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INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 7

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7: CAITULO 7: 7: CAITULO 7: La vida en viltrum parecía buena, pero korr, más que cualquier otro niño de su edad, sabía que era todo lo contrario.

A pesar de los avances, a pesar de la quimera que se cernía sobre todo lo que veía en cada longevo día, era consciente de que todo eso estaba bloqueado por la fuerte opresión ominosa del contexto histórico, por no decir, realidad, de lo que era el exterior de su cárcel.

Lo cierto era que los bloques que lo confinaban era su único refugio del infierno que era viltrum, el real viltrum.

La hora de la siesta estaba a la espera de su sueño, así que caminaron en silencio por el pasillo de geometría perfecta.

Sus pasos apenas producían eco sobre el metal paladio que recubría el suelo, y el susurro de la túnica de Syra-Vel, unos pasos adelante, era lo único que acompañaba el latido de sus propios pensamientos.

En estos días mucho había pensado.

A pesar de tener una eternidad por delante, no encontraba un futuro a su vida.

Este mundo parecía maravilloso, pero en el fondo, todo lo que se encontraba a su alrededor parecía matarlo y envolverlo en un frio que helaba su conciencia.

Su nueva vida no era vida.

Mayormente soñaba en un pasado ya lejano.

En aquellas mañanas de diciembre, cuando su madre encendía la estufa de leña antes de que él despertara.

Recordaba el olor del pino, y el caluroso abrazo de aire recorriendo su cuerpo con cada mañana.

Podía recordar aquella casa del árbol vieja y deteriorada que su padre prometía arreglar desde que tubo uso de razonamiento, pero que jamás reparó.

Recordó la mano de su madre sobre su cabeza cuando rezaban a los cielos, dando gracias por un nuevo amanecer, pidiendo bendiciones para la familia, los vecinos, y por los que sufrían.

No se dio cuenta cuando fue el momento en que había dejado de rezar, probablemente fue a mediado de sus veinte, como tantos nacidos en el ceno de una familia religiosa, abrumados por preguntas que no parecían tener respuestas.

No obstante, de aquellos vestigios había quedado la costumbre del respeto mutuo, el amor al prójimo.

Pensó en sus días en el ejército.

allí adonde entró por el servicio obligatorio, y donde tuvo que soportar los gritos de sus superiores, el lustre desmedido de las botas o el lavado de las barracas con cepillo de dientes.

Recordó que definitivamente esa no era su vida, y salió despavorido de allí en cuando cumplió su tiempo de servicio reglamentario.

Odiaba los conflictos, y ese tipo de vida, simplemente no sería para él.

Luego soñó con la universidad, la cual fue un completo desastre.

Se incursionó en la carrera que solo los ricos ociosos y con una vida financiera segura podrían cursar sin problema alguno, bellas artes.

Con esfuerzo, apenas llegó a graduarse, y con su amor a la ciencia, aunque carecía del completo genio necesario, logró hacer una mezcla para crear su propio arte y hacerse un nombre en un rincón apartado del museo local.

Luego decidió pisar el suelo de una vez por todas, y empezó a dar clases en una universidad pública, donde buscaba la manera de que sus alumnos no solo estuvieran intentando pasar la materia como único objetivo.

Y por si no fuera poco, le pagaban un salario de miseria.

Pero con todo y eso, había sido feliz.

También fue feliz con su primera y única esposa, y aprendió sobre las pasiones, el amor romántico y anhelo de unirse a un solo ser tanto como fuere posible.

Pero con ello, también vino el divorcio, producto de múltiples factores que bifurcaron su camino hasta que la separación de los mismo se vio completamente inevitable.

Recordó la tarde en el que su propio hijo, tembloroso como se puso en aquel entonces, le confesó que era gay.

A estas alturas, korr ya sabía que algo no andaba bien en ese muchacho.

Ser, diferente, era mejor a ser algo peor.

Excepto por las burlas de su otro hijo menor, postizo, quien solo lo hizo para molestarlo ante estos acontecimientos, todo parecía bien.

Durante mucho tiempo pensó en ese mocoso, que había recogido de la calle y que había decidido dar su apellido.

Apenas hablaba y parecía haber pasado por mucho, pero con esfuerzo, el niño creció hasta convertirse en algo mas allá de lo extraordinario.

A menudo soñaba con él, viendo sus partidos desde las primeras filas de las gradas, en el campeonato mundial de futbol, era famoso, muy famoso, y estaba orgulloso del futuro que se había labrado.

Recordó en sus ahorros, viendo aquella pintura confusa, con cerveza en mano.

Siempre parecía caer en números rojos, pero vivió con lo necesario.

Decidió invertir con sensatez y algo de suerte, y en cuanto las monedas digitales explotaron mas allá de lo inimaginable, decidió que ya era el momento de dejar que la próxima generación de docentes lidiara con mocosos universitarios.

Soñó con sus recuerdos, sus últimos años pintando por las mañanas, leyendo artículos super científicos que apenas entendía, pero que le parecían fascinantes por las tardes.

De vez en cuando respondía correos de antiguos alumnos que ahora eran arquitectos o ilustradores, o simples gerentes de alguna cadena de hamburguesas en algún condado en particular.

Casi cincuenta años, una vida bien vivida, o eso esperaba a que dijeran en el funeral que jamás sabría si se realizó.

Porque como en vida no sabes que había en la muerte, en la muerte no sabrías que pasaría del otro lado de los vivos.

Aunque su situación en particular era, sin dudas, diferente, por no decir que desconcertante durante un tiempo.

