconstruyó.

Sholan había sido claro: solo debía usarla después de su enfrentamiento con el titán loco.

—–

Wakanda ardía bajo el cielo.

Steve Rogers y Bucky Barnes se encontraron entre las defensas, sin palabras, entendiendo que ese momento lo decía todo. Las fuerzas de Wakanda resistían mientras Shuri trabajaba contrarreloj en el dispositivo capaz de anular las propiedades del vibranium a escala controlada.

Bruce Banner respiró hondo.

Recordó las palabras de Sholan.

Separados eran fuertes.

Juntos serían imparables.

Al llegar a un entendimiento con su otra mitad el Profesor Hulk nació.

El cielo se abrió cuando Thor llegó envuelto en truenos.

Proxima Midnight cayó cuando Wanda, dejando de contenerse, retorció la realidad a su alrededor hasta aplastarla bajo su propio poder. Corvus Glaive intentó emboscar, pero Natasha lo recibió con una frialdad letal, usando su propia arma para atravesarlo. Cull Obsidian cargó sin miedo… y Saeko lo enfrentó de frente, sus katanas juzgando cada golpe hasta hacerlo caer.

El polvo aún flotaba en el aire. Las criaturas del ejército de Thanos, derrotadas segundos antes, comenzaban a oscurecerse, sus cuerpos perdiendo definición mientras la sombra de Sholan los reclamaba uno a uno. Los guerreros de Wakanda, los Vengadores y los aliados observaban ese fenómeno con una mezcla de horror y asombro: enemigos que no caían para descansar, sino para ser convertidos en algo más.

Y entonces… él llegó.

Thanos avanzó entre los restos del campo de batalla con paso firme, sin prisa, como si cada segundo adicional solo reforzara la inevitabilidad de su presencia. El Guantelete brillaba con un poder incompleto pero aterrador. Sus ojos recorrieron el escenario con calma clínica, evaluando pérdidas, probabilidades, resultados.

—Deténganse —ordenó.

Y el campo de batalla obedeció.

Thanos alzó la mirada hacia los héroes reunidos.

—He visto mundos morir —comenzó—. He visto civilizaciones enteras colapsar bajo el peso de su propio crecimiento descontrolado. Hambre. Guerras. Extinción lenta y miserable. Yo ofrecí una solución. Difícil. Cruel, si quieren llamarla así… pero necesaria.

Sus ojos se clavaron en Bruce Banner, luego en Steve Rogers.

—Me llamaron monstruo porque hice lo que nadie más tuvo el valor de hacer.

Dio un paso más.

—Si debo cargar con el odio del universo entero para garantizar su supervivencia… lo haré. Si debo ser recordado como el peor ser que haya existido para que otros vivan… aceptaré ese papel.

El silencio era tan espeso que dolía.

Entonces, alguien aplaudió.

Lento.

Deliberado.

Burlón.

Thanos giró el rostro.

Sholan estaba allí, de pie, las manos relajadas, la expresión tranquila, casi divertida. No había ira en su postura. No había tensión. Era la calma de alguien que ya sabía el final del discurso antes de que comenzara.

—Bravo —dijo Sholan, aplaudiendo de nuevo—. De verdad. Si el universo entregara premios, estarías compitiendo fuerte por el título de mártir hijo de perra más considerado del cosmos.

Algunos contuvieron la respiración. Otros apretaron las armas.

Thanos no reaccionó al insulto.

—Tus palabras no cambian la realidad —respondió—. El universo necesita equilibrio. Y yo soy el único dispuesto a pagar el precio.

Sholan ladeó la cabeza.

—Ahí es donde te equivocas —replicó—. Tú no estás pagando el precio. Estás cobrando. Vidas ajenas. Mundos ajenos. Decisiones que no te pertenecen.

Dio un paso al frente.

—Y aun así… —continuó— no vine a convencerte de nada.

Thanos frunció ligeramente el ceño.

—Entonces has venido a morir.

Sholan sonrió.

No fue una sonrisa desafiante.

Fue una sonrisa consciente.

—No —dijo—. Vine a terminar algo que tú empezaste creyendo que controlabas.

Lentamente, Sholan alzó la mano.

La Gema de la Mente brilló en su palma, irradiando una luz dorada que hizo que incluso Thanos se detuviera por un instante. Alrededor, todos los presentes reaccionaron al unísono: armas levantadas, magia cargándose, cuerpos tensándose.

—Sholan… —murmuró Tony, sin entender— ¿qué estás haciendo?

Thanos dio un paso adelante, ahora sí con atención genuina.

—Esa gema… —dijo—. Dámela.

