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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 177

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Capítulo 177: Capítulo 177: Paladins, Stella y una misión 3/3

El sol comenzaba a descender en el cielo, tiñendo de naranjo los bordes del edificio de Stella. Kiro y Kaede avanzaban por uno de los pasillos traseros, donde la luz del atardecer apenas llegaba. Al fondo, la puerta del patio trasero chirrió al abrirse, dejando que una ráfaga de aire seco los envolviera.

—No sabía que por aquí había un patio —murmuró Kaede, mirando el terreno frente a ellos.

La zona estaba cubierta de maleza alta, pastizales desordenados y ramas secas. Era evidente que nadie venía por allí desde hacía mucho tiempo. Incluso el suelo crujía ligeramente bajo sus pisadas.

Kaede, sin decir nada, caminaba con paso firme al lado de Kiro, observando con atención a su alrededor. Tras unos minutos, atravesaron la parte más tupida hasta que llegaron al centro más despejado, donde el pasto estaba corto y la tierra bien cuidada. En medio de ese lugar, sentada sobre una piedra plana, se encontraba Rei Velmoria, la hermana mayor de Shizuki.

Rei sostenía su espada sobre las rodillas, y con una tela oscura limpiaba lentamente la hoja mientras la inspeccionaba bajo la luz que se filtraba entre las copas de los árboles cercanos.

Había un aire de concentración y calma en sus movimientos. Parecía completamente aislada del mundo.

—Oh, ahí está —dijo Kiro en voz baja, y una sonrisa algo despreocupada apareció en su rostro—. Vamos, antes de que afile esa cosa con intenciones de lanzarla.

Se acercó un poco y levantó una mano con soltura.

—¡Rei! ¡Hola! Buen atardecer, ¿eh? ¿Qué tal va esa espada?

Rei alzó la vista con una ceja arqueada. Lo observó en silencio unos segundos, sin moverse. Luego se puso lentamente de pie, sacudiendo el polvo de ropa. Su expresión era seria, y su mirada, aunque no del todo hostil, dejaba claro que su presencia no le hacía gracia.

—¿Qué haces aquí, Kiro? —preguntó con un tono frío.

Al mirar mejor a Rei, Kiro tragó saliva… ahí estaba esa mirada. Esa manera de verlo como si pudiera ver a través de su cuerpo, su alma, sus pecados pasados y futuros. Era como si Rei tuviera instalado un detector de idioteces, y cada palabra suya lo activara.

—Ah, bueno, verás… —empezó, intentando mantener el mismo tono relajado, aunque ya sentía cómo su espalda comenzaba a tensarse.

Pero entonces Rei notó a Kaede detrás de él.

La rigidez de su rostro cambió sutilmente. Su mirada se suavizó, y su cuerpo adoptó una postura más tranquila. Incluso sus cejas se relajaron un poco, y su tono bajó.

—Kaede Minatsuki… no esperaba verte aquí.

Kaede dio un paso al frente con naturalidad y la saludó con una leve reverencia.

—Hola, Rei. Perdona la interrupción, solo venimos a hacerte una pregunta rápida.

Rei guardó su espada en la funda con un movimiento ágil, y caminó hasta quedar frente a ellos.

—Está bien. Si puedo ayudarte, no hay problema —dijo, ahora con una voz mucho más cooperativa.

Kiro parpadeó sorprendido.

“¿Así de fácil? ¿Y por qué no me mira con esa expresión cuando soy yo el que pregunta algo?”

Se cruzó de brazos y desvió la vista por un momento.

“Cuando yo intento ser directo con Rei, parece que me va a lanzar a un pozo y cubrirme de cemento. Pero con Kaede…”

—Solo queríamos saber —dijo Kaede sin rodeos— dónde y cuándo recibió Shizuki su anillo. El negro, el que siempre lleva puesto.

Rei pensó unos segundos, su mano rozando el borde de su vaina como si buscara en sus recuerdos.

—Eso fue hace bastante tiempo —respondió finalmente—. Si no me equivoco, fue cuando vivimos por las montañas cercanas a Toki… una zona complicada. Recuerdo que estuvimos en una aldea pequeña, alejada de todo. Se llamaba “Nwai”.

