INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 15
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15: CAPITULO 15: 15: CAPITULO 15: El sector de Mantenimiento Subterráneo Dorymathos, Suburbio 7, Corredor de distrito 14, parecía un laberinto a simple vista.
Sin embargo, era una ciudad en si misma, donde contenía una población de 4 millones de habitantes.
La totalidad del sector, un conglomerado de 20 sectores, equivalía a 64 millones de vidas, viviendo en las entrañas mas profunda de toda la palestra destinada a la elite viltrumita.
Ver el sol para sus habitantes, era mas que un lujo destinado a la clase mas alta de su sociedad, aunque bien sabían todos, pertenecían al imperio, como esclavos destinados a los intereses de seres tan despreciables como lo eran los viltrumitas.
Todo el sector era un completo hervidero de habitantes apiñados en un espacio que originalmente había sido diseñado para albergar maquinaria en lugar de seres vivos.
A pesar de que el gran espacio se alzaba a cientos de metros hacia la superficie, sostenidos con gigantescas columnas, los edificios improvisados parecían abarrotados.
En cuanto a las calles, invadidas por la pobreza extrema, apenas parecían pasillos con apenas dos metros y medio de ancho, donde constantemente circulaban sus habitantes, dirigiéndose a sus deberes, rozándose los hombros y esperando a que las horas por un día, se acelerara.
A medida que pasaban los siglos, los problemas de salud debido a los asentamientos y la poca ventilación, sumado a la gran cantidad de habitantes, había supuesto un montón de problemas respiratorios, enfermedades infecciosas y trastornos mentales más que lamentables para la especie.
Y entre las clases más bajas, las infecciones de piel habían explotado en las últimas 5 orbitas, propagándose como un reguero de pólvora entre las crías, convirtiendo el futuro de la especia en una tumba anunciada en el que su lapida se tallaría la palabra extinción.
Los callejones laterales a los caminos de toda la infra estructura, eran estrechas y peligrosas.
La misma estaba repleta de puestos improvisados de comida con ingredientes de dudosa procedencia, cambistas de negocios compuestos de herramientas, dispositivos, armamento y raciones de energía, mientras las féminas del sector ejercían la prostitución entre cuartos de traseros tallados hacia el interior de las cavernas, completamente improvisadas.
Las bandas controlaban ciertos territorios, a expensas de los supervisores del sector.
Y los asesinatos por deudas de créditos o disputas de poder, algo muy común entre las zonas más bajas, parecía incrementar con el pasar de las generaciones.
La basura se acumulaba en los rincones por el colapso de la recolección hacía ya innumerables orbitas, y el olor de la descomposición se mezclaba con el aceite de la maquinaria y el humo de algunos fogones donde los ancianos, incapaces de trabajar y abandonados a su muerte, cocinaban los bichos y criaturas de las alcantarillas para calmar sus estómagos.
La mera existencia era dura, injusta, una maldición impuesta por las decisiones equivocadas de la raza lithari.
Pero no siempre fue así.
Los lithari, ahora en su inevitable decadencia, alguna vez fueron una potencia poderosa con un gran control sobre un cuarto de sector en la galaxia.
En aquel tiempo, mucho antes de que el imperio viltrumita extendiera su sombra de muerte y dominancia por toda la galaxia, ellos eran la gran y poderosa civilización Lithari.
Vivían a ocho constelaciones del planeta Viltrum, suficientemente cerca como para que los viltrumitas pudieran detectarlos, pero lo bastante lejos como para que los lithari creyeran estar a salvo de lo que ellos llamaron en aquel entonces, la locura del sabio de viltrum, ese tal venerado argal.
Eran muchas cosas, y sus títulos abarcaban gran parte del sector crediticio de la galaxia.
Des pues de todo, ellos eran principalmente comerciantes y banqueros.
Su reputación corría de sistema en sistema, especialmente porque a pesar de tener una fuerte capacidad velica de temer en toda la galaxia, no incursionaba en la venta de armas ni estaba interesados en la comercialización de esclavos.
Sus naves comerciales, eran una imagen familiar en los puertos de mas de 100 mil mundos, siendo recibidos con veneración entre las otras razas de su localidad.
Pero más importante aún, los lithari eran un pueblo guerrero.
A pesar de no ser expansionistas, eran orgullosos como la medula, y prestaban sus servicios bélicos por créditos y zonas habitables para su especie a través de la galaxia.
Un lithari armado valía por cientos y miles de soldados de cualquier otra raza, y así era, durante su tiempo de gloria.
