Invocando a la espada sagrada - Capítulo 223
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223: Capítulo 223: Emboscada Nocturna 223: Capítulo 223: Emboscada Nocturna Editor: Nyoi-Bo Studio «Año lunar, el 15.º del mes de la luna de fuego.
Es el día 76.
Hoy, el clima estuvo muy sombrío y todos se veían deprimidos.
El líder no nos obligó a continuar, sino que encontró un lugar para que descansáramos.
Honestamente, estaba muy nerviosa porque tenía miedo de que sospechara de mí.
Realmente no sé cómo explicárselo.
Por eso tenía miedo de que el líder me buscara cuando todos descansaban, Sé que es una buena persona a pesar de su cara seria.
Pero aun así, no le dije la verdad porque esta es la maldición de mi familia y no quiero involucrar a otros, incluyendo al hermano Randolf.
Sin embargo, me preocupa un poco saber por cuánto tiempo podré mantener el secreto.
También le tengo mucho miedo a la hermana Gillian.
Cada vez que me mira, siento como si me leyese la mente, como si conociese mi verdadera identidad y mi linaje maldito.
Sigo diciéndome a mí misma que no me haga ilusiones, puesto que han pasado muchos años.
Nadie debe recordar nuestra existencia, excepto los cazadores que vivían en el bosque.
Sé que lo que hice fue muy despreciable.
Cuando oí que el líder iba a ir al Pico Unicornio, inmediatamente se me ocurrió una idea.
Quise usar su poder para completar lo que debería haber hecho yo misma.
Creo que esto es lo que se conoce como aprovecharse de alguien; también me arrepiento de esta decisión, y me siento preocupada y muy nerviosa.
Sin embargo, tengo que hacerlo porque es mi destino.
Ya lo he decidido.
Cuando todo termine, se lo contaré todo al líder.
Espero que me perdone… Espero que el Espíritu Santo perdone mi egoísmo.
Estamos por llegar al Pico Unicornio.
Ya puedo escuchar un vago llamado a lo lejos.
Me esperan a mí.
Esperan que todo termine.
Los cazadores se acercan cada vez más.
Tengo que hacerlo antes de que me encuentren… Este fue el último deseo de mi padre y el sueño de toda nuestra tribu».
—Haa… Un viento frío sopló a través de la abertura de la carpa.
La chica no pudo hacer más que temblar.
Ajustó su manto y miró ansiosa a su alrededor.
El cielo ya había oscurecido, y afuera estaba relativamente frío, hasta la fogata se mecía con el viento.
De vez en cuando, se oía el sonido de los insectos alrededor del bosque.
Ya era tarde, así que los ophenianos habían regresado a sus tiendas, dejando solos a los mercenarios vigilando afuera.
La montaña no era un lugar seguro porque estaba llena de bandidos y bestias salvajes.
Aunque Lapis también era una miembro del grupo, no tuvo que quedarse a hacer la guardia nocturna porque necesitaba descansar.
Aunque Lapis no era una hechicera como Lize y Marlene, las pociones que creaba, incluyendo las de baja calidad, eran muy útiles para los mercenarios.
Para muchos de ellos, eran suficientes para salvarles la vida si estaban en peligro.
Por eso, muchos mercenarios la respetaban y no se quejaron de que no estuviera haciendo guardia.
Desde otro punto de vista, tampoco sería muy tranquilizador que ella estuviese a cargo de la guardia.
—Oh, Lapis, ¿estás durmiendo?
—dijo alguien de repente afuera de la tienda.
Lapis se sorprendió por el sonido de esa voz.
Inmediatamente, escondió su diario y se puso de pie.
—¿Hermana Gillian?
—¡Ji, ji, ji!
Lo sabía, no estás dormida.
Después de escuchar la respuesta de Lapis, Gillian entró a la tienda.
Como siempre, estaba vestida de forma muy seductora.
Era como si el frío helado no dejara marcas en su blanca piel.
Gillian levantó su mano derecha orgullosa.
Sostenía una jarra de vino y dos tazas de madera.
—¿Qué te parece?
¿Quieres un poco?
Hace mucho frío aquí.
Ten cuidado de no resfriarte.
Lo que dijo no sonó muy convincente.
Mirando el hombro de Gillian, Lapis abrió la boca tratando de decir algo pero al final, no dijo nada.
Siempre había sido tímida y no era buena para comunicarse.
En el grupo mercenario Mark White, Lapis no tenía ningún otro amigo aparte de Randolf, Anne y algunos otros, porque nunca había interactuado mucho con nadie.
Además, no era fuerte, así que siempre había sido un estorbo para sus camaradas.
Por eso no tenía amigos en el grupo mercenario Mark White; nadie la quería, excepto Randolf, Anne y algunos otros.
Cuando llegó a Starlight, pensó que experimentaría lo mismo.
