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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 38

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Capítulo 38: La prueba de los espíritus, profecía

La Gran Torre del Libro de Magia se desvaneció, transportando a los duelistas de regreso a la arena del estadio. Harry suspiró aliviado cuando Pikeru y Curan volvieron a emerger junto a él.

—¡Detesto ir al Cementerio! —se quejó Curan.

Pikeru solo sonrió con timidez.

—Ese fue un duelo muy impresionante, joven mago —el Ermitaño felicitó a Harry—. En lo que a mí respecta, has aprobado mi prueba de forma más que satisfactoria.

—Muchas gracias —respondió Harry.

—Me alegra ver que mis nietas están en buenas manos. Sé que pueden ser un pequeño vendaval de problemas cuando ambas están juntas —terminó riendo.

—¡Abuelo! —se quejaron las niñas.

Harry notó que Endimión había abandonado su palco. El mago flotaba suavemente en su dirección, de tal modo que parecía como si estuviera caminando en el aire. Los cuatro magos de batalla que hacían de su guardia descendieron junto a él, sin perder nunca su formación. Su asistente de igual forma aterrizó con suavidad dos pasos por detrás.

—Ese fue un duelo interesante —dijo Lord Endimión—. Estoy sorprendido de que tengas en tu poder una carta de Libro de Magia. El Sínodo de la Profecía los resguarda con mucho recelo.

Curan se permitió mostrarse algo tímida una vez más.

—Yo los encontré —dijo casi en un susurro—. En la biblioteca de un mago del Mundo Humano.

Endimión pareció pensativo.

—Debe ser alguno de los clanes que se escindieron antes de que los Velos de los Mundos se cerrarán —conjeturó el anciano Ermitaño.

—Sí, eso debe ser —admitió Endimión. Miró a Curan—. ¿Dices que encontraron varios?

Curan asintió.

—Tres. —Los libros de la Sabiduría y de los Secretos aparecieron flotando frente a Curan—. Ninguno estaba sellado en cartas, pero tuvimos que sellar el de Poder debido a… Un asunto.

Endimión enarcó una ceja. El anciano parecía preocupado.

—Sellaré esos dos —dijo finalmente el Mago Maestro.

Harry se sorprendió. A Curan y a Pikeru les costó varias semanas durmiendo en sus cartas sellar solamente uno. Lord Endimión, en cambio, solo tuvo que chasquear los dedos para que ambos libros se convirtieran en cartas que luego flotaron hasta detenerse frente a Harry. Este las tomó y las añadió a su mazo.

—Gracias —dijo, todavía sorprendido.

Pikeru y Curan también estaban impresionadas. El anciano se rio por lo bajo al ver la expresión en el rostro de sus nietas.

—La edad trae sabiduría y poder, joven mago —comentó Lord Endimión—. Una vez concluida la prueba, lo usual es que vuelvas al punto de partida. Sin embargo, me gustaría hablar contigo algunas cosas antes de enviarte de regreso.

Endimión chasqueó sus dedos una vez más. Al siguiente instante, no estaban más en la arena del estadio, sino en una cómoda sala. La habitación estaba ornamentada con muebles finos y cómodos, alfombras de bordados intrincados. Sobre sus cabezas, flotaban varias esferas de luz que proveían a la habitación de iluminación. En una chimenea ardía un fuego, el cual en realidad no calentaba la habitación al ser verano. Por el contrario, sus flamas azules parecían refrescar la habitación. A Harry le pareció un efecto muy interesante, el cual obviamente sólo era posible mediante la magia.

Lord Endimión se sentó en un mullido sofá y les indicó a todos que hicieran lo mismo.

—No pude evitar notar tu sorpresa cuando me referí a ti como el Niño Profetizado. —Harry asintió—. ¿Qué sabes sobre la Profecía de los descendientes de Arturo?

—Solo lo que Pikeru y Curan dijeron: que nacerá un niño del amor y un niño sin amor, quienes lucharán para decidir el destino del mundo.

—El Destino de la Magia —lo corrigió Lord Endimión—. Así lo quiere Nuestra Matrona, la diosa Hécate. Sin embargo, dado que la Magia es tan importante en nuestro universo, decidir su destino es decidir el destino de la vida misma.

—¿Cómo pueden saber que soy el niño de amor mencionado en esa profecía?

—Eres un Peverell —respondió el Ermitaño—. Ese fue el nombre que tus ancestros, los descendientes de Mordred, tomaron para ocultar su parentesco con él de sus enemigos.

