Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 417
- Inicio
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 417 - Capítulo 417: 414) Cumpliendo la profecía
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 417: 414) Cumpliendo la profecía
Me acerqué al Occamy y extendí mi mano, acariciando su cabeza. La criatura respondió frotándose contra mi palma con una docilidad casi doméstica. Aunque mi deber allí era el apareamiento, parecía que yo era el único poniendo de mi parte; el Occamy no mostraba el más mínimo indicio de excitación, cortejo o sumisión. Quizás yo no era un macho de su especie lo suficientemente apetecible, o quizás su naturaleza era simplemente así de infantil. A pesar de que sus rasgos indicaban que estaba en edad de procrear, parecía más dispuesta a jugar que a cumplir con su linaje. No sabía si era por haber sido criada por las Amazonas o por esa herencia degenerada de dragón que nubla sus instintos primarios.
En fin, yo era precisamente la persona que menos debía preocuparse por la falta de deseo sexual en una pareja, fuera de la especie que fuera. Mientras seguía acariciándola, activé [Lujuria] y dejé que el aura se expandiera por la cueva.
El Occamy se detuvo en seco. Sus pupilas se dilataron y empezó a mirarme con una fijeza fascinante. Por supuesto, el efecto no se limitó a ella; a unos metros, Hannah, atrapada entre el asco y el calor repentino, comenzó a sucumbir irremediablemente al influjo de mi habilidad.
Aumenté la intensidad para acelerar el proceso y, al instante, el aire se cargó con el olor almizclado de un Occamy en celo. Hannah, que luchaba por no llevarse las manos a su intimidad, observó con asombro cómo la criatura saltaba de su nido y se enredaba en mi cuerpo como una boa constrictora.
El instinto natural había tomado el mando. Me encontré envuelto en el cuerpo sinuoso del Occamy, que buscaba mi virilidad con una precisión instintiva. Se parecía mucho al apareamiento de las serpientes: una danza de nudos y fricción. Mi forma humana dificultaba este estilo de cópula; habría sido mucho más sencillo y placentero cambiar mi morfología a algo más reptiliano, pero decidí no hacerlo… principalmente para no traumatizar más a Hannah. Además, lo tomé como una experiencia educativa: comprender este tipo de apareamiento humano-serpiente me serviría para cuando tuviera que darle “la charla” a Ruby. Supongo que es una necesidad para cualquiera que tenga una hija Lamia.
Sacudí esos pensamientos y me concentré en la situación. El occamy reaccionó con un chillido agudo cuando finalmente encontró el contacto que buscaba, apretándose con más fuerza alrededor de mi cuerpo.
No muy lejos, Hannah observaba la escena con una mezcla complicada de emociones. Mi cuerpo desnudo estaba parcialmente atrapado entre los anillos del occamy, y el movimiento conjunto de ambos creaba una especie de danza extraña. No era algo que ella hubiera imaginado ver jamás.
En su mirada se mezclaban incomodidad, incredulidad… y también cierta fascinación difícil de negar. Dos cuerpos completamente distintos moviéndose al mismo ritmo. Una forma muy elegante de describir algo que, en el fondo, era simplemente el cumplimiento de una responsabilidad.
No tenía intención de prolongarlo. Aunque no me molestaba la diversidad de mis parejas, normalmente prefería que existiera algún tipo de vínculo o interés real y aquí no lo había.
No planeaba prolongar el encuentro. Tras unas pocas embestidas finales, controlé mi clímax para terminar rápido. Sujetando el cuerpo del Occamy contra el mío, me corrí en su interior. Ella se aferró con fuerza, constriñéndome mientras agitaba sus alas y soltaba un ahogado chillido de finalización.
Nos quedamos así unos segundos. Con el pasar de los momentos y tras desactivar [Lujuria], la euforia libidinosa desapareció. El cuerpo del Occamy se relajó, perdiendo su sostén sobre mí y separándose lentamente. De su intimidad abierta escurría mi simiente, marcando el éxito de la profecía. Mi pene, aún erecto, se sintió frío al perder su funda temporal, pero tenía un repuesto mucho más familiar cerca.
Hannah, que seguía allí, claramente sin saber cómo reaccionar ante lo que había presenciado, dio un pequeño grito cuando extendí mi mano y una fuerza de tracción mágica la arrastró hacia mí.