Pero todo esto fue un hecho, hasta que conocieron a los viltrumitas.
Su caída no se debió a irresponsabilidades.
En realidad, tenían una buena relación con viltrum, al punto de servir como comerciales insignias del imperio.
La diplomacia entre ambos pueblos fue estable, hasta el punto de suplir las deudas crediticias mediante prestamos por territorios alquilados del imperio tras caer en números rojos debido a la expansión desmedida en su conquista.
Mucho menos pensaron en que serían apuñalados por la espalda, teniendo en cuenta su capacidad velica en la galaxia, comparados a las pocas armas más poderosas en todo el universo.
El simple hecho de entrar en guerra, tras disponer de tales armas, era mas que seguro que la destrucción de civilizaciones en cuestión de horas podía ser posible.
Sus lunas aniquiladoras eran de temer en toda la galaxia.
Un disparo, y todo un sistema solar podría ser extinguido.
Pero un simple descuido, o comodidad ante el bienestar de aquel momento, tal vez, provocó que bajaran la guardia hacia los viltrumitas.
En cuanto permitieron integrar a aquellos seres a una simple inspección a sus defensas, solo les costó seis horas destruir mil años de acumulación de conocimiento para crear un arma definitiva.
Los generales lithari murieron en sus puestos, confundidos, sin entender cómo habían mapeado sus posiciones con tanta precisión.
Y años después, se había descubierto que había sido posible a causa de un traidor.
Con el desarme consumado, el imperio ofreció lo que ellos determinaron un término generoso.
Ser parte de sus filas imperiales como poblanitas elementales, lo más cercano a ser ciudadanos de segunda clase, con su rendición incondicional.
Era eso, o el exterminio definitivo.
Los lithari, guerreros, pero sin las armas adecuadas con la cual contra atacar, eligieron vivir con el fin de encontrar una oportunidad para devolver el golpe vil y sin vergüenza.
Pero los ciclos pasaron, y su raza, con una esperanza de vida de tan solo 100 años, pronto fue olvidando su verdadera grandeza.
Fueron convertidos en esclavos técnicos para el imperio.
Su destreza manual, al portar cuatro apéndices capaces de trabajar en sincronización, sumado a una gran fuerza capaz de levantar rascacielos, los hacía perfectos para el mantenimiento de la maquinaria viltrumita.
También eran perfectos oponentes para los niños viltrumitas que servían como entrenamiento.
Las desgracias a las que fueron dispuestos mermó su esperanza para vivir.
Pero la resistencia, resentido en su justo deber, aun vivía, a pesar de haber pasado ya tanto tiempo.
Entre una de las áreas de trabajo, una figura de piel grisácea trabajaba en silencio, sus brazos moviéndose con precisión, ajustando una válvula de sensores para las puertas superiores del edificio viltrumita ubicada por encima de sus cabezas.
Sus dos grandes ojos, con sus pupilas divididas en cuatro segmentos como panal de abejas, parpadeaban lentamente mientras escaneaba los datos que mostraba una pantalla holográfica.
Este era un minero lithai, llamado kaelen-thor.
A su lado, apareció otro trabajador, de su especie, quien había empezado a calibrar la cantidad de flujo sensorial, sin siquiera prestarle atención.
Kaelen-thor no levantó la mirada cuando sintió la presencia de Veth-ak a su lado.
Al mismo tiempo, usaba uno de sus brazos para generar un ruido micro frecuencial que evitó la captura de la conversación que se tendría presente.
Sus cuatro brazos siguieron trabajando, pero sus labios estaban haciendo lo suyo.
“¿El túnel?”.
preguntó Veth-ak en voz baja, sin mirarlo, sus dedos deslizándose sobre la consola que tenía uno de sus brazos inferiores.
“hecho está”, respondió Kaelen-thor, ajustando un perno con sus manos inferiores mientras las superiores revisaban un medidor.
“lo emos supervisado cuidadosamente, de acuerdo a los planos, llega hasta el punto clave sin desviaciones”.
Veth-ak asintió apenas, casi imperceptiblemente.
“¿Y nuestros hombres, cuantos tenemos?” “4000, de los más fuertes y más decididos.
Serán destinados para la creación del campo de aislamiento cuando llegue el momento”.
dijo Kaelen-thor, su voz endurecida al final.
“ningún tercero podrá acercarse, ni siquiera un viltrumita”.
“ni siquiera un viltrumita, dices.
¿Tienes en cuenta al emperador?
De dice que ese demonio puede atravesar cualquier forma de defensa.
¿puede nuestro plan sobrevivir a ese monstruo?”.
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