Heredero del origen. El principio - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 Capítulo 41- La magia aprende a atacar
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41: Capítulo 41- La magia aprende a atacar 41: Capítulo 41- La magia aprende a atacar La cueva estaba en silencio, pero no era un silencio vacío.
Era un silencio expectante.
Un silencio que parecía contener la respiración.
Pierina estaba de pie en el centro, con los brazos tensos a los costados, la luz roja latiendo bajo su piel como un corazón ajeno.
Aldric estaba frente a ella, inmóvil, con las manos detrás de la espalda, observándola con una calma que la desarmaba y la irritaba al mismo tiempo.
—Hoy vas a atacar —dijo él.
Pierina sintió que el estómago se le cerraba.
—No quiero atacarte.
Aldric inclinó la cabeza.
—No te pedí que quisieras.
Te pedí que lo hicieras.
Pierina apretó los dientes.
—¿Por qué vos?
¿Por qué no un árbol, una roca, cualquier otra cosa?
Aldric dio un paso hacia ella.
—Porque tu magia no teme a las rocas.
Teme a lo que puede lastimar.
Y yo soy lo único que podés lastimar acá.
Pierina retrocedió.
—No quiero lastimarte.
Aldric sonrió apenas.
—No podés lastimarme.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Tan seguro estás?
Aldric respondió con una voz baja, profunda.
—Estoy seguro de vos.
Pierina tragó saliva.
Ese “vos” la atravesó.
El ejercicio del ataque Aldric levantó una mano.
—Quiero que proyectes tu magia hacia mí.
No para matarme.
Para empujarme.
Para probar tu fuerza.
Pierina negó con la cabeza.
—No puedo.
No quiero… Aldric dio un paso más.
—Pierina.
Escuchame.
Si no podés atacar a alguien que no va a romperse… ¿cómo vas a defenderte de alguien que sí quiere romperte?
Pierina sintió que el pecho le dolía.
—No quiero ser violenta… Aldric respondió: —No es violencia.
Es control.
Pierina cerró los ojos.
La luz roja vibró.
La cueva tembló.
—No puedo… Aldric se acercó lo suficiente para que ella sintiera su respiración.
—Podés.
Y vas a hacerlo.
Porque si no lo hacés… tu magia va a buscar otra salida.
Y esa salida puede ser vos.
Pierina abrió los ojos.
Había miedo en ellos.
Pero también había algo más.
Determinación.
—Está bien —susurró—.
Decime qué tengo que hacer.
Aldric retrocedió un paso.
Solo uno.
—Extendé la mano.
Sentí la magia en tu pecho.
Dejala subir.
No la empujes.
No la frenes.
Solo dejala venir.
Pierina levantó la mano.
La luz roja se concentró en su palma.
Su respiración se aceleró.
—Aldric… —susurró—.
No sé si puedo controlarla… Aldric la observó con una intensidad feroz.
—Confiá en mí.
Pierina sintió un tirón en el pecho.
Un lazo.
Un vínculo.
Y esta vez… no lo rechazó.
El ataque La magia estalló.
Un rayo rojo salió de su mano, directo hacia Aldric.
Pierina gritó.
La cueva vibró.
El aire se partió.
Aldric no se movió.
La magia lo golpeó en el pecho.
Un impacto seco.
Un destello.
Un rugido.
Pero Aldric no cayó.
No retrocedió.
No sangró.
Solo se inclinó apenas, como si hubiera recibido un empujón fuerte.
Pierina jadeó.
—¿Estás… estás bien?
Aldric levantó la mirada.
Sus ojos brillaban.
—Otra vez.
Pierina abrió los ojos, horrorizada.
—¡No!
¡No quiero lastimarte!
Aldric negó.
—No me lastimaste.
Apenas me tocaste.
Otra vez.
Pierina sintió que la magia subía sola.
Como si respondiera a él.
Como si lo buscara.
—Aldric… —susurró—.
Tengo miedo… Aldric dio un paso hacia ella.
—Entonces usalo.
Pierina gritó.
La magia salió más fuerte.
Más roja.
Más viva.
Aldric recibió el impacto.
Esta vez retrocedió un paso.
Pierina se tapó la boca.
—¡No!
¡Perdón!
¡Perdón!
Aldric levantó una mano.
—No pidas perdón por tu fuerza.
No pidas perdón por ser quién sos.
Pierina tembló.
—No quiero ser fuerte así… Aldric se acercó.
Su voz fue un susurro.
—Pero lo sos.
Y cuanto antes lo aceptes… antes vas a dejar de tenerle miedo.
El vínculo que se vuelve inevitable Pierina cayó de rodillas.
Su cuerpo temblaba.
Su magia también.
Aldric se arrodilló frente a ella.
No la tocó.
Pero su presencia era un ancla.
—Mírame —dijo.
Pierina levantó la cabeza.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—No quiero lastimar a nadie… Aldric negó.
—No lastimaste a nadie.
Me atacaste porque yo te lo pedí.
Porque confiás en mí.
Pierina sintió un nudo en la garganta.
—No sé si confío en vos… Aldric sonrió suavemente.
—Sí confiás.
Si no, no me hubieras atacado.
Pierina bajó la mirada.
—No sé qué siento… Aldric acercó su rostro al de ella.
No para besarla.
No para tocarla.
Para que no pudiera escapar de su mirada.
—Sentís apego.
Sentís alivio.
Sentís que no estás sola.
Y eso te asusta más que tu magia.
Pierina tembló.
—No quiero elegirte… Aldric respondió: —Pero me estás eligiendo igual.
Pierina cerró los ojos.
Una lágrima cayó.
—No sé si puedo confiar en vos… Aldric apoyó una mano en el suelo, cerca de la de ella.
—No tenés que confiar en mí.
Tenés que confiar en vos.
Y vos… me elegiste para enseñarte.
Para acompañarte.
Para liberarte.
Pierina abrió los ojos.
Y por primera vez… no lo negó.
La entrega emocional Aldric se levantó y extendió una mano hacia ella.
—Vení.
Todavía no terminamos.
Pierina dudó.
Su mano tembló.
Su respiración también.
Pero finalmente… la tomó.
Aldric la levantó con suavidad.
No como un maestro.
No como un enemigo.
No como un amante.
Como alguien que sabía exactamente cuánto peso emocional podía sostener.
Pierina lo miró.
—¿Qué sigue ahora?
Aldric sonrió.
—Ahora… te enseño a atacar sin miedo.
Pierina respiró hondo.
—¿Y después?
Aldric bajó la voz.
—Después… te enseño a elegir.
Pierina sintió un escalofrío.
—¿Elegir qué?
Aldric respondió: —A quién querés ser.
Y con quién querés estar.
Pierina no respondió.
Pero su mano seguía en la de él.
Y no la soltó.
Su cuerpo tenía una vibración diferente.
Pedro la encendia y la consumia con su sexo, en cambio Aldric…le daba calma…seguridad…estabilidad…
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