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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 72

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Capítulo 72: Capítulo 71

Pronto estuvieron de regreso a la mansión y Annelise se sentía peor que nunca.

¿Qué le estaba pasando a su cuerpo? Ya no había ningún motivo para continuar con aquellos vómitos que no avisaban.

Sin embargo, en el momento que pusieron un pie en el interior de la casa, ambos jóvenes fruncieron el ceño con perplejidad.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Annelise. Su rostro estaba ceniciento y verdoso por tanta debilidad.

Absolutamente cada rincón del primer piso estaba decorado de blanco, con flores blancas y olanes muy hermosos.

Volker se dirigió hacia uno de los hombres armados y Annelise se sentó a los pies de la escalera a recuperar el aliento.

Ella ni siquiera escuchó los pasos de su hermana acercarse hasta que sintió sus manos sobre sus hombros.

—Saskia.

—Bien, ven conmigo, debes prepararte.

—¿Prepararme para qué? —Annelise se tensó.

Su hermana menor se mordió el labio inferior, dubitativa.

—Escucha, Annelise, la decoración fue gracias a la orden de nuestro padre—. Explicó, humedeciendo sus labios.

—¿Qué vamos a celebrar? Nadie de nosotros cumple años hoy y esta decoración no es apta para eso.

—Mejor ven conmigo. Arriba te explico mejor el asunto.

La ayudó a levantarse y subieron cada escalón con sumo cuidado.

A pesar de que Saskia miraba con mucha compasión a su hermana, Annelise no le insistió más, aunque se moría de ganas de confrontarla. Jamás la había visto preocuparse tanto por ella y le parecía extraño.

Cuando entraron a su habitación, Annelise entornó los ojos al divisar un hermoso vestido blanco tendido cuidadosamente en su cama.

—Muy bien, Saskia, necesito una explicación para esto—. Señaló el vestido con el dedo.

La adolescente se rascó el cuero cabelludo con nerviosismo.

—Después de que fue nuestro padre a verte al hospital, decidió que te casarías con Volker hoy mismo.

—¡¿Qué?!

—Estoy segura que ya lo sabías.

—Obviamente, pero no exactamente hoy. Apenas salí del hospital, sufrí un maldito aborto y no puedo casarme, así como así, especialmente con alguien que no es el padre de mi hijo.

—Perdiste al bebé de ese ruso y jamás estuviste realmente casada con él—. Le recordó ásperamente y Annelise sintió como si le hubiera atravesado uno de sus cuchillos en el corazón—. Debes olvidarlo, hermana, o te hará mal.

Annelise parpadeó rápidamente para alejar las lágrimas que amenazaban con salir en ese momento.

—Sé menos cruel y verás que todos te van a amar más, Saskia—. Le aconsejó Annelise con recelo.

La adolescente se encogió de hombros y asintió.

—Te ayudaré a ducharte y a arreglarte, ¿de acuerdo? No tienes buena pinta y siento que vas a caer en cualquier instante.

—Vomité en el restaurante al que me llevó Volker y no sé por qué. Ya no estoy embarazada para seguir teniendo náuseas.

—Seguramente porque tu cuerpo sigue débil, por eso voy a ayudarte.

Y realmente como no tenía ninguna salida, Annelise aceptó.

Llevarle la contraria a su padre era como intentar parar una tormenta eléctrica con las manos y salir ilesa.

Imposible.

Angustiada y resignada, dejó todo en manos de su hermana menor y cuando estuvo con el vestido puesto, se miró al espejo y recordó aquella boda falsa con Aleksei Reznikov, que al igual que ahora, se estaba casando sin amor, solo que ahora él extrañaba a ese ruso con todas sus fuerzas.

No dudaba que podría encontrar el amor en Volker, pero Aleksei la había marcado de alguna forma, sin mencionar que incluso iban a tener un bebé, pero lamentablemente no pudo ser posible.

Tuvo que reprimir el impulso de echarse a llorar cuando Saskia comenzó a maquillarla de manera natural, solo lo suficiente para cubrir sus ojeras y piel verdosa y pálida.

—¡Te ves hermosa! —chilló Saskia, admirándola.

—Vaya, jamás te había escuchado elogiarme demasiado—. Bromeó Annelise con los ojos llorosos.

—Nunca hemos sido tan amorosas entre las dos y el tiempo que estuviste en Rusia te hizo descongelar el corazón un poco porque, aparte de venir embarazada, siento que descubriste ese lado cariñoso que me falta a mí, pero lo contagiaste un poco—. Acotó Saskia, abrazándola de repente.

—¿Tengo que irme más a menudo para recibir muestras de afecto por parte tuya? —. Vaciló Annelise.

—No. Ya no tienes por qué irte, te lo aseguro.

Estuvieron un par de minutos abrazadas cuando de pronto, llamaron a la puerta.

Saskia se acomodó el cabello antes de ir a abrir.

El rostro sonrojado de Volker apareció debajo del umbral. Él también se hallaba bien vestido con un glamuroso traje sastre color azul marino, camisa celeste y corbata plata, con el cabello rubio bien peinado y sus ojos verdes brillando de emoción y vergüenza al mismo tiempo.

—No tenía idea de que esto era lo que planeaba Erich—. Fue lo primero que dijo, en defensa.

—No te preocupes, Volker, no estoy enfadada contigo. Sé que también te tomó por sorpresa esto, y debí imaginarlo porque mi padre es así—. Suspiró Annelise y sonrió levemente.

