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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 66

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Capítulo 66: Acto I — Capitulo 18 — Gente poderosa.

—Joven maestro Nozen —dijo con voz calmada pero cargada de curiosidad—. Soy la Maestra encargada de la Evaluación, Eysha Voss. He observado con atención lo que acaba de ocurrir. ¿Le importaría que charlemos un momento?

Inei la miró con calma, aunque internamente ya sabía que había sido descubierto.

—Adelante, Maestra Voss. Estoy a su disposición.

La mujer sonrió con sutileza, sentándose en el asiento libre al lado de él.

—Interesante técnica la que usó con la joven Athena. Prestar Arcam propio a otra persona… no es algo que se vea todos los días. Y menos con esa precisión y control. ¿Le importaría explicarme cómo lo hizo?

Inei sonrió levemente, sin negar ni confirmar de inmediato.

—Es solo un pequeño truco que aprendí en el camino —respondió con naturalidad—. No exactamente le preste mi Arcam, Athena tiene una restricción y yo solo active uno de sus canales de Arcam al prestarle un poco del mío.

La Maestra Voss lo miró con ojos brillantes de interés.

—Interesante… Muy interesante. Pero debes saber que eso contaría como hacer trampa…

Abajo, en la arena, Athena sonreía con orgullo mientras los instructores la observaban con renovado respeto.

Eysha Voss se inclinó ligeramente hacia adelante, bajando la voz para que solo Inei pudiera oírla.

—Sin embargo… estoy dispuesta a pasar por alto esa pequeña irregularidad si tú participas en la selección especial contra mí. Si logras pasar mi prueba, no diré nada sobre Athena ni la sancionaré. ¿Qué dices, joven patriarca?

Inei la miró fijamente durante un segundo. Luego sonrió con calma.

—Acepto. Pero bajo ciertas condiciones.

Voss arqueó una ceja, intrigada.

—Estoy escuchando.

Inei respiró hondo.

—Primero: si paso, no entraré de inmediato a la academia como el resto de los estudiantes. Tengo asuntos importantes que atender y estaré bastante ocupado. Si puede entender eso y dejar un aviso o un permiso para que pueda incorporarme después sin problemas, se lo agradecería.

Voss asintió lentamente.

—Puedo aceptar eso. ¿Algo más?

Inei desvió la mirada un instante hacia las bancas inferiores, donde varios jóvenes del clan Nozen esperaban con rostros tristes o resignados. Algunos no habían pasado las pruebas.

—Segundo: todos los jóvenes de mi clan que se presentaron hoy serán admitidos a la academia. El clan se prepara para un largo viaje y temo que sean impulsivos ante el peligro del camino. Necesito que estén ocupados y formándose.

Voss soltó una risa baja, casi divertida.

—Esa condición ya es bastante difícil. No prometo mucho, pero si logras obtener un resultado mejor que el los cuatro que están abajo esperando, haré lo que esté en mi mano.

Inei inclinó la cabeza en agradecimiento.

—Con eso me basta.

Voss se levantó con elegancia y le extendió la mano.

—Si quieres que eso se cumpla, por favor baja y clasifícate contra mí. La prueba será de inmediato.

Inei estrechó su mano con firmeza.

—Entonces bajemos.

Justo en ese momento, una joven torpe de cabello morado oscuro se acercó corriendo a Miller Liam Fei. Le susurró algo al oído. Liam se puso rígida al instante, su expresión cambiando por completo.

Se levantó rápidamente y se giró hacia Inei. Con una sonrisa que mezclaba urgencia y coquetería, le tendió una tarjeta dorada con bordes negros.

—Quería hablar contigo con más calma, pero tal vez sea más adelante —dijo, su voz aún seductora pero con un matiz de prisa—. Esta es una invitación a una subasta privada que se llevará a cabo en una semana. Espero que puedas asistir. Te prometo que encontraras objetos de alto valor y tal vez alguna que otra que te interese.

Inei tomó la tarjeta y la guardó sin abrirla.

—Allí estaré.

Liam le sonrió agradecida y coqueta, rozando su mano un segundo más de lo necesario antes de retirarse con prisa. Una vez que Liam salió de su campo de visión, Eysha Voss se volvió hacia Inei con una ceja arqueada y una sonrisa pequeña que hizo que Inei dudara de algo un momento.

