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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 36

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Capítulo 36: La prueba de los espíritus, capital de los Magos

Harry miró a su alrededor con curiosidad. Frente a él se alzaba una ciudad, la cual no alcanzaba a definir como algo sacado de una novela de fantasía o una de ciencia ficción. Sus edificios, o torres, se elevaban hasta tocar las nubes. La ciudad entera era una mezcla de muchos estilos de arquitectura, los cuales, para alguien venido de la Tierra, resultaban de lo más peculiares: muros lisos y relucientes, como si los hubieran pulido; pintados de colores claros, en los que dominaba el blanco y algunos tonos metálicos o cromados, los cuales le daban un aspecto limpio.

El lugar parecía una mezcla de elementos anacrónicos. Vehículos que bien podrían ser automotores circundando sus calles como en cualquier ciudad muggle moderna, acompañados por carruajes o personas en monturas de los más variados, desde caballos hasta enormes aves a las que identificó como el monstruo Niwatori. También escobas. Justo un momento atrás había visto pasar a una bruja de largo vestido rojo con un sombrero a juego, sentada en su escoba de una forma que solo podía describir como «elegante».

Harry preguntó si, tal vez, así es como podría ser una ciudad de magos en la Tierra, si estos no despreciaran la tecnología muggle. Si ambas sociedades volvieran a unirse, ¿cuánto tardaría en que una ciudad como esta existiera en su mundo? En esta ciudad, a pesar de ser tan grande como Londres o cualquier otra de las grandes capitales de su mundo, se respiraba un aire limpio, de ese que en casa solamente se encontraba en el campo. Harry se dio cuenta de las consecuencias que tenía tratar de separar a ambos «mundos». La magia era una fuente de «energía limpia» la cual, si se aprovechaba de la manera correcta, podría resolver los problemas de contaminación que actualmente aquejaban a su mundo.

Harry pensó todo esto mientras era guiado por Pikeru y Curan a través de la ciudad. Por supuesto, el joven se sorprendió cuando apareció de pronto en ese lugar. Aunque se recompuso de inmediato. Estaba acostumbrado al uso de la magia, así que desaparecer de un sitio y aparecer al segundo siguiente en otro completamente distinto no le era tan extraño. Por suerte, este viaje no fue cómo usar un traslador, aparecer o viajar a través de la red Flú. Detestaba la sensación de un gancho tirando de su estómago del primero, al aparecerse siempre se mareaba y simplemente le era imposible salir de una chimenea sin caerse.

Aparecieron en el centro de una gran avenida atestada de gente. Humanos, goblins y otras criaturas lo miraron con curiosidad, antes de que Pikeru y Curan aparecieran junto con él y lo hicieran salir de allí. Las miradas curiosas desaparecieron al poco tiempo. Siendo esta una ciudad de magos, como sus espíritus le aclararon, no debería ser algo tan extraño, aunque estaba seguro de que debían tener puntos específicos para aparecer, como la sociedad mágica de su mundo.

Por fin se detuvieron en un enorme parque, en el cual Harry pudo observar la ciudad a su alrededor con más atención.

—Esto es… —comenzó.

—Tengo que admitir que extrañaba este lugar —dijo Curan.

—¿Viven aquí? —preguntó el duelista.

Pikeru negó con la cabeza antes de responder:

—No exactamente aquí, aunque sí que estudiamos en la Academia de Magia de esta ciudad. Supongo que algún día tendremos que volver a terminar eso.

Harry enarcó una ceja. Por lo mucho que sabían sobre la magia, habría pensado que ellas ya se habrían graduado. Sobre todo por la actitud orgullosa, por no decir altanera, que adoptaba Curan cada vez que hablaba sobre su educación.

Ahora que lo pensaba bien, ¿qué edad tenían Curan y Pikeru? Harry asumió que tenían unos cinco años debido a su aspecto de niñas, sin embargo, reflexionando sobre eso, le parecía extraño que alguien las hubiera enviado a otro mundo a cumplir una misión que les tomaría años si fueran simples niñas de cinco años. Además, cuando hablaban sobre su educación, lo hacían de una forma que parecía como si sus estudios hubieran durado años.

