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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 67

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Capítulo 67: Acto I — Capítulo 19 — Pulsos

La barrera de Rekiem sellaba la habitación por completo.

Ni un solo sonido podía filtrarse hacia el exterior.Ni la más mínima fluctuación de Arcam escapaba.

Scathath flotaba frente a Inei, su figura espectral envuelta en un tenue brillo morado. El silencio era tan denso que parecía adherirse a la piel, como una presión invisible.

Inei permanecía de pie junto a la ventana.

El cielo ya era completamente oscuro.Las estrellas comenzaban a dibujar patrones lejanos… pero su mente estaba en otro lugar.

La mujer de cabello magenta.El hombre de ojos rojos.La joven de cabello plateado empujándolo.

Tres presencias.

Tres anomalías.

Y todas… lo habían visto.

Scathath rompió el silencio.

—Has estado callado demasiado tiempo, Inei. Puedo sentir cómo tu mente gira sin descanso… pero hay algo más urgente que esas personas.

Inei giró ligeramente la cabeza.

—¿Qué cosa?

Scathath lo miró fijamente.

—Tus pulsos.

El ceño de Inei se frunció.

—¿Mis… pulsos?

Scathath asintió.

—Durante tu combate contra la Instructora Voss los sentí con claridad. Cada vez que intentabas encadenar tu Arcam… cada vez que buscabas liberar más poder… algo dentro de ti colapsaba. Un pulso violento nacía desde tu núcleo.

Una pausa.

—Dime… ¿qué sentiste exactamente?

Inei cerró los ojos un instante, recordando.

—Era… como si el flujo se cortara de golpe. —su voz bajó ligeramente—. Intentaba formar una secuencia… pero en el momento clave, el Arcam simplemente se detenía. Y luego…

Abrió los ojos.

—Dolía. No en el cuerpo… dentro. Justo donde el flujo se rompía.

Scathath cruzó los brazos.

—Entonces lo confirmo.

Su tono se volvió más grave.

—Eso no es fatiga. No es falta de control. Es acumulación.

Inei guardó silencio.

Scathath continuó:

—Tu núcleo sigue fracturado. Ha mejorado… sí. Pero aún no es capaz de procesar toda la energía que generas. Tus elementos —fuego y hielo— equilibrados con Yin y Yang… producen más Arcam del que tu cuerpo puede canalizar correctamente.

Se acercó un poco más.

—Ese exceso no desaparece.

—Se acumula.

El aire pareció volverse más pesado.

—Y cuando intentas forzar tu poder… —continuó— ese exceso se comprime dentro de tu núcleo. Se estanca. Se vuelve presión.

Una pausa.

—Los pulsos… son esa presión liberándose de forma violenta.

Inei apretó ligeramente la mandíbula.

—Entonces mi propio poder… me está bloqueando.

—Peor —corrigió Scathath—. Te está dañando.

El silencio cayó nuevamente.

—Cada pulso es una microfractura de tensión —añadió—. Si continúas forzándolo, no solo perderás control… podrías empeorar el estado de tu núcleo.

Inei se pasó una mano por el cabello.

—¿Y cómo lo libero? ¿Entrenando más? ¿Meditando?

Scathath no respondió de inmediato.

Lo observó.

Midió su reacción.

Y entonces habló.

—No hay técnica segura que puedas usar en este momento.

Una pausa.

—El único método efectivo… es liberar esa energía a través de intercambio vital.

Inei parpadeó.

—…¿Intercambio vital?

Scathath no suavizó la respuesta.

—Contacto físico profundo.

Silencio.

—En otras palabras… sexo.

El mundo de Inei… se detuvo.

Su mente, que hace segundos analizaba amenazas y estrategias, quedó completamente en blanco.

Scathath no apartó la mirada.

—El cuerpo humano tiene mecanismos naturales para liberar energía acumulada —explicó con calma—. En alguien como tú, esos mecanismos se intensifican. Durante el clímax… el Arcam estancado se libera junto con la energía vital.

Inei tragó saliva.

—¿Estás… hablando en serio?

—Completamente.

Se acercó aún más.

—Cuanto más ignores esto, más frecuentes serán los pulsos. Más violentos. Más dolorosos.

Una pausa.

—Y eventualmente… destructivos.

El silencio volvió a caer.

Pesado.

Irrevocable.

—No te lo digo para incomodarte —añadió Scathath, suavizando apenas el tono—. Te lo digo porque si no haces algo… tu propio poder te consumirá antes de que puedas recuperarlo.

Inei no respondió.

Solo miró el suelo.

Respirando.

Pensando.

La noche detrás de la ventana parecía más oscura que antes.

Los minutos pasaron lentamente.

Inei se sentó en la cama, cruzando las piernas. Espirales de Arcam morado comenzaron a girar a su alrededor mientras intentaba estabilizar su respiración.

Scathath ya había desaparecido en su interior.

Pero sus palabras…

Seguían ahí.

—Encuentra una pareja pronto.

Simples.

Directas.

Imposibles.

Inei dejó escapar un suspiro largo.

Durante seis años, su mundo había sido guerra.

