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Heredero del origen. El principio - Capítulo 99

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Capítulo 99: Epílogo

La manada volvió a su ritmo nocturno, pero nada era igual. Las hogueras ardían más bajo. Los lobos caminaban en silencio. El bosque, aunque calmado, seguía observando.

Pierina dormía en la casa grande, respirando con dificultad pero viva. Su hijo —el heredero del Origen— latía con un pulso más estable, aunque cada tanto una chispa de luz recorría su piel desde adentro, como si recordara el peligro que había enfrentado antes de nacer.

Los sanadores vigilaban en turnos. La alfa mayor mantenía la puerta cerrada con un sello antiguo. Y la manada entera había jurado guardar el secreto.

Pero los secretos… siempre encuentran grietas.

Pedro se quedó afuera, sentado en los escalones, con la cabeza entre las manos. No podía dormir. No podía pensar. No podía sentir nada que no fuera esa presencia oscura respirando dentro de él.

La voz volvía cada vez que cerraba los ojos.

Ella confía en vos. Ella te necesita. Y cuando el heredero nazca… me lo entregarás. Entonces ella sera tuya para siempre. Tu Luna.

Pedro apretó los dientes, luchando contra algo que no podía ver.

—No voy a hacerlo —susurró—. No voy a tocarlo.

La sombra rió dentro de su pecho.

Ya lo estás haciendo.

Pedro sintió un escalofrío recorrerle la columna. Y por primera vez en su vida… tuvo miedo de sí mismo.

Nara lo observaba desde la distancia. Sabía que Pedro ya no la veía. Sabía que su lugar en su vida se había desvanecido como humo.

Pero también sabía algo más.

Pedro no estaba solo en su cuerpo.

Y aunque su corazón estaba roto, su instinto seguía intacto.

Ella sería la primera en notar si la sombra tomaba el control. Ella sería la primera en enfrentarlo si hacía falta.

Aunque le doliera. Aunque la destruyera.

Aunque fuera él.

Dentro de la habitación, Pierina abrió los ojos. No del todo. Apenas un gesto.

Sintió el bosque. Sintió la manada. Sintió a Pedro afuera, temblando. Sintió a Nara, rota pero firme.

Y sintió a su hijo.

Un latido suave. Luego otro. Luego un destello blanco bajo su piel.

Ella apoyó una mano en su vientre.

—No voy a dejar que te tomen —susurró—. No voy a dejar que nadie te toque. Ni siquiera él.

El bebé respondió con un pulso cálido.

Como si entendiera.

Como si eligiera.

Como si ya supiera que el mundo lo buscaba.

Las raíces se movieron bajo la tierra. Las hojas susurraron. El espíritu ancestral, invisible para todos menos para el heredero, se inclinó junto a la ventana.

El eco cayó. El heredero vive. La profecía continúa.

Y en lo más profundo del bosque, donde la luz no llega, algo abrió los ojos.

No el eco oscuro.

Algo peor.

Algo que había estado esperando siglos.

Algo que ahora sabía exactamente dónde estaba el heredero

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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