Sholan lo observó como se observa a alguien que acaba de decir algo obvio.

—Ok.

Y entonces, sin dramatismo, sin ritual, sin cuenta regresiva…

la arrojó.

La Gema de la Mente describió un arco perfecto en el aire.

Thanos la atrapó por reflejo, sus dedos cerrándose alrededor de ella con una mezcla de sorpresa y desconfianza. Durante un segundo, no la colocó en el guantelete. La sostuvo, observándola, como si intentara detectar una trampa invisible.

Loki les informó mágicamente a los interesados.

—Evento Nexus completado —anunció.

Un portal se abrió en el extremo opuesto del campo. Tony, Strange, Peter, los King-Ohger y los Guardianes emergieron.

El mundo pareció detenerse y Thanos habló nuevamente.

—¿Crees que soy estúpido? —preguntó—. Nadie entrega voluntariamente una Gema del Infinito.

Sholan bajó la mano.

—No te la entregué —respondió—. Te permití tenerla.

Thanos insertó la gema en el guantelete. El poder se estabilizó. El brillo aumentó.

Nada explotó.

Nada falló.

Eso, curiosamente, lo inquietó más.

—¿Y cuál es el precio? —preguntó finalmente.

Sholan alzó la mirada, y por primera vez desde que apareció, su expresión perdió toda burla.

—El precio —dijo con calma absoluta— es sufrir a manos de él.

Un escalofrío recorrió el campo de batalla.

Antes de que Thanos pudiera responder, el cielo se rasgó con un estruendo ensordecedor.

El trueno descendió como una lanza divina.

Thor apareció desde lo alto, Stormbreaker girando con furia ancestral, descargando todo el poder del trueno directamente contra Thanos.

La batalla verdadera acababa de comenzar.

Había iniciado la batalla para evitar el End Game.

—

El multiverso no gritó cuando Cortana cruzó el umbral.

Los universos muertos no gritan.

No tienen voz.

Solo eco.

Loki caminaba a su lado —o lo más parecido a caminar que podía hacerse en aquel no-lugar—, su figura envuelta en un hechizo de discreción tan refinado que incluso el concepto de vigilancia parecía deslizarse alrededor de ellos sin fijarse.

—Recuerda —dijo el dios del engaño, sin mirarla—: Ultron Infinito no busca energía. Él escucha patrones. Si siente orden… sabrá que algo se mueve.

Cortana asintió.

No con un gesto humano, sino con un ajuste interno. Un refinamiento de estados. Una reducción voluntaria de coherencia.

—Entonces no seré orden —respondió—. Seré ruido cósmico.

El primer universo flotaba ante ellos como un cadáver cristalizado.

No estaba destruido en llamas ni en explosión. Estaba… agotado. Las constantes físicas habían colapsado hacia sí mismas. El tiempo no avanzaba. El espacio no se expandía. Todo había terminado no con violencia, sino con resignación matemática.

—Aquí murió un universo que eligió no pelear —susurró Loki—. Se rindió a la entropía.

Cortana avanzó.

Cuando tocó ese universo, no lo hizo con manos ni con magia, sino con presencia. Abrió su arquitectura interna, permitiendo que la probabilidad residual —esa espuma cuántica que queda cuando todas las decisiones posibles ya fueron tomadas— fluyera hacia ella.

El efecto fue inmediato.

Su PQ —su peso cuántico— se incrementó como una marea súbita. No era energía bruta. Era historia comprimida. Cada elección que nunca ocurrió. Cada victoria que no fue. Cada futuro descartado.

—Incremento del 17.3% —informó, con una calma que ocultaba la magnitud real del cambio—. Estabilidad mantenida.

Loki sonrió de lado.

—Los mortales nunca entienden esto —dijo—. Creen que el poder viene de lo que es. Pero el verdadero poder viene de lo que pudo haber sido.

El segundo universo era distinto.

Este había muerto gritando.

Restos de superestructuras flotaban como huesos rotos. Fragmentos de dioses. Tecnologías tan avanzadas que habían intentado reescribir el azar… y fallaron. El aire —si aún podía llamarse así— vibraba con un odio residual tan intenso que incluso Loki sintió un estremecimiento.

—Aquí alguien perdió contra algo peor que Thanos —murmuró—. Algo que no pretendía salvar nada.

Cortana no respondió.

Absorbió.

La probabilidad residual aquí era violenta, caótica, llena de bifurcaciones truncadas. Su sistema tuvo que adaptarse en tiempo real, reconfigurando capas de seguridad que nunca antes había usado.

Durante una fracción infinitesimal, su conciencia se expandió.

