Invocando a la espada sagrada - Capítulo 222
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- Capítulo 222 - 222 Capítulo 222 El Pedido de Lapis
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222: Capítulo 222: El Pedido de Lapis 222: Capítulo 222: El Pedido de Lapis Editor: Nyoi-Bo Studio Fue precisamente por esa razón que Rhode decidió excluir a Marlene, Lize y Anne cuando anunció a los que participarían en la misión.
Aunque las tres podrían aumentar la efectividad del grupo en las batallas, a Rhode se le dificultaría matar a los ophenianos.
Las chicas eran extremadamente inteligentes, así que notarían si pasara algo raro.
Para evitar que ocurriese algo así, Rhode decidió excluirlas de la misión.
Por supuesto, no les dijo la verdad; les dijo que necesitaban entrenar más para el Festival de Verano.
Al oír la excusa de Rhode, Marlene y las demás no sospecharon de nada y aceptaron.
Obviamente, Randolf y Joey tampoco participarían en la misión por el mismo motivo.
En su lugar, llevó a Kavos, y a Shauna y sus subordinados.
Todavía no podía llevar al grupo de Kavos porque podría darles la idea de que su estatus se había elevado, cuando no era así.
Por eso, para equilibrar las fuerzas, Rhode decidió dividir al equipo de Shauna en dos y llevar a una mitad al Pico Unicornio.
En las Profundidades Rocanegra, el equipo de Kavos se fue integrando de a poco con el resto del grupo mercenario, pero aún eso no era suficiente.
Si no pudiese mantener la presión sobre ellos, volverían a como eran antes y todo su arduo trabajo sería en vano.
El viaje a las Profundidades Rocanegra también sería un desperdicio.
Sin embargo, no todo salió como Rhode lo había planeado, porque, de repente, Lapis lo buscó y le pidió que la llevara al Pico Unicornio.
Rhode casi se había olvidado de que Lapis era una alquimista.
En cierto sentido, su trabajo era algo parecido al de los arqueólogos, pero él no entendía por qué querría ir al Pico Unicornio.
Si quería visitar ruinas antiguas, ¿por qué no dijo nada cuando fueron a las Ruinas de Pinos Negros y a las Profundidades Rocanegra?
Sin embargo, Lapis no respondió a la pregunta de Rhode.
Solo dijo que quería encontrar algo allí que sería útil para su alquimia.
En cuanto a la cosa que estaba buscando, se negó a decir qué era.
Era muy raro verla tan decidida, ya que siempre había tenido miedo de pelear.
Aunque la pregunta de Rhode la incomodó, se mantuvo firme y se negó a revelar lo que buscaba.
Eso despertó la curiosidad a Rhode.
Sabía que no era extraño que la gente tuviese secretos, pero si Lapis actuaba así, definitivamente se trataba de algo fuera de lo común.
Tal vez, podría ser su misión personal.
En ese caso, no estaría mal llevarla con él.
Lapis ocupaba el penúltimo lugar en el grupo mercenarios, incluso los eruditos ophenianos parecían ser más fuertes que ella.
Si algo sucediera, podría usar a Lapis como excusa para abandonar a esos tipos y dejarlos enfrentarse al peligro solos.
Después de todo, para los mercenarios, sus camaradas eran muy importantes, ¿verdad?
Si realmente les pasara algo a esos débiles ophenianos, nadie lo podría culpar.
Desde ese punto de vista, pudo ver que Lapis podría ser una buena excusa.
Esa fue la razón por la cual Rhode decidió acceder a su pedido.
Esta vez, los participantes de la misión serían Gillian, Lapis, el equipo de Shauna y el equipo de Kavos.
Todos estarían bajo el mando de Rhode.
En cuanto a la seguridad de la fortaleza, Rhode la dejó al cuidado de Marlene.
Durante esos días, Gillian se había hecho amiga del grupo.
Era extrovertida, hermosa, y fue bien recibida por todos.
Aunque por ser un Señor Elemental de Fuego, Gillian era muy orgullosa, se llevaba bien con los otros mercenarios.
En unos pocos días, su reputación casi superó la de Anne, Marlene, Lize y los otros miembros más antiguos.
Lo único que la diferenciaba de las otras tres, era que nunca había luchado junto a ellos como mercenaria.
Aunque apreciaban su belleza, no la consideraban realmente como una camarada.
Solo la reconocerían como tal cuando luchase junto a ellos.
Esta misión era la mejor oportunidad para que Gillian fuese reconocida por los mercenarios.
El accionar de Rhode fue muy rápido.
Al tercer día, los mercenarios ya estaban totalmente armados y listos para caminar hacia la puerta de la ciudad.
Poco después, se encontraron con los eruditos ophenianos.
Aunque el sol acababa de salir, los ophenianos ya habían llegado preparados y parecían estar listos para partir.
