INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 16
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16: CAPITULO 16: 16: CAPITULO 16: Hubo una pausa con aquella pregunta, opacado solo por los chirridos de las maquinas.
“¿El emperador?”, Kaelen-thor susurró, antes de asegurar.
“el emperador también puede ser retenido.
Pero para asegurar nuestras posibilidades de éxito, logramos obtener información de que el emperador no está”.
“¿Qué dijiste?”, Veth-ak preguntó, sorprendido.
“así es, el gran emperador, tragg, no está en el planeta”, respondió Kaelen-thor.
“Los espías en otros sectores lo confirmaron.
Hace tres ciclos que su nave partió, por asuntos bélicos en las fronteras.
Se ha registrado bajas viltrumitas por algún arma desconocida que desea investigar por su cuenta”.
“le pido a nuestros ancestros, que muera lejos de su casa”.
Veth-ak maldijo, pero Kaelen-thor le interrumpió.
“no maldigas en vano, amigo mío.
Nuestro sufrimiento pronto terminará, pero no podemos permitirnos caer en la fe ciega.
Ahora que tenemos una oportunidad, mantén tu racionalidad tanto como nos sea posible, pues los ancestros no te ayudarán en el proceso de nuestro golpe”.
Veth-ak exhaló, sin dar respuesta.
De inmediato, volvió al tema más crucial.
“¿Y la bomba?”.
Preguntó.
“Ya está lista.
Nuestra venganza ya está lista”.
Los dos lithari volvieron a su trabajo en silencio, finalizando los preparativos, a pocos acoplamientos para seguir con otra sección.
Ninguno añadió nada más con respecto a su plan, no hacía falta.
Tardaron el equivalente a 200 años de su mundo, y muchos más para conseguir las piezas adecuadas.
Pero estaban listos, y los pecados de estos seres demoniacos, incontables como eran, encontrarían la justa karma de acuerdo a la justicia divina.
Arriba, en la superficie, los viltrumitas seguían su rutina sin saber que, bajo sus pies, la resistencia escondida entre los cuatro millones de esclavos había dejado de esperar.
Superficie de Dorymathos.
Seis meses después.
Nouwlan había nacido en el ciclo 4187, después de argal, sometido a una cámara gestación idéntica a todas las demás tan pronto como su madre, la cual jamás había vuelto a ver, había dado a luz.
Su primera conciencia fue miedo y confusión en la inmensidad silenciosa de su fortaleza, siendo adiestrado por la única figura que tubo hasta el momento, el apoyo con el cual depositar su confianza, su padre.
Él no era más que un soldado de clase 17, quien fue sometido por su madre tan pronto como se le había dado la orden de procrear para aumentar la natalidad del imperio con un nuevo lote de viltrumitas de élite.
Los médicos también lo registraron como “anormalmente receptivo”, una cualidad que su padre, un oficial que había alcanzado grandes méritos, lo suficientes como para estar a solo una expedición de ser condecorado general, consideró prometedora.
A los tres ciclos, sus átomos inteligentes se manifestaron antes del promedio, lo que supuso un acierto para su padre, quien se esmeró en instruirlo en los manifiestos del gran emperador argal, insinuando que muy pronto, haría grandes cosas para el imperio.
Nouwl-an también lo creyó.
Su padre nunca le sonrió, nunca lo elogió sin reservas.
Todo le parecía insuficiente, o aceptable, pero entendió con el tiempo que solo así formaría al mejor guerrero que el imperio pudiera poseer.
Nouwl-an también entendió que el universo no tenía espacio para la debilidad, y sus años como recluta en el Dorymathos le había enseñado mucho.
Le había hecho sufrir, había pasado por penurias que lo acompañaba en sus sueños durante toda su vida, pero lo había endurecido.
Para cuando cumplió su primera orbita de vida, Nouwl-an ya había aprendido a matar.
Su primera ejecución fue a su propio compañero de combate en su primer examen imperial.
Su segunda ejecución fue un prisionero esclavo que se negó a cooperar.
Luego fue la destrucción de un planeta minero del imperio, en el cual había surgido una rebelión.
Nouwl-an aceptó sus muertes sin pestañear, siempre ha dormido profundamente, y nunca había tenido defectos de compasión por terceros, pues estaba convencido de que el imperio lo había convertido en lo que debía ser.
Un excelente guerrero.
A los diecinueve ciclos, alcanzó el rango de instructor, ganando así dos barras en su pecho tras su primera incursión como guerrero de elite en un planeta rebelde.
Y desde entonces, había pasado el resto de su tiempo entrenando a más de cuatrocientos natos, todos iguales, hasta su llamado a las filas de la guerra.
