Heredero del origen. El principio - Capítulo 16
- Inicio
- Heredero del origen. El principio
- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16- El lobo que abre la puerta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Capítulo 16- El lobo que abre la puerta 16: Capítulo 16- El lobo que abre la puerta La noche siguiente al encuentro con Aldric fue una herida abierta para Luna Rossa.
El bosque estaba inquieto, como si cada árbol hubiera presenciado algo que no podía olvidar.
La cabaña de Liora permanecía envuelta en un silencio tenso, y Pierina, aunque despierta, seguía débil, con la marca latiendo como un corazón ajeno.
Pedro había regresado a la manada para calmar los ánimos, pero la tensión era palpable.
Los lobos murmuraban entre sí, desconfiados, temerosos, divididos.
Y en el centro de todo, como una chispa a punto de incendiar el bosque, estaba la sospecha de un traidor.
Pierina lo sentía.
Liora lo sabía.
Aldric lo había anunciado.
Y ahora, la verdad empezaba a asomar como un colmillo entre las sombras.
La reunión del Consejo Pedro convocó al Consejo en la casa principal.
La sala estaba iluminada por antorchas, y el aire olía a madera quemada y a tensión.
Helena estaba allí, con los brazos cruzados y la mirada afilada.
Los ancianos ocupaban sus lugares, inquietos.
Algunos jóvenes lobos se mantenían cerca de las paredes, atentos, como si esperaran que algo estallara en cualquier momento.
Pedro se puso de pie en el centro.
—Aldric atacó nuestro territorio —dijo, con la voz grave—.
Y no lo hizo solo.
Alguien le abrió el camino.
Un murmullo recorrió la sala.
Helena levantó la mano.
—¿Tenés pruebas?
—preguntó, con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
Pedro la miró fijamente.
—Tengo hechos.
Y tengo algo más importante: sentido común.
Aldric no puede romper nuestras barreras sin ayuda interna.
Uno de los ancianos habló: —¿Y quién sería tan insensato como para ayudar al Lobo Blanco?
Helena respondió antes que Pedro.
—Alguien que quiere que Pierina pierda el control.
Alguien que quiere que Pedro falle como Alfa.
Alguien que quiere que Luna Rossa caiga.
Pedro apretó los dientes.
—No voy a permitir que acusen sin pruebas.
Helena sonrió.
—Entonces traé pruebas.
Pedro respiró hondo.
—Las voy a traer.
Pero no sabía que la verdad estaba más cerca de lo que imaginaba.
La sombra en la ventana Mientras el Consejo discutía, Pierina descansaba en la cabaña de Liora.
La bruja estaba preparando un ungüento para estabilizar la marca, murmurando palabras antiguas mientras mezclaba hierbas y polvo de luna.
Pierina observaba el fuego, inquieta.
—Liora… ¿creés que Aldric dijo la verdad?
Liora no levantó la vista.
—Aldric siempre dice la verdad.
Solo que la usa como un arma.
Pierina tragó saliva.
—¿Y si hay un traidor?
Liora suspiró.
—No es un “si”.
Es un “quién”.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Y quién sería capaz de eso?
Liora la miró con ojos verdes, profundos.
—Alguien que odia lo que sos.
O alguien que teme lo que podés ser.
Pierina bajó la mirada.
—Helena… Liora negó con la cabeza.
—Helena es peligrosa, sí.
Pero no es estúpida.
Ella quiere poder, no caos.
Un ataque de Aldric no le sirve.
Pierina frunció el ceño.
—Entonces… ¿quién?
Liora abrió la boca para responder, pero algo la interrumpió.
Un crujido.
Leve.
Fuera de la cabaña.
Liora se tensó.
—No te muevas.
Pierina sintió que la marca ardía.
—¿Es Aldric?
Liora negó.
—No.
Esto es… otra cosa.
Se acercó a la ventana.
La abrió apenas.
Miró hacia afuera.
Y su expresión cambió.
—Maldita sea… Pierina se levantó, tambaleándose.
—¿Qué pasa?
Liora cerró la ventana de golpe.
—El traidor está acá.
El lobo gris La puerta se abrió sin aviso.
Un joven lobo entró, respirando agitado.
Tenía el cabello oscuro, los ojos grises y la piel cubierta de sudor frío.
Pierina lo reconoció: Dario, uno de los lobos más jóvenes de la manada, siempre callado, siempre a la sombra de los demás.
Pero ahora… algo en él estaba roto.
—Liora… —jadeó—.
Tenés que ayudarme.
Liora lo observó con desconfianza.
—¿Qué hiciste?
Dario cayó de rodillas.
—No quería… no sabía… él me obligó… Pierina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Quién te obligó?
Dario levantó la vista.
Sus ojos estaban llenos de miedo.
—Aldric.
Liora apretó los dientes.
—¿Cómo?
Dario temblaba.
—Entró en mi mente.
Me habló.
Me prometió… me prometió que iba a proteger a mi hermana si yo… si yo… Pierina dio un paso adelante.
—¿Si vos qué?
Dario cerró los ojos.
—Si yo le decía dónde estabas.
El silencio cayó como un golpe.
Pierina sintió que el mundo se le movía bajo los pies.
—Fuiste vos… —susurró—.
Vos lo trajiste.
Dario lloraba.
—No quería… él me mostró a mi hermana… la tenía… la tenía atrapada… yo solo quería salvarla… Liora lo tomó del brazo.
—¿Dónde está tu hermana?
Dario negó con la cabeza.
—No sé… no sé si era real… no sé si era una ilusión… Pierina sintió que la marca ardía.
—Aldric te usó.
Dario la miró con desesperación.
—Lo sé… y ahora… ahora quiere más… Liora frunció el ceño.
—¿Qué quiere?
Dario tragó saliva.
—Quiere que te entregue.
Hoy.
Esta noche.
Pierina sintió que el aire se le escapaba del pecho.
—No… Dario se inclinó hacia adelante, temblando.
—Pierina… él viene.
Y no viene solo.
La decisión Liora se puso de pie.
—Tenemos que irnos.
Ahora.
Pierina negó con la cabeza.
—No puedo dejar a Pedro.
Liora la miró con dureza.
—Si te quedás, Aldric te va a llevar.
Y si te lleva, Pedro muere.
La manada muere.
Todo muere.
Pierina sintió que la marca ardía como fuego líquido.
—No puedo huir.
Liora se acercó y tomó su rostro entre las manos.
—No es huir.
Es elegir cuándo pelear.
Pierina cerró los ojos.
—¿Y Dario?
Liora miró al joven lobo, que seguía temblando en el suelo.
—Él ya eligió.
Ahora tiene que vivir con eso.
Dario sollozó.
—Perdón… perdón… Pierina sintió compasión.
Dolor.
Rabia.
Pero también entendió algo.
Aldric no solo atacaba desde afuera.
Atacaba desde adentro.
Desde las mentes.
Desde los miedos.
Y si quería sobrevivir, tenía que ser más fuerte que eso.
Pierina abrió los ojos.
—Liora… decime qué tengo que hacer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com