Luego descubrió que estaba equivocada.
Gracias a Rhode, no tenía que arriesgar su vida peleando todos los días, solo tenía que quedarse en su habitación haciendo lo que le gustaba.
No solo eso, los demás mercenarios tampoco se reían de ella ni la regañaban como los de su grupo mercenario anterior.
Al contrario, eran muy amables y la respetaban.
Allí, ya no era un estorbo… Lapis realmente amaba su nueva vida.
Se sentía muy tranquila en Starlight.
Todo era acogedor.
Había gente que la quería, e incluso la amaba, y ni siquiera tenía que arriesgar su vida yendo a misiones peligrosas.
Si era posible, realmente esperaba quedarse allí para siempre.
Pensando en todo eso, se adormeció un poco, pero se recuperó rápidamente y tomó las copas de madera.
Gillian se rio un poco mientras se sentaba frente a ella.
Después, colocó la jarra sobre la fogata.
Pronto, una fragancia se extendió por todas partes y la habitación se llenó con el olor del vino.
—¿Dónde está el líder?
—preguntó Lapis con curiosidad sujetando una taza en su mano.
Miró a Gillian, sintiéndose un poco nerviosa y confundida.
Parecía estar buscando un tema de conversación.
—El maestro quería estar solo por un tiempo, así que me dijo que me fuera —contestó Gillian al escuchar la pregunta de Lapis—.
Es verdad; el maestro es una persona muy cruel.
Como hacía mucho frío, quise calentar su cama, pero me rechazó sin piedad y me dolió mucho.
Un hombre nunca podrá entender el corazón de una mujer, ¿verdad, Lapis?
—¿Eh?
Al oír la respuesta de Gillian, Lapis se quedó sin palabras.
Tosió ligeramente, con incomodidad.
No tenía idea de cómo responderle.
Sin embargo, a Gillian no pareció importarle.
Lapis cambió de tema ligeramente y tomó la jarra.
La miró mientras vertía el vino en su taza.
Viendo el líquido, dudó por un momento, y luego lo sorbió con cuidado.
La bebida caliente disipó el aire frío alrededor de su cuerpo instantáneamente.
Cerró los ojos tranquilamente; también pudo sentir como expulsaba al frío de su cuerpo.
Cuando bajó la copa de madera en su mano, el hermoso rostro de Gillian apareció de repente frente ella.
—¡Srta.
Gillian!
La repentina intimidación hizo que Lapis se encogiera en su silla mientras se distanciaba de Gillian.
Sin embargo, Gillian no se detuvo, sino que siguió mirándola con atención.
—Vaya, eres una niña muy linda.
¿Por qué te tapas tanto?
¿No es un desperdicio de belleza?
La belleza es el arma de una mujer.
Solo es efectiva cuando la muestras.
Si la escondes, harás llorar a mucha gente.
—N-no estoy acostumbrada a que me miren…—dijo Lapis volviendo a ajustar su manto inconscientemente, como una niña rebelándose contra sus padres—.
No tienes que preocuparte por mí, hermana Gillian.
No tiene nada de malo.
Estoy acostumbrada a vivir así.
No creo que necesite cambiar nada.
—Qué lástima.
Al escuchar la respuesta de Lapis, Gillian dio un paso atrás y bebió el vino en su copa haciendo una pose muy elegante.
Luego se volvió una vez más hacia la chica que tenía en frente.
—Es una pena.
No esperaba que te faltara tanta confianza.
Realmente es una lástima; en aquel entonces tu tribu perfecta estaba muy orgullosa y confiada… —¿Qué?
Cuando Lapis escuchó esa frase, su cuerpo se puso rígido de inmediato.
El calor alrededor de su cuerpo desapareció por completo, y fue reemplazado por una frialdad extrema, como si estuviera en una cueva de hielo.
Lapis miró fijamente a Gillian, sin saber qué decir.
Después de un tiempo, sonrió con incomodidad de una manera muy forzada.
Era menos natural que la sonrisa de una estatua tallada por un artesano novato.
—No-no entiendo lo que quieres decir… Hermana Gillian, solo soy una mercenaria común y corriente.
No sé a qué te refieres con tribu perfecta… Al escuchar su respuesta, Gillian solo la miró en silencio.
Cuando vio que Lapis se ponía nerviosa, se rio y dijo: —En realidad, solo lo dije por decir.
De pronto recordé que una vez existió una tribu legendaria que era así, muy orgullosa y confiada.
Personalmente, creo que son rasgos muy admirables; ¿no te parece, Srta.
Lapis?
—¿E-en serio?
Viendo la reacción de Gillian, Lapis ya no pudo aguantarlo más.
Contestó con cuidado, sin saber qué más decir.
De repente, un fuerte grito rompió el silencio del campamento.
—¡Aaaahh!
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