—¿Nwai? —repitió Kiro, anotando mentalmente el nombre—. Nunca había oído hablar de ella.

—La mayoría no lo ha hecho —añadió Rei—. Está entre rutas poco transitadas. Solo se llega ahí por accidente. Esa aldea tenía cerca una extraña cueva y cuando Shizuki se perdió… la encontré allí, con ese anillo negro en sus manos.

Kaede asintió con seriedad.

—Eso nos ayuda mucho. Gracias, Rei. No sabíamos dónde empezar a buscar, pero ahora tenemos un buen punto de partida.

—Me alegra ser útil —dijo Rei con tranquilidad, aunque su voz seguía firme.

Kiro no pudo evitar seguir sorprendido por lo fácil que fluyó la conversación.

“¿Así nomás? ¿Sin amenazas, sin frialdad? Cuando yo le hablo siento que me evalúa con rayos X, pero con Kaede… Es como ver a una hermana mayor amable con una invitada.”

Kaede sonrió y dio un paso atrás con una leve reverencia.

—Entonces no te quitamos más tiempo. Gracias otra vez, Rei.

—Hasta luego —dijo ella, sin mirar a Kiro, girándose con naturalidad para volver al claro donde antes estaba sentada.

—Eh… yo también me despido —intentó Kiro, pero Rei ya estaba de espaldas, sin responder.

Kiro suspiró en voz baja.

—Ni modo.

Kaede giró a verlo con una expresión ligeramente divertida.

—¿Qué pasa? ¿No sabes como tratar con ella?

—¿Qué? ¡No! Solo que… conmigo es como hielo sólido y contigo es más… ¿amable? —dijo entre dientes, bajando la voz.

—Quizás le agrado —respondió Kaede con simpleza—. O quizá solo tengo una cara que inspira confianza.

Kiro soltó una risa suave.

—Puede ser.

—Igual no te preocupes, así es Rei —respondió Kaede con su tono apacible de siempre—. Ahora tenemos algo concreto. ¿Vamos?

—Sí. A la aldea de Nwai… Montañas cerca de Toki —repitió Kiro en voz baja, como si intentara grabarlo en su mente.

Y así, con la información que tanto necesitaban, los dos se alejaron del patio trasero, mientras Rei volvía a sentarse entre la maleza con su espada en mano, como si la conversación no hubiera ocurrido.

Al volver a la sede del emblema Stella, Kiro y Kaede empujaron suavemente la gran puerta principal. El interior estaba en silencio, apenas iluminado por la cálida luz del atardecer que se colaba por las ventanas. El aroma a madera vieja y papel era reconfortante.

Cuando pasaron por la puerta, una figura familiar captó su atención.

—¿Shizuki…? —dijo Kiro al verla desde lejos.

Ella estaba hundida en el sofá, la cabeza hacia atrás, respirando agitadamente como si acabara de correr una maratón. Sus coletas temblaban ligeramente por su agitación, y tenía una expresión de absoluto agotamiento.

—¿Oye… estás bien? —preguntó Kiro, acercándose con algo de preocupación. Kaede lo siguió en silencio, observando.

Shizuki levantó lentamente la cabeza, con los ojos brillantes pero dramáticamente entrecerrados.

—No… no lo logré —dijo con un suspiro teatral, recostándose en el respaldo como si el mundo se hubiera acabado—. Los demonios se interpusieron en mi camino… los pasillos se extendían como laberintos encantados… y cuando finalmente creí divisar a la maestra Lyra… ¡puf! Desapareció ante mis ojos. ¡Estoy segura de que un espíritu la volvió invisible a mis sentidos!

Kiro la miró parpadeando.

—¿No será solo que se fue antes de que llegaras?

—¡No me subestimes, espectro de luz! —dijo levantando un dedo dramáticamente—. ¡Yo, la elegida del abismo y los demonios, puedo sentir presencias ocultas! Pero esta vez… incluso el abismo me dio la espalda…

Kaede soltó una leve risa y se acercó con calma.

—No te preocupes. Ya tenemos una pista —dijo con tono sereno—. La aldea Nwai.

