INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 44
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Capítulo 44: CAPITULO 44:
La distancia entre ambas líneas de batalla se acortó a cero. Y las lluvias de plasma en todo el espacio vacío tiñó el espacio de fuegos plasmáticos tan ardientes como las estrellas mismas en presencia de la gran nebulosa.
Lo que se supone, debía de ser hermoso, no era más que la transformación del infierno mismo desatado en las estrellas, donde solo acallaba el silencioso gemido de los metales fundidos.
La muerte cosechó la vida de la primera oleada viltrumita, compuesto por dos punto cuatro billones de infantes coloniales, quienes avanzaron en formación de cuña.
Los escudos energéticos colapsaron al instante tras ser saturados por los rayos desintegradores en tan solo un instante, en el que los barcos voladores de los aizir simplemente embestían hasta atravesar las formaciones enjambre que apenas pudieron resistir antes de ser parte de los fuegos infernales.
Al mismo tiempo, cientos de miles de escuadrones Lanthers, quienes sirvieron como el verdadero ataque pesado, se sincronizaron para actuar de manera oportunista.
Las construcciones de luz se fundieron en una sola y una mano del tamaño de una luna, cada parte de su estructura formados por corrientes de fotones solidificados, descendió a velocidades similares al 10% de la velocidad de la luz.
La primera bofetada partió tres mil cruceros coloniales como si fueran cascarones y las pérdidas imperiales parecieron dispararse una vez más.
Los escombros se convirtieron en lluvia de metal fundido que llovió sobre los planetas a años luz.
Entonces otra mano surgió, dejando el mismo daño que tras, aplaudir juntas, un escuadrón de naves enjambre viltrumita en ese sector dejó de existir, remplazado por un destello que quiso imitar una super nova, para solo dejar un vacío donde solo habitaba la muerte.
Cada segundo, millones de cuerpos estallaban en silencio, sus restos convertidos en fragmentos, tanto orgánicos como inorgánicos, dispersados en el vacío como una lluvia macabra.
Pero la destrucción unilateral de la infantería enjambre fue asistida tan pronto como los primeros millones de bajas empezaron a registrarse en las estadísticas de los estrategas viltrumitas.
Los Venatici llegaron para devolver con el doble de matanza.
Cuatrocientos ochenta millones de sabuesos desplegaron sus escudos energéticos en un muro semipermeable que pareció extenderse en toda la línea de tal manera que parecía extenderse hasta lo que a simple vista parecía un infinito.
Las construcciones de luz lanther, que hasta entonces habían devastado a cientos de miles de la infantería colonial, se estrellaron contra la barrera y fueron absorbidas.
Aquellas manos, gigantescas, apenas pudieron mantenerse estables, antes de desintegrarse en fragmentos luminiscentes.
Y los ojos de los Venatici ardieron con un brillo naranja mientras almacenaban la energía que había arrebatado a la fuerza de aquellos seres constructores.
Aquella energía, excesiva y dañina, saturaron sus células hasta el límite, y luego, al unísono, la devolvieron con igual deseo de asesinato y muerte.
Un muro de calor y fusión se expandió de tal manera que pareció avanzar a la velocidad luz, abrazando la primera línea enemiga. La temperatura, comparable a una llamarada solar, bañó trescientos millones de kilómetros en un fuego despiadado.
Las naves Aizir no pudieron resistir el ataque con sus encantamientos de protección, y tras ser superados, se fundieron en cuestión de instantes hasta que toda la estructura se comportó como un líquido.
Los cuerpos de los soldados simplemente se evaporaron en un instante.
Oleadas de energía concentrada se precipitaron hacia las filas de la Coalición.
Pero incluso así, la respuesta no se hizo esperar, pues sus líderes no se quedaron de brazos cruzados observando como su gente parecía caer ante estos demonios.
thuk-ooohr, príncipe de los aizir, actuó en un instante desde su posición. Realizando una formación mágica de alta energía mágica, giró su martillo Rompetormentas en un arco descendente.
Un rayo de electricidad cruda, de un kilómetro de diámetro, cruzó el espacio a una fracción de la velocidad de la luz. Impactó en el centro de la formación Venática, sobrecargándolos hasta hacer hervir el líquido de sus cuerpos, matando a mucho, innumerables, de aquellos sanguinarios guerreros.
Ocho millones de sabuesos se evaporaron al contacto, sus cuerpos diseñados para absorber energía fueron incapaces de procesar tal magnitud de poder.