Ahora, atrapado en este cuerpo de infante, bloqueado por paredes blancas carentes de imperfección, todo lo que le devolvía la mirada parecía subvertir la forma en como creía debía de ser la vida.

Tenía un padre que parecía despreciar su existencia por la incertidumbre hacia la utilidad que podría ejercer en este imperio.

Tenía una niñera esclava al que se negaba a verla como tal, por respeto a sus principios morales, personales y religiosos.

Y una madre ausente que, en palabras del propio progenitor, odiaba el simple hecho de mi existencia.

¿Por qué?

Ni idea.

Pero el asunto del amor familiar no existía en este planeta.

Nada de lo que conocía podría ser medido o puesto en práctica en viltrum.

Nada de lo que fue volvería a ser.

Pero peor aún, en este mundo no tenía el factor más fundamental para un ser consciente que vivía en sociedad.

El derecho a la elección.

En su vida anterior, korr lo eligió todo, cada decisión fue suya.

El divorcio, la adopción, el oficio, la fe que dejó pero que nunca lo abandonó del todo, el respeto por la verdad y el derecho al prójimo, todo lo que lo conformó, lo eligió.

Eligio ser quien fue.

Pero en esta nueva vida, sabía que buscarían de desarraigar lo que era para transformarlo en lo que ellos querían que fuera.

Su situación era una lucha contra el reloj, antes de que todo explotara.

Por que vivía en una sociedad, una sociedad totalitaria.

Los pasillos de la residencia se extendían ante ellos, blancos y silenciosos, iluminados por esa luz de un amanecer que parecía detenerse en el tiempo ralentizado.

Korr caminaba junto a Syra-Vel con el casco tecnopático colgando de su mano diminuta.

El agotamiento comenzaba a pesar en sus párpados, siempre sorprendiéndose de los aciertos de la nana a su lado.

Ella parecía saberlo todo, con esa capacidad de predicción, no quedaba duda de que era impresionante.

“syra-vel, ¿Crees que mañana podremos probar con una frecuencia más alta?” korr preguntó, intentando mantener el tono casual, con la intensión de despejar sus pensamientos.

Syra-Vel no respondió de inmediato.

Sus cabellos bioluminiscentes habían recuperado su tonalidad azul habitual, aunque sin que korr lo notara, había algo de tención en sus extremos.

“Joven señor”, dijo ella, aunque en su voz había algo distante, enfocado en la puerta de los aposentos.

“será mejor que ingrese primero.

Espere aquí, por favor”.

Esto le pareció extraño a korr.

Era la primera vez que pasaba algo como esto.

“¿en serio?

¿pasa algo?”, preguntó, pero ella no le dio respuestas, permaneciendo en silencio.

Mas importante aún, las puertas estaban abiertas, por lo que, haciendo los cálculos adecuados, significaba que alguien estaba colado en su interior.

Korr frunció el ceño, aumentando la cautela ante la extraña situación.

Syra-Vel se adelantó con prisa, delatando su falsa calma, mientras con una mano indicaba a korr para que no se moviera de su lugar.

La curiosidad de korr lo venció, así que avanzó descubriendo para su sorpresa y escolio la razón de sus sospechas.

Una silueta estaba levitando en la parte noreste de la habitación.

Aquella musculatura, aquella postura de autoridad, sin saberlo, korr empezó a respirar con algo de dificultad, y algo le dijo que esto terminaría irremediablemente mal.

Su taller, su taller no sobreviviría para cuando el sol decidiera salir del horizonte violáceo mañanero.

La repisa de cristal con las pinturas de paisajes que nadie en Viltrum podía reconocer, y los artefactos modulares dispuestos en la configuración que Korr había dejado tras retozar con ellos el día anterior, y los demás objetos de interés para él Todo estaba expuesto a la vista de este hombre, este supuesto padre, el gran general vorath.

Vorath se volvió hacia la dirección de los dos con lentitud, y sus ojos oscuros se clavaron en ellos con una frialdad exaración.

Sus ojos, como dos abismos carentes del concepto de felicidad, Volvieron a recorrer el desorden, con una expresión acerba nunca antes visto.

Sin que ninguno de los dos pudiera encontrar donde esconderse de aquel ser despiadado, solo pudieron sentir aquella furia contenida, proyectada desde el crujir de los puños apretados, y los dientes expuestos.

Vorath estaba furioso.

“mierda”, korr pensó en pánico, y guiado por el instinto, corrió tan rápido como sus piernas le permitían, llegando hacia delante, mucho antes de que Syra-Vel pudiera detenerlo.

Y llenándose de todo el valor que podría sacar en donde no había, se detuvo a tres metros de su padre, enderezó la espalda con la rigidez de un recluta frente a su superior, y llevó su puño derecho al pecho en el saludo autorizado por el imperio.

“por la gloria de Argal, este nato saluda al gran general”.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Fan_lecturas muchas gracias por llegar hasta aquí, espero de corazon, que les guste esta historia y me acompañen en este viaje.

si quieren ver contenido extra, aquí les dejo el enlace: https://youtu.be/bExsqvMM8SM?si=6fxr6SKnNTCtJ2V2 no necesito donaciones, solo entren al enlace y den like al contenido extra; con eso pueden ayudarme un montón.

la razon por la que hago esto se debe a que mi ordenador esta jodido, así que a traves de su apoyo, estoy mas sercar de comprar una nueva y seguir creando mas historias.

de vedad, gracias por el aprecio y por cualquier apoyo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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