El vestido era largo, de encaje en las mangas largas y en el escote. El broche plateado que Saskia le había puesto para recoger la mitad del cabello café dorado de Annelise, la hacía lucir espectacular. Y el maquillaje tenue le daba un extra a su look. Ya no se miraba enferma, sino todo lo contrario.

—Te ves tan…

—Hermosa, perfecta, bella, mucho para ti, sí, todos lo sabemos, Volker—. Lo interrumpió Saskia con una sonrisa lobuna—. Debiste haber hecho algo heroico en tu otra vida para merecer a mi hermana.

—Saskia—. La reprendió Annelise, ruborizada.

—Ya, solo bromeo. En fin, iré a terminar de arreglarme yo, porque en una hora viene el juez y todo debe estar listo—. Masculló Saskia, abriéndose paso para salir de la habitación y dejarlos solos.

Mientras tanto, Volker estaba con la mirada fija en Annelise, quien parecía una princesa sacada de un cuento de hadas, pero con una expresión tan melancólica que le daban ganas de besarla y llevársela lejos.

—Tal parece que las cosas no saldrán como queríamos.

—Sé que para ti esto es terrible, pero para mí no lo es. Acepto que estoy sorprendido, no angustiado, sino todo lo contrario. Me siento feliz de que serás mi esposa—. Volker se acercó a ella tímidamente y la tomó de ambas manos, entrelazando sus dedos con los suyos. Los ojos color caramelo de Annelise le trasmitieron mucha paz—. Es un honor poder ser tu esposo.

—¿Prometes que nunca vas a faltarme el respeto y me vas a amar solo a mí por el resto de tu vida? —inquirió ella.

—Lo prometo—. Susurró él—. ¿Y tú?

De repente, la puerta de la recámara se abrió de golpe y Erich Falkenheim hizo acto de presencia.

Lucía espectacular, como siempre, pero esa tarde parecía haberse esmerado.

—Mañana a primera hora se irán de luna de miel a Santorini.

Su voz sonó más a orden que sugerencia.

—¿A Grecia? —preguntó Annelise.

—Sí. Es un lugar perfecto para que pasen un mes juntos y puedan procrear un nieto.

La fémina parpadeó, sin poder creer lo que su progenitor acababa de decir.

—¿Acaso te has vuelto loco? ¡Acabo de abortar! ¡Ten un poco de decencia…!

—¿Decencia? ¿De qué? Te vas a casar con Volker y lo normal es tener hijos y eso harás.

—¡No puedes entrometerte en eso! Es mi cuerpo, maldita sea y yo decido embarazarme o no, además, es demasiado pronto y…

Erich Falkenheim cerró los ojos un momento y cuando los abrió, su hija sintió pavor, porque si su mirada tuviera el poder de aniquilarla, ya lo habría hecho desde hacía mucho tiempo.

—No te estoy preguntando. Si no logras engendrarle un hijo a Volker lo antes posible, voy a ir a buscar a Aleksei Reznikov personalmente para asesinarlo, pero antes lo torturaré de la peor manera y te haré llegar su cabeza cercenada—. La voz de Erich fue fría, calculador y desdeñosa, provocando que Annelise tuviera escalofríos—. Me conoces muy bien para saber que no bromeo, Annelise.

Ella tragó saliva e intercambió miradas con Volker, quien tenía los puños apretados y la mandíbula tensa. Su mirada estaba en sus pies, deseando poder defenderla, pero ambos sabían que, si lo hacía, Erich lo golpearía o asesinaría.

—Ahora apresúrate porque ya viene en camino el juez y quiero que ya estés oficialmente casada con Volker.

Erich sonrió de oreja a oreja y palmeó a Volker en el hombro como si no hubiera amenazado a su hija minutos atrás.

Al marcharse, la pareja sintió que podían volver a respirar y el rubio tuvo que sostener a Annelise antes de que ella perdiera el equilibrio por la horrible impresión.

—No es justo, Volker. ¡Él no puede seguir decidiendo por mí! —se lamentó, comenzando a llorar.

El rubio apretó los labios y la abrazó. Ella recargó su frente sobre su cuello, soltando sollozos e intentando no berrear para no arruinar su maquillaje.

—Prometo que voy a cuidarte de él, Annie. Si nos vamos a Grecia, te juro que estaremos bien.

—Pero yo no me siento lista para volver a embarazarme…

—Lo sé, pero no tienes por qué preocuparte por eso, en serio. Disfrutaremos unos días y después ya veremos.

—¿Acaso no lo escuchaste? Quiere que yo me embarace ya o si no, va a asesinar a Aleksei y…

—La única manera para salvarlo es obedeciéndolo, pero tú misma no quieres hacerlo—. Susurró Volker.

—¿Y qué haré entonces? —alzó la vista a él y a Volker se le estrujó el corazón.

—Como ya te dije, disfrutaremos unos días sin tener ningún tipo de contacto, yo voy a respetarte—. Prometió—. Y después veremos si te sientes lista para estar conmigo y empezar a buscar al bebé, ¿qué te parece? Erich nos está dando un mes de ventaja.

Annelise asintió, sorbiendo por la nariz.

—Está bien, Volker. Lo intentaré.

Él sonrió y sacó un pañuelo para secarle las lágrimas de manera cuidadosa para no afectar el maquillaje y se encargó de estar a su lado hasta que Saskia llegó a avisarles de que el juez ya estaba abajo esperándolos.

—Muy bien. Sostente de mi mano y hagamos esto para que podamos irnos a Grecia—. Murmuró Volker, extendiendo su mano a ella.

—Por favor, no me sueltes—. Suplicó Annelise, aferrándose a la mano de Volker.

—Jamás lo haré—. Prometió.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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