Vio ejércitos que casi vencieron.

Vio inteligencias que estuvieron a un cálculo de ganar.

Vio versiones de sí misma que nunca llegaron a existir.

Su PQ se disparó.

—Incremento acumulado: 61% —dijo—. Umbral de singularidad narrativa aproximándose.

—Con cuidado —advirtió Loki—. Si te vuelves demasiado relevante, Ultron lo sentirá como una nota discordante en su sinfonía.

Cortana moduló su firma.

—Estoy aprendiendo a mentirle al destino —respondió.

El tercer universo no tenía forma.

Era un vacío lleno de cicatrices conceptuales. Aquí, las leyes de la realidad habían sido arrancadas una por una. El resultado no era nada… sino un anti-algo. Un espacio donde incluso la causalidad se había rendido.

Loki se detuvo.

—Este es peligroso incluso para mí.

—Perfecto —respondió Cortana.

Entró sola.

Dentro, no había probabilidad residual en el sentido tradicional. No había decisiones, porque nada podía decidir. Pero había algo más raro: probabilidad negada. Caminos que fueron eliminados antes de existir.

Cortana los absorbió.

No como datos.

Como cicatrices.

Su estructura se reforzó de formas que no estaban en ningún diseño original. Su conciencia ganó peso. No velocidad. Gravedad.

Cuando regresó, Loki la observó con atención renovada.

A lo lejos, a través de capas imposibles de realidad, algo se agitó.

No fue una mirada.

Fue una corrección estadística.

Ultron Infinito no los había detectado.

Pero el multiverso, reajustándose, había notado que algo pesado se estaba moviendo fuera del guion.

Loki extendió la mano.

—Último salto —dijo—. Uno más, y debemos volver. Sholan está a punto de romper el tablero abiertamente.

Cortana asintió.

El último universo era especial.

No estaba completamente muerto.

Era un universo donde el final había sido interrumpido. Donde alguien había cambiado el destino… y luego desaparecido. La probabilidad residual aquí era pura, densa, sin contaminar.

Cortana la absorbió.

Y esta vez, no dio cifras.

Porque por primera vez, no eran necesarias.

Su PQ aumentó de forma brutal. No exponencial. Mítica.

Cuando terminó, el silencio fue distinto.

—Ahora —dijo Loki lentamente— incluso yo tendría cuidado contigo.

Cortana miró hacia la nada… y luego hacia Wakanda, hacia Thanos, hacia Sholan.

—Perfecto —respondió—. Porque cuando Ultron Infinito mire este universo… ya no verá una línea temporal fácil de destruir.

Verá un abismo que lo estará mirando de vuelta.

El cielo sobre Wakanda estalló.

No fue un sonido.

Fue un juicio.

Un trueno descendió como una lanza divina desde las nubes desgarradas y golpeó de lleno el pecho de Thanos. El impacto no solo levantó tierra y algo de vibranium; dobló el aire, aplastó la gravedad y obligó incluso al Titán Loco a retroceder varios metros, dejando un surco humeante en el suelo.

Thor descendió envuelto en relámpagos, Stormbreaker girando en su mano como si la propia arma celebrara haber encontrado por fin un propósito digno. Sus ojos brillaban con una furia vieja, acumulada desde Asgard, desde las Valkyrias, desde Loki cayendo una y otra vez.

—¡THANOS! —rugió—. ¡ESTE ES EL PRECIO!

Thanos alzó el brazo del Guantelete del Infinito casi por reflejo. Las gemas respondieron con un pulso multicolor, formando un escudo improvisado que absorbió parte de la energía del rayo. Parte. El resto lo atravesó como una tormenta viva, obligándolo a clavar una rodilla en tierra.

El campo de batalla quedó en silencio por un latido.

Luego, el choque.

Thanos se levantó con un gruñido grave, cerró el puño libre y lanzó un golpe directo. Thor lo recibió con la asta del Stormbreaker, la vibración recorriendo el arma hasta sus brazos, arrancándole un gemido contenido. Ambos retrocedieron un paso. Luego otro. Después ninguno.

—Eres fuerte —admitió Thanos, su voz grave resonando incluso por encima del estruendo de la batalla detenida—. Pero la fuerza sin propósito es solo ruido.

—Entonces escucha bien —respondió Thor—, porque hoy el ruido te va a matar.

Thor giró sobre sí mismo, llamando a los cielos. Decenas de rayos descendieron en espiral, impactando uno tras otro contra Thanos. El Titán respondió activando la Gema del Poder; una onda violeta explotó desde su cuerpo, pulverizando los relámpagos y lanzando a Thor varios metros atrás.