—Vamos, veamos si estás hecho para pedir mucho.

—-

La multitud de jóvenes se apartaba con respeto mientras Inei y Eysha Voss caminaban hacia el centro del coliseo. Había miradas curiosas, de admiración y, en algunos casos, de miedo. La presencia de ambos era tan abrumadora que se sentía en un radio de más de 200 metros. El chico de cabello castaño, Yeryn, Athena, Ziyu y los instructores dirigieron sus miradas hacia la pareja que se abría paso entre la gente.

Eysha Voss guio a Inei directamente hasta una plataforma circular elevada en el centro del área de combate. Antes de subir, se giró hacia él.

—Voy a saltarte directamente a la última fase —dijo en voz baja—. Si Athena fue capaz de abrir grietas en la roca con el poco poder que le prestaste, temo que tú puedas causar un problema mucho mayor. Aún hay muchos jóvenes que evaluar y muchas ciudades por visitar.

Inei asintió con un leve movimiento de cabeza.

—Espera aquí un momento. Voy a aclarar la conmoción.

Eysha Voss subió a la plataforma y levantó una mano. El coliseo entero guardó silencio casi al instante.

—Atención todos —su voz resonó clara y autoritaria, amplificada por Arcam—. Debido a las circunstancias excepcionales, el joven patriarca Inei Nozen pasará directamente a la fase final del examen. No es un trato de favor. Es un reconocimiento: su talento supera con creces al de la mayoría de los presentes. Espero que aquellos que observen esta pelea aprendan lo que realmente significa el nivel que se exige en la Academia Jinshan. Que sirva de inspiración… y de advertencia.

Un murmullo recorrió las gradas. Algunos jóvenes del clan Nozen miraban con orgullo, otros con envidia. Athena y Yeryn observaban con atención, mientras Ziyu permanecía en silencio, sus ojos morados fijos en Inei.

Eysha Voss se giró hacia Inei y le hizo un gesto para que subiera.

—Fase final —anunció con voz clara y autoritaria—. Sobrevivir al asalto completo. Sin rendirse. Sin ser noqueado. Comencemos.

El látigo negro apareció en su mano con un chasquido. El arma se movió como una serpiente viva, cargada de Arcam azul oscuro.

El primer latigazo cortó el aire con un sonido ensordecedor. Inei apenas tuvo tiempo de girar el cuerpo. La punta del látigo pasó a milímetros de su hombro, dejando un surco ardiente en el suelo de la plataforma. El segundo ataque llegó desde abajo, buscando sus piernas. Inei saltó, pero el látigo cambió de trayectoria en el último instante y le rozó el muslo, abriendo una línea roja en su piel.

El dolor fue inmediato. Su núcleo fracturado no le permitía moverse con la fluidez de antes. Cada movimiento le costaba más energía de la que debería.

Eysha no le dio respiro. El látigo se convirtió en una tormenta de golpes rápidos y precisos. Cada latigazo llevaba la fuerza de un Sun de cinco estrellas media etapa. Inei bloqueaba con las palmas envueltas en hielo fino, retrocedía, intentaba contraatacar con estacas de hielo que Eysha destruía con facilidad.

El sudor ya corría por su frente. Sus músculos gritaban. El Arcam morado dentro de su núcleo fluctuaba, inestable, limitado por las grietas que aún no habían sanado del todo. Aun así, seguía moviéndose. Sus ojos negros brillaban con una determinación pura, casi salvaje.

Eysha aceleró. El látigo se envolvió en llamas azules. El calor y el frío chocaban en el aire, creando nubes de vapor con cada impacto. Un golpe lateral alcanzó a Inei en el costado, lanzándolo varios metros. Rodó por el suelo y se levantó inmediatamente, escupiendo sangre. El dolor era intenso, pero no se permitió caer.

La Maestra sonrió con aprobación.

—Eres mejor de lo que esperaba —dijo sin dejar de atacar—. Pero aún estás lejos de tu verdadero potencial.

El látigo se transformó en una serpiente de energía azul que buscaba envolverlo. Inei creó una barrera de hielo espesa, pero el látigo la rompió en pedazos. Otro golpe lo alcanzó en el hombro, abriendo una herida profunda.

Inei respiró hondo. Su visión se nublaba por el dolor y el cansancio. Sabía que no podía seguir así mucho más tiempo.

