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Heredero del origen. El principio - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14- La voz bajo la piel
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14: Capítulo 14- La voz bajo la piel 14: Capítulo 14- La voz bajo la piel Pierina despertó con la sensación de estar flotando en un agua espesa, tibia, que no era agua.

No podía mover los brazos.

No podía abrir los ojos.

No podía hablar.

Pero podía sentir.

Un pulso.

Otro.

Un latido que no era suyo.

Una respiración que no venía de su cuerpo.

La marca ardía, pero no como antes.

Era un ardor lento, profundo, como si algo estuviera escribiendo un símbolo nuevo bajo su piel.

Intentó moverse.

Nada.

Intentó gritar.

Silencio.

Y entonces escuchó la voz.

No tengas miedo.

No era Aldric.

No era Pedro.

No era Liora.

Era una voz femenina.

Antigua.

Suave como un susurro de hojas.

Firme como una raíz enterrada.

Despertaste más de lo que podías sostener.

Tu cuerpo duerme para no romperse.

Tu magia…no.

Pierina quiso preguntar quién era, pero la voz siguió sin esperar.

Soy la que te precedió.

La que llevó la marca antes que vos.

La que murió para que vos nacieras.

Pierina sintió un escalofrío.

La oscuridad alrededor vibró.

—¿Mi madre…?

—pensó, sin saber si la voz podía escucharla.

La respuesta llegó como un golpe suave.

No.

Tu madre no era Luna Dorada.

Pero te amó como si lo fuera.

Yo soy la primera.

La raíz.

La que abrió el camino.

Pierina sintió que algo dentro de ella se tensaba.

—¿Por qué aparecés ahora?

Porque Aldric te tocó con su magia.

Porque tu poder respondió.

Porque la luna te eligió antes de que nacieras.

La oscuridad se agitó.

La marca ardió más fuerte.

Y porque ya no podés volver atrás.

La cabaña de Liora Pierina abrió los ojos de golpe.

La habitación estaba iluminada por velas verdes que ardían sin consumirse.

La cabaña olía a hierbas, a humo dulce, a magia vieja.

Liora estaba sentada a su lado, con los ojos cerrados y las manos sobre el vientre de Pierina, murmurando palabras en un idioma que no reconocía.

Cuando Pierina se movió, Liora abrió los ojos.

—Por fin —dijo—.

Pensé que iba a tener que sacudirte.

Pierina intentó incorporarse, pero un mareo la obligó a recostarse de nuevo.

—¿Cuánto tiempo estuve dormida?

—Dos días —respondió Liora—.

Y no dormida.

Inconsciente.

Tu magia te dejó sin energía.

Sos afortunada de seguir viva.

Pierina tragó saliva.

—Escuché una voz.

Liora no pareció sorprendida.

—¿Qué dijo?

Pierina dudó.

—Que era… la primera.

La que llevó la marca antes que yo.

Liora se tensó.

—Entonces ya empezó.

Pierina frunció el ceño.

—¿Qué empezó?

Liora se levantó y comenzó a preparar una infusión.

Sus movimientos eran rápidos, precisos, casi ansiosos.

—La memoria del linaje.

La Luna Dorada no es solo un título.

Es una herencia viva.

Cada vez que despertás un fragmento de tu poder, despertás también a las que vinieron antes.

Pierina sintió un escalofrío.

—¿Pueden… controlarme?

Liora se volvió hacia ella.

—No.

Pero pueden guiarte.

O confundirte.

O romperte si no sabés poner límites.

Pierina cerró los ojos.

—No quiero esto… Liora apoyó una taza caliente en sus manos.

—No importa lo que quieras.

Importa lo que sos.

Pedro llega La puerta se abrió de golpe.

Pedro entró, con el rostro demacrado y los ojos oscuros por la falta de sueño.

Cuando vio a Pierina despierta, su expresión se quebró.

—Pierina… Se acercó a ella en dos pasos.

Liora levantó una mano.

—No la toques todavía.

Su energía está inestable.

Pedro gruñó.

—No me importa.

Ella es mi Luna.

Pierina levantó la mano, temblorosa.

—Estoy bien… Pedro se arrodilló junto a la cama.

—No.

No lo estás.

Te vi caer.

Pensé que… Su voz se quebró.

Pierina sintió un nudo en la garganta.

—Estoy acá —susurró.

Pedro tomó su mano, ignorando la advertencia de Liora.

La marca brilló.

Apenas.

Pero lo suficiente para que Liora frunciera el ceño.

—Eso no es bueno —murmuró.

Pedro la miró.

—¿Qué significa?

Liora suspiró.

—Que tu vínculo con ella está creciendo.

Y que Aldric lo va a sentir.

Pierina sintió un escalofrío.

—¿Qué vínculo?

Liora se cruzó de brazos.

—El que se forma cuando dos fuerzas opuestas tiran de la misma luna.

Pedro palideció.

—¿Estás diciendo que…?

Liora asintió.

—Sí.

La luna está eligiendo.

Y todavía no decidió entre ustedes dos.

Pierina sintió que el mundo se le movía bajo los pies.

—No quiero que decida por mí.

Liora la miró con una mezcla de compasión y dureza.

—Entonces vas a tener que decidir vos primero.

La advertencia final Antes de que Pedro pudiera responder, la marca de Pierina ardió otra vez.

No como antes.

No como un llamado.

Como un aviso.

Una voz resonó en su mente.

Él viene.

Pierina abrió los ojos, aterrada.

—Aldric… Pedro se levantó de golpe.

—¿Dónde?

Pierina negó con la cabeza.

—No sé.

Pero viene.

Liora apagó las velas con un gesto.

—Entonces no tenemos tiempo.

Pierina la miró, temblando.

—¿Tiempo para qué?

Liora se acercó y tomó su rostro entre las manos.

—Para que elijas quién sos antes de que Aldric lo haga por vos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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