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INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 43

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Capítulo 43: CAPITULO 43:

Thragg, al observar los sensores, comprendió la geometría de su desventaja. Sus pocos mas de 400 viltrumitas puros, aunque invencibles en combate singular, enfrentaban a 22.8 billones de enemigos.

El costo de cada muerte viltrumita le supondría a la Coalición tripartita un aproximado de 120000 naves y mas de 2000000 de soldados. O eso hubiera sido la cuestión, de no haber tomado la decisión de tomar las riendas del asunto con sus propias manos.

Ya no había vuelta atrás.

Del lado enemigo, más allá, en lo que se pudo presenciar no era más que luces interestelares alineados, ellos allí aguardaban.

En presencia de la gran nebulosa, tres comandantes de la coalición luminus observaban el despliegue del Imperio Viltrumita.

Había pasado tanto tiempo, habían sucedido tantas muertes, que incluso los mas sanguinarios parecieron horrorizados por el nivel a la que había llegado el conflicto.

Para la coalición, había pasado ya mas de 250 años desde el comienzo de esta campaña de resistencia, y lo que entonces se conocería en los anales como la Batalla del Árbol Desecado estaba a punto de comenzar.

El general lanther, comandante supremo de las fuerzas espaciales de la Coalición tripartita sostenía entre sus manos una de las seiscientas cuarenta y dos Lanzas Perforadoras existentes.

El general, veterano de ciento cuarenta escaramuzas fronterizas y victorias sucesivas contra el propio general imperial, mantenía sus dedos posados sobre el eje de activación aceptando que para bien o para mal, en esta ultima batalla harían historia en toda la galaxia.

A su flanco derecho flotaba un Aizir de la guardia ancestral, hijo primogénito y legitimo heredero al trono de la raza bélica dominante en el sector.

Su estatura superaba los cuatro metros, y su cabellera, de un rojo que parecía incandescente incluso en el vacío, caía sobre hombros cubiertos de runas doradas.

El Aizir, príncipe thuk-ooohr, empuñaba un martillo de dos manos, la legendaria arma divina rompe tormentas, mesurando una electricidad cruda como si esta fuese una extensión orgánica de su voluntad.

La tercera figura era una heroína del imperio cosmos, era nada más y nada menos que la capitana cosmos.

Era parte de la élite tecnológica de la Coalición tripartita.

Su traje de combate, clasificado como modelo Vanguardia-Ultra, contenía un núcleo pectoral de tipo esfera Dyson en miniatura que generaba continuamente energía de fusión controlada.

Los sensores de la flota enemiga, desplegados a más de dos millones de kilómetros de distancia, registraron aquella fuente de poder como un pequeño sol naciendo en medio de la formación defensiva, ese emperador era un monstruo.

Su capacidad de canalizar y redirigir energía estelar la convertía en la única operativa capaz de contrarrestar, aunque fuera temporalmente, la superioridad táctica del Gran Regente.

Los tres sabían lo que estaba en juego. Los informes de inteligencia, confirmados por reconocimiento de largo alcance, indicaban que el mismísimo Thragg lideraba la ofensiva.

Había de tomarse con mucha seriedad las implicaciones de estos acontecimientos, porque un ser capaz de unificar por la fuerza a su propia gente casi indestructible suponía una dificultad que tenía garantizada la posibilidad de su propia mortalidad.

Si la Coalición tripartita de luminus fracasaba, el árbol milenario sería talado, sus raíces de gas interestelar disueltas, y su gente dispersada o esclavizada por estos demonios sin alma.

Lleno de fuerzas e irritabilidad, ansioso por la batalla, el Aizir levantó el Rompetormentas.

“¡¡GUEEEEEERRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!”.

Con aquel grito de batalla trasmitida a través de la magia, las runas doradas de su piel comenzaron a palpitar con un ritmo cada vez más acelerado, y la electricidad que destellaba a su alrededor pasó de ser una mera descarga estática a una tormenta contenida.

El martillo, alzado por encima de su cabeza, absorbió la energía de las runas, de la heroína, del propio general lanther, convirtiéndose en un foco de poder que distorsionaba visualmente el espacio circundante.

Cuando el arma descendió, el vacío mismo pareció rasgarse.

Un trueno de proporciones cataclísmicas erupcionó desde el martillo, expandiéndose en un anillo de plasma que recorrió cientos de kilómetros en todas direcciones. Las naves enjambre de la vanguardia viltrumita, al menos mil millones de aquellas cáscaras tecnológicas tripuladas por razas coloniales, se volatilizaron al contacto.

Ni siquiera hubo explosiones, todo simplemente dejó de funcionar por un momento.

Apenas hubo sobrevivientes en las primeras líneas viltrumitas, pero la suerte ya había estado echada.

Los diez punto ocho billones de guerreros Aizir que formaban la muralla flotante respondieron al unísono, sus hachas y armaduras encantadas brillando con el mismo resplandor dorado. Los cuatro punto ocho billones de Cosmic Force activaron sus sistemas de ataque sincronizado.

Los siete punto dos billones de lanther ajustaron sus armas planetarias móviles.

En respuesta, la marea viltrumita empezó a avanzar y con ella, la aniquilación.

Las fuerzas coloniales, billones de infantes sacrificables, conformaron la primera oleada. Detrás, millones de Venatici desplegaron sus escudos energéticos mientras los cruceros viltrumitas, en la retaguardia, coordinaban el bombardeo orbital.

Desde las torretas “Ojo de Argal” y las naves enjambre, miles de millones de rayos desintegradores descendieron como una lluvia sobre las líneas de la Coalición.

El espacio intermedio se convirtió en un muro de plasma continuo y por cada segundo de avance, doce millones de proyectiles saturaban el vacío.

La gran batalla había empezado.

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