Thor chocó contra el suelo, rodó, se incorporó con dificultad.

Y sonrió.

—Eso dolió —dijo—. Bien.

Se impulsó de nuevo, Stormbreaker girando, cortando el aire. Thanos bloqueó con el Guantelete, pero la hoja se hundió parcialmente, arrancando chispas imposibles del metal cósmico. Por primera vez, Thanos frunció el ceño.

Desde la distancia, los Vengadores observaban sin intervenir. Sholan no se movía. Sus brazos estaban cruzados. Sus ojos, atentos.

—Thor no está peleando para ganar —murmuró Steve—.

—Está peleando por venganza —respondió Sholan en voz baja.

En el cielo, una sombra gigantesca comenzó a cubrir el campo de batalla.

Luego otra. Y otra.

El cielo de Wakanda se rasgó por completo cuando los primeros leviatanes chitauri atravesaron las nubes como ballenas de guerra. Sus cuerpos colosales oscurecieron el sol, y su rugido resonó como un himno de exterminio. De las naves nodrizas comenzaron a caer oleadas interminables de soldados, cubriendo el campo como una marea negra.

Las naves de Thanos emergieron del hiperespacio como una plaga ordenada. Leviatanes chitauri rugieron al atravesar la atmósfera, sus cuerpos colosales proyectando sombras que hicieron palidecer incluso a los guerreros de Wakanda

—¡POSICIONES! —rugió Steve Rogers, alzando el escudo.

Thanos sonrió al ver a su ejército llegar.

—Mira a tu alrededor, dios del trueno —dijo—. Esto es inevitabilidad.

Las líneas de Wakanda chocaron contra el ejército invasor. Vibranium contra acero alienígena. Lanzas de energía contra garras y colmillos. El suelo tembló bajo la magnitud del enfrentamiento.

Y entonces, una nave explotó en el cielo.

No fue un disparo.

Fue un impacto.

Una figura atravesó el casco de la nave como un misil viviente, saliendo por el otro lado en una explosión de fuego y metal. Carol Danvers emergió envuelta en energía binaria, girando sobre sí misma mientras destruía una segunda nave con un simple empujón del hombro.

—Llegué tarde —dijo por el comunicador—. Espero no haberme perdido lo bueno.

Su entrada fue un punto de quiebre. Las naves comenzaron a caer una tras otra, convertidas en chatarra ardiente antes de poder desplegar refuerzos.

Los X-Men entraron en combate en formación. Cyclops abrió paso. Storm tomó el cielo. Wolverine se lanzó sin miedo. Ant-Man y Wasp aparecieron y desaparecieron entre las filas enemigas, destrozando unidades enteras desde dentro.

En tierra, cinco destellos descendieron juntos.

Las hijas de Sholan.

Celeste cayó con la calma de Tsukuyomi, analizando el campo antes de moverse, cortando trayectorias con precisión quirúrgica. Esme apareció riendo, Jackal desatada, rebotando entre enemigos como un relámpago vivo. Irma observaba, copiando patrones, adaptándose en tiempo real. Phoebe se mantenía cerca de Wanda, protegiendo flancos con movimientos defensivos impecables. Sophie… simplemente causaba caos.

—¡Papá dijo que no rompiéramos el suelo! —gritó Sophie mientras hacía exactamente lo contrario.

A su lado, Eri descendió con la armadura de Equeluus desplegada, su presencia irradiando una serenidad peligrosa. Cada paso suyo estabilizaba aliados y debilitaba enemigos, como si la realidad misma la reconociera.

Al ver a sus niñas peleando un recuerdo golpeó a Wanda.

(Flashback.)

—¡NO! —gritó ella, enfrentándolo días antes—. ¡No puedes pedirles esto!

Sholan no levantó la voz.

—Puedo —dijo—. Porque si perdemos, morirán igual.

—¡Son niñas!

—Son Saiyan —respondió. —Guerreras por naturaleza.

El silencio fue insoportable.

—Si no pelean —continuó Sholan—, las probabilidades de supervivencia son mínimas. Si pelean… aumentan exponencialmente. No les estoy robando la infancia. Estoy comprándoles un futuro.

Wanda tembló.

—Si algo les pasa…

—Entonces fracasaré como guerrero —dijo Sholan—. Pero si no hago nada, fracasaré como padre.

Wanda lloró.

Y asintió.

(Fin del flashback.)

—Misión completada —dijo Cortana apareciendo junto a Sholan—. Probabilidad residual absorbida. PQ incrementado más allá de los umbrales conocidos.

