Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 65
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Capítulo 65: Acto I — Capitulo 17 — Pasar con éxito.
El coliseo vibraba con energía contenida. El rugido de la multitud subía y bajaba como olas, cada nuevo participante avivando el fuego colectivo de expectación y rivalidad. Los cinco puestos de la tercera prueba ya estaban ocupados por instructores de la Academia Jinshan: tres en etapa Ony inicial y dos en etapa alta. Yeryn y el joven de cabello largo castaño ocupaban dos de ellos, esperando con calma los tres nombres restantes.
Entonces apareció ella.
Una joven de cabello morado intenso, largo hasta la cintura, caminaba hacia la roca de pureza con pasos cortos y vacilantes. Su túnica era sencilla, de un gris oscuro sin adornos, como si hubiera intentado pasar desapercibida. Sus manos se retorcían ligeramente frente a su abdomen, los dedos entrelazados con nerviosismo evidente. Cada pocos pasos se detenía, miraba alrededor como si esperara que alguien la detuviera, y luego continuaba.
Pero Inei, desde las gradas altas, la vio de inmediato. No fue su apariencia lo que llamó su atención. Fue la fluctuación. Dentro del cuerpo de la chica, el Arcam se movía como un océano helado bajo una superficie calma. Débil en apariencia, casi imperceptible para la mayoría de los presentes… pero enorme. Un volumen de energía fría, profunda, estable. No llegaba ni de lejos a las reservas abismales de Inei —cuyo núcleo ya era un mar profundo y estable—, pero era mucho mayor de lo que su nerviosismo y su postura encogida sugerían.
Y lo más extraño: era frío. Un frío que no pertenecía a este mundo. Un frío que parecía venir de su alma misma.
Inei entrecerró los ojos. Nunca había sentido una presencia tan gélida en alguien vivo.
Ella llegó frente a la roca de cristal negro.
El maestro que supervisaba la prueba —un hombre de mediana edad con túnica azul de la Academia— la miró con escepticismo.
—Nombre y familia —dijo con voz monótona.
La joven tragó saliva. Su voz salió baja, casi un susurro.
—… De la familia Yuwen. Yuwen Ziyu.
Un murmullo recorrió las gradas cercanas. Yuwen. Una de las familias nobles más antiguas y discretas de la capital. Pocas veces enviaban representantes a pruebas abiertas como esta.
El maestro alzó una ceja, pero no dijo nada más.
—Coloca la mano.
Ziyu dudó un segundo. Sus dedos temblaron al acercarse a la roca. Cuando finalmente tocó la superficie, cerró los ojos con fuerza, como si temiera lo que iba a pasar.
La roca tardó un instante en reaccionar.
Y luego brilló.
Fuerte.
Morado.
Nivel 9.
El murmullo se convirtió en un rugido.
El maestro parpadeó, sorprendido. Miró la roca, luego a la chica, luego de nuevo a la roca.
—Pureza… 9 —anunció, su voz ahora con un matiz de respeto—. Pasa a la siguiente prueba.
Ziyu abrió los ojos. Parecía tan sorprendida como todos los demás. Bajó la mano lentamente, como si no creyera lo que acababa de ocurrir, y se dirigió con pasos aún más inseguros hacia uno de los puestos de combate.
Inei no apartó la mirada de ella.
Algo en esa chica no encajaba.
No era solo el volumen de Arcam.
Era la forma en que lo contenía. Como si estuviera asustada de sí misma.
Y eso… eso era algo que Inei reconocía muy bien.
Mientras Ziyu se acercaba al escenario de la segunda y tercera prueba, uno de los instructores de clase Ony se retiró para ser reemplazado por uno de clase Sun. De repente, una presencia nueva apareció a su lado.
Un perfume suave pero intenso llegó primero: jazmín negro mezclado con ámbar cálido y un toque metálico de poder antiguo.
Inei giró la cabeza.
