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IMPERIUS - Capítulo 31

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Capítulo 31: CAPÍTULO 30: CRÓNICAS DEL PRINCIPADO DE VHARYON

“Sobre las Nubes, Más Allá del Honor”

PRIMERA PARTE: LOS FUNDAMENTOS AÉREOS

De la Fundación a la Conquista Stormhaven

I. DEL ORIGEN Y LA PRIMERA ASCENSIÓN

En los tiempos antes de que Stormhaven erigiera su primer bastión de piedra y metal, cuando los pueblos del continente aún caminaban con los pies sobre la tierra como bestias sin visión, surgió entre las tormentas eternas del Macizo Vharyon una dinastía que desafiaría la gravedad misma.

Evander I Vharyos, llamado por los bardos posteriores El Primer Vuelo, no fue un conquistador en el sentido terrenal. No levantó ejércitos ni derramó sangre por territorios que, desde su perspectiva elevada, parecían insignificantes manchas de barro. En cambío, hizo algo que ningún mortal había osado: construyó ciudades que flotaban.

Las Crónicas Antiguas, conservadas en los Scriptorios de Nubecorona, hablan de Siete Ciudades Suspendidas, cada una anclada a picos inaccesibles mediante cadenas de un metal que brillaba como plata, pero resistía como el corazón de una montaña. Evander no gobernó desde un trono, sino desde el Trono del Viento — una plataforma abierta a los cuatro puntos cardinales donde, se dice, aprendió a hablar con las tormentas.

“No somos superiores porque estemos arriba”, proclamó Evander a sus arquitectos. “Estamos arriba porque debemos recordar que el mundo es más grande que nuestras disputas terrenales.”

La dinastía Vharyos estableció así el principio fundamental que regiría el Principado por siglos: la separación elevada. No eran reyes de la tierra, sino guardianes de la perspectiva. Mientras los reinos del suelo se desangraban en guerras por fronteras que cambiaban con cada generación, los Vharyos observaban desde las nubes, interviniendo solo cuando el equilibrio general del continente peligraba.

II. LA PRIMERA GRAN CAÍDA

La desaparición de Evander I constituye el misterio fundacional de Vharyon. Veintitrés años después de la culminación de la Séptima Ciudad, una tormenta de proporciones bíblicas —la Tempestad de los Mil Truenos— se abatió sobre el Macizo. Evander subió solo a la plataforma más alta, la Aguja de los Cielos, para “negociar con el cielo”, según sus últimas palabras registradas.

Nunca descendió.

Los cronistas de la época describen cómo la tormenta duró exactamente cuarenta días, y cómo al finalizar, la Aguja de los Cielos apareció vacía, sin rastro de su ocupante. No hubo cuerpo. No hubo despedida. Solo una corona de metal etéreo —la Corona de Nubes— que flotaba a tres palmos del suelo de obsidiana, girando lentamente sobre su eje.

Desde entonces, cada Alto Príncipe de Vharyon ha sido coronado no con la Corona de Nubes sobre la cabeza, sino con ella suspendida sobre sus cabellos, sostenida por campos de fuerza que los maestros ingenieros de Vharyon han mantenido operativos durante siglos. Es un recordatorio permanente: el fundador nunca murió, solo ascendió.

III. LAS EDADES DE LA DISCRECIÓN

Los siglos posteriores a Evander vieron a Vharyon perfeccionar el arte de la influencia sin dominación. Mientras otros reinos construían imperios de sangre y hierro, el Principado cultivaba algo más valioso: información.

Las Ciudades Flotantes se convirtieron en el nexo neutral del continente. Embajadores de reinos en guerra se encontraban en los Salones de Viento de Vharyon, donde la ley sagrada del Principado garantizaba seguridad mientras duraran las negociaciones. Los Vharyos no cobraban en oro, sino en conocimiento. Cada tratado firmado bajo sus techos elevados añadía un volumen a la Biblioteca de las Corrientes, el archivo más completo de la historia política del mundo conocido.

La dinastía se ramificó en dos líneas principales:

La Rama Principal: Descendientes directos de Evander I, portadores de su sangre y, según la tradición, de su capacidad para “escuchar el viento”. Estos eran los candidatos naturales al título de Alto Príncipe, aunque no siempre lo alcanzaban.

La Rama Secundaria: Parientes colaterales, asimismo nobles, igualmente educados en las artes de la estrategia y la diplomacia, pero sin la carga mítica de la descendencia directa. De esta rama surgirían, con el tiempo, muchos de los administradores más capaces del Principado.

Durante quinientos años, esta estructura mantuvo a Vharyon como potencia silenciosa. No tenían la mayor armada terrestre, pero controlaban las rutas aéreas. No poseían las minas más ricas, pero sus bancos flotantes determinaban el valor de las monedas de diez reinos. No eran temidos, pero eran indispensables.