Harry lo miró sorprendido. Conocía ese apellido, ya que había algunos Peverell sepultados en el Cementerio de Valle de Godric. Por supuesto, nunca pensó que él pudiera estar emparentado con ellos. Un poco tonto de su parte, después de todo, cada familia mágica en Gran Bretaña estaba emparentada de una u otra forma.

—No lo sé —respondió.

—La magia deja huellas —respondió Lord Endimión—. Una huella que se hace más fuerte o más débil según la fuerza de la sangre de cada familia. Esa es la misma magia que permite hacer los Árboles Familiares de las Grandes Casas. La tuya debe tener uno.

—Lo había —respondió Harry—. Se perdió en algún momento de los últimos seiscientos años. Fue durante una de las rebeliones de goblins. Quemaron la Casa Ancestral de mi familia, razón por la que se perdieron muchas de nuestras posesiones ancestrales, incluyendo el tapiz de nuestro Árbol Genealógico. Las generaciones Potter que siguieron nunca se molestaron en intentar fabricar otro. No le veían utilidad, a diferencia de otras Casas Antiguas los títulos nunca les importaron mucho.

Lord Endimión asintió para demostrar que entendía.

—Más allá del prestigio que trae el ser de una casa antigua, los Árboles Genealógicos son importantes para conocer nuestra propia magia —explicó—. Es un desatino desatenderse de eso. Nuestro linaje no es solo nuestra historia, también define nuestros límites y que tan fuerte es nuestro vínculo con la magia. Ayuda a elegir con quién debemos mezclar a nuestra dependencia a fin de no contaminar la magia.

Harry frunció el ceño. Eso sonaba demasiado a un argumento de sangre pura.

—No habla sobre eso —dijo Pikeru—. La magia y el poder en la sangre no tienen que ver tanto con la supuesta pureza de un linaje.

Lord Endimión miró a la pequeña maga con interés.

—Los magos de la Tierra han olvidado muchos de los pilares de la magia y como conservarla fuerte en la familia —explicó Pikeru.

—¡Se pelean entre sí por la supuesta pureza de sus linajes! —agregó Curan—. Es cosa de locos: arreglando matrimonios según qué tan antigua sea otra casa y sin pensar en si la descendencia será fuerte y sana. La mayoría se cierra sobre sí mismas y creen que los no usuarios deberían ser exterminados.

—¿Cómo es eso? —preguntó el Ermitaño.

—Estamos divididos —respondió Harry—. Magos y no magos, o cómo les llaman actualmente en las Islas Británicas: muggles. Hace unos trescientos años de la Tierra, las comunidades de magia de casi todo el mundo se unieron y decidieron separarse de los no magos. Se crearon gobiernos alternos, se ocultó todo lo que fuera mágico de la vista de los no magos, borrando la memoria de cualquiera que tuviera contacto con la magia sin ser mago. Se habla de que en la Tierra hay dos mundos compartiendo el mismo planeta: el mágico y el muggle.

—Es ridículo —respondió Curan—. ¡Han enloquecido!

—Bueno, la decisión se tomó debido a las diferencias cada vez más grandes entre magos y no magos. Los magos y las brujas se cansaron de que los no magos los culparan por cada cosa que iba mal. Los prejuicios crecieron por todo el mundo, y los no magos comenzaron a cazar a los magos y brujas. Un mago o bruja experimentados podían escapar fácilmente de las llamas de la hoguera, pero los jóvenes y quienes nacían en familias de no magos no tenían esa suerte: perecieron cientos en las llamas o colgados.

El Ermitaño suspiró. A Harry le pareció que era el suspiro de alguien que estaba recordando varios momentos.

—Nunca pensé que eso llegara a tanto —dijo, sin elaborar más.

—Con algo así, no es de extrañar que haya discriminación —dijo Endimión—. La discriminación nace del miedo. Si los magos veían su modo de vida amenazado, es obvio que se cerraron sobre sí mismos para protegerlo y proteger a sus hijos.

—Hubo una guerra hace más de una década —dijo Harry. Recordó lo que había aprendido: como durante el verano Voldemort regresó usando la sangre de Charlus—. Pronto habrá otra. Los llamados Sangre Pura quieren eliminar a los nacidos de no magos, acusándolos de tener la Sangre Sucia. Algunos abogan por ir más allá: exterminar a todo aquel que no tenga ascendencia mágica.