Entonces, en un instante de claridad, decidió jugárselo todo.

Dejó de defenderse.

Se lanzó hacia adelante, directo hacia el látigo que venía en su dirección. Eysha abrió los ojos con sorpresa. El látigo impactó contra su pecho, pero Inei no se detuvo. Ignorando el dolor desgarrador, extendió ambas manos y soltó todo el Arcam que aún podía controlar.

El hielo cian explotó desde su cuerpo como una tormenta.

El látigo de Eysha se congeló al instante, cubierto por una capa gruesa de hielo que subió por el arma y alcanzó su brazo derecho. El frío penetró profundamente, deteniendo el flujo de Arcam de la Maestra. Eysha soltó un jadeo de dolor y sorpresa cuando parte de su brazo quedó completamente cubierto de hielo, inmovilizado.

El látigo cayó al suelo, roto y congelado. El coliseo entero quedó en silencio absoluto.

Eysha Voss miró su brazo congelado, luego a Inei, que estaba de pie frente a ella, respirando con dificultad, con sangre corriendo por su pecho y hombro.

Finalmente, la Maestra sonrió con genuino respeto.

—Has ganado —dijo en voz alta, para que todo el coliseo la escuchara—. El joven patriarca Inei Nozen ha superado la prueba.

Un rugido ensordecedor estalló en las gradas.

Athena saltó de alegría. Yeryn sonrió con orgullo. Ziyu observaba en silencio, sus ojos morados brillando con algo parecido a admiración.

Eysha Voss se acercó a Inei y le tendió la mano izquierda (la derecha aún estaba congelada).

—Has demostrado más que suficiente —dijo en voz baja, solo para él—. Tus condiciones serán cumplidas en la medida de lo posible. Bienvenido a la Academia Jinshan… cuando decidas incorporarte.

Inei estrechó su mano, respirando con dificultad.

—Gracias, Maestra Voss.

Mientras bajaba de la plataforma, Inei sintió la mirada de cientos de personas sobre él. Algunos con respeto, otros con envidia, y unos pocos con miedo.

Con unos pasos vacilantes debido al mareo Inei bajo de la plataforma rumbo a las gradas para poder observar el resto de los jóvenes clasificarse. En el camino su fuego eterno {Corazón Carmesí} vibró y una cálida sensación de relajación recorrió su espalda en el momento que sus heridas empezaron a sanar gracias al poder de la llama.

Sus pasos ahora más seguros y recuperados del mareo que lo atormentaba durante la pelea, soltó un suspiro y movió un poco sus hombros para despejar la tensión de sus músculos pero antes de siquiera llegar al pasillo donde subiría a el lugar donde estaba antes. Una fuerte sensación de ser observado le sacudió el pecho.

Suavemente Inei se giro hacia el lugar donde sus instintos le gritaban que mirara.

En la zona sur del coliseo, en las gradas para el público una mujer muy hermosa de cabello magenta lo observaba con ojos rojos vino tinto intenso. Ojos que brillaban con una sabiduría y un sentimiento que Inei no llegaba a descifrar, un escalofrío recorrió su espina dorsal.

Una sensación de calma pero peligro, era lo que sentía Inei de la mujer que lo miraba tan interesada.

Pensó Inei dudando de sus propios pensamientos, porque en lo más profundo de su conciencia sabía que está mujer no estaba ahí solo para observar.

Con un trago de saliva Inei dio media vuelta y siguió su camino hacia las gradas reservadas únicamente para su familia.

Más sin embargo la curiosas de Inei era más grande que su instinto de supervivencia y se debió del camino para ir a las gradas VIP, tome el camino hacia las gradas normales. Quería comprobar algo y cuando salió de nuevo a la luz del atardecer que caía sobre el coliseo. Los ojos de Inei ignoraron la molestia de la luz cayendo en su rostro. Sus ojos negros miraron hacia el sur… Solo para no encontrar nada ahí.

—

Las horas pasaron y ahora el cielo estaba dividido entre los colores del atardecer y el morado correspondiente al nacimiento de la noche.

Inei había dejado las gradas cuando la maestra Voss había decidido que esto sería todo por hoy. 300 jóvenes se habían presentado de los cuales solo un 225 habían pasado con éxito. Aún quedaban más por examinar Pero eso sería para los siguientes dos días de reclutamiento.

