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Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 673

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Capítulo 673: Un hombre humilde

Cuando la puerta se abrió, fueron recibidos por música a todo volumen. Aun así, no se oía ni un solo ruido fuera de la habitación cuando la puerta estaba cerrada.

Ocho Subhojas de alto rango en la habitación, dos en cada esquina. Había una docena de chicas bailando dentro, y la habitación apestaba a perfume y alcohol.

«¿Qué pasó con eso de que “la habitación no es apta para seis personas”?», musitó Rudy para sus adentros. «¿Y por qué hay tantas chicas en la habitación? El pase solo permitía dos personas. Quienquiera que sea el invitado, debe de ser un pez gordo del submundo».

Una chica había abierto la puerta, pero pronto un anciano apareció ante ellos y saludó a Rudy y a Ruby.

—¿Sí? ¿Necesitan algo? —preguntó.

—Tú eres… —dijo Rudy, enarcando las cejas—. Vaya, hola. Cuánto tiempo sin vernos.

Rudy lo saludó con una sonrisa socarrona.

—Ejem… ¿te conozco de algo? —preguntó el anciano.

—¿Te has olvidado de mí? Bueno, supongo que han pasado dieciocho años, así que no puedes reconocerme —dijo Rudy, tocándole con el dedo la vieja cicatriz del cuello al anciano—. ¿Me recuerdas ahora?

El anciano se llevó la mano a la cicatriz y dijo: —Me la hice en los disturbios del submundo hace dieciocho años.

—Lo sé. Y yo soy el que te salvó. Por no mencionar… toda la riqueza que obtuviste de mí…

—¡Oh! ¡Ya me acuerdo de ti! —exclamó el anciano.

El anciano no era otro que el mercader que Rudy solía visitar en el submundo para cambiar el oro por dinero.

—Pero… ¿por qué te ves igual después de todos estos años? ¿Te hiciste una cirugía avanzada? ¿O es otra cosa? ¡Por favor, dímelo! Me gustaría volver a ser joven.

—También puedo hacer que parezcas joven, pero eso no cambiaría nada por dentro. ¿Aun así lo quieres? —preguntó Rudy con curiosidad.

—Si digo que sí, ¿las arrugas de mi cara desaparecerán, pero el dolor de mis articulaciones no?

—Así es.

—¿Cambiará mi deseo sexual? ¿Podré durar más en la cama?

—Lamentablemente, eso es un defecto de fábrica. No puedes cambiarlo, sobre todo a esta edad.

—Qué pena. Entonces prefiero quedarme como estoy. Más o menos, no perderé nada. La fortuna que obtuve comerciando contigo durante un año me convirtió en quien soy hoy. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó el anciano con sinceridad.

—¿Te gustaría que intercambiáramos las habitaciones?

—Ejem… —el anciano miró a las chicas que bailaban animadamente en la habitación y dijo—: Podría decir que sí, pero… la habitación es un desastre. El interior es el mismo en todas las habitaciones, así que eso no es un problema.

—No pasa nada. Puedo limpiar el desastre.

—Bueno… claro. No le diría que no a mi amuleto de la suerte.

«Hubiera preferido mucho más que una mujer sexy me llamara “amuleto de la suerte” en lugar de un anciano».

La música se detuvo, y el anciano salió de la habitación con las chicas y los guardias.

—¡Vamos, chicas, la noche aún es joven! ¡Vamos a divertirnos mucho más! —dijo el anciano mientras les daba una nalgada a dos chicas con ambas manos.

Rudy se giró hacia el guardia de Ruby y le dijo: —¿Puedes enseñarles la habitación?

El guardia asintió y los llevó a todos al ascensor.

El anciano saludó a Rudy con la mano y dijo: —¡Hasta luego~! Y sí… ¡feliz puja~!

Rudy entró en la habitación y Ruby lo siguió.

—Cuando dijo que la habitación estaba desordenada, supuse que habría bebidas y vasos por toda la habitación, pero… —Ruby negó con la cabeza y dijo—: Esto es un desorden de otro nivel.

Rudy se paró en medio de la habitación y empezó a arreglarla usando sus poderes de telequinesis.

—Me sorprende que conocieras al anciano.

—¿Por qué?

—¿No lo sabes? Todo el mundo en el submundo lo conoce. Es como una celebridad allí.

—No tenía ni idea, ni me importa.

—Posee al menos tres mansiones en todos y cada uno de los submundos del mundo. También es el productor y patrocinador de la mayoría de los eventos que ocurren en el submundo. Lo más probable es que también esté financiando esta subasta.

—Todo gracias a mí. Y con razón se le permitió tener tantas chicas en la habitación y también una seguridad tan estricta.

Rudy juntó las bebidas en un solo lugar y se giró hacia Ruby. —¿Bebes?

—No. Nunca le he visto el atractivo, ni he entendido nunca por qué la gente bebe.

—Al menos, en eso estamos de acuerdo.

—Cualquier cosa que pueda ser adictiva es un rotundo no para mí. De ninguna manera seré esclava de una adicción —aseveró Ruby.

—Yo era igual. Hasta que… —suspiró Rudy.

—¿Hasta que? —preguntó Ruby con curiosidad.

—Me volví un adicto.

—Espera, ¿bebes? ¿O te refieres a la adicción al juego? Para ser sincera, no lo considero una adicción. Para mí es más o menos como un trabajo.

—No, hablaba del sexo. Soy un adicto al sexo, pero creo que lo tengo bajo control… más o menos.

—Cualquier cosa puede ser adictiva… si eso te hace sentir mejor.

Rudy siguió arreglando la habitación y convirtió la basura en nada, sin dejar ni rastro de ceniza.

Ruby se sentó en la cama y dijo: —Debe de ser increíble poder hacer todo eso sin esfuerzo.

—Puede que parezca que no requiere esfuerzo, pero necesita mucho trabajo duro y precisión. Cuando estaba aprendiendo a controlar la telequinesis, rompía cosas por accidente. Fueron tiempos difíciles.

—Supongo que me equivocaba contigo —masculló Ruby.

—¿Mmm?

—No eres un completo imbécil.

—¿Se supone que eso es un cumplido? Porque si lo es, estoy seguro de que podría haberse dicho de una forma mejor.

—Ver al anciano me ha recordado la cruda realidad.

—¿Ah, sí?

—Los ricos, los guapos y los fuertes pueden tener lo que quieran.

—Eh… ¿qué intentas decir? —preguntó Rudy con cara de desconcierto.

—Hablo de las parejas sexuales. Pueden tener múltiples chicas o chicos para acostarse con ellos y cambiarlos una vez que han terminado de usarlos. Pueden tener tantas parejas como quieran, pero lo único que los mantiene unidos es el sexo.

—Mientras tanto, tú eres rico, guapo y poderoso; más que nadie en el mundo. Y, sin embargo, no haces las cosas que hacen los demás. Tienes múltiples parejas, pero mantienes una relación de amor mutuo con ellas.

—Eres… humilde —Ruby suspiró y añadió—: No puedo creer que esté diciendo esto, pero ahora te respeto un poco.

—Oye, oye, no te enamores de mí —bromeó Rudy.

—¡Je! No te creas tanto.

===

¡Gracias, @Russdogg, por el regalo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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