—La magia es una bendición de Hécate —aseveró Lord Endimión—. Si un niño nace con magia, sin importar su linaje, es un regalo de los dioses. Negarles la vida es negar a la propia Magia.

—Dices que pronto habrá otra guerra —dijo el Ermitaño.

—Sí. Hace casi catorce años, cuando la guerra anterior estaba en su peor momento, el Mago Tenebroso que dirigía a los Sangre Pura decidió atacar a mi familia. No está muy claro qué sucedió esa noche. Voldemort, el Mago Tenebroso, quiso matarnos a mí y a mi hermano, algo pasó entonces que hizo que su maldición rebotara y, supuestamente, lo mató. Eso puso fin a la guerra.

»Sin embargo, hace unos meses, Voldemort realizó un ritual que le permitió volver. No conozco los detalles, solo que usó la sangre de mi hermano mayor para ello; no obstante, el gobierno mágico de Gran Bretaña se niega a creer que Voldemort está vivo. Desacreditan a cualquiera que diga lo contrario, mientras Voldemort permanece en las sombras preparándose para dar el gran golpe al amparo de la mediocridad del Ministro de Magia.

Para ninguno de los magos de allí pasó desapercibida la amargura en las palabras de Harry. Podían entender la frustración de saber que el enemigo de la Magia se hacía fuerte, mientras el gobierno ignoraba las señales que debían ser obvias para ellos.

Seres como este Voldemort raramente podían permanecer ocultos. La magia demoníaca que manejaban tendía a crear olas en la misma magia. Cualquiera dispuesto a escucharla debía darse cuenta.

Endimión se recargó en su asiento, de pronto viéndose muy viejo. Como Mago Maestro, era el Rey de todos los Magos. Esa fue la encomienda que su abuelo, Zeus, puso sobre sus hombros cuando se desposó con Selene, la diosa de la Luna y fundó su propio Reino en el Mundo Espiritual. Escuchar que los magos de la Tierra olvidaron las tradiciones y permitían que tales injusticias fueran cometidas en nombre de la magia lo hacía sentir inútil. Si tan solo el Velo que separaba los mundos no estuviera cerrado.

Pero, aquí estaba el Niño Profetizado por el Oráculo, aquel a quien Hécate bendijo para enfrentarse a aquella calamidad que podría traer el fin de la magia. No había duda que este era el tal Voldemort. Si este llamado Mago Tenebroso cumplía con su cometido, los pilares mismos de la magia en la Tierra quedarían destruidos. Incluso con el Velo de los Mundos cerrados, el efecto devastador que eso tendría en los otros planos del universo sería suficiente para destruir a la misma magia.

Estaba claro que la calamidad era este Voldemort.

—Nadie puede volver de la muerte —aseguró el Ermitaño.

—No —convino Lord Endimión—. Pero puedes engañarla.

Pikeru y Curan se miraron.

—El trozo del alma —dijeron.

Pikeru miró a su abuelo y luego a Lord Endimión.

—Había un trozo de alma adherido a la cicatriz de Harry…

Curan asintió con la cabeza.

—… Por culpa de esos tontos magos de la Tierra, Harry iba a morir, así que desviamos la magia que iba a matarlo a esa cosa…

—… Apestaba —dijo Pikeru—. En mi vida había escuchado de algo así…

—… Estaba desgarrada —añadió Curan—, como un viejo trozo de tela que ha sido cortado muchas veces.

El Ermitaño miró a sus nietas.

—El uso sin medida de la magia demoníaca puede rasgar un alma, aunque cortarla es muy difícil.

—Sin embargo, hay una forma —respondió Lord Endimión—. Horrocrux.

Un escalofrío recorrió a los presentes al escuchar dicha palabra. Lord Endimión se veía incluso más viejo.

—En mis días como rey de Elida, un mago fue llevado a mí para ser juzgado. Se le acusaba de cometer el mayor sacrilegio de todos: usar la magia para alargar la vida de manera sobrenatural. Este hombre, Herpo el Loco, rasgó su propia alma para lograr esto. Cuando se intentó ejecutarlo, nos dimos cuenta de que no podía morir. No fue hasta que se dio muerte al basilisco al que crío como familiar, que Herpo el Loco murió. Nos dimos cuenta entonces que, de alguna manera, había rasgado su propia alma y unido el trozo a la serpiente.

Harry se sintió enfermo. ¿Era debido a ese trozo en su cicatriz que Voldemort no murió? Todo ese embrollo era por su causa, porque sobrevivió a esa noche…

—No es tu culpa —la voz de Curan interrumpió sus pensamientos—. Conozco esa mirada. Pikeru también la tiene a veces. Te estás culpando por lo que ese Voldyshort hizo, pero no es tu culpa.

