IMPERIUS - Capítulo 29
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 29: CAPÍTULO 28: EL LEGADO DE CAELORIA
I. El Vientre del Decreto (Año 672 D.F.I.)
Meses antes de la Coronación de Orión I.
La lluvia en Caeloria sabía a hierro. No era el agua limpia de las montañas, sino una humedad persistente que se filtraba en los huesos y las paredes de granito del palacio ducal. Elyana Tarquin cruzó el umbral cargando algo más que su propia vida. Tenía dieciséis años y vestía la seda que los mensajeros de Orión le habían entregado como salvoconducto. No entró como una aldeana deshonrada; entró como la voluntad encarnada del futuro Emperador.
Alethius Marcellus la esperaba al pie de la gran escalera. A sus veinte años, el heredero de Caeloria parecía un hombre condenado. Sus manos, habitualmente ociosas, se cerraban con tal fuerza que los nudillos le blanqueaban. Aún sentía el peso de la mirada de Orión Stormhaven —quien, a sus 23 años, ya proyectaba la sombra de un gigante— y la frialdad de su voz en el despacho: “Ella es ahora tu esposa por ley. Ella es la madre de tu linaje. Si ella derrama una sola lágrima de miedo en tu presencia, yo mismo te arrancaré la lengua y te colgaré de las almenas de Varethia”.
—Tu ala está lista —dijo Alethius. Su voz era un hilo seco, carente de la arrogancia que lo había definido semanas atrás—. Los sirvientes tienen órdenes de no dirigirte la palabra a menos que tú lo exijas.
Elyana se detuvo frente a él. No lo miró con el rencor que él esperaba, sino con una observación clínica, casi ajena.
—Orión no te obligó a casarte conmigo para que me amaras, Alethius —dijo ella, acariciando su vientre con una calma que helaba el ambiente—. Lo hizo para que Caeloria recordara que incluso en la alcoba de un noble, su palabra es la única ley. Este apellido es mi armadura, y tú eres el clavo que la sostiene.
Meses después, en el primer día del 673 D.F.I., mientras las campanas de la capital repicaban para anunciar que Orión I había purgado el Consejo y asumido el trono, nacía Marek Marcellus. Elyana, sudorosa y exhausta, supo que su hijo era el gemelo de una nueva era.
II. La Economía del Terror (Año 682 D.F.I.)
Año X del Reinado de Orión I.
Marek tenía diez años y una mirada que parecía pesar el valor de todo lo que tocaba. Mientras Alethius se hundía en el resentimiento y el licor, Marek se sentaba en los rincones del estudio de su abuelo Gaius, ignorando los juguetes para estudiar los manifiestos de carga del puerto.
Ese año, un inspector del Senado de Acero llegó para auditar los suministros de Caeloria. Alethius, a sus 30 años, era un hombre fragmentado que no podía explicar un desfase en el diezmo de grano.
—Si los silos no coinciden con los registros, el Emperador lo llamará traición logoclasta —sentenció el inspector, un hombre de ojos grises que no parpadeaba.
Alethius palideció. Marek se bajó de su sillón de cuero y caminó hacia la mesa con la naturalidad de un veterano.
—El desfase es una ilusión óptica del registro —dijo el niño, señalando una columna de cifras con su dedo pequeño—. Habéis calculado el impuesto basándoos en la cosecha bruta de la ribera sur, pero el Decreto de Orión del Año V permite una exención del quince por ciento por la merma de humedad en silos de piedra costera. Restad eso y veréis que, en realidad, le hemos entregado al Imperio trescientas raciones adicionales.
El inspector revisó los números en silencio. Alethius miró a su hijo con una mezcla de asco y alivio. Marek no sonrió. Sabía que su inteligencia no era un don, sino la única herramienta que evitaría que la Guardia Carmesí cruzara sus puertas.
III. Los Mundos de la Forja (Año 690 D.F.I.)
Año XVIII del Reinado de Orión I.