SEGUNDA PARTE: LA SOMBRA DE LA ÁGUILA

La Llegada de Stormhaven y la Gran Alianza

IV. EL ASCENSO DEL TITÁN

La fundación del Imperio Stormhaven en el año – 672 (según el calendario imperial posterior) marcó el fin de la independencia absoluta de Vharyon, aunque no de su esencia.

Magnus I Stormhaven, el Titan Fundador, no fue como los conquistadores anteriores. No deseaba saquear las Ciudades Flotantes; deseaba incorporarlas. Reconoció lo que otros habían ignorado: que Vharyon no podía ser tomado por asalto sin destruir su valor, pero podía ser absorbido por la excelencia.

Las negociaciones entre Magnus I y el entonces Alto Príncipe Damian III Vharyos (de la Rama Secundaria) duraron tres años. No fueron conquistados; fueron vinculados. El tratado, conocido como los Pactos de Altura, estableció que:

Vharyon mantendría su gobierno interno, sus leyes y su dinastía.El Alto Príncipe reconocería la soberanía del Emperador Stormhaven en asuntos de guerra exterior y comercio interestatal.A cambio, Vharyon recibiría protección militar absoluta y acceso preferencial a los recursos del Imperio en expansión.La familia imperial Stormhaven podría contraer matrimonios con la Casa Vharyos para “cementar la alianza entre cielo y tierra”.

Este último punto pareció, durante siglos, una cláusula ceremonial. Hasta que no lo fue.

V. CASSIOPEIA: LA PRINCESA ENTRE DOS MUNDOS

En la generación anterior a la caída de Magnus IV, la Casa Vharyon produjo una figura cuya sombra se extendería sobre el destino del Imperio entero: Cassiopeia Vharyon.

Nacida de la Rama Secundaria —hija de un príncipe menor de Nubecorona—, Cassiopeia no poseía derecho al trono flotante, pero sí algo más valioso: una inteligencia que asustaba a sus tutores. Desde niña, demostró una aptitud preternatural para la estrategia política, memorizando tratados de tres siglos de edad y detectando patrones en las alianzas diplomáticas que los ancianos del Consejo de Viento habían pasado por alto.

A los dieciséis años, ya asesoraba a su tío, el Alto Príncipe Theron V Vharyos, en negociaciones comerciales con el Imperio. A los dieciocho, había rediseñado el sistema de comunicaciones aéreas del Principado, reduciendo el tiempo de mensajes entre las Siete Ciudades de días a horas.

Fue en una de estas misiones diplomáticas a la capital Stormhaven, Varethia, donde Cassiopeia conoció a Hadrian Stormhaven, hermano menor del entonces príncipe heredero Magnus. Hadrian no era el guerrero que su hermano, ni el político que su padre. Era un hombre de libros y observación, un erudito de la historia militar que pasaba más tiempo en archivos que en campos de batalla.

El matrimonio fue, evidentemente, arreglado. Magnus III —el emperador reinante— necesitaba unir firmemente a Vharyon al Imperio, y qué mejor manera que mediante una unión con una de sus mentes más brillantes. Pero lo inesperado fue que Cassiopeia y Hadrian desarrollaron genuino afecto, basado en el respeto intelectual mutuo y en la comprensión compartida de lo que significaba vivir a la sombra de hermanos más brillantes.

“Ella me enseñó que la paciencia es una forma de velocidad”, escribiría Hadrian en sus memorias privadas. “Que esperar el momento correcto para actuar requiere más coraje que cargar contra una lanza.”

VI. EL NACIMIENTO DE ORIÓN Y LA EDUCACIÓN EN LAS ALTURAS

Orión Stormhaven nació en el Palacio de los Vientos de Vharyon, no en Varethia. Fue una decisión deliberada de Cassiopeia: quería que su hijo respirara primero el aire de las alturas, que su primera visión del mundo fuera desde la perspectiva que ella consideraba verdadera.

Durante los primeros catorce años de vida de Orión, Cassiopeia dividió su tiempo entre las obligaciones imperiales en Varethia y la educación de su hijo en Nubecorona. Fue ella quien le enseñó a leer no solo palabras, sino intenciones. Quien le mostró que un mapa político es un organismo vivo, donde cada alianza es un latido y cada traición una gangrena.

“La serenidad no es ausencia de emoción, Orión”, le dijo una vez, observando una tormenta desde la balaustrada de la Séptima Ciudad. “Es emoción dirigida con propósito. El viento más destructivo es el que sopla sin dirección.”

Estas lecciones quedarían grabadas en el carácter del futuro emperador. Orión no sería el guerrero descontrolado que su tío Magnus IV, ni el erudito pasivo de su padre. Sería algo nuevo: un estratega emocional, capaz de mantener la calma mientras otros perdían la cabeza, de ver cinco movimientos adelante en un tablero donde sus oponentes apenas percibían el presente.

Pero la educación de Orión en Vharyon terminó abruptamente. Cuando él contaba catorce años, Cassiopeia murió.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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