“Segunda ronda” dije con una sonrisa burlona, destrozando su ropa con un gesto, apretándola contra mi cuerpo “Quiero recordar el sabor de lo humano.”
“¡Espera! ¡Límpiate primero!” gritó Hannah, intentando detener lo inevitable mientras miraba mi pene, incapaz de ignorar lo que acababa de suceder apenas momentos antes.
“Mmm… No.” respondí con total despreocupación.
Sin contemplaciones, la penetré con fuerza, enterrándome en su coño de un solo golpe.
“¡Nooooo…!” soltó ella, un gemido que oscilaba entre las lágrimas de asco y el placer.
Tuvo que someterse a mi ritmo desenfrenado mientras el Occamy, recién fecundado, observaba la escena con la cabeza ladeada. Parecía confundida… pero no especialmente perturbada. De hecho, después de unos momentos se acercó de nuevo y frotó su cabeza contra nosotros con afecto, como si intentara compartir el cariño.
…
Tiempo después, Hannah y yo descansábamos en el suelo de la cueva, justo al lado del nido. Nuestras cabezas se apoyaban en el cuerpo del Occamy como si fuera una almohada viva y emplumada. La criatura no parecía tener ningún problema con ello. De hecho, permanecía tranquila, observándonos con curiosidad.
Hannah pasaba su mano con desgano sobre su coño, intentando limpiarse con los restos de su ropa destruida. Aunque ya había usado magia de limpieza sobre sí misma, parecía incapaz de sacudirse la sensación psicológica de impureza.
“¿Por qué tenías que hacer eso?” refunfuñó, sin dejar de frotarse con una mezcla de fastidio y resignación.
“No seas exagerada, no va a pasarte nada malo” dije juguetonamente, depositando un beso en su frente. “Créeme, tenemos a una diosa con el poder de curar cualquier enfermedad; no es como si se te fuera a pudrir algo por un poco de variedad.”
“Aun así, se siente sucio” insistió, arrugando la nariz.
“Si ella te entendiera, se sentiría muy ofendida” me reí mientras acariciaba el pico del Occamy.
La criatura nos observaba como si participara de la conversación, ladeando la cabeza con esa expresión tonta y carente de malicia que la caracterizaba. Hannah guardó silencio. Tras haber conocido a Elise, a la gente jaguar y a tantas otras cosas extrañas, ya no podía despreciar a los “animales” con la ligereza de antes. La sola idea de herir los sentimientos de la criatura que nos servía de almohada la hacía sentir culpable.
“Aun así… tienes que evitar hacer cosas así. Todavía no me acostumbro” murmuró, acomodando su cabeza en mi pecho desnudo. Tras un breve silencio, preguntó con un hilo de voz. “¿Ya está? ¿Está… embarazada?”
“No es tan rápido. Esto llevará su tiempo, así que no veremos al Guardián de la Selva en una buena temporada” respondí mientras seguía acariciando al occamy.
Podían pasar meses… tal vez años. Las gestaciones entre especies diferentes solían ser impredecibles.
Aunque, en mi caso, eso no representaba realmente un problema.
Desde que mi habilidad [Editar Bebés] había subido de nivel, se había desbloqueado una opción nueva: “edición predeterminada”. Básicamente, permitía preparar una especie de plantilla genética para futuros descendientes con un individuo/s específico.
Cerré los ojos y comencé una edición sutil, asegurándome de que el fruto de esta unión no tuviera complicaciones biológicas. No fui tan detallista como con mis otros hijos, pero sí hice ajustes estratégicos: de mi parte, elevé al máximo los linajes de “Espíritu Sanguinario” y “Mago”; por parte de la madre, potencié ese rastro casi extinto de Linaje de Dragón original que dormía en su sangre de Occamy.
No sabía exactamente cuál sería el resultado morfológico, pero al menos tenía la certeza de que mi futuro hijo —o hija— sería increíblemente poderoso. El resto… el resto se lo dejaría al azar y a la propia naturaleza.
Volví a mirar a Hannah. Me observaba con la mirada perdida, con esa misma intensidad devota que me dedicaba durante nuestra aventura en el pasado. A pesar de todo, en el fondo seguía siendo esa joven profundamente enamorada.
