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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 45

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45: Capítulo 44 45: Capítulo 44 El rubio de ojos verdes volteó a ver a Aleksei que se abría paso de manera salvaje entre el enfrentamiento hasta poder llegar a Annelise.

—¿Y este payaso qué?

—preguntó Volker a su hermanastra.

—¡Alek!

—gritó ella, haciendo el ademán de correr hacia él, pero Volker la detuvo del brazo con fuerza—.

¡Déjame en paz!

—Nuestro padre te quiere de regreso y eso haré, idiota—.

Le espetó, doblándole el brazo y ella ahogó un grito de dolor, inmovilizada.

Y justo cuando Aleksei pensó que llegaría hasta Annelise, un militar se atravesó justo en su camino.

—Muy bien, nos vamos.

Volker tiró del brazo de ella y la colocó con agilidad sobre el hombre, echándose a correr al interior del bosque congelado.

—¡No entiendes!

¡Yo quiero estar con Aleksei!

¡Suéltame!

—pataleó, histérica y le rasguñó la cara, pero fue inútil.

Su hermanastro no había llegado solo porque en lo más recóndito del bosque, los esperaban más personas de su padre.

—¡Annelise!

El grito de Aleksei a lo lejos la precipitó, pero no podía hacer nada, ella misma había enviado la señal de ayuda y no pensó que sería de esa manera ni que Volker sería uno de los que la rescataría inmediatamente.

No obstante, en cuanto llegaron a la zona esperada de su hermanastro, los recibieron rápidamente.

—Quiero regresar—objetó Annelise en cuanto Volker la dejó sobre sus pies, pero otras manos la inmovilizaron.

—Señorita Falkenheim, pensamos que la habíamos perdido, ¡Es una sorpresa agradable saber que usted está bien!

—dijo uno de los hombres que los esperaban.

La verdad es que ellos eran más agradables que su propio padre.

—Uwe me dejó un dispositivo auditivo para cuando hubiera problemas, pero realmente el conflicto eran unos militares, no tenían por qué enviar al imbécil de Volker a traerme a regañadientes hasta acá—masculló ella, molesta.

—Ha perdido la cabeza por el heredero de Mikhail Reznikov—.

Se burló Volker—.

Es por eso por lo que desea regresar con él.

—¿Qué?

—Drogo, quien era el otro más cercano a Erich Falkenheim se abrió paso entre los demás—.

¿De qué diablos estás hablando, Volker?

La señorita Falkenheim fue a una encomienda por su padre y lo que dices no tiene sentido.

—Es verdad—.

Externó ella, molesta—.

Me gusta Aleksei Reznikov y hemos llegado a un acuerdo para asesinar a su padre, pero ahora todo se ha ido a la mierda gracias a Volker.

—Señorita Falkenheim, ¿Acaso se ha enloquecido?

¿En serio cree que el hijo de Mikhail Reznikov va a ayudarla a destruir a su propio padre?

¡Es ridículo!

—Exclamó Drogo, irascible e incapaz de procesar aquella información.

—Déjenme regresar con él, yo les llamaré cuando en verdad necesite ayuda—, suplicó, ansiosa.

—Te ha lavado el cerebro a través del sexo, de eso no tengo duda—rio Volker, sacando un cigarrillo del abrigo y como quien no quiere la cosa, lo encendió con su encendedor que, por lo que Annelise alcanzó a ver, tenía grabado el apellido “Falkenheim”, y tal parecía haber sido un obsequio de su padre a ese imbécil—.

Ciertamente no esperaba que fueras de ese tipo de mujeres que enloquecen por un hombre cuando les dan un buen polvo, a menos que cuenten con un miembro viril lo suficientemente grande y grueso para satisfacerlas.

Annelise apretó los puños y bajó la mirada, evitando que el rubor se le notara, aunque estuvieran a oscuras.

Volker era de su misma edad y lo odiaba con todo su ser porque desde que llegó a su vida, en ese poco tiempo que se mantuvo en su casa mientras su madre intimaba con su padre, se creyó el dueño de todo y el primogénito de los Falkenheim.