Apenas escuchó el nombre, Shizuki se incorporó de golpe, perdiendo por un segundo su teatralidad habitual. Sus ojos se abrieron con claridad y su expresión se tornó seria… genuinamente seria.

Kiro notó al instante el cambio.

—¿Shizuki? ¿Pasa algo…? ¿Por qué esa cara? —preguntó, frunciendo el ceño—. Según Rei, allí fue donde conseguiste el anillo, ¿recuerdas algo más?

Ella bajó ligeramente la cabeza, como si dudara en hablar, y luego murmuró:

—A cierto… allí viven mis padres. Esa es… mi aldea natal.

Kiro parpadeó un par de veces, sorprendido. Luego se llevó una mano a la nuca, algo sorprendido por la revelación.

—¿Qué? ¿Eres una pueblerina de montaña? —dijo en tono burlón y juguetón—. Siempre pensé que eras como… no sé, de ciudad o algo así… tal vez por eso eres tan rara —añadió en voz baja, con una sonrisita contenida.

Shizuki alzó la cabeza lentamente. Sus ojos brillaban otra vez, pero no por emoción, sino por el regreso de su usual grandeza teatral.

—¡Qué ignorante! El lugar de nacimiento no define la grandeza espiritual, ni la capacidad mística de alguien como yo. ¡Los pueblos olvidados por la historia son el mejor lugar para encontrar secretos antiguos! —exclamó levantando su dedo índice hacia el cielo—. Gracias a mi linaje montañés soy capaz de manejar espíritus que ni tú, ni los de ciudad, ni los sabios académicos pueden comprender. ¡Lenguas más antiguas que el primer respiro de esta tierra fluyen en mí!

Kaede sonrió divertida ante el regreso de su personalidad peculiar.

—Bueno, en cualquier caso —interrumpió con suavidad—, como ya tenemos el destino, será mejor que empiece a ver una oportunidad para salir de la Academia. No será fácil conseguir el permiso, pero puedo intentarlo.

Shizuki abrió mucho los ojos y se giró hacia Kaede, sorprendida.

—¿”Tenemos”? —repitió en voz baja para sí misma. Sus mejillas se tiñeron de un leve rosa, no por timidez, sino por una emoción distinta: sorpresa mezclada con algo que podría llamarse orgullo.

—¿A-a-acaso… eso significa que yo también…? —preguntó, ahora con un tono más tímido y suave, mirando a ambos.

Kiro, con una sonrisa confiada, se sentó junto a ella y asintió.

—Claro que sí. ¿Cómo podríamos ir a investigar el origen de tu misterioso y poderoso anillo sin ti? Vamos juntos. Los tres.

Shizuki se quedó unos segundos en silencio, luego bajó la mirada… y al instante volvió a su tono usual, poniéndose de pie de un salto. Giró sobre sí misma, extendió un brazo hacia el techo y el otro hacia un lado con total teatralidad, como si estuviera en el escenario de un teatro antiguo.

—¡Muy bien entonces! Yo, la elegida del abismo y los demonios, guiará esta expedición con las estrellas como mis aliadas. ¡Viajaré con ustedes hacia los orígenes de la peste olvidada y la oscuridad que resiste el tiempo! ¡Con mi poder ancestral y su necedad luminosa, nada nos detendrá!

Kiro y Kaede la observaron en silencio unos segundos.

—Me encanta esa actitud. ¡Vamos más allá! —dijo Kaede con positividad contagiosa.

Shizuki bajó la mano y se cruzó de brazos con expresión de confianza.

—Prepárense, porque esta será una travesía inolvidable… ¡Ya siento que los espíritus me susurran secretos desde Nwai! Ah, cómo extrañaba su escalofriante canto.

Kaede asintió, ya completamente integrada al ritmo excéntrico del grupo.

—Entonces nos pondremos en marcha pronto. Hablaré con el director y mi maestro, así gestionaremos los permisos. Con algo de suerte, partiremos en unos días.

Kiro se estiró en el sofá con una sonrisa más relajada. Ahora tenían un destino, aliados, y una misión.

Y aunque sabía que el camino sería todo menos fácil… estaba dispuesto a enfrentar lo que fuera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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