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Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 672

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Capítulo 672: Huéspedes de la habitación de al lado

—¡Estoy cuidando mis modales! Y solo he pedido una solución obvia. ¿¡No quieres tú también que nuestra habitación esté al lado de la tuya!? —preguntó Ruby con impaciencia.

—Claro que quiero. Pero gritar, amenazar o decir lo obvio no te conseguirá una habitación.

—¿Entonces cómo?

—Mira y aprende —dijo Rudy con una expresión de suficiencia en el rostro.

—Seguro que usarás tus poderes —se burló Ruby—. ¿Alguna vez has hecho algo por tu cuenta? Siempre has dependido de tu poder para hacerlo todo.

—Ruby, eso ha sido de mala educación —dijo Maria, frunciéndole el ceño.

—Solo digo la verdad, ¿no es así? Tú, más que nadie, deberías saberlo.

—No usó su poder en el torneo de apuestas. Incluso cuando nos conocimos, nunca usó sus poderes. De hecho, para todo lo que ha hecho por nosotras hasta ahora, nunca ha usado su poder, excepto en las batallas. Por supuesto, no incluyo volar y la teletransportación, ya que son poderes básicos de transporte.

—Yo… —Ruby apartó la cara y murmuró—. No lo sabía.

—Entonces no deberías hablar de lo que no sabes nada.

—…Lo siento. Es que no me gusta que intente darme lecciones cada vez que hago algo.

—¿No podemos hacer nada con las habitaciones? —le preguntó Rudy a uno de los guardias.

—Ya está todo planeado y no podemos hacer nada. Si lo desea, puede hablar con el Maestro.

El guardia le entregó un dispositivo de comunicación.

—Sí, eso haré.

[¿Quién es?] —preguntó ella.

—Soy yo.

[Oh, hola. Parece que has llegado a tiempo.]

—Sí, gracias a tu transporte y al servicio especial VVIP.

[Supongo que no me contactas para mostrar tu gratitud. Eso no es propio de ti.]

—Sí, en eso has acertado —suspiró Rudy.

[¿Necesitas algo? ¿O has encontrado algo desagradable aquí? ¿O has llamado para quejarte? Si quieres hablar conmigo, podemos hablar en privado más tarde.]

—¿Hay alguna forma de que pueda tener la habitación de al lado? —Rudy fue directo al grano.

[Lamentablemente, no es posible.]

—¿Por qué no?

[Esa habitación está asignada a otra persona. El huésped se disgustará si le pedimos que cambie de habitación en el último momento. Tú te sentirías igual, ¿no?]

—Desde luego. Pero, ¿ya han llegado los huéspedes? Si no lo han hecho, estoy seguro de que podéis cambiar las habitaciones.

[Sí, llegaron hace una hora. Ya se han instalado.]

—Entonces, ¿qué hay de la habitación del otro lado?

[Tienes la habitación de la esquina, así que no hay habitación al otro lado.]

—Ya veo. ¿Y la habitación de al lado de la de Mia?

[Ehm, no conozco a nadie con ese nombre.]

—Estoy hablando de Ruby. Su habitación está debajo de la mía, ¿qué hay de la habitación de al lado de la suya? ¿Han llegado ya los huéspedes de allí también?

[Así es. No iba a decírtelo, pero sois los últimos huéspedes en llegar a la isla. Os estaba esperando para empezar la subasta.]

—Vaya. Eso sí que es una pulla sutil.

[La habitación no es adecuada para que quepan seis personas. De lo contrario, os aconsejaría que cogierais una sola habitación.]

—Así que, en pocas palabras… ¿no hay nada que podamos hacer?

—¡Je! —se burló Ruby, como provocando a Rudy.

Tras un breve silencio, Lu Bela dijo: [Hay una opción.]

—Siempre estoy abierto a las opciones. ¿Cuál es?

[Pídeselo al huésped de la habitación de al lado y convéncelo para que cambie de habitación. Es la mejor y más pacífica solución que se me ocurre.]

—Eso será pan comido.

[Por favor, abstente de usar tus poderes. Especialmente el control mental, aunque no es como si me fuera a enterar aunque lo usaras.]

—¿Acabas de darme permiso indirectamente para hipnotizar al huésped y convencerlo de que cambie de habitación?

[Eso no lo has oído de mí.]

¡BIP~ BIP!

Rudy miró a las chicas, que lo observaban con desaprobación.

—¿Qué?

—Maria ha dado la cara por ti, así que no la decepciones.

—Solo mírame. Soy un profesional cuando se trata de convencer a la gente. Vale, eso era una broma.

—Os llevaré a la habitación.

