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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 44

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44: Capítulo 43 44: Capítulo 43 El silencio en el interior de la camioneta fue inminente.

Solo se escuchaban los latidos de los tres corazones latiendo a toda velocidad.

Aleksei sabía que si se enfrentaba a ellos, tenía al menos una probabilidad de salir vivo, más no ileso porque Pavel era muy astuto y audaz con las armas, pero el detalle estaba que Annelise, aunque supiera disparar, no iba a dejarla a su suerte para que también luchara.

Tenía que protegerla y evitar que manchara de sangre sus manos por algo que no valía la pena.

El jefe de los militares continuó de pie, con la palma de su mano sobre el cofre y con su sonrisa demencial y ojos de lunático.

Uno de sus subordinados le alcanzó un megáfono y el trío de jóvenes dio un respingo cuando escucharon su escalofriante voz, la cual fue suave y simpática, que obviamente estaba cargada de veneno camuflado.

—Desciendan del vehículo lentamente y no les haremos daño—le oyeron decir—.

De lo contrario, si se oponen, nos veremos obligados a dispararles y obligarlos a bajar, ¿qué opción eligen?

—ensanchó más su sonrisa.

Pavel volteó a ver a Aleksei, en espera de una orden.

—Nos van a matar—afirmó Annelise, ahora sin una pizca de miedo, ya que recordaba que una ocasión le tocó estar metida en una situación similar en la que la policía solo estaba mintiendo para que parte de los hombres de su padre se confiara y salieran a dar la cara y en cuanto lo hicieron, fueron acribillados sin miramientos.

Esa noche tuvieron suerte de que llegaron refuerzos y acabaron con los diez policías idiotas, pero ahora eran muchos y no eran policías, sino militares con mejor equipamiento y entrenamiento—.

Hagamos lo que hagamos, lo harán.

—Lo sé—susurró Aleksei entre dientes.

—Tengo una idea, es arriesgado, pero si Annelise logra estar a salvo, nosotros podremos encargarnos de al menos más de la mitad de ellos, joven Reznikov—siseó el pelirrojo, sin apartarle la mirada al hombre—.

Y solo tendremos una oportunidad.

—¿Cuál es el plan?

—interrogó ella.

—Vas a fingir que te hemos secuestrado—dijo Pavel—.

Ellos van a resguardarte y ahí nosotros vamos a bajar de la camioneta y atacaremos sin darles tiempo de reaccionar, pero deberás esconderte bien para que ninguna bala te haga daño.

—No funcionará, estás loco—titubeó ella, temblando.

En eso, Aleksei movió su mano discretamente a través de los asientos y ella acercó la suya con el ceño fruncido.

—Póntelo, es el dispositivo que te quité aquella noche cuando me enteré de quién eras—le susurró Aleksei—.

Quiero que coloques el aparato en tu oreja sin que se den cuenta y si en caso Artem y yo no logramos abatirlos, llama a tu padre para que vengan por ti, Annelise.

Paralizada, se quedó mirando el dispositivo en la oscuridad y tragó saliva.

Había pensado que él lo había destruido y no sabía cómo reaccionar, pero debía darse prisa y obedecer.

En un movimiento casual, se acomodó el cabello y aprovechó a colocarse el dispositivo en lo más recóndito de su oído, ocultando el pequeño cable entre su cabello y tomó aire antes de agarrar la manija de la puerta.

—Finge lo mejor posible y nosotros nos encargaremos del resto—le indicó Pavel.

Ella asintió y miró a Aleksei, quien le regaló una sonrisa torcida pese a la oscuridad.

—No te vas a deshacer tan fácilmente de mí, muñeca, ten eso por seguro—.

Le aseguró y le guiñó el ojo.

Annelise, a pesar de estar en un momento crucial, le sonrió porque sabía que eso le iba a dar fuerzas y ánimos para lo que se les venía encima.

Ella abrió la puerta lentamente y alzó las manos sobre la cabeza para que los militares no se pusieran más nerviosos y le dispararan por accidente.

—Soy una rehén de ellos—dijo ella, forzando a que sus ojos lagrimearan de tanto parpadear—, por favor, ayúdenme.

El jefe militar la observó con ojos críticos por unos segundos y levantó la otra mano para no quitar la que tenía sobre el cofre de la Jeep.

—Revísenla y si encuentran un arma en su ropa, entonces está mintiendo y es cómplice—ordenó.

De inmediato dos hombres se abrieron paso hasta ella y comenzaron a manosearla sin ningún tipo de respeto.

Annelise apretó los dientes, furiosa y con ganas de darles una patada en las bolas para que dejaran de pasarle la mano sobre sus pechos de manera intencional.

De reojo, alcanzó a notar que Aleksei estaba enrojecido de coraje en el asiento, mirando como esos hombres estaban tocando a la chica que quería y no podía ir a partirles la cara.

—Todo en orden, señor—le informó uno de los militares mano larga.

—Bien, entonces pónganla a salvo en el convoy mientras terminamos con esto—.

Siseó el jefe militar, borrando su tétrica sonrisa y golpeando el cofre con el puño, dando por iniciado el enfrentamiento.

