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Heredero del origen. El principio - Capítulo 1

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1: Capítulo 1.

La noche que la eligío 1: Capítulo 1.

La noche que la eligío El fuego siempre tenía un sonido.

Un crujido, un susurro, un gemido.

Pero esa noche, el fuego no sonaba como fuego.

Sonaba como un animal respirando y con cada respiración, algo se extingía.

Pierina despertó sobresaltada, con el corazón golpeándole el pecho.

No sabía que la había despertado.

No sabía por qué tenía la boca seca, ni por qué la marca en su vientre ardía como si alguien la hubiese presionado con un hierro caliente.

Se incorporó en la cama, respirando con dificultad.

La habitación estaba oscura.

Demasiado oscura.

El reloj digital parpadeaba, pagado.

la luz del pasillo no estaba encendida.

el silencio era tan profundo que parecía absorber el aire.

-Mamá…susurró, aunque sabía que su madre estaba trabajando un turno nocturno.

Entonces lo escuchó- Un crujido.

Leve.

como si algo se moviera en la cocina.

Pierina se quedó inmóvil, con los músculos tensos.

El crujido se repitió.

más fuerte.

Y entonces llegó el olor.

Humo.

Pero no humo de comida quemada.

No humo de chimenea.

Era un olor áspero, químico, como si algo estuviera ardeindo donde no debía.

Pierina se levantó de un salto.

-No…no, no…

Abrió la puerta de su habitación.

El pasillo estaba lleno de humo.

El corazón le dio un vuelco.

Corrió hacia la cocina, tosiendo, con los ojos ardiendo.

El fuego estaba en la pared.

Una línea de llamas avanzaba como si tuviera vida propia, trepando por los azulejos, extendiéndose hacia el techo.

No era un incendio normal.

Las llamas eran más altas, más densas, más…conscientes.

Pierina retrocedió, aterrada.

-¿Qué…qué es esto?

La marca en su vientre ardió con un pulso violento.

Había estado apagada durante los últimos 12 años.

Y entonces lo sintió.

Una presencia.

No en la casa.

No en el pasillo.

No en la cocina.

Detrás de ella.

Pierina giró sobre sus talones.

Una figura alta estaba parada en el umbral de la puerta principal.

Inmóvil.

Silenciosa.

Observándola.

No podía ver su rostro.

Solo dos puntos dorados brillando en la oscuridad.

Aterradores por sí solos.

Ojos.

Ojos que no parpadeaban.

Ojos que parecían conocerla.

Ojos que parecían reclamarla.

Pierina sintió que las piernas le temblaban.

-¿Quién eres?- preguntó, aunque su voz salio apenas como un susurro.

La figura no respondió.

Pero dio un paso haca ella.

Un solo paso.

Y el fuego rugió detrás de Pierina, como si respondiera a ese movimiento.

La marca en su vientre ardió con tanta feurza que casi cayó de rodillas.

-No…-jadeó-.

No te acerques…

La figura inclinó la cabeza, como si la estudiara.

Como si la reconociera.

Pierina retrocedió hasta chocar con la mesa.

el fuego avanzaba por la pared, devorando la pintura, el yeso, la madera.

El humo llenaba todos los espacios.

La figura dio otro paso.

Pierina corrió.

—————————————————————————- La huida.

No pensó.

No respiró.

solo corrió.

Atravesó el pasillo, esquivando las llmas que ya lamían el techo.

El humo la cegaba.

Los ojos le ardían.

La garganta le quemaba.

Llegó a la puerta trasera y la abrió de un tirón.

El aire frío de la noche la golpeó en la cara.

Tosió, respiró, corrió hacia el patio.

Cuando llegó al alambrado, se detuvo para mirar atrás.

La casa ardía.

Las llamas salían por las ventanas como lenguas rojas y naranjas.

El techo empezaba a crujir.

Pero eso no fue lo que la paralizó.

La figura seguía allí.

De pie.

Inmóvil.

Observándola.

Los ojos dorados brillaban como dos brasas.

Y la marca en su vientre, se volvía intesamente dolorosa.

Pierina sintió un escalofrío recorrerle la columna, eso no era humano.

-¿Qué sos?- susurró.

El viento sopló, llevando consigo un murmullo que no era viento.

Aldric.

Pierina se quedó helada.

-¿Qué…?

La figura dio un paso hacia ella.

Pierina saltó el almabrado y corrió hacia el bosque.

————————————————————————————————————El bosque que la llama.

El campo estaba oscuro, pero no era la oscuridad normal de la noche.

Era una oscuridad espesa, casi viva, que parecía moverse entre los pastos.

Pierina corría sin parar, sin mirar atrás.

El corazón le golpeaba el pecho.

La marca ardía como fuego líquido.

No sabía cuánto tiempo corrió.

Minutos.

Horas.

Toda su vida.

Cuando llegó al borde del bosque, se detuvo para recuperar el aliento.

El bosque estaba quieto.

Demasiado quieto.

Y entonces lo sintió otra vez.

La presencia.

No detrás de ella.

No a su lado.

Dentro del bosque que continuaba por delante.

Pierina retrocedió un paso.

-No…no puede ser…

Los ojos dorados brillaron entre los árboles.

Pierina gritó.

Y corrió hacia el camino principal.

—————————————————————————- El reencuentro  Cuando llegó al final al camino, una camioneta frenó de golpe frente a ella.

La puerta se abrió.

Un hombre bajó de un salto.

Pedro.

El Alfa de Luna Rossa.

-¡Pierina!- exclamó- ¿Qué paso?

¿Por qué estás así?.

Ella no podía hablar.

No podía respirar.

Solo señalaba hacia el campo, hacia la oscuridad.

Pedro la tomó por los hombros.

-¿Quién te siguío?

Pierina negó con la cabeza, temblando.

-No sé…no sé qué es…

Pedro frunció el ceño.

Su expresión cambio.

sus ojos se volveiron más oscuros, más alertas.

-¿Qué viste?

Pierina tragó saliva.

-Tenía…ojos dorados.

Pedro se quedo inmóvil.

Por un segundo, solo un segundo, Pierina vio algo en su rostro que nunca había visto antes.

Miedo.

-Subí a la camioneta-ordenó él-.

Ahora.

-¿Qué es?- preguntó ella, con la voz temblorosa.

Pedro no respondió.

Pero cuando miró hacia el bosque, hacia la oscuridad donde la figura había estado, sus ojos brillaron con un reconocimiento que Pierina no entendió.

Como si él también hubiera visto esos ojos antes.

Como si supiera exactamente quién o qué era esa sombra.

Y como si temiera que hubiera vuelto por ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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