Héroe de la Oscuridad - Capítulo 628
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Capítulo 628: Los Ocultos
Toda la zona de las llanuras del norte, que abarcaba un perímetro total de mil kilómetros, estaba ahora completamente aislada del mundo exterior, mientras que en su interior solo quedaban tres santos.
—¡¿Qué intentas hacer, Arhlem?! ¡¿Dónde están mis hijos?! —preguntó Havi con una voz atronadora.
—¡Ja! Qué raro verte preocupado por las vidas de tus hijos.
No te preocupes… están siendo custodiados por el Grupo del Héroe en medio de las praderas orientales. Pero ni siquiera yo puedo decir por cuánto tiempo estarán a salvo —respondió con un tono insidioso.
A estas alturas, Havi estaba completamente enfurecido. Había venido aquí rápidamente, sin pensárselo dos veces y sin informar a sus fuerzas, porque temía por las vidas de sus hijos. Pero no esperaba que uno de sus ayudantes de más confianza ya se hubiera aliado con el Papa.
—Tú… Consejero Aikbach… ¿Por qué? ¿Tú también has formado parte de esto desde hace cincuenta años? —preguntó Havi con una expresión cargada de ira. Aikbach era el consejero Imperial desde la época en que su padre reinaba como Emperador.
—Tú… ¿por qué te pusiste del lado de la Iglesia? Eras el ayudante de más confianza de mi padre. ¿Por qué me has traicionado? —le preguntó a Aikbach.
Aunque parecía que Havi estaba profundamente descorazonado por esta traición…, en realidad, solo estaba ganando tiempo mientras a duras penas contenía la reacción adversa en su cuerpo e intentaba adaptarse a esta supresión.
—Una lealtad impuesta por un juramento del alma no es lealtad, Havi.
Fue tu padre quien se aprovechó de mi lealtad al trono y me hizo aceptar el juramento del alma. Pero después… básicamente me convirtió en un esclavo de la familia imperial, obligándome a encubrir sus fracasos y las masacres indiscriminadas que causó en nombre de la erradicación de los alborotadores.
Por eso elegí traicionar al clan Imperial —reveló Aikbach. Su tono se llenó de asco al recordar al anterior Emperador, el padre de Havi.
Havi no mostró ninguna expresión de incredulidad, como si él también hubiera sido consciente de este hecho desde hacía mucho tiempo.
No existían los gobernantes justos. Incluso el monarca más bondadoso tendría que mancharse las manos de sangre para mantener la paz en el imperio.
Él no era la excepción, pues también había arruinado el destino de la raza humana con tal de mantener intacto su reinado durante aquellos tiempos turbulentos.
—Entonces, ¿por qué no estás muerto todavía? —preguntó Havi, para nada afectado por la información.
—Porque el ritual del juramento del alma lo realicé yo. Obviamente, sé la forma de deshacerlo —respondió Demiurgo en su lugar.
—Le concedí la libertad cuando te convertiste en el Emperador, a cambio de que te espiara.
Y dado su odio hacia la familia Imperial…, se unió a nuestras filas con mucho gusto —dijo Demiurgo.
¡Pfff!
Havi escupió otra bocanada de sangre. Podía sentir cómo el flujo sanguíneo de su cuerpo se ralentizaba, lo que disminuía enormemente su fuerza hasta el punto de que ahora solo poseía un poder comparable al de un santo de sexta etapa.
Intentó desatar su fuerza, pero en su lugar su cuerpo sufrió una fuerte reacción adversa. Para alguien de su rango…, perder dos etapas de fuerza significaba perder alrededor del 28 % de su poder de combate total. Y eso sin estar enzarzado en una batalla. En cuanto a cuánto sería suprimido cuando estallara la lucha…, ni él mismo podía predecirlo en ese momento.
—Entonces, ¿estás listo para morir? —preguntó el Papa, cruzando los brazos a la espalda.
—¿Matarme? ¡Je! —dijo Havi en tono burlón.
—¡Ja, ja! ¡Ja, ja, ja! —rio histéricamente.
—¿Solo con vosotros dos? Aunque estoy suprimido…, puedo matar fácilmente a un santo de 5ª etapa y a un santo de sexta etapa. Y ambos sois muy débiles por vuestra clase —dijo Havi con un tono cargado de desdén. Su título de la persona más fuerte del imperio no era solo para aparentar.
Pero no era tan idiota como para cargar a ciegas e intentar matarlos. Primero quería sondear las artimañas del oponente, porque un momento de negligencia podía costarle la vida en una batalla.
—Oh… Ciertamente, así sería —respondió Demiurgo.
—Pero no lucharás contra nosotros… Lucharás contra ellos —dijo con una expresión despreocupada.
¡BOOM!
¡BOOM!
¡BOOM!
Tres enormes estallidos de energía explotaron en tres direcciones diferentes. Cada uno se encontraba al menos a veinte kilómetros de Havi. Sin embargo, debido a sus niveles de poder y a sus rangos, esa distancia no era más que unos pocos pasos para ellos.
Havi podía ver con claridad a estas tres figuras encapuchadas de blanco y rojo incluso a esa gran distancia. Para alguien de la Tierra, Havi ya estaba en el reino de los dioses y aún tenía que revelar su verdadera fuerza.
Sin andarse con ceremonias, estas tres figuras, que se habían ocultado a la perfección usando el mismo artefacto que Demiurgo, se quitaron las capuchas y finalmente revelaron sus verdaderas identidades.
—Cuánto tiempo sin vernos, su majestad —dijo uno de los nacidos del fuego, que parecía ser un individuo de clase púgil o luchador.
Pero al instante siguiente, Havi quedó completamente estupefacto en cuanto lo reconoció.
—La última vez que me mostré al mundo exterior…, tu padre acababa de convertirse en el Emperador —dijo la segunda figura, que sostenía una lanza de doble filo en su mano izquierda.
—Tú… ¿cómo es que sigues vivo? —preguntó Havi al recordar la verdadera identidad de este segundo nacido del fuego.
—El linaje de sangre «Hos Sigfreed» es, en efecto, digno de liderar nuestro imperio.
En solo cuatro décadas, ya se ha convertido en un santo de octava etapa. Ni siquiera los seis clanes nacidos del fuego pueden competir contra el linaje de sangre de la familia Imperial —dijo finalmente la tercera figura, que portaba un escudo y una espada, revelando su clase de Caballero.
Havi volvió a quedarse boquiabierto. Porque esta persona ya era una gran figura en la historia del Imperio Vulcan.
—¿Cómo? ¡Se supone que moriste hace más de un siglo! —insistió Havi, incapaz de creer lo que veía.
Dados los efectos de su linaje de sangre, podría acabar fácilmente con los dos traidores que tenía delante.
Pero ahora… estas tres personas que habían estado ocultas todo este tiempo… eran individuos de los que incluso él debía preocuparse debido a sus identidades y habilidades.
Porque todos y cada uno de estos tres individuos, que se suponía que llevaban mucho tiempo muertos…, fueron en su día el Campeón Sagrado de la Iglesia de Hetrax en sus respectivas eras.
Pero lo más amenazador no eran sus títulos, sino sus rangos.
Porque todos y cada uno de estos nuevos enemigos eran un…
¡Santo de séptima etapa!
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