Se había asegurado de que fueran obedientes, aunque eran predecibles y aburridos.
Los adiestró a la obediencia absoluta, la lealtad al emperador, superioridad racial, obediencia ciega militarizada, desubjetivación del enemigo, la glorificación de la guerra y la expansión imperial, la supresión del pensamiento crítico, y el sacrificio personal como deber sagrado hacia el Imperio.
Les enseñó todo eso y más.
Les enseñó a volar, les enseñó a matar, les enseñó a ser viltrumita.
Hasta que conoció a Korr-add.
Aquel día, cuando ese niño había intentado matarlo, Nouwl-an sintió algo que no experimentaba desde su infancia, desconcierto.
Por eso desestimó la pena de muerte del nato, a favor de reivindicar la anomalía que representaba la abstracción de este revoltoso enclenque.
Y la mejor parte era que pues, era un reto para su aburrida vida, y estaba decidido a cambiar la mentalidad del nato a como de lugar.
En el patio de entrenamiento físico, los niños yacían dispersos sobre el polvo de la planicie grisácea.
Todos descansaban tras haber recogido siete mil ochocientos pasos estándar, apenas manteniéndose de pie, sus ojos serrados por el sudor y el cansancio.
Los natos hacían todo lo posible para tragar bocanadas de aire, mientras se mantenían recostados con sus panzas hacia arriba.
Los niños, pese a estar optimizados, tampoco la estaban teniendo fácil.
Sus atuendos ya no eran el sencillo uniforme que portarían por el resto de sus vidas, en su lugar, portaban trajes grises super inteligentes utilizados por los reclutas del Dorymathos.
Estos trajes estaban compuestos por un sistema de nanotecnología de grado militar, compuestos por miles de millones de nano fibras interconectados que se adherían a la piel del usuario como una segunda epidermis.
Cada nano-unidad respondía a una memoria de comando controlados por un sistema central localizado en una tarjeta madre ubicado en la parte central de la espalda, con el propósito de realizar contracciones de resistencia.
Cuando un recluta intentaba realizar un movimiento, estas se solidificaban en sus fibras musculares, simulando una rigidez equivalente a tres veces su peso corporal.
Y cuando intentaba volar, el traje activaba campos de anclaje magnético que arrastraba a los natos hacia el suelo, reduciendo su capacidad de elevación a un 0% de inercia efectiva.
Esto servía como una buena restricción a las capacidades optimizadas de los natos.
Al menos, hasta que los traje se volvieran completamente ineficiente con el pasar del tiempo, dado el incremento exponencial de los natos durante el proceso del desarrollo.
Los trajes también monitoreaban cada signo vital del nato.
Su frecuencia cardíaca, oxigenación, niveles de cortisol, fatiga muscular, ect.
Si un recluta alcanzaba su límite, el traje ajustaba la resistencia para evitar daño innecesario o perjudicial.
Algunos vomitaban el gel de nutrición de la mañana, mientras otros temblaban en silencio, sus piernas arrugadas como papel mojado.
Otros lloraban, intentando resistirse, sin poder controlar sus hipidos ahogados.
La pequeña Vespera, la pelirroja impulsiva que cada cierto momento estallaba en impulsividad, estaba boca arriba, mirando el cielo violáceo.
Su pecho se expandía con dificultad.
Tenía arena blanca metida en el cabello y una costra de sangre seca bajo la nariz debido a que había caído de cara durante el proceso de la carrera.
A su lado, el niño gordito de clase 12, aquel del que se había burlado el primer día respiraba como un fuelle, pero se negaba a cerrar los ojos.
Irónicamente, parecía el más relajado en comparación a los demás niños.
El niño alto que siempre amenazaba con golpear cabezas estaba de rodillas, con las manos apoyadas en el suelo.
Había corrido bien, había quedado entre los primeros cinco, era el más fuerte, como su padre le decía.
pero aun así sentía que sus pulmones iban a explotar.
Y luego estaba Korr.
Korr-add, hijo del general voraht, el niño más controvertido en entre el lote a su mando, aún seguía corriendo.
Mientras todos los demás descansaban o intentaban descansar sobre la superficie caliente de la planicie, la figura diminuta de Korr-add aún continuaba moviéndose en la distancia.
Su silueta apenas era un punto tembloroso en el campo de entrenamiento, sintiendo que moriría a cada paso.
Sus brazos bombeaban con un ritmo que ya parecía mecánico, pero sentía su cuerpo desfallecer con cada vuelta.
Debía completar veintiún mil pasos estándar, el triple que sus compañeros, como castigo correctivo al haberse negado a una orden impuesta por su instructor nouwl-an.
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