Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 422
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Capítulo 422: 419) McGonagall II
“Está bien, está bien” Malcolm levantó las manos en señal de rendición. “Sin presiones. Dime entonces, ¿qué clase de relación tienes con… cómo se llama?”
“No hay ninguna relación. No puede haberla… no es posible entre nosotros”, suspiró Minerva, incapaz de evitar que las imágenes de aquella habitación asaltaran su mente.
“Pareces muy convencida de ello…” Malcolm frunció el ceño. “¿Qué ocurre? ¿Está casado?” intentó indagar, buscando una lógica a la negativa.
“No… es que somos… muy diferentes.” Minerva evitaba profundizar, sintiendo que cada palabra la acercaba al borde del abismo.
“Mini, pensé que íbamos a charlar, no a jugar a las adivinanzas” respondió él, volviéndose serio de repente. “¿Es… un ex-Mortífago?” Preguntó lo peor que podía imaginar, la única razón que justificaría tal nivel de conflicto moral en su hermana.
“¡No! ¡Por Merlín, no! ¿Cómo puedes siquiera pensarlo? “Minerva lo miró con auténtica indignación, pero al notar la seriedad con la que él esperaba una respuesta, su fuego se apagó. Bajó la voz, sintiendo que un calor abrasador le subía por las mejillas. “Es… es mucho más joven que yo.”
Malcolm procesó la información en silencio durante un segundo y, de repente, soltó una carcajada burlona y sonora que hizo que Minerva se encogiera en su sitio. Por suerte, el piso superior estaba vacío, pues el estruendo habría llamado la atención de todo Hogsmeade.
“¡Mini! ¡¿Hablo en serio?!” Malcolm se sostuvo el estómago, soltando una carcajada que resonó en la madera del piso superior. “¡¿Más joven que tú?! ¡¿Y por eso tenías tanta vergüenza?! ¡Por Merlín, esperaba algo mucho más… turbio, no sé!”
Minerva no respondió ante la burla. Se limitó a terminar su bebida en un silencio sepulcral, con los labios apretados en una línea fina y amarga.
“Je… no, debe ser algo más. Debe ser bastante joven”, continuó él, secándose una lágrima de risa. “Realmente no esperaba que algún muchachito pudiera robarte el corazón… o que fueras de las que prefiere la hierba tierna.” Se rio de nuevo al ver el rostro de enfado de su hermana. “Tranquila, Mini. A nuestra edad no es raro encontrar a alguien menor. Será una sorpresa y quizás algunos hablen, pero no es como si eso debiera importarnos. Al contrario, todos se preguntarían cómo demonios logró conquistar a alguien como tú. Ahora sí que me urge conocerlo…”
Minerva se aferró a su vaso vacío, dejando que la verborrea de su hermano fluyera hasta que se calmara. Solo cuando el silencio volvió a la mesa, se atrevió a añadir una frase demoledora.
“Es… mucho más joven de lo que imaginas”, murmuró, agachando la cabeza para que el ala de su sombrero ocultara el incendio que recorría sus mejillas.
Malcolm frunció el ceño, confundido. Empezó a hacer cálculos mentales y su expresión cambió drásticamente. La jovialidad se evaporó de su rostro.
“¿Más joven?” preguntó, con la voz volviéndose cautelosa. “¿Qué tan joven…? No me digas que… ¿acaba de salir de Hogwarts?” Inquirió con incredulidad, pero al ver que Minerva no negaba nada, su mirada se llenó de un espanto creciente. “¡¿No será uno de tus estudiantes, verdad?!”
Minerva se quedó petrificada. El silencio que siguió dejó a Malcolm con la boca abierta, el aire escapándose de sus pulmones. Finalmente, ella respondió con un hilo de voz, casi con timidez.
“No es uno de mis estudiantes”, explicó, logrando que Malcolm soltara un suspiro de alivio cómico que pareció desinflarlo. “Pero… por su edad, debería serlo.”
Un silencio abrumador cayó sobre la mesa.
Malcolm casi se va de espaldas. El impacto de aquellas palabras le impidió recuperar la compostura; el hecho de que su hermana desviara la mirada con culpabilidad no ayudaba en absoluto.
Ya le había costado procesar la idea de que Minerva hubiera encontrado una pareja 2 o 3 décadas menor, alguien de treinta o cuarenta años… pero nunca, ni en sus peores pesadillas, habría imaginado que su hermana —la mujer más íntegra y severa del mundo mágico— estuviera involucrada con un muchacho que aún no alcanzaba la mayoría de edad.
Estaba tan consternado que el trago que tenía en la boca pareció convertirse en plomo.