—¿Qué edad tienen ustedes dos exactamente? —No iba a quedarse más con esa duda.

—¿No sabes que un caballero no pregunta su edad a una dama? —lo cuestionó Curan.

—¿En años humanos o en años de espíritus? —preguntó Pikeru por su parte.

—¿Hay una diferencia?

—Mucha —respondió la maga de blanco—. El tiempo transcurre de diferentes maneras según en qué dimensión te encuentres. Es por eso que en algunos clanes de monstruos tienen tecnología tan avanzada que la de los humanos de tu mundo se ve como algo arcaico. Mientras que en otros, es como si todavía fuese la edad media.

Harry asintió, aunque no entendía cómo era que eso afectaba a los humanos.

—Ahora, cómo los magos de tu mundo que son más longevos que las personas que no pueden usar la magia de forma activa, los magos de este mundo vivimos más tiempo, mucho más.

—Solo piénsalo —intervino Curan—: la magia en tu mundo hace que la esperanza de vida de un mago sea de unos ciento treinta o hasta ciento cincuenta años. Ahora, imagina cómo es en un mundo como este, en el que la magia es tan activa que hasta pareciera como si pudieras tocarla. Mezcla eso con la Energía Espiritual, o Energía de Duelo cómo ustedes la llaman, y como resultado la esperanza de vida se dispara hasta niveles que en tu mundo nada más podrías lograr con una Piedra Filosofal.

Eso tenía sentido, pero no lo explicaba todo. Es decir, un mago o bruja de la Tierra tenía una esperanza de vida más duradera que la de un muggle, eso era indiscutible, pero cuando niños no eran muy diferentes. Un niño mago y un niño muggle eran iguales en todos los aspectos, salvo en la capacidad de usar magia de manera activa, como Curan y Pikeru solían decir. A menos que fuese por otra razón. Viendo a Curan y Pikeru, quienes se comportaban de manera mucho más madura que las niñas de cinco años ordinarias –o al menos la mayor parte del tiempo–, Harry comenzó a atar algunos cabos.

—¿Ya te has dado cuenta? —preguntó Curan con un gesto suspicaz.

—Envejecen más lento que un humano de la Tierra —dijo Harry.

—Así es —confirmó la maga de negro—. Concretamente: un año terrestre para nosotros es como cinco o hasta diez años, dependiendo de qué tan poderoso sea el mago.

—Bueno, eso y otra cosa —agregó Pikeru—. Ahora que nos vinculamos a una carta, nuestro crecimiento se pausó. Más o menos.

Harry parpadeó en confusión.

—¿Cómo…?

—Vincularse a una carta tiene consecuencias. Es debido a eso que muchos espíritus se lo piensan dos veces antes de hacerlo —respondió Curan.

—En especial espíritus únicos, como nosotros. Es decir, si un Buey de Batalla o un Insecto Come-hombres lo hacen no hay mucho problema: hay muchos de ellos por allí, ya que son una especie, aunque todas sus cartas sean iguales. En cambio, solo existimos una Pikeru y un Curan.

Harry las miró un momento.

—Su tiempo se detuvo —dijo.

Las niñas asintieron. Había un poco de pesar en sus miradas, pero pronto lo ocultaron bajo un gesto de resolución.

—Decidimos hacer esto aunque sabíamos las consecuencias —dijo Pikeru.

—Sí. Es un honor que pocos magos pueden presumir: ¡ser elegidas para una misión tan importante!

—Pero, ustedes…

—Está bien, Harry. Curan tiene razón.

Era extraño que ambas estuvieran de acuerdo con algo.

—¿Nunca van a crecer?

—Lo haremos…

—Tal vez —murmuró Pikeru.

—Claro que lo haremos —insistió mirando a su hermana—. ¿Somos o no las princesas del Clan de la Profecía?

Pikeru asintió lentamente.

—No lo dudes ni por un momento: ¡nos haremos tan fuertes que vamos a avanzar al siguiente Nivel!