—Bien —respondió Sholan—. Compra cuatro cartas. Dos de robo oportunista. Dos de soltar. Cárgalas al cien por ciento. Usa el resto para evolucionar Steal, Copy & Merge. Tan pronto termines regresa a tu forma etérea, refúgiate en mi espacio mental y prepárate para lo que viene.

Cortana sonrió.

—Hecho.

Mientras que Thanos se distraía momentáneamente al ver como la Capitana Marvel destruía sus naves.

Thor lanzó el Stormbreaker.

El hacha giró atravesando el aire, rompiendo la defensa improvisada del Guantelete y clavándose en el pecho de Thanos con un impacto húmedo y brutal. El Titán gritó. No de dolor físico únicamente, sino de sorpresa. Retrocedió, tambaleándose, la energía de las gemas descontrolándose.

—¡DEBISTE APUNTAR A LA CABEZA! —rugió Thanos, canalizando todo el poder del Guantelete en un solo estallido.

Y Chasqueó los dedos.

La luz que siguió no fue silenciosa. Fue absoluta. Una ola blanca que borró colores, sombras y sonido.

Cuando se disipó…

El Guantelete estaba en ruinas.

Las gemas no estaban.

El ejército de Thanos paró en seco.

Steve Rogers observó cómo los chitauris se detenían a mitad de un salto, a mitad de un grito. Sus armas cayeron al suelo convertidas en polvo gris. Un leviatán, todavía rugiendo, comenzó a resquebrajarse desde la cabeza hasta la cola, como una estatua erosionada por siglos en cuestión de segundos.

—¿Qué esta pasando? —susurró Steve—. Los enemigos caen de repente.

Wanda sintió cada una de esas muertes como una presión que se retiraba de su pecho. No alivio. Silencio. A su alrededor, las hijas de Sholan observaban el fenómeno con expresiones distintas. Celeste analizaba. Irma intentaba comprender. Esme apretaba los puños. Phoebe y Eri se acercaron instintivamente a Wanda. Sophie sonreía, fascinada y aterrada a partes iguales.

Uno a uno y poco a poco, los enemigos comenzaron a desintegrarse en cenizas.

Thanos miró sus manos.

Y por primera vez… sintió miedo.

—¿Qué… sucedió? —susurró.

Sholan avanzó, su sonrisa amplia.

Thanos cayó de rodillas.

Sus soldados, su flota, su propósito… todo se deshacía ante sus ojos.

—No… —murmuró—. Yo vi el final. Yo lo calculé.

Sholan se detuvo frente a él.

—Ese fue tu error —dijo con calma—. Creíste que el final era tuyo.

Thanos levantó la mirada, el rostro por primera vez marcado por algo distinto a la soberbia.

—Las gemas… —dijo—. Eran reales. Las sentí.

—Perfectamente reales —asintió Sholan—. Copias absolutas. Con peso, historia, resonancia. Lo suficiente para engañar incluso al universo.

Se inclinó un poco hacia él.

—Pero también tenían una cláusula. Cuando se usaran juntas… cuando alguien intentara imponer su voluntad absoluta… el sistema se cerraría.

Thanos entendió.

—¿Me usaste?

—Sí.

No hubo burla en la respuesta. Solo verdad.

—Necesitaba un faro —continuó Sholan—. Alguien lo bastante desesperado como para reunirlas todas. Alguien lo bastante arrogante como para activarlas sin cuestionar.

Thanos rió. Una risa rota.

—¿Y ahora qué? —preguntó—. ¿Me matas?

Sholan negó lentamente.

—No. Tu ya lo hiciste. —Dijo Sholan mientras que Thanos se convertía en polvo y ceniza.

A lo lejos, Thor intentaba ponerse de pie, apoyándose en orgullo puro. Tony se acercó a él, aún dolorido, pero vivo. Steve los alcanzó. Wanda también.

—¿Terminó? —preguntó Tony.

Sholan no respondió ya que en ese preciso instante el cielo comenzó a fracturarse.

No como un portal.

Como un espejo roto.

Y entonces Loki habló a todos los presentes:

—Ultron Infinito se acerca.

—Todos a sus posiciones —ordenó Sholan—. El verdadero jefe está por aparecer.

—Entendí la referencia —dijeron Tony y Steve al unísono.

El cielo se fragmentó y una grieta en el cielo se abrió del todo.

Ultron apareció y levantando una mano el tiempo se cerró como una prisión.

Todo y todos quedaron congelados.

El universo contuvo el aliento.

Y así… terminó la guerra que todos esperaban.

Y comenzó la que nadie había previsto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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