*Glup*
“Bueno… ahora sí tenemos que hablar. No me voy a ir de aquí sin la historia completa” sentenció Malcolm, tratando de recuperar una pizca de su actitud juguetona para no asfixiar a su hermana.
A pesar de la revelación, Malcolm se negaba a creer que las cosas fueran tan graves. Supuso que Minerva simplemente había desarrollado un afecto platónico o inapropiado hacia algún muchacho que le recordaba a Elphinstone, y que esa era la causa de su aflicción.
“Supongo que te gusta la carne muy tierna”, se burló, intentando aligerar el ambiente con una broma pesada: “Espero que estés en condiciones de seguirle el ritmo a alguien tan joven. Pueden ser… bastante intensos, hasta dejarte sin aliento y con las piernas temblando.”
Minerva no pudo evitarlo. Ante el comentario, suspiró y asintió inconscientemente, perdida en el recuerdo de la abrumadora vitalidad de Tom y de cómo esa noche la había sobrepasado. Malcolm vio la reacción y su mandíbula estuvo a punto de tocar el suelo otra vez.
“¡Tú ya lo…!” No pudo terminar la frase. El shock fue total; la mujer frente a él no encajaba con la hermana que conocía de toda la vida.
“No es… como piensas… es una historia compleja”, murmuró ella.
En ese instante, Madam Rosmerta asomó por la escalera para ver si necesitaban algo. Malcolm le hizo señas frenéticas para que se retirara, pero cambió de opinión al segundo: necesitaban algo mucho más fuerte que la cerveza de mantequilla. Pidió una ronda de Whisky de Fuego antes de volver a encarar a Minerva.
“Explícate”, dijo él, mirando a su hermana como si fuera un evento astronómico imposible. “Necesito saber qué ha estado pasando o no podré volver a dormir. Más me vale saber qué decir ante un tribunal si llegan a denunciarte… Sabes que Isobel no me permitiría refugiarte en casa si fueras una criminal, al menos no por un delito de ese calibre.”
Minerva se encendió en un sonrojo violento. Sabía que debía contar la verdad para evitar malentendidos, aunque la realidad no fuera mucho mejor. Cuando el whisky llegó a la mesa, las palabras empezaron a fluir como un dique roto.
Le contó todo: el accidente con el estudiante y la perturbadora poción, los efectos incontrolables en su cuerpo, cómo Pomona le entregó el boleto ganador, y cómo terminó en aquel burdel buscando inhibidores. Describió el descubrimiento de aquel lugar perverso poblado por exalumnos, cómo la convencieron para quedarse unas horas… y cómo conoció a Tom. Confesó la seducción, la noche de pasión desenfrenada, el arrepentimiento posterior, su huida desesperada y cómo, desde entonces, su mundo se había vuelto irreconocible.
Malcolm escuchó en un silencio sepulcral. Su expresión era de una seriedad absoluta mientras su hermana se desnudaba emocionalmente. Aunque Minerva evitó los detalles más crudos, dijo lo suficiente como para que el aire en el reservado se volviera denso. Por momentos, ella perdía el hilo y daba más detalles de los necesarios, pero Malcolm, pese a la incomodidad de escuchar tales cosas de su propia hermana, la dejó seguir. Sabía que ella necesitaba ese desahogo.
Al terminar, Minerva le dio un trago largo a su whisky. El líquido quemó su garganta reseca, pero el ardor físico era preferible al vacío que sentía en el pecho.
“Bueno… esa sí que es una historia” logró decir Malcolm, buscando una forma de romper la tensión.
Un silencio intenso se apoderó de la mesa. Minerva se sentía liberada, pero también expuesta, reviviendo cada caricia de Tom con nitidez. Malcolm, por su parte, procesaba la información, tratando de reconciliar la imagen de la Subdirectora de Hogwarts con la mujer que acababa de describir un encuentro en un burdel de Hogsmeade.
“Sabes que te tendieron una trampa, ¿verdad?” Malcolm miró a su hermana con una seriedad antes de dar otro sorbo. “Eso de quédarte un rato en la habitación fue solo el anzuelo. Estoy seguro de que, si intentas mover un dedo contra ellos, usarán eso para chantajearte.” Empezó a tamborilear los dedos sobre la mesa con un ritmo nervioso. “¿Cómo caíste en algo tan burdo, Mini? No es propio de ti.”
