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[Fútbol] Me retirare a los 21 - Capítulo 35

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35: Capítulo 35 35: Capítulo 35 El capital más valioso de cualquier corporativo no es su mobiliario, ni su flotilla de vehículos; es su propiedad intelectual y su personal clave.

Pero cuando esa propiedad intelectual y ese personal clave residen dentro de un cuerpo de diecisiete años que corre el riesgo de ser fracturado por un zapatazo con tacos de aluminio, la gestión de riesgos se convierte en la prioridad absoluta.

Era sábado por la mañana.

El partido de vuelta de la semifinal en nuestra casa, Verde Valle.

Llegábamos con una ventaja global de dos a cero, producto de mi despliegue físico brutal en Coapa.

Durante la semana, el contador interno de mi mente había estado trabajando horas extras.

Había revisado las cláusulas de mi contrato docenas de veces.

Llegar a la final estaba bien, pero ganar la final detonaba el bono doble por campeonato.

Ese era el verdadero Santo Grial financiero de la temporada.

Si me dejaba llevar por la inercia de correr a lo loco hoy y un defensa del América me rompía el tobillo por pura frustración, me perdería la final.

El equipo tal vez ganara, pero yo no podría cobrar la prima por participación directa en el partido por el título.

El plan de negocios para hoy era claro: preservación de activos.

En el vestidor, mientras el Profe Coyote daba sus últimas instrucciones pidiendo intensidad, yo me acerqué a Valdés y a Sánchez.

—Señores, hoy hay un cambio en la estructura operativa —les dije en voz baja, ajustándome las espinilleras—.

En la ida fui el obrero de choque.

Hoy vuelvo a la gerencia.

El América va a salir a cazar cabezas porque están eliminados.

No voy a ir a un solo balón dividido.

No voy a chocar.

Valdés frunció el ceño, apretándose la cinta de capitán en el brazo.

—Pero Vela, si tú no aprietas arriba, se nos van a venir encima con todo.

Necesitamos que los asustes.

—Los voy a asustar con el balón en los pies, Valdés, pero no voy a arriesgar el hardware a un paso de la final.

Tu trabajo es defender el área como si fuera la bóveda del banco central.

El tuyo, Sánchez, es correr a la espalda de sus centrales cada vez que yo tenga la pelota en el medio campo.

No me la pidan al pie, pídanla al espacio.

Salimos a la cancha.

El clima era perfecto, pero el ambiente estaba tenso.

El América, vestido de amarillo y azul, tenía esa mirada desesperada de los animales acorralados.

Sabían que su única oportunidad era ensuciar el partido, provocar expulsiones y lesionarnos.

El árbitro dio el silbatazo.

Tal como lo pronostiqué, las Águilas salieron a morder.

En el primer balón que recibí, el contención americanista voló por los aires con los dos pies por delante, directo a mis rodillas.

Aplicando la estricta política de protección patrimonial, no intenté cubrir el balón ni hacer una finta.

Simplemente di un salto hacia atrás, abandonando la pelota por completo.

El jugador del América pasó barriendo el aire y se llevó el balón, pero no me tocó ni un solo pelo.

Desde la banca, el Profe Coyote me gritó que metiera la pierna.

Lo ignoré.

El ego no paga las cuentas.

Los primeros cuarenta y cinco minutos fueron un ejercicio de evasión absoluta.

Jugaba a un toque.

A veces, si veía que me iban a hacer el “dos contra uno”, daba el pase incluso antes de controlar la pelota.

Me convertí en una sombra inofensiva en el roce físico, pero letal en la distribución.

Sin embargo, el América empujaba con el corazón de una institución histórica.

Al minuto cuarenta y uno, lograron lo que tanto buscaban.

En una serie de rebotes feos dentro de nuestra área, un delantero rival logró puntear la pelota y vencer a nuestro portero.

Cero a uno.

El global se ponía dos a uno a nuestro favor.

Mis compañeros empezaron a ponerse nerviosos.

Se miraban entre ellos.

Irnos al descanso con el América a un solo gol de empatar la serie no estaba en los presupuestos de nadie.

En el vestidor, durante el medio tiempo, había un silencio sepulcral.

—Estás muy pasivo, Carlos —me recriminó el entrenador, secándose el sudor de la frente—.

Te están ganando la espalda.

Necesito que retengas el balón, que provoques faltas, ¡que hagas que pase el tiempo!

—Retener el balón implica absorber impactos, Profe.

