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Hierro y Sangre - Capítulo 161

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Capítulo 161: Capítulo 161: La Ruptura del Pacto

(Narra Aelnora)

Mis pulmones ardían con cada bocanada de aire cargado de azufre y energía estática. El domo ámbar de mi Sanctum, que nos había mantenido a salvo de la tormenta eléctrica de Arleth, vibró violentamente antes de fragmentarse como cristal bajo un martillazo. El grito de la rúnica fue seguido por un rayo de una intensidad cegadora que impactó directamente en el centro de mi protección, deshaciéndola en partículas de luz inerte.

Me desplomé sobre una rodilla, apoyándome en el mango de mi martillo para no caer de bruces. Estaba agotada; mi núcleo mágico se sentía como un pozo seco, una herida abierta que ya no podía manar consuelo. A mi lado, Raven, Gorrash y Viktor jadeaban, con los rostros cubiertos de hollín.

—¡Cuidado! —gritó Raven, pero el cansancio nos había vuelto lentos.

Arleth, con el pecho ensangrentado y los ojos perdidos en una demencia absoluta, soltó una segunda descarga elemental. El rayo golpeó de lleno a Einar en el esternón. El druida no tuvo tiempo ni de gruñir; salió despedido hacia atrás, chocando contra una roca y quedando completamente inconsciente, con el pecho humeante. Al romperse el ritmo de los golpes de resonancia que mantenían a raya al golem de oricalco, la criatura azulada se encendió de nuevo. Con una velocidad aterradora, el monstruo giró y lanzó un golpe de mazo directamente al estómago de Ulm. El sonido fue un crujido húmedo y sordo. El gigante se dobló como un acordeón, soltando un quejido ahogado antes de quedar tendido en el suelo pedregoso, inerte.

La bruja, riendo entre sollozos, preparó un tercer impacto. Sus manos brillaban con el poder de una supernova, lista para borrarnos de la existencia. Pero el brillo se extinguió antes de nacer.

Dos hojas de acero oscuro, Pecado y Penitencia, emergieron de golpe a través de su esternón. Valka, que se había arrastrado entre las sombras, la había atravesado desde la espalda. Con una furia salvaje, la guerrera movió sus espadas en direcciones opuestas, cercenando el cuerpo de Arleth en un movimiento de tijera brutal. El cuerpo de la rúnica cayó al suelo y la runa del golem se desvaneció, dejando solo chatarra azulada. Viktor, en silencio, recogió las cuerdas de oricalco del suelo.

Evalué la situación y sentí un frío que no tenía nada que ver con el clima del volcán. Berg estaba herido, el Aplastahuesos muerto. Ulm estaba inerte tras el golpe del golem. Einar, nuestro pilar, yacía inconsciente por el rayo. Valka, tras el esfuerzo de partir a la bruja y con los pulmones destrozados por el aire ardiente que inhaló, no pudo más y se desplomó desmayada. Yo no tenía ni una gota de magia restante en mis venas.

—La situación no se ve prometedora, orco —le dije a Gorrash, quien era el único que seguía en pie junto a Viktor y un Raven analítico.

Gorrash apretó el mango de su Nodachi, sus colmillos apretados en una mueca de pura resistencia. Pero la realidad decidió que aún no habíamos sufrido suficiente.

(Narra Gorrash)

La carpa roja se abrió con una lentitud que me hizo gruñir. El Padre Tomás apareció solo, caminando entre los restos con una calma que me revolvió las tripas. Estaba aplaudiendo, y de sus ojos brotaban lágrimas de sangre espesa.

—Excelente espectáculo —dijo el Padre—. Es hora del banquete.

En ese momento, las fauces de su abdomen se abrieron de par en par. Un vacío antinatural comenzó a succionarlo todo. Un vórtice de presión negativa empezó a jalar cadáveres y a nosotros mismos hacia la boca profana de su vientre.

Aelnora se aferró a la pierna del inconsciente Ulm y clavó su martillo en la tierra para anclarse. Yo hundí mi Nodachi en la roca con toda mi fuerza para no ser arrastrado. Viktor tomó cobertura tras el cuerpo doblado de Ulm. Vi cómo los cuerpos menos pesados de Einar y Valka comenzaban a ser succionados por el suelo hacia el Padre.

Fue entonces cuando Raven hizo su jugada. En lugar de resistirse, corrió hacia el Padre Tomás. Saltó, dejando que el vórtice lo impulsara. En el aire, su cuerpo fue absorbido hacia las fauces abdominales, pero logró detenerse aferrándose al torso del Padre. Una lengua retorcida salió de la boca del vientre y se enroscó en la pierna del elfo, jalándolo hacia dentro. Raven gritaba mientras Tomás lo golpeaba con fuerza para que se soltara. Con un sonido seco, las fauces se cerraron, arrancándole al elfo la pierna izquierda desde la rodilla.

Raven soltó un alarido de agonía que me hizo vibrar los huesos. Pero no se rindió. Con un dedo cercenado que había tomado de una mesa, forzó la boca natural de la cara de Tomás; Raven clavó una espina de sangre en el dedo, lo metió en la boca del padre como pudo y, mediante su magia, tomó el control de la extremidad muerta para dirigirla con precisión quirúrgica directo a la garganta del Padre, obligándolo a tragárselo.

En ese instante, un crujido espantoso desgarró el aire. Una voz profana nació de las piedras:

“Rompiste el pacto, Tomás el Piadoso. No usar la boca para comer…”

Un trueno ensordecedor impactó en el campo de batalla. El cuerpo de Tomás estalló en una nube rosa de vísceras y sangre. La succión se detuvo. Raven cayó al suelo, empapado en sangre, sujetando lo que quedaba de su extremidad.

Nos quedamos allí, desorientados, rodeados de nuestros amigos caídos. Pero la calma duró un parpadeo. De entre los restos de la carpa roja, una melodía dulce y perfecta empezó a sonar. Un laúd. Melody salió de la carpa, caminando con una elegancia que resultaba insultante ante nuestra miseria.

(Narra Viktor)

Me asomé desde detrás de Ulm, limpiándome un trozo de intestino del Padre Tomás de la mejilla. Miré a mi alrededor. Ulm inerte, Einar fuera de combate, Valka desmayada y Raven desangrándose sin una pierna. Gorrash y yo éramos lo último que quedaba entre Melody y el final de esta historia.

—Bueno, colmillos —le dije al orco, sacando una pluma de cristal y una pequeña daga oculta—, parece que el plato principal acaba de llegar, y no tiene intenciones de dejarnos ir con vida.

Melody dio un paso al frente, haciendo vibrar las cuerdas de su instrumento con una maestría que hacía que el aire mismo pesara. Gorrash dio un paso al frente, interponiéndose entre ella y los heridos. Sabíamos que esto no era una pelea, era una ejecución.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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