El grupo siguió a los guardias, que los llevaron hasta el final del pasillo.

—Las habitaciones de las esquinas son más grandes que el resto, y por eso el Maestro insistió en que tuvierais una.

—Vosotras podéis descansar en la habitación —les dijo Rudy a las chicas—. Yo hablaré con nuestro vecino y encontraré la forma de convencerlo… o convencerla.

—Vosotros dos —les dijo a los guardias—. Gracias por enseñarnos el camino. Ya podéis iros.

—Pero el Maestro nos ha asignado como sus guardias personales hasta que termine la subasta. La vida de todos corre peligro aquí, incluida la suya.

—Estoy bastante seguro de que la vida de todos corre peligro, pero por mí.

Ambos guardias se miraron el uno al otro y dijeron: —Al menos déjenos hacer guardia frente a sus habitaciones. Tenemos una tarea, así que no nos la quite.

«Las Subhojas son bastante sensibles con sus tareas, lo llaman su razón para vivir y todo eso. Así que les dejaré hacer lo que quieran», pensó Rudy.

—De acuerdo, podéis quedaros. Pero hablaré con el vecino a solas. Se asustarán si ven guardias en su puerta.

Rudy caminó hacia la puerta de la habitación contigua y llamó.

«Esto no debería ser muy difícil».

Rudy miró de reojo a un lado y vio a Ruby espiando desde el umbral de la puerta.

—Te veo.

—No intentaba esconderme —dijo Ruby, saliendo de la habitación.

—Iré contigo. Se puso al lado de Rudy.

—¿Por qué? ¿Para asegurarte de que no uso mis poderes? —suspiró con un leve bufido.

—No. Estás haciendo esto por mí, así que como mínimo debo mostrar mi gratitud acompañándote.

—Entonces, adelante, llama tú a la puerta.

Ruby llamó a la puerta y dijo: —Disculpe, nos gustaría hablar con usted un segundo. ¿Puede abrir la puerta?

Un minuto después, la puerta se abrió y los ojos de Rudy se agrandaron al ver al huésped.

—Tú eres…

Cuando la puerta se abrió, fueron recibidos por música a todo volumen. Aun así, no se oía ni un solo ruido fuera de la habitación cuando la puerta estaba cerrada.

Ocho Subhojas de alto rango en la habitación, dos en cada esquina. Había una docena de chicas bailando dentro, y la habitación apestaba a perfume y alcohol.

«¿Qué pasó con eso de que “la habitación no es apta para seis personas”?», musitó Rudy para sus adentros. «¿Y por qué hay tantas chicas en la habitación? El pase solo permitía dos personas. Quienquiera que sea el invitado, debe de ser un pez gordo del submundo».

Una chica había abierto la puerta, pero pronto un anciano apareció ante ellos y saludó a Rudy y a Ruby.

—¿Sí? ¿Necesitan algo? —preguntó.

—Tú eres… —dijo Rudy, enarcando las cejas—. Vaya, hola. Cuánto tiempo sin vernos.

Rudy lo saludó con una sonrisa socarrona.

—Ejem… ¿te conozco de algo? —preguntó el anciano.

—¿Te has olvidado de mí? Bueno, supongo que han pasado dieciocho años, así que no puedes reconocerme —dijo Rudy, tocándole con el dedo la vieja cicatriz del cuello al anciano—. ¿Me recuerdas ahora?

El anciano se llevó la mano a la cicatriz y dijo: —Me la hice en los disturbios del submundo hace dieciocho años.

—Lo sé. Y yo soy el que te salvó. Por no mencionar… toda la riqueza que obtuviste de mí…

—¡Oh! ¡Ya me acuerdo de ti! —exclamó el anciano.

El anciano no era otro que el mercader que Rudy solía visitar en el submundo para cambiar el oro por dinero.

—Pero… ¿por qué te ves igual después de todos estos años? ¿Te hiciste una cirugía avanzada? ¿O es otra cosa? ¡Por favor, dímelo! Me gustaría volver a ser joven.

—También puedo hacer que parezcas joven, pero eso no cambiaría nada por dentro. ¿Aun así lo quieres? —preguntó Rudy con curiosidad.

—Si digo que sí, ¿las arrugas de mi cara desaparecerán, pero el dolor de mis articulaciones no?

—Así es.

—¿Cambiará mi deseo sexual? ¿Podré durar más en la cama?

—Lamentablemente, eso es un defecto de fábrica. No puedes cambiarlo, sobre todo a esta edad.

—Qué pena. Entonces prefiero quedarme como estoy. Más o menos, no perderé nada. La fortuna que obtuve comerciando contigo durante un año me convirtió en quien soy hoy. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó el anciano con sinceridad.