Y un impacto mal calculado hoy significa perder el campeonato la próxima semana —respondí, bebiendo agua con total tranquilidad—.

Estamos operando con margen de ganancia.

Ellos tienen que buscar otro gol.

Cuando la desesperación los obligue a adelantar sus líneas hasta el medio campo en los últimos quince minutos, yo cerraré la operación.

Confíe en el modelo matemático.

Salimos para la segunda mitad.

Y fue entonces cuando decidí apagar mis emociones por completo y dejar que el espectáculo lo narraran otros.

Yo solo iba a ser el algoritmo que resolviera la ecuación.

—¡Qué dramatismo, amigas y amigos!

¡La tensión se puede cortar con un cuchillo aquí en Verde Valle!

—la voz del narrador retumbaba por los micrófonos de la transmisión televisiva, resonando en miles de hogares—.

¡Arranca la segunda mitad!

¡El América lo gana uno a cero en la cancha, pero pierde dos a uno en el global!

¡Están a un solo gol de la hazaña, a un solo tanto de eliminar a las Súper Chivas!

—Paco, el América huele sangre.

Saben que el Guadalajara está dudando.

Y me llama muchísimo la atención el partido de Carlos Vela.

El número 42 no ha querido meter la pierna.

Parece que le tiene miedo al contacto.

Está jugando de ‘puntitas’, soltando el balón rapidísimo para no recibir golpes.

Es como si estuviera pensando más en no lastimarse que en asegurar el pase a la final.

—¡Pues más le vale despertar, Paco, porque si el América mete el segundo, el Rebaño se nos va de vacaciones!

¡Minuto cincuenta y cinco!

¡América encima!

¡Centro por la banda izquierda!

¡Valdés se levanta y rechaza como puede!

¡El rebote le cae a Vela fuera del área!

»¡Vela no arranca!

¡Pisa el balón!

¡Un mediocampista del América se lanza como locomotora para reventarlo!

¡Vela simplemente toca hacia un costado para su lateral y se quita del camino, evitando la barrida!

¡No quiere saber nada de choques hoy!

—Se está cuidando, mi estimado.

Es evidente.

Sabe que los de Coapa vienen a repartir leña y no quiere arriesgar el físico.

Pero al hacer eso, le está cediendo toda la iniciativa al rival.

América recupera el balón rapidísimo.

—¡Minuto setenta!

¡El tiempo es el peor enemigo del América y el mejor amigo de Chivas!

¡Las Águilas ya están atacando con seis hombres!

¡Han dejado una autopista en su zona defensiva!

¡Tiro de esquina para el equipo visitante!

¡Sube hasta el portero americanista, Paco!

¡Es a matar o morir!

»¡Viene el cobro al manchón penal!

¡Rechaza la defensa tapatía!

¡El balón sale rebotado hacia el círculo central!

»¡Y ahí está Carlos Vela!

¡Completamente solo porque todo el América está en el área de Chivas!

¡Vela controla con el pecho!

¡Baja la pelota con una suavidad insultante!

»¡Solo queda un defensa del América retrocediendo desesperado!

¡Vela tiene cincuenta metros de pasto libre frente a él!

»¡Pero qué hace!

¡No corre!

¡Vela se queda parado en el medio campo pisando el balón!

—¡Está congelando el tiempo!

Paco, el estadio entero le grita que corra hacia la portería, pero él no se mueve.

El último defensa del América se le queda viendo sin saber qué hacer.

Los jugadores del América que habían subido a rematar vienen regresando a toda velocidad, asfixiados, corriendo por sus vidas.

—¡Es una escena surrealista en Verde Valle!

¡Vela está parado como estatua, con la suela sobre la pelota!

¡Ya vienen tres americanistas a cerrarle el paso!

¡Están a cinco metros, a cuatro, a tres!

¡Van a llegar a desarmarlo!

»¡Y justo en el momento en que los tres jugadores le caen encima como una jauría, Vela hace un movimiento de cadera imperceptible!

¡Puntea la pelota por arriba de ellos!

¡Un “sombrerito” triple!

¡Los tres jugadores del América chocan entre sí intentando frenar la inercia de su propia carrera de regreso!

»¡Vela pasa caminando por un lado del tumulto!

¡Recupera la pelota!

¡Levanta la vista!

¡Sánchez venía corriendo a todo pulmón por la banda izquierda!

»¡Vela no voltea a verlo!

¡Da un pase de “no mirar”, golpeando el balón con el tobillo hacia afuera!