—¿Avanzar a otro Nivel?

—Sí, bueno, las cartas de monstruo no tienen Nivel solamente por mecánica de juego —le respondió Curan—. Una vez que te has vinculado a una carta, dejas de crecer de la forma natural. La única manera de avanzar es volverte más fuerte y evolucionar tu poder para alcanzar nuevos niveles.

A Harry eso le sonaba parecido a uno de esos juegos de RPG que le habían gustado tanto a Samantha. Viendo la ciudad a su alrededor, se dio cuenta de que el mundo de los espíritus de duelo era básicamente eso.

—¿Crees que algún día podamos tener cartas únicas? —preguntó Pikeru a su hermana.

—¡No te atrevas a dudar de eso en mi presencia! —gritó Curan.

—¿Cartas únicas? —las cuestionó Harry.

—Sí, bueno, supongo que has notado que hay muchas copias de nuestras cartas por allí. —Curan resopló con molestia ante las palabras de Pikeru—. Somos espíritus únicos, pero no somos tan fuertes como para que solo pueda existir una de nuestras cartas en todos los mundos.

—¿Hay una diferencia entre una carta única y un espíritu único?

—Mucha —respondió Pikeru—. Cada espíritu único es su propia persona. En ese caso, cada copia de una carta de un espíritu único es como una fotografía.

—Y algunos de esos espíritus son tan poderosos, que únicamente pueden existir un máximo de copias de sus cartas en todo el mundo. Por eso, generalmente, nacen ya vinculados a una carta.

—Oh, entiendo. Por eso no puede haber más de cuatro Dragones Blancos de Ojos Azules —dijo Harry. Frunció el ceño—. Sin embargo, hay muchos Magos Oscuros.

—El Mago Oscuro no es un espíritu único —respondió Pikeru.

Harry alzó una ceja. Siendo el monstruo As de Yugi Muto él habría pensado que lo era.

—Ese es un caso diferente —agregó Curan—. No hay un único Mago Oscuro, ya que ese no es un nombre: es un título. A lo largo de la historia, desde que el mago Mahad fundó la Orden de la Magia Oscura, sólo un puñado de espíritus ha logrado alcanzar ese título.

Harry tenía más preguntas que hacer, pero se dio cuenta de que tendría que ser en otro momento. Un carro de batalla antiguo, como los de la antigua roma, acababa de detenerse frente a ellos. El carro era conducido por un joven de cabellera corta que vestía un traje de corte medieval, con capa incluida.

—¿Eres Harry Potter? —preguntó.

Pikeru y Curan lo miraron con mala cara.

—No, es el rey de Roma —respondió Curan cruzándose de brazos y mirando al joven con enfado.

El joven la miró con un gesto que a Harry no le agradó nada.

—Cómo sea, el Anciano está listo para recibirlo. Es momento de su prueba, y como portador del título de Auriga de la Profecía es mi deber llevar al Niño Profetizado a realizar su prueba.

Harry miró a Curan y a Pikeru. La primera claramente estaba fingiendo que no pasaba nada, mientras que su hermana tenía la decencia de verse avergonzada.

Suspiró. Ya hablaría con ellas más tarde.

—¿Qué es esta prueba? —preguntó.

El joven miró a las dos niñas con claro desapruebo antes de mirar a Harry.

—Te explicaré en el camino. Ahora sube. No se verá bien si llegamos tarde a tu prueba.

A cada segundo, ese joven le gustaba menos a Harry. Aun así, asintió afirmativamente y subió al viejo carro de combate. No fue difícil darse cuenta de que se dirigían a una especie de estadio.

—¿Por qué allí? —preguntó Curan mientras flotaba junto a ellos.

—Lord Endimión pidió presenciar la prueba del Niño Profetizado —les respondió.

#

Las gradas del estadio estaban relativamente vacías. Solamente el palco principal parecía ocupado. Pikeru y Curan miraron hacia el palco principal, en el cual Harry pudo distinguir la figura de un mago alto y de cabellera oscura miró hacia la arena, mientras se levantaba de su lugar en la silla principal. Vestía una larga túnica de color negro con bordados plateados.