“Yo tampoco lo sé…” Minerva se sujetó las sienes, cerrando los ojos con fuerza. “No estaba en mi mejor momento. No podía razonar… ese lugar, el ambiente, y esa mujer… me sentía asfixiada.” Se estremeció al recordar la presencia de Andra. “Ni siquiera entiendo por qué terminé allí. Tenía tantas otras opciones…”
“Seguramente usaron algún encantamiento de confusión, aunque no te habrías dejado atrapar tan fácil. Apuesto por alguna poción volatilizada en el aire, algo para aturdir tus sentidos” especuló Malcolm, tratando de encontrar una lógica que justificara las acciones de su hermana. “Esa gente debe de estar preparada para lidiar con personas como tu.”
“Es probable. Por lo poco que pude ver, son peligrosamente expertos. Estaban listos para cualquier contingencia” asintió ella con la mirada sombría.
“Bueno… de todas formas, si intentaran destruirte, tu reputación te precede y Albus te cubriría las espaldas” intentó consolarla él, aunque luego torció el gesto. “Aunque claro, gente como Rita Skeeter se lanzaría sobre ti como un fénix sobre su presa.”
Minerva no lo negó. Su prestigio podría quedar reducido a cenizas, pero en ese instante, el miedo al escándalo era opacado por un peso distinto en su pecho.
“Así que… Tom, ¿eh?” soltó Malcolm, llegando por fin al centro del laberinto. “Te has enamorado de un gigoló.” Lo dijo con un tono burlón, la única forma que conocía de procesar una noticia tan absurda. “Quién lo diría, Mini… yo no te hacía de esas.”
“¡No me he enamorado! Solo… estoy preocupada por él” se defendió ella al instante, con la imagen del muchacho grabada a fuego en su mente. “¡Es demasiado joven para estar en un sitio así! Debería estar en Hogwarts, estudiando con los demás, no en un burdel. ¡Es una injusticia…!”
“¿Injusticia?” la interrumpió él con tristeza. “Sabes bien que el mundo no reparte cartas justas para todos, Mini. Ojalá fuera así.” Malcolm guardó silencio un segundo, pensando en su hermano fallecido. “Quién sabe cuántos niños están en la misma situación que ese Tom. Ni aunque quisiéramos podríamos salvarlos a todos.”
“¡Pero podemos intentarlo!” exclamó ella con una determinación que no encajaba con su cansancio anterior. “Si nos esforzamos, quizás…”
“Vaya… realmente estás enganchada.” Malcolm la observó con una curiosidad casi científica. “Me pregunto qué clase de habilidad tendrá ese jovencito en la cama para dejar a la Jefa de Gryffindor en este estado…”
“¡No es eso!” negó ella, roja de furia y vergüenza. “Solo es preocupación… No hay nada romántico en esto, es solo…”
Malcolm suspiró al verla tropezar con sus propias palabras. Dejó la jarra sobre la mesa y la miró fijamente.
“Mini, respóndeme con sinceridad. ¿Realmente te quita el sueño su situación? ¿Lo ayudarías si pudieras?” (Malcom)
“Por supuesto que sí.” (Minerva)
“¿La razón por la que has estado tan distraída estos días es porque no dejas de repasar cada segundo de lo que pasó con él?”(Malcom)
“Sí…” admitió ella, su voz perdiendo fuerza.
“¿Te sientes incómoda, nerviosa y ansiosa al recordarlo? ¿Tu corazón se agita cuando cierras los ojos y lo ves frente a ti? ¿Dudas de cada principio que has defendido en tu vida?” (Malcom)
“Sí…” su confirmación fue casi un susurro.
“¿Sientes que él es diferente a los cientos de alumnos que cuidas cada día? ¿Sientes que, frente a él, incluso tú no eres la misma?” (Malcom)
“No… quiero decir… sí.”(Minerva)
“Bueno, es una prueba bastante mediocre, pero el resultado es irrefutable. Felicidades, Mini: estás enamorada.” Malcolm chocó suavemente su jarra contra la de ella con un gesto juguetón pero cargado de melancolía.
“¡Eso no es cierto!” protestó ella, pero su voz carecía de convicción. “Solo… me preocupa…”
“Pero no te veo tan afectada por los otros exalumnos que viste allí. Sé que el hecho de haberte acostado con él le añade peso, pero Tom ocupa todo el espacio en tu cabeza, hermana. Lo veo en tu expresión; es la misma que tenías cuando te enamoraste siendo una niña.” Malcolm no pudo evitar una risa nostálgica. “Realmente, es como volver al pasado.”
“Malcolm…” murmuró ella, sintiéndose pequeña.
“Puedes negarlo si quieres, puedes decir que no lo aceptas, y sé que esto no es precisamente una bendición para ti… Pero, para serte sincero, me hace feliz volver a verte así, Mini. Con el corazón despierto, aunque sea por la persona menos indicada.”
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