Héroe de la Oscuridad - Capítulo 613
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Capítulo 613: La primera ronda
Un ignífero de piel roja con un elegante atuendo que combinaba el blanco y el morado se encontraba en medio de la arena mientras ambos contendientes se miraban con ojos llenos de competitividad.
Pronto, el anunciador ignífero habló frente a un artefacto similar a una gema de color índigo que transmitía su voz a más de cien mil espectadores, así como a los organizadores.
—A nuestra estimada audiencia y a la gente que nos ve a través de las pantallas de proyección por todo el imperio… Me gustaría tomarme un momento para explicar las reglas del duelo —dijo en un tono tranquilo y amable.
En el pasado, ni un solo Duelo de Herrería se retransmitía por todo el imperio y solo la gente relacionada con el oficio y algunos peces gordos conocían las reglas. Así que el anunciador se tomó la libertad de explicarlas con palabras sencillas al pueblo llano.
—El duelo tendrá 5 rondas en total.
Cada ronda tendrá un límite de tiempo fijo establecido por nuestros jueces. Este límite de tiempo será diferente para cada ronda según el tipo de objeto que se vaya a forjar.
Al mismo tiempo… ambos contendientes recibirán el mismo conjunto de materiales para esa ronda en particular. Ambos tendrán que forjar ese equipo o un arma y deberá tener el rango ya decidido. Los diseños variarán en función de la habilidad del Herrero y de la forma que quieran darle —declaró a la audiencia.
—Dado que no todo el mundo está familiarizado con el oficio de la Herrería y el grado o rango de las armas y armaduras… permítanme ilustrarlos a todos —reiteró con una sonrisa benigna.
—A continuación se presentan los rangos basados en la calidad y su rendimiento general. Cada uno es mejor que el anterior.
Normal, Bronce, Plata, Oro, Raro, Épico, Legendario, Antiguo y Divino.
Los tres últimos son los más difíciles de forjar e incluso en nuestro imperio, solo hay un arma de Rango Antiguo —explicó el anunciador.
En realidad, Axel tenía un Arma Divina, pero esta no era información que la gente debiera conocer sobre los Héroes, sin importar de qué imperio se tratara.
Para muchos, esta era también la primera vez que oían hablar de ello, porque no todo el mundo era un guerrero o podía usar maná y había invocado una clase de lucha.
Incluso la mayoría de los soldados del ejército de cualquier imperio solo tenían entrenamiento militar, mientras que aquellos que podían usar el maná recibían un trato diferente siempre y cuando tuvieran al menos un Rango Intermedio en su respectiva profesión.
Por lo tanto, esta información era oscura e irrelevante para el 95 % de la población.
—Al final, el ganador de esa ronda se decidirá por la calidad del arma o armadura terminada.
Quien gane 3 de 5 rondas ganará el duelo —anunció.
—En la primera ronda, ambos contendientes tienen que forjar un escudo de Rango Plata. Y el límite de tiempo es de 2 horas —reveló a la audiencia y se interpuso entre Kahn y Helsi.
Levantó un pañuelo blanco en su mano derecha y al instante lo arrojó al suelo mientras gritaba a viva voz…
—¡Que comience el Duelo de Herrería!
—————-
Un estruendo llenó todo el coliseo mientras la gente gritaba de emoción. Mientras tanto, Kahn y Helsi se miraron, indiferentes a los vítores ensordecedores.
—Da lo mejor de ti. No quiero ganar por defecto solo porque eres un incompetente —dijo Helsi con una mirada de desdén.
A estas alturas, llevaba más de tres décadas entrenando y ahora… se veía obligado a desafiar a un humano que ni siquiera era digno de ser aprendiz en la compañía de Throk… Todo por la apuesta de dos herreros santos.
Para Helsi, era como un tigre obligado a enfrentarse a un pollito. Todo el mundo sabía quién era el más fuerte de los dos. Y no había gloria en ganar una pelea así.
Por eso instó a Kahn a que al menos se esforzara un poco antes de perder miserablemente.
Kahn, que ahora vestía una camisa blanca de algodón con los antebrazos al descubierto y unos pantalones de cuero marrón, tenía los brazos cruzados.
—Qué coincidencia… —dijo Kahn con una sonrisa y continuó en voz baja.
—Estaba a punto de decirte lo mismo.
¡Impacto!
Helsi se sorprendió al oír estas palabras de Kahn. Una hormiga le decía a un gigante que tuviera cuidado con ella. ¡Qué broma!
Pero en lugar de responder, Helsi se burló con desdén y se dirigió a su lado de la arena mientras empezaba a forjar rápidamente, a la vez que Kahn caminaba hacia el suyo.