Una mujer joven —aparentemente joven— se había detenido junto a él en la grada superior. Vestía una túnica roja oscura ajustada que ceñía su cuerpo maduro y voluptuoso con una elegancia casi pecaminosa. El vestido se adhería a cada curva: cintura estrecha, caderas anchas, pechos llenos que empujaban la tela con descaro. Desde la parte inferior del vestido partía un corte recto que subía hasta el muslo, revelando y ocultando a la vez una pierna larga, torneada y bronceada. El cabello negro caía en ondas sueltas hasta la mitad de la espalda, y sus ojos eran de un ámbar profundo, casi dorado, que brillaban con inteligencia y algo más… algo hambriento.
Miller Liam Fei.
La líder de la Casa de Subastas y Mercado de Linye.
Ella sonrió con lentitud, apoyando una mano en la barandilla junto a Inei. El movimiento hizo que el corte de su vestido se abriera un poco más, dejando ver la piel suave y el inicio de un tatuaje dorado en el muslo.
—No esperaba ver al nuevo patriarca Nozen aquí arriba —dijo con voz aterciopelada, casi ronroneante—. Pensé que estarías abajo rompiendo cabezas… o corazones.
Inei la miró de reojo, sin inmutarse.
—Prefiero observar primero. Saber contra quién lucho… o con quién podría aliarme.
Miller rio bajito, un sonido que parecía acariciar el oído.
—Buena respuesta. Muy buena.
Se acercó un paso más. Su perfume lo envolvió. Su hombro rozó el de Inei —un contacto casual, pero deliberado.
—Soy Miller Liam Fei —se presentó, una sonrisa cálida y seductora curvando sus labios.
Inei inclinó ligeramente la cabeza.
—Un placer.
Ella sonrió más ampliamente, mostrando dientes perfectos.
—El placer es mío… créeme.
Sus ojos bajaron un instante por el cuerpo de Inei —la gabardina abierta, el buzo ajustado que marcaba los músculos del torso, los brazos fuertes cruzados sobre el pecho— y volvieron a subir lentamente, deteniéndose en sus ojos negros.
—Tienes presencia —murmuró, casi para sí misma—. No solo poder. Presencia. Eso es raro… y peligroso.
Inei no respondió de inmediato. Sus ojos volvieron a la arena, donde Ziyu se unía a Yeryn y al otro chico.
Miller siguió su mirada.
—Esa niña… Ziyu Yuwen —dijo en voz baja—. Dicen que su interior es hielo puro. Que su alma misma está congelada desde que nació. Por eso su Arcam es tan frío… y tan vasto. Pero también por eso tiene miedo de sí misma.
Inei giró la cabeza hacia ella.
—¿La conoces?
Miller sonrió con picardía.
—Conozco a todos los que valen la pena en esta ciudad y en la capital. El viejo Sheilam la protege demasiado. Ha impedido que la pobre socialice con los demás jóvenes de su edad.
Los ojos de Inei se abrieron un poco al escuchar el nombre “Sheilam”. Su respiración se paralizó un segundo mientras miraba fijamente la espalda de la chica de cabello morado.
Liam notó el cambio en su respiración y giró hacia él.
—¿Pasa algo, joven maestro?
Inei tardó un instante en responder. Su voz salió baja, controlada.
—Sheilam… es el abuelo de Ziyu, ¿verdad?
Miller asintió, observándolo con curiosidad.
—Así es. Yuwen Sheilam. Uno de los patriarcas más antiguos y poderosos de la capital. ¿Por qué? ¿La conoces?
Inei no respondió directamente. En su mente, un recuerdo antiguo se encendió: la noche en que su padre y su abuela hablaron en privado sobre “las tres promesas” que habían hecho años atrás para asegurar el futuro del clan. Tres nombres. Tres familias. Tres jóvenes que, según ellos, serían sus prometidas.
Uno de esos nombres era Yuwen Ziyu.
Inei apretó ligeramente la mandíbula. No iba a afirmar nada todavía. No sin hablar primero con Xiay y Nezari. No sin entender exactamente qué habían acordado.