Sobrevivir.Entrenar.Matar si era necesario.

Nada más.

Ahora…

Esto.

—Distrito rojo… —murmuró con una media sonrisa amarga—. Perfecto.

Se dejó caer hacia atrás sobre la cama, cubriéndose los ojos con el antebrazo.

No era vergüenza.

Era… desconexión.

No sabía cómo abordar algo tan… humano.

—Joder…

Tras unos minutos, se incorporó.

—Quedarme aquí no va a ayudar.

Se levantó.

Estiró el cuello y caminó hacia la puerta. Al abrirla, el ambiente del pasillo lo recibió con una calma muy distinta a la tensión de su habitación.

Bajó las escaleras sin prisa.

El salón principal estaba iluminado por lámparas de Arcam de tono cálido. Varias figuras se movían con tranquilidad, moviendo los muebles de su casa, parece que la mudanza ya llego a su propiedad.

Inei apenas había puesto un pie en el último escalón cuando una voz lo llamó.

—Hasta que decides salir de tu cueva.

Era Kaori.

Estaba recostada contra una de las columnas, con los brazos cruzados y una expresión divertida en el rostro. Su mirada lo recorrió de arriba abajo con descaro.

—Pensé que te habías muerto meditando —añadió.

Inei soltó un pequeño resoplido.

—Todavía no.

—Lástima —respondió ella con una sonrisa ladeada—. Ya me estaba acostumbrando a la paz.

Inei negó con la cabeza, pero no pudo evitar que una leve sonrisa apareciera.

—¿Todo tranquilo?

Kaori se encogió de hombros.

—Más de lo normal. Tu clan está demasiado ocupado con lo de la academia y el traslado. Nadie tiene tiempo para causar problemas… de momento.

Hizo una pausa, observándolo con más atención.

—Pero tú sí tienes cara de problema.

Inei arqueó una ceja. —¿Ah, sí?

—Sí —dijo ella sin dudar—. Cara de “acabo de escuchar algo que no quería escuchar”.

Inei abrió la boca para responder—Pero no llegó a hacerlo.

La puerta principal se abrió.

El aire cambió.

No de forma violenta.

Pero sí… notable.

Xiay entró primero, con su porte firme de siempre. A su lado, Nezari avanzaba con paso tranquilo, su presencia llenando el espacio sin esfuerzo.

Y detrás de ellos…

Alguien más.

Inei lo sintió antes de verla claramente.

Una presencia… contenida.

Silenciosa.

Pero densa.

Sus ojos se fijaron en ella.

Cabello negro.

Largo.

Cayendo como una cascada hasta más abajo de la cintura, casi rozando las piernas. Un mechón cubría parte de su rostro, ocultando uno de sus ojos, dándole un aire misterioso… casi impenetrable.

Vestía un leotardo de batalla ajustado, funcional, sin adornos innecesarios. Encima, una gabardina amplia caía hasta poco más abajo de sus rodillas, moviéndose suavemente con cada paso.

Su postura era recta.

Controlada.

Cada movimiento medido.

Como si incluso al caminar… estuviera lista para matar.

Pero no había hostilidad en ella.

Solo… disciplina.

Inei bajó completamente las escaleras, deteniéndose a unos metros.

Xiay lo vio y esbozó una leve sonrisa.

—Justo a tiempo.

Nezari también lo observó, con ese brillo suave en la mirada que siempre tenía cuando lo veía.

—Estábamos por ir a buscarte.

Inei asintió levemente, pero su atención seguía en la joven.

—¿Quién es?

Xiay no respondió de inmediato.

Se hizo a un lado.

La joven dio un paso al frente.

Entonces ocurrió.

Se arrodilló.

Sin dudar.

Sin vacilar.

Una rodilla en el suelo.

La cabeza inclinada.

Una mano apoyada sobre el pecho.

—Nozen Saika —dijo, su voz firme, clara, sin titubeos—. A partir de hoy, asignada como su guardiana personal.

El salón quedó en silencio, incluso Kaori dejó de moverse.

Inei parpadeó una vez.

—…¿Mi guardiana?

Xiay cruzó los brazos.

—Cada miembro de la rama principal necesita una mano derecha. Alguien que no solo lo proteja… sino que lo respalde en todo momento.

Nezari dio un paso adelante, su tono más suave.

—Saika no es una elección al azar, Inei. Es fuerte, disciplinada… y leal. Puede acompañarte a donde sea que vayas.

Inei volvió a mirar a Saika.

Seguía arrodillada.

Inmóvil.

Esperando.

—Levántate —dijo finalmente.

Saika obedeció al instante.

Se puso de pie con un movimiento limpio, silencioso.

Y entonces Inei pudo verla bien.

Su ojo visible…

Era afilado.

Atento.

Pero no frío.

Había algo más ahí.

Algo… firme.

Como una decisión tomada hace mucho tiempo.

—No necesito una sombra que me siga a todos lados —dijo Inei con calma.

No era rechazo.

Era honestidad.

Saika no reaccionó de inmediato.

Solo lo miró.

Y luego habló.