El metal proporcionado para esta ronda era Abysmithium. Un metal que tenía altas propiedades dúctiles y que también podía absorber el impacto de un mayor impulso y potencia.
Este metal era muy popular porque si un Herrero hábil hacía un escudo con él… podía ser una pieza de equipo salvavidas en una guerra total o en una incursión a una mazmorra para Tanques y Caballeros.
Ambos bandos encendieron rápidamente sus forjas y sacaron las herramientas. El primer procedimiento consistía en fundir el metal y moldear una lámina gruesa que utilizarían para trazar los contornos del diseño, los cuales decidirían la forma final del escudo.
Mientras ellos comenzaban sus procedimientos, el público entró en modo cotorreo como si fuera una configuración por defecto.
—¿Quién crees que ganará? ¡¡Meeec!! —preguntó un cabra-kin blanco a un orco morado sentado a su lado.
—¿No es obvio? El enano, sin duda.
He oído rumores de que este humano llamado Kahn ni siquiera había cogido un martillo en su vida antes de que se acordara el duelo —dijo en un tono despreocupado.
—Sí, he oído lo mismo. ¡Meeec!
Ojalá hubiera un sistema mejor, como en esas arenas de batalla de guerreros. Habría ganado unos buenos harlen. ¡¡Meeec!! —dijo el cabra-kin de dos cuernos rojos mientras balaba.
—¡Ni que lo digas! El dinero dependería de cuánta gente apostara por el otro. En este caso… —dijo el orco, y se rio por lo bajo…
—Todo el mundo habría apostado por el mismo. ¡Ja, ja! —rio.
—¡Maldita sea! ¡Ja, ja! Tienes razón. ¡¡Meeec!!
Escenarios similares ocurrieron en los que la gente empezó a discutir y a expresar sus opiniones sobre el duelo.
Pronto, docenas de nuevos comentarios llegaron a oídos de Kahn. Su expresión se tornó fea y llena de rabia mientras fundía los materiales.
Los comentarios mezquinos de los espectadores no le molestaban en lo más mínimo, sino más bien un asunto diferente. Miró los lingotes de metal que se derretían en el horno mientras maldecía para sus adentros…
«¡Estos hijos de puta me han dado materiales de baja calidad!»
Kahn se mofó para sus adentros mientras miraba más de cien núcleos de abismitio del tamaño del puño de un hombre adulto. En ese momento, apenas controlaba su ira e intentaba mantener la calma. Porque ese acto de manipular los materiales de forja no era tan sencillo como parecía.
Si Kahn decidía tomar represalias…, surgirían demasiadas preguntas sobre el duelo, pero, como consecuencia, tampoco podría señalar al culpable principal.
Alguien quería que perdiera, aunque todo el mundo tuviera la impresión de que iba a perder de todos modos, porque era un pato enfrentándose a un cocodrilo en un estanque. Y el único mérito que tenía en esta pelea era que podía optar por salir volando para huir. Lo que a la larga declararía su derrota.
Además, si decía que el duelo estaba amañado desde el principio, muchos lo usarían en su contra, diciendo que solo estaba poniendo una excusa para justificar su incompetencia como herrero.
La única prueba que tenía eran los minerales que había recibido, pero si decía que se había hecho intencionadamente para hacerle perder, la responsabilidad podría eludirse fácilmente diciendo que había ocurrido por algún error o alguna otra excusa de mierda.
Kahn ni siquiera podía usar a sus subordinados para averiguar la verdad, porque cada uno de ellos estaba escondido dentro de su sombra en ese momento para estar a salvo.
Porque las más altas autoridades de la iglesia, incluido el mismísimo Papa, estaban presentes entre el público, junto con más de una docena de personas que superaban el rango de santo de quinta etapa.
Su situación ahora era diferente de cuando participó en la competición de los elegidos del emperador, donde todos los ojos estaban puestos en los diferentes participantes y nadie buscaba auras de monstruos.
Allá en Rakos, a nadie le importaba quién estaba entre el público y no había gente de la iglesia entre la multitud que destacara en la detección de anomalías como sus subordinados.
Naturalmente, el Papa, los Cardenales y los Arzobispos serían capaces de detectar la presencia y la naturaleza de sus subordinados si su grupo quedaba expuesto y se sentaba a la vista de todos. Por lo tanto, ya se había preparado de antemano y todos hacían lo posible por enmascarar perfectamente su existencia en la sombra de Kahn.