Annelise fue empujada rudamente por los mismos dos idiotas y la obligaron a subir al enorme vehículo blindado de los militares y en cuanto estuvo arriba, sutilmente presionó el dispositivo auditivo, rogándole al cielo que aun funcionara para que su padre le enviara refuerzos o al menos supiera en donde estaba.

Lo último que supo fue que Uwe aseguró de que habían quedado algunos hombres de su padre cuidándola, pero luego de aquel altercado con los rusos, dudaba que hubiera quedado alguno que la ayudase.

De pronto el sonido de un disparo cortó el silencio y absolutamente todos se pusieron a la defensiva.

No había sido Aleksei ni Pavel, de eso estaba segura porque en ningún momento escuchó que las puertas de la camioneta se abrieron.

Se escuchó desde muy lejos.

—¡Cúbranse todos!

—vociferó el jefe militar y en un segundo, una lluvia de balas les cayó encima.

Annelise tuvo que agacharse y estar al ras del suelo del vehículo blindado para no recibir una bala perdida porque por la parte trasera, estaba todo abierto y a la intemperie.

Se desató el caos en cuestión de segundos.

Gritos, detonaciones, el sonido de las balas atravesando el pecho de los soldados que no iban bien protegidos e incluso aparecieron lengüetazos de fuego justo afuera.

¿Qué estaba pasando?

¿Y si Aleksei y Pavel estaban heridos?

O tal vez estaban enfrentándose a los militares a sangre fría y si ella salía, sería un estorbo.

Se mantuvo agachada con los brazos encima de la cabeza, respirando con dificultad y desesperación.

—¿Dónde está ella?

¿Dónde está Annelise, infeliz?

¡Dime dónde está!

Annelise parpadeó.

Reconoció esa voz, pero no era de Aleksei y tampoco de Pavel.

Era de alguien más, a quien ella conocía perfectamente bien y siempre lo detestó.

Pero ¿cómo era posible que se hallaba ahí?

¿O acaso estaba delirando a causa de una bala perdida que no sintió llegar en su cuerpo?

—Si no me dicen dónde está ella, rusos de mierda, juro que voy a rematarlos hasta hacerlos polvo, ¡No estoy jugando!

—vociferó nuevamente esa voz mezquina.

No, no era su imaginación.

Era Volker, su hermanastro al que en su maldita vida pensó volver a ver después de aquella discusión con su padre, hacía cinco años cuando se separó de la mujer con la que había estado acostándose por mucho tiempo y haciéndose cargo de un hijo que no era suyo y que quería tener todos los privilegios de ella.

La fémina, consumida por la rabia de escucharlo hablar, saltó fuera del vehículo, intentando localizar al bastardo para darle una paliza, aprovechando la ocasión, pero los disparos no cesaban ni el fuego tampoco.

Entonces ella lo divisó a unos dos metros, de pie, zarandeando el cadáver de un militar, como si pudiera obtener información de alguien que ya tenía rato muerto.

—A ver, imbécil, ¿qué crees que estás haciendo?

—le espetó con desprecio.

Él volteó a verlo rápidamente.

Sus ojos verdes se fijaron en ella y una sonrisa lobuna atravesó sus labios.

Su cabello rubio parecía negro a causa de las cenizas y la oscuridad.

—Hola, princesa de la mediocridad y miseria, nuestro padre me envió a buscarte desde hace semanas, pero te perdí el rastro y hasta ahora que nuevamente supe tu ubicación, vine a buscarte.

Vámonos.

—Lárgate de aquí, Volker, y dile a mi padre que envíe refuerzos de verdad—le ladró, iracunda.

En eso, un maldito militar advirtió a ambos jóvenes y se las ingenió para apuntarles en la cabeza, primero a ella y luego a él.

Pero ni siquiera pudo llegar al primer paso porque Volker se giró ágilmente hacia atrás y le reventó la cara de un disparo.

—Tampoco quería venir, pero dadas las circunstancias, no tienes más opción que venir conmigo, Annelise.

—Te equivocas, me quedaré con Aleksei Reznikov.

Volker frunció el ceño y la miró con ironía.

—¿Acaso te enamoraste de él solamente porque te folló?

—se burló—.

Porque tengo entendido que los malditos rusos son un témpano de hielo en todos los aspectos, incluso en el sexo.

Usando todo su autocontrol, Annelise ignoró a su hermanastro y se encaminó en dirección al Jeep, en donde aún había disparos entre los militares y Aleksei y Pavel.

—No me iré a casa sin ti, idiota, vámonos, o nuestro padre me va a castigar—.

Sentenció y acortó la distancia entre los dos y la agarró del brazo bruscamente.

—¡Suéltame!

—forcejeó ella.

—No me obligues a echarte sobre mi hombro, cara de nalga.

—¡Inténtalo y te daré una patada en las bolas!

No obstante, mientras forcejeaban, Aleksei alcanzó a ver a Annelise con ese rubio, que obviamente no era un militar y parecía querer llevársela consigo en contra de su voluntad.

—¡Oye, suéltala!

—gritó Aleksei, corriendo sin importarle que hubiera balas entrelazadas en el aire y militares queriendo asesinarlo.

Él tenía que llegar hasta Annelise.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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