—No estoy aquí porque lo necesite, joven maestro.

Una pausa.

—Estoy aquí porque la señorita Lizbell me lo pidió hace años, en caso de que ella no pudiera seguir con vida yo lo protegería.

El silencio se hizo más profundo.

Kaori alzó una ceja, interesada.

Xiay sonrió apenas.

Nezari observó a Inei.

Saika continuó:

—Puede rechazarme si lo desea. Pero si me permite quedarme… le serviré. En combate. En estrategia. En lo que sea necesario.

Bajó ligeramente la cabeza.

—Sin cuestionar.

Inei sostuvo su mirada unos segundos.

Midió su postura. Su respiración. Su presencia. No había mentira. No había duda.

Solo… determinación.

Inei exhaló suavemente.

—…Bien.

Una pausa.

—Pero no te arrodilles cada vez que me veas. Es incómodo.

Un pequeño cambio ocurrió.

Casi imperceptible. Pero Saika lo sintió.

—Entendido.

—Inei se rasco la nuca y miro a su lado izquierdo donde varios sirvientas esperaban pacientemente para poder continuar su labor de recoger las pertenencias de la casa.

—Sigan con lo suyo son preocupación.

Los sirvientes asintieron levemente con la cabeza.

—Bueno…¿Algo más? Iba de salida.

Xiay negó con la cabeza. Pero Nezari dio un paso al frente.

—Yo tengo algo más, si me lo permites.

—Por supuesto abuela ¿Qué es?

Nezari saco un pequeño sobre de manila, y se acercó lo suficiente a Inei para poder entregárselo.

—No sé si ya habrás pensando en la carta de declaración de ruptura del matrimonio con Silvia. Pero yo me tomé el tiempo para ayudarte, léela y me dices que te parece.

Inei recibió el sobre con delicadeza y lo examinó rápidamente por fuera antes de guardarlo en su anillo dimensional.

—Gracias abuela, lo leeré en un rato.

Inei tocó suavemente su brazo y se acercó para darle un beso en la frente.

—Volveré quizás más tarde o mañana temprano. La mudanza aún no sale ¿Verdad?

—No. Aún faltan varios hogares de los miembros élites del clan, según mis cálculos dados los avances, este fin de semana estaríamos partiendo.

Xiay respondió con voz calmada acercándose a la cocina para servirse algo de te caliente.

—El fin de semana es en tres días… Eso coordinaría con la salida de los jóvenes del clan hacia la academia…

Inei cruzo los brazos pensativo pero no logro terminar su conclusión ya que un tirón en su Arcam acompañado de un dolor que no llego a su expresión. Bajo sus brazos y miro a su padre que bebía el té calmado.

Inei sacó la invitación de su anillo dimensional.

—¿Asistiremos a la subasta?

Xiay lo miró por encima de la taza de té.

Antes de que respondiera—

Nezari habló.

Una sonrisa ligera, pero cargada de significado, apareció en su rostro.

—Así que… te invitó personalmente.

Kaori soltó una risa baja.

—Joo~ parece que llamaste su atención.

Inei no reaccionó demasiado.

Pero Nezari lo observaba con interés genuino.

—Esa mujer no invita a cualquiera.

Inei ladeó levemente la cabeza.

—¿La conoces?

Nezari soltó un pequeño suspiro.

—Más de lo que me gustaría.

Se acomodó las mangas con calma antes de continuar.

—Miller Liam Fei la tercera nieta del viejo Ten Shin Han, fue enviada aquí para poder protegerla del acoso de varios jóvenes en la capital. No es solo una organizadora de subastas. Es… una estratega social.

Una pausa.

—Una mujer que convierte información, relaciones y deseos… en poder.

Inei escuchaba en silencio.

—Ha recibido propuestas de matrimonio de jóvenes maestros de familias mayores, clanes influyentes… incluso emisarios de otras ciudades —continuó Nezari—. Todos rechazados.

Kaori silbó suavemente.

—¿Todos?

—Todos.

Nezari asintió.

—Y no de la misma forma.

Sus ojos brillaron ligeramente.

—A algunos los rechazó con elegancia.A otros… los humilló sin que se dieran cuenta.Y a unos pocos… los dejó creyendo que aún tenían una oportunidad.

Inei entrecerró levemente los ojos.

—¿Por qué?

Nezari lo miró directamente.

—Porque Liam Fei no busca un esposo.

Una pausa.

—Busca control.

El ambiente se volvió más serio.

—Cada interacción que tiene… es calculada —añadió—. Cada sonrisa, cada mirada… cada invitación.

Inei bajó la mirada hacia la tarjeta en su mano.

—Entonces esto…

—No es casualidad —terminó Nezari.

Silencio.

—Pero tampoco es necesariamente malo —añadió con calma—. Si te ha elegido… es porque vio algo que le interesa.

Kaori cruzó los brazos, divertida.

—O le gusta jugar con fuego.

Inei soltó una pequeña exhalación.

—Entonces habrá que ver quién se quema.

Una leve sonrisa apareció en Nezari.

—Esa es la actitud correcta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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