Pero aun así… era mejor opción sondear primero la situación que montar una escena y señalar descaradamente a la gente cuando ni siquiera sabía quién era el verdadero culpable que había orquestado esta estratagema.
No obstante, Kahn comprendió que hacer cualquier tipo de movimiento en ese momento resultaría inútil dadas las circunstancias. Por lo tanto, sondear primero la situación parecía lo más inteligente.
Así que, sin importar el resultado…, Kahn decidió seguirles el juego en esta primera ronda.
—————-
Pronto, Kahn decidió continuar con la forja y, primero, puso todos los minerales en un gran crisol y luego lo metió en un gran horno para empezar a calentar los minerales metálicos.
Esperó pacientemente hasta que los minerales empezaron a derretirse y toda la escoria comenzó a acumularse sobre el líquido caliente con el tiempo.
—¡Tsk! Qué descaro el de ese humano. Actúa como si supiera hacer un escudo.
—¿Desde cuándo los humanos pueden siquiera compararse con los hábiles herreros enanos de nuestro imperio? —dijo un enano en la quinta grada de los asientos del público.
Muchos de los que lo oyeron asintieron, porque ellos también compartían la misma opinión. Para ellos, Kahn solo se estaba dando aires para no parecer que no sabía nada de nada.
—¡Solo está aparentando. Acepta tu derrota y ahórranos el resultado más que obvio! —gritó un Felino tigre gris entre la multitud.
Esas palabras fueron fuertes y miles de personas pudieron oírlas, pero ¿cómo podría un verdadero herrero dejarse afectar por simples intentos de provocación? Así que Kahn solo se centró en el trabajo que tenía entre manos, sin que su mente ni su cuerpo respondieran a esas mezquinas calumnias.
Una vez que el metal se licuó correctamente, Kahn usó un molde de 4×5 y virtió el líquido fundido. Luego usó una máquina que utilizaba minerales de maná para empezar a cristalizar el metal de abismitio. Un paso crucial al tratar con este metal, porque cuanto más tardara en enfriarse, más débil se volvería.
En los minutos siguientes, empezó a delinear y marcar el diseño del escudo y luego cortó la lámina metálica que tenía 5 centímetros de grosor, muy grande y pesada según los estándares de la Tierra. Pero en Vantrea, era muy fácil de levantar para cualquiera que fuera un individuo de rango Principiante.
Una vez cortada la forma, empezó a martillarla para crear una protuberancia en el centro que más tarde utilizaría para expandirla en una forma hiperbólica, ideal para enfrentarse a los enemigos en una batalla.
Después, Kahn utilizó una herramienta de amolar similar a las de la Tierra y alisó los bordes, lo que le daría un aspecto decente. Más tarde, se puso a martillar para perfeccionar los bordes restantes y reformó todo el escudo para que se asemejara al de un Caballero. En comparación con los Tanques, sus escudos eran de tamaño mediano y podía usarlos cualquiera que tuviera la fuerza necesaria.
Kahn comenzó entonces con el acabado, puliendo todo el escudo y añadiendo asas en la parte trasera para sujetarlo correctamente mientras soportaba el impacto de un hechizo o un ataque físico.
Y por último… la parte que garantizaría la calidad del producto final… Las Runas.
Sacó un Cincel amarillo brillante. No era una herramienta de cincel normal, sino un equipo de Artificio que era el equivalente a los pinceles rúnicos en el Imperio Vulcan. Pero estas runas no se pintarían como él había practicado durante su entrenamiento, cuando realizaba algo parecido a la caligrafía.
Más bien, el herrero tenía que grabar las marcas rúnicas en el escudo usando el cincel, mientras infundía un poco de su maná en cada uno de sus golpes.
Al igual que un artesano o un escultor realizaría su trabajo, Kahn grabó las runas sin esfuerzo, capa por capa y sin cometer errores, y finalmente terminó el último trabajo como artífice mientras dibujaba runas de nivel básico.
Se suponía que el producto final era un escudo de rango plata, así que no había necesidad de exponer sus habilidades demasiado pronto.
Pasaron dos horas y, finalmente, ambas partes presentaron sus trabajos terminados y los tres jueces se acercaron a sus presentaciones.
Kahn no sabía cuánto tiempo llevaría en la Tierra hacer este tipo de escudos, pero aquí, solo 2 horas eran más que suficientes.
Él y Helsi se pararon orgullosos mientras colocaban sus escudos sobre una ancha mesa de mármol frente a los jueces. Sus ojos estaban llenos de confianza, pues ambos contendientes habían dado lo mejor de sí. Y por fin, había llegado el momento…
De decidir el vencedor de esta ronda.
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