INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 3
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3: CAPITULO 3: 3: CAPITULO 3: Korr fue incapaz de reconocer el instante exacto en el que el gel comenzó a drenarse de su capsula.
La sutil sensación de ser arrastrado por la gravedad apenas se sintió en un principio, como si el liquido que lo mantenía suspendido durante lo que se sintió una eternidad, decidiera descender por cuenta propia, arrastrándolo en el proceso.
Para cuando comprendió lo que estaba sucediendo, aquel liquido ya lo había abandonado.
Entonces volvió asentir aquella sensación que hacia mucho había olvidado, en lo mas profundo de su cuerpo.
El peso de su propio cuerpo le dio la bienvenida, y la nueva sensación de la superficie bajo las plantas de sus pies, le permitió descubrir algo nuevo sobre las carentes impresiones de lo que fuese ese lugar.
Aquella sensación le pareció gratificante, a pesar de lo débil que se sentía.
Tubo que desplomarse en el suelo, pues su mente le imponía el conocimiento intuitivo de poder usar las piernas, levantarse, y sostenerse sobre sus dos apéndices.
Pero su cuerpo ni siquiera le respondía, apenas, pero ya estaba trabajando en ello.
Los ecos de los sonidos inundaron sus oídos, acostumbrados al silencio en el que había permanecido sumergido, se sintió desconcertante, hasta que la fascinación inundó su cuerpo.
Por lo menos, si ignoraba el asunto de su posible locura por el aislamiento, podría confirmar que verdaderamente estaba vivo.
Su vista, algo borrosa por los líquidos, ahora se veía con una nitidez desconcertante.
Aprovechó para observar a su alrededor, vislumbrar el lugar que se había transformado en su purgatorio.
Las paredes de su prisión estaban revestidas de capsulas similares a las que en algún momento se encontraba.
Filas y filas de ellas, innumerables, que se extendían hacia mas allá de lo que su vista podría extenderse.
Miró su capsula por un momento, y luego tosió el contenido que parecía obstruir sus pulmones.
Entonces, el aire ingresó a través de sus fosas nasales, y sus pulmones se expandieron en un espasmo casi violento, pero logró recomponerse.
“demonios”, pensó para sus adentros.
Ahora que estaba libre, sentía que era el momento de por lo menos, explorar este lugar.
Por eso, sin importar los peligros que le deparara, decidió que tendría que buscar la manera de encontrar una salida.
Así que intentó hacer algo de fuerza para poder levantarse, pero los intentos fueron eso, intentos.
Sus piecitos, diminutos, arrugados y tan ajenos a las sensaciones que había experimentado, parecían estar hechas de plomo.
Pero korr siguió luchando, tratando de hacer que aquellas extremidades rechonchas le obedecieran.
Pero a mitad de camino, el esfuerzo lo venció y calló.
Sus nuevas rodillas, débiles e inexpertas cedían bajo el peso de su propio cuerpo.
Lo intentó tantas veces que la única opción de escapar de su posición fue el arrastrase a gatas.
Sus manos rechonchas fueron sus columnas entre aquella blancura absoluta, y sintiéndose seguro de si mismo, empezó arrastrarse.
Dio un gateo, luego dos.
Entonces fueron tres, cuatro, 7, 12, hasta que se sintió cansado, y tubo que detenerse.
Sin embargo, durante ese lapso de tiempo, su cuerpo empezó a sentirse más suyo, y con ella, empezó a sentir mas dominio y fuerza.
Aquel sistema de crianza que había invadido su mente y había explicado su aparentemente, nueva fisiología, estaba comenzando a hacer de las suyas.
Aquí, todo le parecía nuevo, todo, incluso este cuerpo de “raza viltrumita”, de acuerdo a lo que se le había enseñado.
Fue en aquel momento, que sintió que tendría la suficiente fuerza como para poder ponerse de pie por su propia cuenta, que entonces lo intentó.
Sus rodillas temblaron como las de un potro recién nacido, y su cabeza, un poco desproporcionado para su cuello, apenas y se mantenía.
Se bamboleó con peligrosa inestabilidad, pero para cuando pudo permanecer sobre sus dos piernas, se mantuvo erguido todo lo posible.
“¡bien!
Estoy de pie maldita sea”.
Pensó para si mismo, aunque se negó a sonreír por la hazaña titánica que estaba experimentando.
Por el amor a dios, había hecho maratones de 10 y 40 kilómetros durante sus 20, y ahora le costaba dar un solo paso.
El piso blanco y pulcro se sentía frio, su piel sentía el frio, el frio quería roer sus tuétanos, por que estaba desnudo.
Pero la desnudez era lo de menos.
El solo quería sobrevivir.
Entonces emprendió su caminata durante los últimos 20 metros, en el que alternaba en breve descansos que amenazaba con la energía dentro de su cuerpo de infante.
Sin embargo, durante el proceso de uno de aquellos descansos, el sonido del viento pareció agitarse, maximizarse, como si avanzara, se acercara hacia él.