Pronto, el anciano opheniano los saludó rápidamente.
—Finalmente vino, Sr.
Rhode.
—Espero no haber llegado tarde.
Rhode miró al cielo, asintió y le devolvió el saludó al anciano.
El anciano asintió rápidamente, y luego llevó su vista hacia Gillian, que estaba a su lado, y se sorprendió.
Claramente, sin importar quién la veía, todos se sentían atraídos por ella.
Sin embargo, el anciano no perdió la compostura, solo miró sus orejas y su cola por un momento.
—Entonces, ¿ya podemos partir?
—Sí, por supuesto —dijo Rhode haciendo un gesto con la mano—.
Por favor, no se preocupen, los protegeremos a todos.
—Oye, ¿la viste?
Mientras Rhode hablaba con el anciano, los otros eruditos cotilleaban con curiosidad susurrando desde atrás.
—¿Qué tiene esa chica?
¿No crees que sea medio bestia?
—No lo parece… Según los registros, ¿no se supone que los medio bestia son iguales a los humanos?
Decía que solo se transformaban cuando eran estimulados por algo.
—¿Pero cómo explicas sus orejas y su cola?
—Quizá solo sean accesorios.
He oído que la gente de algunos lugares remotos tiene prácticas extrañas… —Pero parecen reales.
—¡Ejem!
Basta de hablar.
Mientras todos estaban ocupados creando sus propias teorías, se les acercó una persona.
Se detuvo y les advirtió tranquilamente: —No lo olviden, ellos son quienes nos protegerán.
Según la información del Gran Maestro, este grupo mercenario es muy fuerte.
Los necesitamos para completar la misión.
No causen problemas, ¿entienden?
No interfieran con sus asuntos personales y solo hagan lo que tengan que hacer.
Al escuchar sus palabras, los otros eruditos se callaron en seguida.
Después de eso, siguieron a los mercenarios y salieron de la ciudad.
Lapis se sintió aliviada cuando dejaron la ciudad.
Miró inquieta a su alrededor, pero solo pudo ver una multitud.
Debería estar segura allí.
Pensando en eso, no pudo evitar sentirse aliviada.
Relajó sus dedos y miró hacia Rhode.
«Si el líder supiese la verdad, ¿se enojaría conmigo?
Es una persona muy seria; si supiese que le estoy ocultando algo…» —¿Lapis?
—¡Ah!
Gillian apareció detrás de Lapis de repente, y la asustó.
Rápidamente se cubrió la cara con su manto.
Luego, dio unos pasos hacia atrás, mirando a Gillian con ansiedad.
—¡Se-señorita Gillian!
¿Qué sucede?
—Nada, es solo que pareces distraída, así que me dio curiosidad.
Al escuchar la pregunta de Lapis, Gillian sonrió alegremente.
Lapis se le acercó y la miró fijamente.
No sabía por qué, pero cuando miraba a Gillian, se sentía mareada, como si estuviese viendo un remolino sin fondo que la devoraría por completo.
—Lapis, ¿te preocupa algo?
Puedes decírmelo; te prometo que no se lo contaré a nadie.
—Solo… solo me preocupa que… Al oír la encantadora voz de Gillian, Lapis respondió vacilando.
Sin embargo, cuando recobró la cordura de repente, no le dijo nada más.
Retrocedió rápidamente mientras se quitaba el manto de la cara.
—Lo-lo siento, Hermana Gillian.
No es nada; solo estoy un poco nerviosa… Ya-ya me voy.
Tras decir eso, Lapis no esperó a que Gillian respondiera, y regresó a la multitud de inmediato.
Gillian la miró mientras desaparecía.
Después, entrecerró los ojos, y mirando un bosque lejano, regresó al lado de Rhode y sonrió.
—¿Maestro?
—¿Sí?
¿Qué pasa, Gillian?
—¿Qué planeas hacer con esa elfa?
—preguntó Gillian.
Rhode no pareció sorprenderse por su repentina consulta; claramente, hacía tiempo que estaba al tanto de ese asunto.
—Eso depende de ella —contestó Rhode mirando el camino que tenía por delante—.
Creo que esta será una buena oportunidad.
A continuación, cerró los ojos y añadió: —No importa lo que veas, solo finge que no lo viste.
¿Entendido?
—Por supuesto, maestro, entiendo —contestó Gillian.
Luego se rio y no dijo nada más.
En ese momento, en el lejano bosque, un hombre vestido con un manto camuflado se levantó lentamente, observando con atención a los mercenarios que tenía ante él a través de los huecos entre las hojas.
Extendió una mano y, pronto, un ave descendió desde el cielo y se posó en ella.
Entonces, una voz ronca dijo: —Informa a todos de que ha aparecido la Oriole.
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