—¿Te gustaría que intercambiáramos las habitaciones?

—Ejem… —el anciano miró a las chicas que bailaban animadamente en la habitación y dijo—: Podría decir que sí, pero… la habitación es un desastre. El interior es el mismo en todas las habitaciones, así que eso no es un problema.

—No pasa nada. Puedo limpiar el desastre.

—Bueno… claro. No le diría que no a mi amuleto de la suerte.

«Hubiera preferido mucho más que una mujer sexy me llamara “amuleto de la suerte” en lugar de un anciano».

La música se detuvo, y el anciano salió de la habitación con las chicas y los guardias.

—¡Vamos, chicas, la noche aún es joven! ¡Vamos a divertirnos mucho más! —dijo el anciano mientras les daba una nalgada a dos chicas con ambas manos.

Rudy se giró hacia el guardia de Ruby y le dijo: —¿Puedes enseñarles la habitación?

El guardia asintió y los llevó a todos al ascensor.

El anciano saludó a Rudy con la mano y dijo: —¡Hasta luego~! Y sí… ¡feliz puja~!

Rudy entró en la habitación y Ruby lo siguió.

—Cuando dijo que la habitación estaba desordenada, supuse que habría bebidas y vasos por toda la habitación, pero… —Ruby negó con la cabeza y dijo—: Esto es un desorden de otro nivel.

Rudy se paró en medio de la habitación y empezó a arreglarla usando sus poderes de telequinesis.

—Me sorprende que conocieras al anciano.

—¿Por qué?

—¿No lo sabes? Todo el mundo en el submundo lo conoce. Es como una celebridad allí.

—No tenía ni idea, ni me importa.

—Posee al menos tres mansiones en todos y cada uno de los submundos del mundo. También es el productor y patrocinador de la mayoría de los eventos que ocurren en el submundo. Lo más probable es que también esté financiando esta subasta.

—Todo gracias a mí. Y con razón se le permitió tener tantas chicas en la habitación y también una seguridad tan estricta.

Rudy juntó las bebidas en un solo lugar y se giró hacia Ruby. —¿Bebes?

—No. Nunca le he visto el atractivo, ni he entendido nunca por qué la gente bebe.

—Al menos, en eso estamos de acuerdo.

—Cualquier cosa que pueda ser adictiva es un rotundo no para mí. De ninguna manera seré esclava de una adicción —aseveró Ruby.

—Yo era igual. Hasta que… —suspiró Rudy.

—¿Hasta que? —preguntó Ruby con curiosidad.

—Me volví un adicto.

—Espera, ¿bebes? ¿O te refieres a la adicción al juego? Para ser sincera, no lo considero una adicción. Para mí es más o menos como un trabajo.

—No, hablaba del sexo. Soy un adicto al sexo, pero creo que lo tengo bajo control… más o menos.

—Cualquier cosa puede ser adictiva… si eso te hace sentir mejor.

Rudy siguió arreglando la habitación y convirtió la basura en nada, sin dejar ni rastro de ceniza.

Ruby se sentó en la cama y dijo: —Debe de ser increíble poder hacer todo eso sin esfuerzo.

—Puede que parezca que no requiere esfuerzo, pero necesita mucho trabajo duro y precisión. Cuando estaba aprendiendo a controlar la telequinesis, rompía cosas por accidente. Fueron tiempos difíciles.

—Supongo que me equivocaba contigo —masculló Ruby.

—¿Mmm?

—No eres un completo imbécil.

—¿Se supone que eso es un cumplido? Porque si lo es, estoy seguro de que podría haberse dicho de una forma mejor.

—Ver al anciano me ha recordado la cruda realidad.

—¿Ah, sí?

—Los ricos, los guapos y los fuertes pueden tener lo que quieran.

—Eh… ¿qué intentas decir? —preguntó Rudy con cara de desconcierto.

—Hablo de las parejas sexuales. Pueden tener múltiples chicas o chicos para acostarse con ellos y cambiarlos una vez que han terminado de usarlos. Pueden tener tantas parejas como quieran, pero lo único que los mantiene unidos es el sexo.

—Mientras tanto, tú eres rico, guapo y poderoso; más que nadie en el mundo. Y, sin embargo, no haces las cosas que hacen los demás. Tienes múltiples parejas, pero mantienes una relación de amor mutuo con ellas.

—Eres… humilde —Ruby suspiró y añadió—: No puedo creer que esté diciendo esto, pero ahora te respeto un poco.

—Oye, oye, no te enamores de mí —bromeó Rudy.

—¡Je! No te creas tanto.

===

¡Gracias, @Russdogg, por el regalo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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