—Destruimos el Horrocrux en tu frente —le recordó Pikeru—. Eso debió destruir a Voldemort, pero aun así se las arregló para volver. Y luego estaba el diario. Eso debió ser otro Horrocrux.

Endimión sintió ganas de salir él mismo de allí para ir en busca de este ser que se atrevía a rasgar la Magia de esa forma para sus propósitos egoístas. La muerte era un descanso, sin importar que tan bueno o malo fueras en vida: era una oportunidad de buscar redención, y elegir si volver o seguir adelante. Era enfermizo que alguien despreciara eso y se aferrara a la vida mediante la acción más vil: el asesinato premeditado y sin remordimiento. ¿A cuántos mató para dividir su alma? ¿Cuántos trozos de esta había por allí ocultos en diversos objetos o incluso otros seres vivos?

Sin embargo, sabiendo todo esto, muchas piezas encajaban. La Otra Profecía, esa que el Oráculo pronunció y luego transmitió a uno de sus descendientes en la Tierra. Aquella que fue vista como la señal inequívoca que los tiempos de los que la Profecía de Merlín, el más joven de sus hijos y de Selene, les advertía habían llegado.

El que Harry se refiriera a este Voldemort como Mago Tenebroso era la conexión definitiva.

—No hay duda de que este Voldemort es el Niño Nacido Sin Amor del que habla de la Profecía de Merlín —anunció en voz alta.

Harry lo miró. Una mezcla de curiosidad y aprehensión. Podía entender eso. Nadie quería estar en el centro de tormentas como aquella. Pero, precisamente, eran quienes menos deseaban esos destinos quienes debían afrontarlos. El no desear el destino impuesto por los dioses, hacía menos probable que actuarán con arrogancia al saberse Los Elegidos. La arrogancia solo les haría fallar.

—Hace poco más de quince años Terrestres, el Oráculo pronunció una segunda profecía, que luego fue replicada en uno de sus descendientes para que llegara a los oídos de quien podía ponerla en marcha.

El único con el poder de derrotar al Señor Tenebroso se acerca…

Nacido de los que lo han desafiado tres veces,

vendrá a este mundo al concluir el séptimo mes…

Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual,

pero él tendrá un poder que el señor tenebroso no conoce…

Y uno de los dos deberá morir a manos del otro,

pues ninguno de los dos puede vivir mientras el otro sobreviva.

Harry sintió un escalofrío recorrerlo cuando Lord Endimión pronunció aquellas palabras. Esa era la famosa Profecía, esa que era un secreto a voces en su familia. Era debido a esas palabras que comenzó el cisma entre él y Charlus, la razón que hacía que Voldemort decidiera atacar a su familia.

—¿Esa Profecía es sobre mí?

—No hay duda de eso. —Por algún motivo, las palabras de Lord Endimión se sintieron como una condena.

—Se supone que mi hermano es quien cumplirá ese destino —dijo—. Toda su vida se ha hablado de eso. Dumbledore, mis padres…

—Las Profecías a menudo son malinterpretadas —respondió el Ermitaño. Como patriarca actual del Clan de la Profecía, él sabía bien de lo que hablaba—. Esto se debe a múltiples factores: su redacción confusa, no escucharla completa o interpretarla mal por no tener toda la información para descifrarla de la forma correcta. Además, son seres caprichosos: ¡nunca te lo dicen todo!

El anciano suspiró.

—A final de cuentas, son avisos de los dioses a los cuales, muchas veces, son ignorados o no se les toma la importancia debida.

—Me gustaría continuar hablando —dijo Lord Endimión poniéndose de pie—. Sin embargo, es momento de que vuelvas. Con el fin de la prueba, no puedo mantenerte más aquí. No obstante, en pocos días, el Velo entre los mundos estará debilitado. Me gustaría que habláramos más entonces. No puedo quitar esta carga de tus hombros, aun así, haré todo lo que pueda para hacerla más ligera.

Harry le agradeció por eso, aunque no podía pronunciar palabras. Endimión lo entendió.

Hubo un resplandor como el que llevó a Harry a la Capital del Reino de los Magos horas atrás. Cuando abrió los ojos estaba frente a un castillo. Neville y sus otros amigos lo rodearon.

Johan, Judai y el Kaiser no habían regresado aún de sus pruebas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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