Heredero del origen. El principio - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Capítulo 17- La noche que se traga el camino
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17: Capítulo 17- La noche que se traga el camino 17: Capítulo 17- La noche que se traga el camino La cabaña de Liora vibraba como si respirara.
Las paredes de madera crujían con un ritmo irregular, como si algo invisible caminara alrededor.
Pierina estaba de pie junto a la mesa, todavía débil, pero con la marca ardiendo como una advertencia.
Dario seguía en el suelo, temblando, con las manos cubriéndose el rostro.
Liora cerró el libro de hechizos de golpe.
—Nos vamos —dijo—.
Ahora.
Pierina tragó saliva.
—¿A dónde?
Liora tomó un bolso de cuero viejo, lo colgó de su hombro y apagó las velas con un gesto.
—A un lugar donde Aldric no pueda seguirte tan fácilmente.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Existe un lugar así?
Liora la miró con una expresión que no era consuelo, pero tampoco mentira.
—Por unas horas, sí.
Dario levantó la cabeza, desesperado.
—Llévenme con ustedes… por favor… Liora negó.
—No.
Si te movés, Aldric te va a sentir.
Y si te siente, nos encuentra.
Dario sollozó.
—No quiero morir… Pierina se acercó a él y se arrodilló.
—No vas a morir.
Pedro te va a proteger.
Dario la miró con ojos rojos.
—No merezco que me proteja… Pierina apoyó una mano en su hombro.
—Nadie merece morir por un error que cometió por miedo.
Liora suspiró.
—Pierina, tenemos que irnos.
Pierina se levantó.
Miró a Dario una última vez.
—Volveré por vos.
Dario bajó la cabeza, como si no creyera que eso fuera posible.
Liora abrió la puerta.
El bosque estaba oscuro.
Demasiado oscuro.
Como si la luna hubiera decidido esconderse.
—No hables —ordenó Liora—.
No pienses en él.
No lo nombres.
Pierina asintió.
Y juntas, se internaron en la noche.
El bosque profundo El bosque parecía distinto.
Más viejo.
Más vivo.
Más consciente.
Las ramas se movían sin viento.
Las raíces parecían cambiar de lugar.
El aire olía a tierra húmeda y a magia antigua.
Pierina caminaba detrás de Liora, tratando de no tropezar.
Cada paso hacía que la marca vibrara, como si quisiera guiarla hacia otro camino.
Hacia él.
Liora se detuvo de golpe.
—No mires atrás —dijo.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
—Porque si mirás, lo vas a ver.
Pierina apretó los dientes.
—¿Aldric?
Liora negó.
—No.
Algo peor.
Pierina tragó saliva.
—¿Qué puede ser peor que Aldric?
Liora siguió caminando.
—Lo que lo creó.
Pierina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Qué significa eso?
Liora no respondió.
El silencio era tan denso que parecía un líquido espeso.
Pierina escuchaba su propia respiración, rápida, irregular.
Y debajo de eso… algo más.
Un susurro.
Un murmullo.
Una voz que no era voz.
Pierina… Ella se detuvo.
—No —susurró—.
No es él.
No es él… Liora se volvió.
—¿Qué escuchaste?
Pierina negó con la cabeza.
—Nada.
No importa.
Liora la observó con atención.
—Tu magia está abriendo puertas que no deberías abrir.
Pierina apretó los puños.
—No puedo controlarlo.
—Por eso estamos huyendo —respondió Liora—.
Para que aprendas antes de que él te reclame.
Pierina sintió que la marca ardía.
—No quiero que me reclame.
Liora se detuvo.
La miró con una expresión que mezclaba compasión y dureza.
—No es cuestión de querer.
Es cuestión de resistir.
El sendero de las raíces El bosque se volvió más denso.
Las raíces sobresalían del suelo como serpientes.
Las sombras parecían moverse.
Liora levantó una mano.
—No pises las raíces blancas.