Desvió el tema con naturalidad.
—Parece que nadie más se atreve a pasar —comentó, mirando hacia la roca de pureza—. Yeryn, Ziyu y ese chico misterioso han tenido resultados demasiado altos. Los demás deben tener miedo de quedar como inútiles a su lado.
En ese preciso momento, una figura familiar subió las escaleras de la grada superior casi corriendo.
Athena.
La hermosa chica de cabello castaño claro y ojos dorados se dejó caer en el asiento junto a Inei, respirando agitada pero con una sonrisa radiante.
—¡Inei! ¿Viste a Yeryn? ¡Salió con un 9! ¡Tan calmada, como si nada! Y esa chica del cabello morado… ¡parece que tampoco está acostumbrada a fallar!
Inei pasó un brazo por la espalda de Athena y la acercó suavemente hacia él. Athena, feliz, recostó la cabeza en su hombro sin pensarlo dos veces.
Entonces notó a Miller Liam Fei sentada al otro lado.
—Oh… ¡Liam! —saludó Athena con ánimos, levantando una mano—. ¡Cuánto tiempo!
Liam rio suavemente, halagada.
—Athena, mi pequeña comerciante favorita. Veo que sigues tan energética como siempre.
Inei levantó una ceja, ligeramente sorprendido.
—¿Se conocen?
Athena asintió con entusiasmo.
—Liam es la que controla casi todo el mercado de Linye y hace las subastas más increíbles cada mes. ¡Es la mejor!
Miller rio con suavidad, claramente halagada por las palabras de Athena.
—Exageras, pero gracias, querida.
Inei miró a Athena con curiosidad.
—¿Quieres participar en las pruebas?
La sonrisa de Athena se apagó de inmediato. Bajó la mirada, sus dedos jugueteando con el borde de su vestido.
—No puedo… ¿No recuerdas que tengo una maldición que me impide usar el Arcam?
Inei sintió una punzada de culpa por haber tocado el tema tan directamente. Sin decir nada, le dio un beso suave en el cabello y comenzó a acariciarle la espalda con lentitud, reconfortándola.
—No es exactamente así —murmuró solo para ella—. Siento una pequeña cantidad de Arcam dentro de ti. Muy pequeña, pero está ahí. Puedo prestarte un poco del mío para que pases las pruebas.
Athena levantó la cabeza de golpe, los ojos dorados abiertos de par en par, llenos de emoción y esperanza.
—¿En verdad se puede?
Inei asintió, su voz baja y segura.
—Puedo hacerlo. Pero tienes que concentrarte mucho. Te explicaré rápido cómo mantener el Arcam que te voy a prestar. No será mucho, pero debería ser suficiente para que pases las tres pruebas.
Athena tragó saliva, emocionada, pero también nerviosa.
—Está bien… dime qué tengo que hacer.
Inei sonrió con ternura y acercó su frente a la de ella, comenzando a explicarle en voz muy baja el método.
—Debido a que nadie más ha decidido pasar, la segunda fase de expulsión de aura y contención se llevará a cabo con los tres próximos estudiantes de la academia.
El instructor de la piedra declaró cuando, después de varios minutos, nadie más se atrevió a avanzar. Los tres adolescentes prodigios se preparaban para recibir instrucciones de los maestros frente a ellos.
—¡Espere! ¡Espere por favor!
La voz animada de Athena interrumpió el momento. Su hermosa figura pasaba entre los grupos de jóvenes a buena velocidad, como una hoja cabalgando las corrientes de aire.
—Yo quiero participar, por favor.
Cuando finalmente se detuvo frente al instructor de la roca, este la miró con ojos curiosos. No percibía Arcam en ella, pero la mirada decidida y el brillo confiado en sus ojos dorados hicieron que el instructor no pudiera negarse.
—Tu nombre y el de tu familia —pidió, apartándose del camino.