—Ojalá te mueras de cáncer pulmonar, infeliz.

—Entonces no estoy equivocado en mi deducción, ¿eh?

—Volker le dio una calada al cigarrillo y esbozó una sonrisa torcida.

—Vete al demonio, Volker, yo volveré con Aleksei y Pavel.

Ellos me necesitan—.

Les informó a todos.

—No puedo dejarla ir, así como así, tenemos órdenes de llevarla a Rügen—, titubeó Drogo, bloqueándole el paso.

—Ella no irá a ninguna parte, Drogo, no te preocupes—.

Le aseguró Volker.

—¿Qué te hace pensar que si no le obedecí a Drogo, te voy a obedecer a ti?

—le riñó Annelise, caminando en dirección a donde estaba el enfrentamiento con los militares.

Ella pasó empujando el hombro de su hermanastro con desprecio y él dejó que caminara un poco más hasta llegar a un árbol de ramas raquíticas y con mucha nieve encima.

—¿En serio vas a dejar que se vaya?

—le preguntó Drogo a Volker al ver que el chico no se inmutó, e incluso disfrutó tranquilamente de su cigarrillo.

—Dame un segundo más… Dicho eso, se palpó los bolsillos y sacó su encendedor otra vez, pero no para encender otro cigarrillo, sino para lanzarlo hacia el árbol raquítico con exceso de nieve en un punto específico, haciendo que este se moviera bruscamente y cayera el pesado y congelado manto blanco sobre la cabeza de la chica, sobresaltándola.

Annelise quedó semi enterrada, intentando ridículamente de salir de aquella prisión helada, pero sintió un profundo dolor en la cabeza y entumecimiento en el cuerpo a causa del contacto.

Entonces Volker sacó con toda la calma posible una jeringa y le quitó la tapa.

—Con esto bastará para que duerma todo el resto del viaje de regreso—.

Le avisó a Drogo antes de acercarse a su hermanastra e inyectarle la aguja en el cuello.

—¡¿Qué haces?!

¡Duele…!

—se quejó ella, pero enseguida su visión se fue haciéndose borrosa y empezó a perder el conocimiento—.

Cuando recupere la consciencia, ten por seguro que… voy a cortarte las bolas, maldito… —¿Qué le hiciste?

—Drogo se precipitó a ella cuando su cabeza cayó hacia adelante, sobre la nieve.

—Diazepam.

Conozco a Annelise, y aunque no estaba seguro de que se había enamorado de ese idiota, algo me decía que tenía que tomar medidas drásticas para llevarla con mi padre—.

Eludió, dándole otra calada a su cigarrillo y lanzó la jeringa cerca del árbol—.

Ahora ayúdame, vamos a llevarla a la camioneta y largarnos de este inmundo país.

—¿Por qué lo hiciste?

¿No era mejor someterla sin hacerle nada?

—Si se quedaba con ese ruso, iba a morir igual.

Al menos conmigo tiene una oportunidad.

Drogo asintió y otros más se colocaron alrededor de la fémina y la sacaron de la nieve con facilidad.

Le limpiaron la ropa y rápidamente la metieron a la camioneta.

A lo lejos, los disparos habían comenzado a cesar y era una clara señal de que debían irse lo más pronto posible.

—Vámonos—.

Ordenó Volker—.

La misión de rescate fue exitosa.

El rubio de ojos verdes fue el último en subir, con la mirada puesta en donde debía estar el primogénito del mayor enemigo de su padre y sintió rabia y cólera, porque deseaba enfrentarlo y asesinarlo.

De haber sabido que su padre había planeado esa misión repugnante para Annelise, se habría opuesto sin miramientos porque, aunque no le agradaba su hermanastra, no podía tolerar que ella se sacrificara de esa manera con tal de conseguir al nieto de Mikhail Reznikov.

Cerró de un portazo y la camioneta aceleró bruscamente, abriéndose camino en la densa nieve.

Y si se daban prisa, tal vez comenzaría a nevar y la nieve borraría sus huellas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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