El general lanther, aprovechando la brecha, ordenó el avance de los Cosmic Force quienes no dudaron ni un instante en abalanzarse contra sus enemigos.
Cuatro punto ocho billones de guerreros en trajes de Vanguardia se propulsaron usando la energía cósmica de su traje. Dichas formaciones, envueltas en energías de poder cósmico, actuaron como lanzas y perforaron las líneas coloniales, sincronizados hasta barrer los flancos, kilómetros del mismo.
Las torretas “Ojo de Argal”, apenas doce mil, intentaron responder, pero la saturación enemiga era abrumadora.
Cada torreta estaba siendo atacada por quinientas naves enjambre simultáneamente, sobrecargando la protección de sus escudos de protección.
Un escuadrón de cruceros viltrumitas se encontraban en la retaguardia. Apenas era unos ocho mil, pero no escatimaron en arremeter con fuego a discreción.
Los cañones de partículas dispararon una andanada de rayos desintegradores en dirección a un escuadrón de cien mil naves enemigas, quienes intentaban desesperadamente cubrir a sus soldados lanters asediados por la oleada energética de lo sabuesos imperiales.
A pesar de los primeros aciertos, lastimosamente para los coloniales, la coalición tripartita tenía cientos de miles de millones de naves que tomaron los lugares de sus caídos, respondiendo con defensas férreas.
Los Lanther Force que salieron ilesos de los ataques masivos, junto con los refuerzos que llegaban de la retaguardia, creaban zonas de seguridad, brindando cobertura de defensa, extendiéndose a kilómetros de distancia.
Y desde sus posiciones protegidas, activaron cuatro mil de sus sesenta y cuatro mil armas planetarias móviles, destellando como estrellas que contrastaban con el infierno fugaz que se desarrollaba.
Cañones del tamaño de asteroides concentraron energía durante treinta segundos, tiempo que parecía eterno en aquel instante. Entonces, cuando fue el momento, descargaron el asesinato estelar sobre sus enemigos.
Haces de luz sólida, de decenas de kilómetros de diámetro, barrieron las líneas coloniales enteras.
Doscientos millones de infantes murieron en ese único intercambio.
No obstante, los Venatici, a pesar de sus bajas, continuaron avanzando sin importar las perdidas.
Una gran parte se acercó lo suficiente como para considerar lanzar un ataque seguro contra la línea de la coalición.
Sus ojos lanzaron rayos cegadores hacia las filas Aizir, abriendo huecos en la muralla flotante de barcos nórdicos especiales, y a través de esas brechas, los pocos miles de infantes coloniales supervivientes se lanzaron cuerpo a cuerpo contra los gigantes helados mágicos.
Y la carnicería, desde la cercanía, también se había desatado.
En el espacio cercano al puesto de mando, un grupo de Venatici logró abordar un crucero enemigo. Masacraron a los dos mil Aizir de la tripulación y redirigieron los cañones contra sus propias filas, mientras profetizaban su fe al dios morbus, un demonio interdimencional innombrable en su propio nombre que apadrinaba esta raza sanguinaria como la que eran los sabuesos.
El mismo crucero, quien previamente había sido secuestrada por el enemigo imperial, estalló dos minutos después, alcanzado por una Lanza Perforadora.
Sin embargo, el daño ya había sido infligido, donde trescientos mil Aizir habían muerto por fuego amigo.
La batalla se convirtió en un frenesí caótico y sin sentido, donde solo la muerte era el único significado para la supervivencia.
La razón y el pensamiento fue reducido a la indiferencia, al miedo y a la erradicación de todo ser consiente existente a través del instinto mas primitivo demostrable.
He aquí donde el disfraz civilizado fue suspendido en pos de mostrar el animal interiorizado.
Todo este caos era visto a través de los ojos del general Varnak-Sul, suspendido en el crucero insignia viltrumita que coordinaba las fuerzas coloniales que se quemaban en el cosmos. Su rostro, a pesar de ser iluminado por los destellos de destrucción y devastación absoluta entre ambas fuerzas, la sombra en su corazón solo parecía estar creciendo a cada segundo.
La batalla, por ahora, estaba equilibrada. Pero sabía que estaba en desventaja, por que a la velocidad en la que sus fuerzas eran consumidas, quedaría sin soldados mucho antes de que la propia coalición se sintiera rezagada.