—Athena. Nozen Athena —declaró con orgullo, subiendo los últimos peldaños para llegar a la roca.
Cerró los ojos, recordando las palabras de Inei: El Arcam se mueve porque la mente lo permite. Imagina el Arcam dentro de ti, circulando por tu cuerpo. Una vez tengas la imagen clara en tu mente, guíalo por tus canales. Luego projéctalo en tus palmas y, al final, expúlsalo.
Siguiendo esas instrucciones, Athena liberó una gran aura dorada y la dirigió hacia el centro de la piedra. La roca reaccionó de inmediato. El contador en la parte superior empezó a girar a una velocidad que hizo que varios instructores se acariciaran la barba. Incluso una mujer al lado derecho de las gradas, con la banda y la insignia de la academia, se levantó para acercarse y ver mejor la calificación.
La ruleta de puntuación giró varias veces durante dos minutos enteros, incapaz de procesar y recrear el verdadero poder y pureza de ese Arcam.
Pero tras finalizar el tercer minuto de espera, la ruleta giró cuatro veces más antes de detenerse.
9 — Medio
Era el resultado final.
La multitud estalló en murmullos y aplausos.
Pero no terminó ahí.
La enorme roca de cristal negro, diseñada para soportar puras de alto nivel, comenzó a temblar. Grietas finas aparecieron en su parte central, extendiéndose como telarañas. Un sonido agudo, como cristal rompiéndose, resonó en el coliseo.
¡CRACK!
La parte central de la roca se agrietó visiblemente. No se rompió por completo, pero quedó marcada con una grieta profunda que brillaba con luz dorada. El instructor retrocedió un paso, sorprendido.
Athena abrió los ojos, jadeando. Miró la roca con incredulidad.
Inei, desde las gradas, sonrió con orgullo genuino y comenzó a aplaudir. A su lado, Miller Liam Fei también aplaudió, aunque con una ceja arqueada por la sorpresa.
—Impresionante… —murmuró Liam—. Esa chica no tenía ni una gota de Arcam detectable hace un momento. Y ahora casi rompe la piedra de pureza.
Athena, aún aturdida pero radiante, se unió a los otros tres prodigios: Yeryn, Ziyu y el joven de cabello castaño. Ahora eran cuatro puestos y cuatro instructores que veían mucho potencial frente a ellos.
La mujer que estaba en la otra grada —de mediana edad, con cabello castaño recogido y una banda oficial de la academia— era bastante perceptiva. Había notado cómo Inei le pasaba un poco de Arcam a Athena. Sus ojos se entrecerraron con interés.
Se levantó con elegancia y se acercó cuidadosamente a donde estaba Inei, subiendo las escaleras de la grada superior.
Cuando llegó, inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—Joven maestro Nozen —dijo con voz calmada pero cargada de curiosidad—. Soy la Maestra encargada de la Evaluación, Eysha Voss. He observado con atención lo que acaba de ocurrir. ¿Le importaría que charlemos un momento?
Inei la miró con calma, aunque internamente ya sabía que había sido descubierto.
—Adelante, Maestra Voss. Estoy a su disposición.
La mujer sonrió con sutileza, sentándose en el asiento libre al lado de él.
—Interesante técnica la que usó con la joven Athena. Prestar Arcam propio a otra persona… no es algo que se vea todos los días. Y menos con esa precisión y control. ¿Le importaría explicarme cómo lo hizo?
Inei sonrió levemente, sin negar ni confirmar de inmediato.
—Es solo un pequeño truco que aprendí en el camino —respondió con naturalidad—. No exactamente le preste mi Arcam, Athena tiene una restricción y yo solo active uno de sus canales de Arcam al prestarle un poco del mío.
La Maestra Voss lo miró con ojos brillantes de interés.
—Interesante… Muy interesante. Pero debes saber que eso contaría como hacer trampa…
Abajo, en la arena, Athena sonreía con orgullo mientras los instructores la observaban con renovado respeto.
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