“¿Nos vamos?” le pregunté, acariciando suavemente su piel. “Deberíamos volver con las Amazonas; apuesto a que siguen desnudas y postradas fuera de la cueva, esperando una señal.”
“Mmm…” Hannah asintió, incorporándose. Miró al Occamy, que nos observaba con curiosidad. “¿Está bien que la dejemos? ¿No deberíamos llevarla con nosotros?”
“Estará bien, dejaré un clon con ella” respondí, señalando a mi doble, que ya se acercaba para tranquilizar a la criatura. El Occamy, un ser extremadamente sensible, se dejó acariciar de inmediato. “Pensé en llevarla al Feudo, pero sería bastante descortés con las amazonas llevarnos a su bestia sagrada.”
Nos levantamos del suelo y, con un simple “Reparo”, arreglé el uniforme roto de Hannah. Después lancé un hechizo de limpieza antes de entregárselo.
“¡Podrías haberme dado otro! Además, este me queda pequeño” se quejó, consciente de que acababa de vivir ese uniforme y también sabía que yo probablemente tenía más ropa guardada.
“Es conmemorativo, un buen recuerdo” le dije con un guiño y un apretón juguetón. “Además, te queda increíblemente sexy así de ajustado.”
Hannah puso los ojos en blanco, aunque tampoco rechazó el gesto. En el fondo, ambos sabíamos que aquella ropa era más que una simple prenda: era un recuerdo de antes y después de la gran aventura que habíamos vivido en el pasado.
Al final terminó poniéndose unas ropas de estilo amazona que le entregué.
Una vez vestidos, dejamos al occamy con mi clon, que se encargaría de reforzar la cueva para hacerla mucho más segura ante cualquier posible peligro… y también de mejorar el lugar para la futura madre.
Antes de irnos, le dimos una última mirada a la criatura, que jugaba con el clon como una niña pequeña.
Tal como predije, las Amazonas nos esperaban fuera: desnudas, postradas y en un silencio sepulcral. No las hice esperar. En cuanto les informé de que el “asunto” había sido concretado, sus ojos se llenaron de un júbilo casi doloroso.
Fue un momento estremecedor. Aquellas guerreras tenaces, endurecidas por siglos de aislamiento y combate, rompieron a llorar de alegría
Para ellas, aquello era algo profundamente importante. Tan importante, de hecho, que algunas empezaron a sugerir que todas las amazonas del pueblo vinieran a custodiar la cueva hasta el nacimiento de su futuro “salvador”.
Tuve que detenerlas.
Aunque admiraba su devoción, una tarea así era completamente innecesaria.
Les expliqué que yo mismo dejaría protección en el lugar. Bastaría con que algunas vigilantes permanecieran allí por turnos. No era necesario movilizar a toda la civilización amazónica.
Mis palabras parecieron devolverlas a la razón. Después de todo, habían visto lo que era capaz de hacer en el campo de batalla. Si alguien podía proteger a ese futuro hijo… era yo.
Tras ordenar que unas pocas guerreras permanecieran allí hasta que llegaran relevos, emprendimos el camino hacia el pueblo amazónico. Allí nos esperaba una celebración… y no cualquier celebración. Probablemente la más grande que las amazonas hubieran visto en siglos… o quizá en toda su historia.
Ese día no solo habían derrotado a su gran enemigo. Habían ganado una guerra. También había comenzado el cumplimiento final de la antigua profecía de su pueblo… Su salvación.
La emoción era tal que Hannah y yo ni siquiera tuvimos que caminar de regreso. Las amazonas nos levantaron sobre sus hombros, cargándonos como a héroes.
El camino hacia el poblado era largo, pero eso no pareció ralentizarlas en lo más mínimo. Aquellas guerreras parecían haber obtenido una energía infinita gracias a la celebración.
A pesar de las pérdidas —aunque muchos hubieran sido revividos temporalmente—, aquel podía ser el día más feliz en la historia de las amazonas. Incluso alguien tan callado como Niara parecía incapaz de dejar de hablar.
Aunque avanzábamos a gran velocidad gracias a la magia y a que ya no necesitábamos tomar desvíos, la noche había caído por completo.
Pero las luces del poblado brillaban a lo lejos. Dejaban claro que la fiesta… ya había comenzado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com