¡Una asistencia que rompe la física!

»¡El balón rueda cincuenta metros con una precisión de francotirador!

¡Sánchez recibe frente al portero americanista que venía regresando a su arco!

¡Sánchez dispara!

»¡Goooooooooooooooooooooool!

¡Goooooooolazo de las Chivas Rayadas del Guadalajara!

¡Gooool de Sánchez, pero qué pedazo de obra de arte acaba de pintar Carlos Vela en el medio campo!

¡Se burló de todo el América sin dar un solo pique!

¡Uno a uno en el partido, tres a uno en el global!

¡Se acabó la eliminatoria al minuto setenta y dos!

—¡Me pongo de pie, Paco!

¡Lo de este chamaco no tiene madre!

¡Nos engañó a todos!

Pensamos que tenía miedo, pensamos que se estaba escondiendo.

¡Pero estaba administrando la desesperación del rival!

Esperó a que el América estuviera totalmente volcado, los dejó regresar corriendo cincuenta metros solo para cansarlos, los atrajo como moscas a la miel y con un solo toque los liquidó.

Y lo hizo sin recibir una sola falta, sin arriesgar el físico.

Es el jugador más frío que he visto en mi vida.

—¡El estadio de Verde Valle es un manicomio!

¡La afición rojiblanca canta el “Cielito Lindo”!

¡Los jugadores de Chivas están abrazados formando una montaña humana sobre Sánchez!

»¿Y dónde está Vela?

¡La cámara lo busca!

¡Ahí está!

¡Caminando tranquilamente hacia el centro del campo, bebiendo agua de una bolsita que le pasó un utilero!

¡No hay una sola gota de sudor en su frente!

¡Parece que acaba de terminar un partido de ajedrez dominical!

»¡Minuto ochenta y cinco!

El América está moralmente destruido.

Físicamente aniquilados.

Sus jugadores ya ni siquiera presionan.

Chivas toca la pelota de un lado a otro.

¡Olé!

¡Olé!

¡Grita la tribuna!

»¡Tiro libre para Chivas en la frontal del área, un poco cargado a la derecha!

¡Vela acomoda la pelota!

Paco, a estas alturas, el portero del América ya tiene la mirada perdida.

Pone una barrera de cuatro hombres, pero se le ve la resignación en el rostro.

»¡El árbitro pita!

¡Vela toma apenas dos pasos de distancia!

¡Le pega de parte interna!

¡No le mete potencia, le mete pura colocación!

¡Un pase a la red!

¡La pelota vuela suavecita, hace una comba elegante por encima de la barrera y baja justo en la horquilla!

¡El portero ni siquiera se tira, solo gira la cabeza para ver cómo entra!

»¡Goooooooooooooooooooooool!

¡Goooooooolazo de poesía pura!

¡El dos a uno que sella la victoria!

¡Cuatro a uno el global!

¡Carlos Vela le pone la cereza al pastel con una definición de billarista profesional!

—Es un insulto a la pasión, Paco, y te lo digo como un halago.

Mientras todos viven el fútbol a doscientas pulsaciones por minuto, lloran, gritan y se desgarran, este muchacho opera a temperatura bajo cero.

Salió a la cancha con la única misión de no lesionarse para estar en la final, y terminó regalando dos de las jugadas más espectaculares del torneo usando la ley del mínimo esfuerzo.

—¡El árbitro no quiere ver más sangre!

¡Se lleva la ocarina a los labios y levanta los brazos al cielo!

¡Se acabó!

¡Termina el partido!

¡Las Chivas Rayadas del Guadalajara están en la Gran Final de la Liga MX Sub-20!

»¡Han destrozado al América en las semifinales con un global de cuatro goles por uno!

¡El equipo rojiblanco es una fiesta!

¡Fuegos artificiales en Verde Valle!

»La cámara enfoca por última vez al genio incomprendido, al ingeniero tapatío.

Carlos Vela se desata los botines, le entrega su camiseta a un niño recogebalones que se la pidió llorando de la emoción, y se marcha por el túnel de vestidores con la mirada fija en el horizonte.

¡Él no celebra las clasificaciones, Paco, él solo celebra los campeonatos!

»¡Señoras y señores, gracias por acompañarnos en esta transmisión histórica!

¡Nos vamos a la Final!

¡Carlos Vela está intacto, el Rebaño está invicto, y el fútbol nos regalará un cierre de temporada de auténtica locura!

¡Hasta la próxima!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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