Las dos magas hicieron una reverencia ante el hombre. Harry se dio cuenta de que debía tratarse de Lord Endimión.

Las otras personas en el palco principal del estadio parecían ser sus guardias: cuatro magos de batalla de pie en cada una de las esquinas del balcón, erguidos de forma rígida y vigilante; y una maga, quien esperaba detrás del Mago Maestro claramente en espera de realizar cualquier tarea que Lord Endimión le ordenara.

Lord Endimión habló con una voz suave aunque claramente infundida de autoridad:

—Te doy la bienvenida, Niño Profetizado, a la capital de mi Reino. Sé que estás aquí para la Prueba de los Espíritus que fue solicitada en tu nombre, así que permitiré que se lleve a cabo el duelo, aunque después me gustaría hablar contigo.

Harry todavía no entendía muy bien a qué se referían con «prueba de los espíritus», aun así asintió afirmativamente ante Lord Endimión. Pikeru y Curan lo miraron como disculpándose por no explicarle todo el asunto de la prueba. Como sus espíritus acompañantes, se habían dado cuenta de que la prueba había sido solicitada por alguien –sus sospechas estaban en el profesor Daitokuji, el hombre sabía mucho más de lo que dejaba ver sobre cómo funcionaba el mundo de los espíritus de duelo–; sin embargo, con todo el ajetreo que significó volver a la capital del Reino de los Magos, y las explicaciones que dieron sobre los espíritus, no les dio tiempo de hablar al respecto con Harry.

—Será un honor —dijo Harry. Endimión tenía un aura mágica que demandaba respeto, aunque no de una forma negativa. Harry pensó que se parecía al respeto que alguien podía sentir por un mago debido a su habilidad y sabiduría, más que a su poder en sí. Casi como Dumbledore, pero de una manera mucho más intensa.

Hubo una pequeña explosión de luz frente a Harry y las niñas. Cuando el resplandor se disipó, frente a ellos había un anciano. Por un momento, Harry supuso que se trataba de Dumbledore, ya que el anciano tenía una larga y espesa barba blanca. Vestía una túnica azul con diversos adornos plateados y gemas redondas de color azul, un sombrero de mago a juego y portaba una varita, o más bien cetro, con un gran adorno de oro, plata y gemas similares a las que usaba en la ropa.

—¡Abuelo! —lo llamaron Pikeru y Curan.

Harry las miró con sorpresa.

El anciano soltó una sonrisa afable.

—Me alegra ver que su poder ha crecido, ¿cuánto hace que no nos vemos?

—Diez años —respondió Pikeru con voz tímida. Curan asintió con la cabeza a su lado.

—Vaya, sí que pasa el tiempo. Espero que hayan estado estudiando mucho.

—Un poquito —respondió Curan, mientras chocaba sus dedos índices de forma nerviosa.

Pikeru miró a su hermana. Harry podía entender sus pensamientos: el descaro, siendo lo mucho que detestaba ponerse a estudiar.

—Me alegra oír eso —dijo el anciano.

Sus ojos se posaron en Harry.

—Es un placer conocer al Niño Profetizado. ¿Espero que estés cuidado bien de mis nietas? —El tono afable del anciano desapareció al decir eso último.

Harry asintió rápidamente.

—¡Abuelo! —se quejaron las niñas.

—Se supone que nosotras somos las que guiamos y protegemos a Harry —dijo Pikeru.

—¡No somos bebés! No necesitamos una niñera —se quejó Curan.

El anciano se rio entre dientes.

—Me presento —dijo a Harry—. Mi nombre es Filippo de Viscondi, portador del poder del Ermitaño de la Profecía de esta generación. Seré el encargado de probarte a través un duelo.

Harry asintió en su dirección. Pikeru y Curan desaparecieron en el interior de sus cartas entendiendo que la prueba estaba comenzando.

—Este duelo comienza ahora —anunció Lord Endimión, mientras se sentaba de nuevo en su silla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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