Pierina miró hacia abajo.
Entre las raíces marrones y negras, había algunas blancas, casi luminosas.
—¿Qué pasa si las piso?
Liora respondió sin volverse.
—Te comen.
Pierina tragó saliva.
—¿Qué…?
—No preguntes.
Solo evitá las blancas.
Pierina avanzó con cuidado, esquivando las raíces como si fueran trampas vivas.
El bosque parecía observarla, como si estuviera evaluando cada paso.
—¿A dónde vamos?
—preguntó.
Liora respondió: —A la grieta.
Pierina frunció el ceño.
—¿Qué es la grieta?
Liora se detuvo.
La miró con seriedad.
—El único lugar donde la luna no puede verte.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Y eso es bueno?
Liora suspiró.
—Es lo único que puede mantenerte viva esta noche.
La sombra que sigue Pierina sintió algo detrás de ellas.
Un movimiento.
Un susurro.
Un crujido.
—Liora… —susurró—.
Algo nos sigue.
Liora no se detuvo.
—Lo sé.
Pierina sintió que el miedo le subía por la columna.
—¿Qué es?
Liora respondió con voz baja.
—Una Sombra de Hielo.
Aldric la envió para rastrearte.
Pierina se volvió instintivamente.
—¡No mires!
—gritó Liora.
Pero ya era tarde.
Pierina vio una figura entre los árboles.
Alta.
Delgada.
Con ojos vacíos.
Y piel gris que brillaba como escarcha.
La criatura abrió la boca.
No tenía dientes.
Solo oscuridad.
Pierina gritó.
Liora la tomó del brazo y la arrastró hacia adelante.
—¡Corré!
La grieta El bosque se abrió de golpe.
Un precipicio estrecho, profundo, se extendía frente a ellas.
Una grieta en la tierra, como una herida abierta.
Liora saltó sin dudar.
Pierina la siguió.
Cayeron unos metros y aterrizaron en un suelo húmedo, cubierto de musgo oscuro.
La grieta era estrecha, apenas iluminada por la luz de la luna que se filtraba desde arriba.
Liora se volvió hacia la entrada.
—¡Atrás!
Pierina retrocedió.
La Sombra de Hielo apareció en el borde de la grieta.
Miró hacia abajo.
Extendió una mano larga, afilada.
Liora murmuró un conjuro.
El aire vibró.
Una barrera verde se levantó entre ellas y la criatura.
La Sombra golpeó la barrera.
Una vez.
Otra.
Otra.
Cada golpe hacía que la barrera temblara.
Pierina sintió que la marca ardía.
—Liora… no va a aguantar… Liora apretó los dientes.
—Lo sé.
La criatura golpeó otra vez.
La barrera se agrietó.
Pierina sintió que algo dentro de ella se encendía.
—Liora… tengo que hacer algo… Liora la miró.
—No.
Todavía no sabés controlar tu magia.
Pierina dio un paso adelante.
—No puedo quedarme quieta.
La barrera se rompió.
La Sombra cayó dentro de la grieta.
Pierina levantó la mano.
La marca brilló.
La luz dorada estalló.
La criatura se detuvo en el aire.
Tembló.
Se quebró como vidrio.
Y desapareció.
Pierina cayó de rodillas, exhausta.
Liora la sostuvo.
—Pierina… eso fue… Pierina respiraba con dificultad.
—No sé qué hice… Liora la miró con una mezcla de miedo y admiración.
—Hiciste magia de luna.
Magia pura.
Magia que ni Aldric puede controlar.
Pierina levantó la vista.
—¿Eso es bueno?
Liora suspiró.
—Es peligroso.
Para todos.
Pierina cerró los ojos.
—¿Y ahora qué?
Liora la ayudó a levantarse.
—Ahora seguimos.
La grieta es larga.
Y Aldric no va a detenerse.
Pierina respiró hondo.
—Entonces yo tampoco.
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