Para cuando los hijos de la Casa Marcellus alcanzaron la madurez, el Imperio estaba en expansión. Elyana, ya convertida en la matriarca de facto, decidió que sus hijos no serían parásitos de palacio.
Valeria, a los dieciséis años, fue enviada al frente de Astarum. Allí, como sargento decurión, aprendió que los orcos no gritaban por odio, sino por instinto. Sobrevivió a la carnicería de las trincheras y fue trasladada a Novarion. En ese planeta consciente, Valeria forjó su carácter. Aprendió a leer el vuelo de los Veyrhalis como presagios de desastre y a detectar el calor de los Drathos de Ceniza antes de que saltaran desde los desiertos volcánicos. Valeria regresó a Caeloria con una cicatriz en el cuello y el silencio de quienes han visto a los Sylfaeris emerger de los bosques bioluminiscentes para reclamar la carne de los caídos.
Drusilla, por su parte, fue enviada a Zepharos. Bajo las tormentas eléctricas del planeta, la menor de los Marcellus se convirtió en una pieza del Senado de Acero. Aprendió que el poder no siempre gritaba; a veces, solo susurraba en los balances bancarios. Se convirtió en una auditora que podía encontrar una mentira en un millón de datos, moviéndose entre burócratas y espías con la misma frialdad con la que Valeria se movía en la jungla.
IV. El Presente (Año 693 D.F.I.)
Días Rojos – El Peso del Decreto.
La biblioteca de Caeloria estaba en penumbra. Marek, de veintiún años, observaba el mapa estelar. El Decreto de Purificación había caído sobre el Imperio como una guillotina, separando a los leales de los sospechosos.
—Valeria dice que ha visto un Veyrhalis en el horizonte del puerto —dijo Marek sin levantar la vista.
Valeria, con el uniforme de Novarion manchado de polvo de viaje, asintió desde las sombras.
—Es un presagio, Marek. El planeta está vibrando. Kyros ha bloqueado el iridio desde Vharyon y la flota de Orión se está quedando sin sangre.
—Y Velkan está perdiendo la cabeza —añadió Drusilla, ajustándose la toga de auditora—. El Tesoro Imperial está drenando fondos. El decreto ha hecho que la mitad de los gobernadores escondan sus recursos. Orión está solo en su trono, mirando hacia el Norte con la mano en el gatillo.
Marek miró a sus hermanas. Sabía que la lealtad de su madre hacia Orión era el único lazo que los mantenía unidos a la corona, pero el Decreto de Purificación lo cambiaba todo.
La puerta se deslizó. Elyana entró. A sus 37 años, su presencia seguía siendo la de aquella joven protegida por el León, pero endurecida por dos décadas de supervivencia.
—Vuestro padre quiere que apoyemos a Kassandro —dijo Elyana, y su voz fue como el golpe de un mazo de madera—. Cree que el Norte es el futuro porque odia al hombre que le dio este apellido. Es un necio.
Se acercó a la mesa y miró el mapa del Imperio fracturado.
—Orión me dio la vida cuando no tenía nada. Le debemos nuestra posición —sentenció Elyana, mirando a Marek—. Pero el decreto está matando la logística que tú has construido. Si el iridio no fluye y el grano no llega, Caeloria caerá con Varethia.
—¿Qué hacemos, Madre? —preguntó Marek.
—Autonomía —respondió ella—. Valeria, prepara tus naves de escolta. Si Kyros bloquea las rutas grandes, tú usarás los canales que aprendiste en Novarion. Marek, retén los suministros hacia la capital hasta que Velkan firme un acuerdo de exclusividad comercial para los Marcellus. No traicionaremos a Orión, pero no permitiremos que su paranoia nos arrastre al fango del que nos sacó.
Marek asintió. Sabía que, en la corte de Orión, la gratitud era una moneda de cambio, y en Caeloria, los hijos de la vergüenza estaban a punto de cobrar el interés más alto de la historia.
—La vergüenza se acabó —dijo Marek, tomando su sello—. Ahora, el Imperio comerá de nuestra mano o morirá de hambre por sus propios decretos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com