—¡Inei! —Athena corrió hacia él con una sonrisa radiante y saltó sin pensarlo. Inei la atrapó en el aire por instinto y la cargó en sus brazos. La chica se aferró a su cuello, riendo feliz.

—¡Lo logramos! ¡Los tres lo logramos! —

exclamó Athena, balanceando las piernas.

Yeryn se acercó más calmada, pero con una sonrisa orgullosa en los labios.

—Estuviste increíble ahí arriba —dijo en voz baja—. Aunque… se te veía sufriendo. ¿Estás bien?

Inei asintió, aún cargando a Athena.

—Estoy bien, solo pensé que aún era un Hanzei y ahora estoy limitado. ¿Nos vamos a casa?

Aclaro y ofreció la mano a Yeryn para poder caminar juntos mientras aún mantenía a Athena en su brazo derecho.

Tras salir del coliseo y empezar a caminar por las calles repletas de gente, Inei, Athena y Yeryn mantenían una conversación agradable entre los tres.

Aunque una celosa Yeryn de vez en cuando soltaba comentarios acerca de la posición de Athena en los brazos de Inei, comentarios como si Inei se encuentra cansado y está haciendo un sobre esfuerzo al llevarla en brazos o cosas por el estilo. Si bien Athena comprendía mejor que nadie los sentimientos de Yeryn hacia Inei, le gustaba ver el mundo arder y sus respuestas solo habían que Yeryn sintiera celos que no lograban salir hasta sus expresiones.

Mientras tanto Inei alejado de la tensión entre ambas chicas, sintió de nuevo un escalofrío en su espina dorsal.

Está vez no era la mujer, fue justo en el momento que un hombre alto alrededor de 1.92 metros de altura apareció de un callejón.

Cabello verde oscuro casi negro y unos ojos rojos que lo examinan con una arrogancia y superioridad desafiante.

Inei se tenso sus instintos al máximo preparado para actuar en caso en de una pelea inminente aunque en el fondo sabía que sería inútil si este hombre resultará ser más fuerte que lo que el cree.

Pero entonces, una joven de cabello plateado brillante apareció de la nada y empujó al hombre alto por el hombro con fuerza sorprendente, obligándolo a apartar la mirada. El hombre chasqueó la lengua, pero no dijo nada. La joven de cabello plateado miró brevemente hacia Inei antes de desaparecer entre la gente junto al hombre.

Una rara sensación de peligro se instaló en el pecho de Inei. No era miedo. Era la certeza de que esas personas no estaban allí por casualidad.

Llegaron a la residencia. Inei dejó a Athena en el suelo con cuidado y subió directamente a su habitación. Apenas cerró la puerta, una pequeña nube oscura salió de su cuerpo y se condensó rápidamente en el aire.

Scathath tomó forma frente a él, flotando con elegancia. Su expresión era seria, mucho más de lo habitual.

Inei abrió la boca para preguntar.

—¿Sentiste…?

Scathath levantó un dedo y lo puso sobre sus labios, silenciándolo al instante.

Con un gesto elegante de la mano. Una barrera invisible de rekiem selló la habitación por completo: ni el sonido ni la presencia de Arcam podían salir ni entrar. El espacio se volvió completamente privado.

Solo entonces habló, con voz baja y grave:

—Esas tres personas… son extremadamente poderosas. —Su voz tembló ligeramente al recordar los rostros—. Sentí un escalofrío solo con verlos de lejos. El hombre de cabello verde oscuro y la joven de cabello plateado… y esa mujer de cabello magenta que te observaba desde las gradas altas. Ninguno de ellos está aquí por simple curiosidad.

Scathath cruzó los brazos, su figura espectral brillando débilmente.

—Y no son los únicos. En esta ciudad hay por lo menos dos presencias más de alto poder. Lo que no entiendo es porque te estaban observando… Sus presencias eran demasiadas curiosas.

Inei se quedó en silencio, procesando sus palabras. El pulso inestable en su núcleo latió una vez más, como si también estuviera de acuerdo con la advertencia.

—Mi familia… ¿Podría estar en peligro?— Susurro Inei su pregunta observando el cielo ya oscuro a través de su ventana.

—No pensaría eso… Si bien ese hombre parecía querer pelear contigo, la mujer de cabello magenta parecía orgullosa de ti.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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