Entonces, un miedo opresivo se apoderó de su cuerpo.
Aquella sensación pareció transformarse en una presión intangible que se coló en los intersticios de su conciencia.
Aquella voz fue la primera voz humana real en escuchar después de tanto tiempo.
“este niño es demasiado impulsivo”.
Aquella voz, aunque gruesa, como en las películas de héroes con aquel antagonista de piel morada, pero más intimidante, se sintió muy humana.
A pesar de escucharse completamente diferente a cualquier idioma humana imaginable, y aunque apenas si quiera se escuchaba como el habla Ruso, sabia que era absolutamente diferente, y sorprendentemente, si lo entendía.
Aquella voz en la capsula había grabado ese idioma desconocido, el idioma imperial, como si se grabara en fuego, dejando las cicatrices de una comunicación mas allá de la intuición.
Pero aun sintió miedo.
Por que el destinatario de aquella voz no era humano.
El fue humano una vez.
Conoció la historia de su especie, sus capacidades, limites y aspiraciones.
Pero esta presencia, este ser, pese a verse tan parecido, tan idéntico, como un espejismo de la propia humanidad, definitivamente no lo era.
Este ser no era humano.
Después de todo, mas allá del dialecto, los humanos no podían volar.
Eso iba en contra de las leyes de la física.
La Tercera Ley de Newton, las Leyes de la Termodinámica, la Relatividad Especial y General, la Conservación del Momentum Angular, la maldita Aerodinámica.
Este hombre parecía excretar sobre el total de los años acumulados de descubrimientos humanos, como si 1261 años de conocimiento no significara nada.
Korr sabía sobre los “viltrumitas”, pero… “no pensé que toda esa alucinación en la capsula fuera real”.
Pensó.
Temió aun mas que todo fuera real.
Allí, en el extremo de la habitación que se extendía hacia el blanco infinito, permaneció suspendido aquel hombre.
Korr fue incapaz de mover el más mínimo nervio tras observar con incredulidad el simple desplazamiento de aquel sujeto, extraterrestre, sin dudas, hacia su dirección.
Sintió mas terror por que aquel ser era un soldado, todos en el imperio lo eran desde su nacimiento.
Su cuerpo, tan macizo como un gigante de carne, avanzó ha través del aire sin esfuerzo aparente, como si la gravedad tuviera favoritos, y aquel ser era uno.
Su vestimenta, un traje inmaculado y blanco, parecía resaltar sobre la luz del lugar, como un blanco mas puro que la propia nieve.
Tres barras adornaban su pecho como un emblema, aunque sí pudo reconocer el estatus de aquel ser gracias al conocimiento que se le fue incrustado.
Era un general de esta especie.
La figura descendió en un aterrizaje silencioso.
Sus botas blancas tocaron el suelo a escasos metros del perturbado korr, tan rígido como un poste.
Cada fibra de su ser, su instinto nato de supervivencia y sumisión le gritó que se arrodillara, que se arrodillara y pidiera clemencia para una muerte rápida.
Al mirar los ojos de aquel ser solo pudo ver matanza, matanza indiscriminada, un genocida sociopático supremacista, un viltrumita.
Pero no pudo hacerlo.
No pudo dominar su cuerpo, y simplemente permaneció allí, sin hacer un solo movimiento.
Como una presa fingiendo la muerte frente a su depredador.
En cambio, los ojos de aquel ser parecieron estrecharse, calculando desde la distancia la insignificancia del infante diminuto, frágil, estorbo, con el cual estaría atado durante las próximas 20 orbitas.
Solo lo había visto por poco tiempo, pero ya lo estaba odiando.
Esperaba que, en nombre del imperio, este gusano no le hiciera perder su tiempo.
Era su primer descendiente de su línea genética, y de este primero dependía si su línea continuaría fortaleciendo viltrum.
Así que, simplemente, lo observó.
Los segundos se alargaron entre respiraciones, hasta volverse eternidades fugaces.
A pesar de sentir la mirada de aquel gigante de piel humana, aun siguió sin hacer nada.
Aquellos ojos oscuros como ónix lo examinaron como si pudiera mirar hasta los huesos.
Y entonces, dando un resoplido, el gigante habló.
“te pusiste de pie, eso es excelente.
Toda cría que sale de la capsula por lo general, tardan unos 6 segmentos, incluso un ciclo.
Pero lo hiciste en menos de media fracción”.
Sus palabras, tan grabe y fulminante, fue como un soplo frio que heló la sangre de korr.
Parecía agradecido de que hubiera logrado descifrar el descubrimiento de caminar por su cuenta.
Korr, sin embargo, no dio respuesta.
No por que pudiera, simplemente tenía demasiado miedo.
Tampoco parecía que aquel ser le hiciera una pregunta.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Fan_lecturas muchas gracias por llegar hasta aquí, espero de corazon, que les guste esta historia y me acompañen en este viaje.
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la razon por la que hago esto se debe a que mi ordenador esta jodido, así que a traves de su apoyo, estoy mas sercar de comprar una nueva y seguir creando mas historias.
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